“Somos los lugares que habitamos”

El contacto con entornos naturales beneficia la capacidad de atención y contribuye a afrontar mejor las situaciones estresantes. El Psicólogo José Antonio Corraliza explica cómo la Psicología Ambiental analiza los efectos de la naturaleza en la psique humana.

Entrevista realizada por Yvonne Buchholz.


¿Qué beneficios aporta para la psique vivir en un entorno verde?

La naturaleza es un referente importante para el bienestar humano. Diversas investigaciones ya han demostrado sus efectos positivos para la psique de las personas. Como las investigaciones de Janet Frey Talbot y Stephen Kaplan, por entonces en la Universidad de Michigan, basadas en estancias de supervivencia en la naturaleza con la participación de ejecutivos. El seguimiento de los participantes mostró que las personas se acoplaban a los ritmos de la naturaleza. La adaptación resulta fácil porque los ritmos naturales ya están en nuestro cerebro.


¿Por qué la naturaleza ejerce ese poder en las personas? 

La explicación es evolucionista. Los humanos hemos vivido las experiencias de supervivencia en la naturaleza. De hecho, vivimos en ciudades desde ayer. En biofilia se habla de dos dimensiones. Por un lado, los escenarios de agua (hidrofilia) y por otro, los de vegetación (fitofilia). Agua y vegetación resultan cruciales para la supervivencia. Así, la desertización puede causar efectos traumáticos en las personas. Me preocupa la actual degradación de los paisajes.


¿Cuales son los beneficios de vivir en el campo? 

Uno de ellos es que nos resulta más fácil recuperarnos de las experiencias estresantes. Aunque el estrés es una reacción normal ante situaciones amenazantes, se convierte en un peligro si perdura en el tiempo. Se ha visto que existe una correlación lineal y directa entre vivir en la naturaleza y la capacidad de afrontar una situación estresante. La naturaleza no anula el estrés, sino que contribuye a que no sea duradero. Un niño que pierde a su abuelo o que vive el divorcio de sus padres presenta una mayor capacidad para afrontar la situación si se encuentra en un entorno natural. Se trata de un efecto moderador, porque la naturaleza actúa como una defensa psicológica.


¿Qué parámetros se utilizan en Psicología para demostrar este beneficio?

Desde la Psicología Ambiental se habla de la hipótesis de la restauración, que se divide en dos tipos. Por un lado tenemos la restauración efectiva, la cual se basa en indicadores del estrés fisiológico. Un ejemplo sería medir en una persona que acaba de practicar deporte el tiempo que necesita para recuperar las constantes fisiológicas (pulso, ritmo cardíaco…). Se ha constatado que los sujetos que tras realizar ejercicio físico observaban un paisaje natural se recuperaban en la mitad de tiempo que aquellos que contemplaban escenas urbanas. Por otra parte, la restauración percibida se basa en la recuperación de la capacidad de atención. Un paseo o contemplar escenas de la naturaleza contribuyen a su aumento.


¿A partir de qué edad se aprecian los beneficios del “verde”?

Los efectos beneficiosos de la naturaleza se perciben en la población en general. En un estudio reciente que hemos desarrollado con niños de 6 a 9 años y otro grupo de entre 9 y 13 hemos comprobado que en todos ellos se producía ese efecto beneficioso. No obstante, en los primeros el efecto positivo aparece algo más marcado.


¿Qué características puede presentar un niño que tenga poco acceso a un entorno natural?

Existe el trastorno por déficit de naturaleza. Ese concepto incluye una serie de trastornos, como la hiperactividad o la obesidad, que podrían estar relacionados con la falta de contacto con el medio natural. En estudios de comparación entre niños con experiencias al aire libre y otros que desarrollaron actividades con imágenes virtuales de naturaleza (a través de la wii, de videojuegos, etc.) se ha visto que los niños con pocas experiencias en un entorno verde o con una vida desconectada de la naturaleza presentan menos posibilidades de recuperación psicológica.


¿Qué son las enfermedades psicoterráticas? 

A finales del siglo XX, el filósofo ambiental Glenn Albrecht describió dos casos de poblaciones aborígenes de Australia que padecieron las consecuencias de la minería de carbón a cielo abierto. Las alteraciones del terreno parecían provocar trastornos psíquicos y emocionales en los habitantes del lugar, que se caracterizaban por una especie de sentimiento de pérdida, no de tanta intensidad emocional como en el caso del duelo por un ser querido, pero semejante. Albrecht acuñó el neologismo de solastagia, dolor por la pérdida del solar.


Así, el cambio de paisaje puede provocar un trastorno mental…

Si el lugar habitual de residencia se convierte en hostil o debe abandonarse, puede surgir un trastorno relacionado con la nostalgia y la melancolía. El estado de melancolía puede convertirse en crónico y ser un antecedente de la depresión. Se trata de una alteración psicológica relacionada con el trastorno postraumático. La degradación de los entornos naturales en que vivimos nos afecta porque esperamos que pervivan a nosotros. Somos los lugares que habitamos.


Tomando el tema desde otro punto de vista, ¿un entorno verde puede servir como método de tratamiento?

La naturaleza no explica los trastornos del malestar humano. Lo que propician las experiencias con la naturaleza es una mayor capacidad para afrontar el estrés; ejercen un efecto moderador. Por ello debe incorporarse el entorno natural en la vida cotidiana.


En España, ¿se hace?

Existen ejemplos de ciudades españolas que sí están sensibilizadas con el tema, como es el caso de Vitoria, Barcelona y Madrid. Hay que introducir la naturaleza en la ciudad, aunque sea mediante “jardines de bolsillo”. Aunque más que el aumento de los espacios naturales en las ciudades, lo que a mí me preocupa es el cuidado de los que ya existen.

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Entrada en lo Absoluto con 5-MeO-DMT. Experiencia de Stanislav Grof.

El sapo Bufo alvarius se encuentra en los desagües de ríos y arroyos permanentes del Desierto de Sonora. Esta especie desarrolló unas glándulas especializadas, localizadas particularmente en el cuello y en las extremidades, que producen una secreción viscosa de color blanco leche que los protege del calor del desierto.  Estas secreciones contienen una alta concentración de 5-metosidimetiltriptamina (5-MeO-DMT), un compuesto con extraordinarias propiedades psiquedélicas.

Esta sustancia fue, en primer lugar, sintetizada en un laboratorio químico en 1936, más de 20 años antes de que los modernos americanos descubriesen sus efectos psiquedélicos. Sin embargo, los nativos llevaban conociendo esos efectos desde siglos atrás, y utilizaban esa sustancia para sus prácticas chamánicas. Resultó que el mismo principio activo es también responsable de los efectos de los rapés psiquedélicos de origen vegetal, tales como la virola o el epená, utilizados por los tucanos, los waika y los indios araraibo de Brasil y Venezuela.

La sustancia seca obtenida extrayendo y vaporizando las secreciones de la piel del Bufo alvarius mediante calor contiene aproximadamente el 15% del principio activo. Fumar las secreciones secas produce en pocos segundos un estado psiquedélico que puede ser psicológicamente muy estimulante debido a la rapidez de su llegada y a su abrumadora intensidad. El descubrimiento de los efectos de estas secreciones por la generación psiquedélica fue un éxito. Ello inspiró la fundación de la Iglesia del Sapo de Luz, cuyos miembros fuman esta sustancia como sacramento en sus ceremonias.

Yo había tenido alguna experiencia previa con derivados relacionados con la triptamina: dimetiltriptamina (DMT) y dietiltriptamina (DET) de nuestros primeros experimentos en Praga, y dipropiltriptamina (DPT) de nuestros estudios en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland. Pero la oportunidad para llegar a comprender el secreto del Sapo de Luz llegó cuando mi amigo Paul apareció delante de nuestra puerta con una imponente provisión de 5-MeO-DMT. Esta sustancia no estaba incluida en la Lista I y podía ser conseguida fácilmente por los químicos como punto de partida para la síntesis de otros compuestos.


Despegue. Disolviendo la realidad ordinaria.  

Bajo la supervisión de Paul, puse una pequeña cantidad del polvo blanco sobre la superficie de un vaso y trabajé con él un rato con una hoja de afeitar para hacerlo tan fino como fuera posible. Luego formé con el polvo dos montones iguales y puse el resto en una pipa llena de perejil seco. Mientras Paul encendía la pipa, enrollé un billete de dólar hasta conseguir un estrecho tubo y esnifé los dos montones, cada uno por un orificio nasal diferente. Cuando terminé, tomé dos o tres profundas chupadas de la pipa. Después, calculé la dosis conjunta de 5-MeO-DMT que había tomado y me di cuenta de que era muy alta, probablemente alrededor de 15 miligramos.

El principio de la experiencia fue muy repentino y espectacular. Me sentí golpeado por un rayo cósmico de inmenso poder que instantáneamente hizo pedazos y disolvió mi realidad cotidiana. Perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba, que desapareció completamente como por arte de magia. En el pasado, cada vez que había tomado una alta dosis de psicodélicos, me gustaba echarme y ponerme cómodo. Esta vez, cualquier preocupación al respecto era irrelevante, ya que perdí la conciencia de mi cuerpo, así como de mi entorno. Tras la sesión, me dijeron que después de tomar un par de chupadas, me quedé sentado allí por varios minutos como una escultura, manteniendo la pipa cerca de mi boca. Christina y Paul tuvieron que coger la pipa de mi mano y recostar mi cuerpo sobre el colchón.

En todas mis sesiones anteriores, siempre había conservado una orientación básica. Sabía quien era, dónde estaba y por qué estaba teniendo experiencias insólitas. Esta vez, todo se disolvió en cuestión de segundos. La conciencia de mi existencia cotidiana, mi nombre, mi paradero y mi vida desaparecieron como por arte de magia. Stan Grof… California… United States… la Tierra… esos conceptos apenas resonaron por algunos momentos como imágenes de sueño en la lejana periferia de mi conciencia y luego se alejaron totalmente. Me esforcé por recordarme a mí mismo la existencia de las realidades que solía conocer, pero de pronto habían dejado de tener sentido.

En todas mis anteriores sesiones psiquedélicas, siempre había habido algún rico contenido específico. Las experiencias estaban relacionadas con mi vida presente (la historia de mi infancia, nacimiento y vida embrionaria) o con varios temas de dominio transpersonal (experiencias de mi vida pasada, imágenes de la historia de la humanidad, visiones arquetípicas de dioses y demonios o visitas a varios ámbitos mitológicos. Esta vez, ninguna de estas dimensiones parecía existir, ni mucho menos manifestarse. Mi única realidad era un amasa radiante de remolinos de energía de inmensas proporciones que parecían contener toda la existencia en una forma condensada y totalmente abstracta. Me convertí en Consciencia frente al Absoluto.

Tenía la brillantez de miríadas de soles, pero no se parecía a ninguna luz que yo conociera de mi vida cotidiana. Parecía ser pura Consciencia, inteligencia y energía creativa que trascendía todas las polaridades. Era infinito y finito, divino y demoníaco, terrorífico y extático, creativo y destructivo: todo eso y
mucho más. No tenía conceptos ni categorías para definir lo que estaba observando. Frente a tal fuerza, no podía conservar un sentimiento de existencia separada. Mi identidad ordinaria se rompió y disolvió; me volví uno con la Fuente. En retrospectiva, creo que debí experimentar el Dharmakaya, la Clara Luz Fundamental, que, según el Libro tibetano de los Muertos, el Bardo Thödol, aparece en el momento de la muerte. Tenía alguna semejanza con lo que encontré en mi primera sesión de LSD, pero era mucho más sobrecogedor y extinguió completamente cualquier sentimiento de identidad separada.


Regreso al universo

Mi encuentro con el Absoluto, duró aproximadamente 20 minutos, tal como fue medido por los observadores externos. En lo que a mí se refiere, durante toda la duración de mi experiencia, el tiempo cesó de existir y perdió cualquier significado. Después de lo que pareció una eternidad, imágenes específicas parecidas a sueños y conceptos comenzaron a formarse en mi campo experiencial. Empecé a intuir fugaces imágenes de un cosmos con galaxias, estrellas y planetas. Después, visualicé paulatinamente un sistema solar y, en él, la Tierra, con grandes continentes.

Al principio, dichas imágenes eran muy lejanas e irreales, pero, a medida que la experiencia iba siguiendo su curso, empecé a sentir que esas realidades podían realmente tener una existencia objetiva. Poco a poco, se fueron cristalizando en imágenes de los Estados Unidos y California. Lo último en emerger fue el sentimiento de mi identidad cotidiana y la consciencia de mi vida presente. Al principio, el contacto con la realidad ordinaria fue extremadamente vago. Reconocía dónde estaba y en qué circunstancias. Pero estaba seguro de haber tomado una dosis excesiva y que realmente me estaba muriendo. Durante algún tiempo, creí que había experimentado el Bardo, el estado intermedio entre mi vida presente y mi nacimiento en la próxima encarnación, tal como lo describen los textos tibetanos.

Mientras iba recuperando un contacto más sólido con la realidad ordinaria, alcancé un punto en que supe que estaba de vuelta de una sesión psiquedélica y que había sobrevivido al experimento. Estaba tumbado allí, todavía sintiendo que me estaba muriendo, pero ahora sin el sentimiento de que mi vida presente estaba amenazada. El estar moribundo parecía relacionado con escenas de mis encarnaciones anteriores. Me encontré en muchas situaciones dramáticas que ocurrían en diferentes partes del mundo a través de los siglos, todas ellas peligrosas y dolorosas. Varios grupos de músculos de mi cuerpo se sacudían y temblaban, como si mi cuerpo estuviera herido y muriéndose en esos diferentes contextos. Sin embargo, mientras mi historia kármica estaba siendo interpretada por mi cuerpo, me encontré en un estado de profunda dicha, completamente despegado de esos dramas, que persistieron incluso después de que cualquier contenido específico hubiera desaparecido de mi experiencia.


Rescoldo y lecciones.

Cuando trabajaba en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland, solíamos guardar un período para el estado que experimentaban muchos de nuestros clientes, a lo largo de varios días y a veces semanas, tras una sesión psiquedélica buena y bien integrada. Lo llamábamos “rescoldo psiquedèlico”. Mi rescoldo después de esa experiencia fue inusitadamente intenso, profundo y de larga duración. Podía trabajar en las galeradas de mi libro con extraordinaria precisión y capacidad de concentración. Pero, cuando decidía tomar un descanso y cerrar los ojos, volvía a estar en segundos en un estado de rapto extático y experimentaba un sentimiento de unidad con todas las cosas. Mis meditaciones eran excepcionalmente profundas y parecían ser el estado más natural que pudiese imaginar.

La sesión me dejó con un hondo respeto y aprecio por el poder de las herramientas utilizadas por los chamanes. A menudo tuve que reír por la arrogancia de los principales psiquiatras, que consideran las técnicas chamánicas como productos de supersticiones primitivas y juzgan sus propios estratagemas, como la libre asociación en el diván o la terapia conductista, como enfoques superiores y científicos de la psique humana.

Desde esa experiencia tengo un mayor aprecio por el principio de varios sistemas esotéricos que rezan que la más noble verdad se encuentra a menudo en lo más humilde. Me acuerdo de ello cada vez que oigo o leo el famoso pasaje de As you like it  de Shakespeare:


Como el sapo feo y venenoso, 

lleva siempre una gema en la cabeza;

así nuestra vida, aislada del trato social,

halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos,

sermones en las piedras y el bien en todas las cosas.

Yo no la cambiaría. 

La cafeína y la glucosa combinadas mejoran la eficiencia del cerebro.

“El principal resultado es haber encontrado que la combinación de las dos sustancias mejora el rendimiento en atención y memoria de trabajo, al aumentar la eficiencia de las áreas cerebrales que sustentan estas dos funciones”, explica Josep M. Serra Grabulosa, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Barcelona (UB). Este hecho reafirma la idea del efecto sinérgico entre las dos sustancias, de modo que una potencia los efectos de la otra.

Concretamente, se ha podido observar que los individuos en que se combinaron las dos sustancias mostraron una disminución de la activación cerebral relacionada con la actividad realizada en la corteza parietal bilateral, así como en la corteza prefrontal izquierda, dos regiones que participan activamente en los procesos de atención y memoria de trabajo.

Esta disminución, junto con el hecho de que no se hayan observado diferencias en el rendimiento de tipo conductual durante el análisis, sugiere que el cerebro se muestra más eficiente bajo los efectos de las dos sustancias, ya que necesita menos recursos para obtener el mismo rendimiento que los sujetos que tomaron placebo o cafeína y glucosa por separado.

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores de la UB han analizado la actividad cerebral asociada a una tarea n-back, mediante la técnica de la imagen por resonancia magnética funcional. En este caso, se evaluaban la atención sostenida y la memoria de trabajo —dos capacidades básicas en la mayoría de tareas cognitivas que hacemos a diario— después de haber suministrado a los participantes, en forma de doble ciego, cafeína o glucosa, por separado o combinadas, o bien placebo. El estudio se realizó en el Centro de Diagnóstico por la Imagen del Hospital Clínico de Barcelona, y participaron 40 voluntarios sanos.

En un estudio anterior de los mismos investigadores sobre el consumo de cafeína y glucosa, se habían puesto de manifiesto mejoras en la atención y en las tareas de memoria declarativa, y ningún cambio significativo en el estado subjetivo de los participantes. Las conclusiones mostraban que la combinación de cafeína y glucosa tiene efectos beneficiosos en la atención (tareas de tiempo de reacción secuencial) y en el aprendizaje y la consolidación de la memoria verbal, lo cual no se observaba cuando se suministraban las sustancias individualmente.

Del suelo al ánimo.

Mycobacterium vaccae, una bacteria común que vive en el suelo, mejora la capacidad de aprendizaje de los animales experimentales, además de disminuir sus síntomas de ansiedad. Investigadores de la Universidad de Bristol descubrieron en 2007 que dicha bacteria inyectada en el cerebro de ratones activaba el crecimiento de las células productoras de serotonina.

En 2010, múridos alimentados con pan que contenía la bacteria de marras encontraron la salida de un laberinto en la mitad de tiempo que sus semejantes que habían llenado su estómago con pan sin el suplemento bacteriano. Existen los pimeros indicios de que tales resultados son transferibles a los humanos: las bacterias mejoraron el estado de ánimo de pacientes con cáncer.





Nota breve “Mente y Cerebro”, Nº54.

(Identification of an immune-responsive mesolimbical system: Potential role en regulation of emotional behavior. C.A. Lowry en Neuroscience vol. 146, págs. 756-772, 2007)

Experiencias extracorpóreas.

Uno de los ejemplos más espectaculares de disociación lo constituye el famoso estado de consciencia extracorpóreo. En este estado, asumo que los sujetos tienen la ilusión de que su mente se ha separado de su cuerpo pero que permanece flotando lo suficientemente cerca como para observarlo. Este estado viene facilitado por el uso de sugestiones y fármacos anestésicos que predisponen al cerebro a experimentar estos estados marginales.

La cuestión que quiero plantear no es si las experiencias extracorpóreas ocurren en realidad. Tengo buenas razones para creer que ocurren pero tengo serias dudas sobre su significado. En particular, las veo no como una evidencia de que mente y cuerpo pueden separarse, sino como una evidencia de que la ilusión de separación puede ser tanto vívida como extrema.

La primera razón para concederle un cierto grado de credibilidad a las experiencias extracorpóreas es que en el estado de vigilia activa solemos experimentar que la consciencia se centra en nuestra cabeza y vemos el resto de nuestro cuerpo allí fuera en el espacio donde asumimos que realmente está, pero nunca percibimos directamente nuestro cerebro, donde asumimos que de alguna forma se encuentra la consciencia. Cuando soñamos, alrededor de un tercio de mis sujetos experimentales informaron perder el sentido de la consciencia centrada en la cabeza y en realidad ven sus cuerpos al completo -y a ellos mismos- actuando como terceras partes en sus sueños. Yo nunca he tenido estas experiencias en mis sueños. Pero cualquiera que sea la causa o interpretación, un tercio es una elevada proporción de la población. Esto sugiere que la mente puede generar fácilmente la ilusión de estar fuera de nuestros cuerpos cuando el cerebro está en sueño REM.

Los sujetos que aseguran haber tenido estas experiencias no dicen “soñé esto o aquello” o “se parecía a esto o a lo otro”. No. Ellos informan de sus experiencias como si hubieran estado completamente despiertos. Pero nosotros sabemos que esta convicción puede ser ilusoria y, lo cierto es que normalmente es ilusoria cuando soñamos. Ya que los sueños son un estado alterado de consciencia caracterizado típicamente por la ilusión de que estamos despiertos y con habituales intrusiones de nuestro yo como un tercer participante, podemos razonar que las experiencias extracorpóreas son alteraciones de consciencia completamente ilusorias y naturales.

Lo irrebatible de esta línea indirecta de argumentación es que ya que los sueños son una clara expresión de un estado alterado del cerebro, las experiencias extracorpóreas son probablemente el mismo tipo de expresión. Su asociación con los traumatismos cerebrales o con los estados de conciencia “cercanos a la muerte”, con la anestesia, y con otros estados marginales hacen que la hipótesis de su etiología orgánica sea irresistible, al menos para mí. A favor de esta hipótesis está el hecho de que es posible inducir experiencias extracorpóreas mediante ketamina y PCP, drogas bloqueadoras de los receptores glutamatérgicos NMDA.

Debido a que hay demasiado en litigio (la inmortalidad del alma, para comenzar), puedo entender por qué los fieles se resistirán a esta línea de razonamiento. Ellos consideran la división de mente y cuerpo como fines absolutos y últimos. Para ellos, estas percepciones evanescentes de separación no constituyen más que meros destellos de las promesas que se harán realidad. Para mí, son falsos presagios de una independencia mente-cuerpo que considero insostenible. Ahora que lo pienso, una hipótesis que podría contrastarse es si aquellas personas que sueñan sobre ellos mismos en tercera persona están fisiológicamente predispuestas a la fe o psicológicamente condicionadas por ella.

Fragmento de “La farmacia de los sueños”, Allan Hobson.

La ketamina, la anestesia de la felicidad.

Los medicamentos tradicionales antidepresivos pueden tardar semanas en producir una mejoría en los pacientes con depresión”, explica a SINC Lisa Monteggia, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de Texas (EEUU). Sin embargo, la ketamina, utilizada originalmente por sus propiedades analgésicas y anestésicas, “ejerce una respuesta de acción rápida en pacientes con depresión resistente al tratamiento y con trastorno bipolar”.

Esta rapidez supone una oportunidad única para el tratamiento de personas de alto riesgo, como pacientes con riesgo de suicidio. “Estudios clínicos han mostrado ya que una dosis baja de ketamina intravenosa puede aliviar los síntomas de depresión severa en cuestión de horas, y los efectos pueden durar hasta dos semanas”, subraya Monteggia. Lo que no estaba claro hasta ahora era el mecanismo de esta sustancia en el cerebro.

El trabajo, publicado esta semana en la revista Nature, revela que las dosis bajas de ketamina, un bloqueador de los receptores NMDA en el cerebro, aumenta la expresión de un factor de crecimiento específico, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), asociado a efectos antidepresivos.

Los autores fueron capaces de demostrar que el vínculo entre el efecto de la ketamina en los receptores NMDA y el aumento de los niveles de BDNF implica cambios en una forma específica de la comunicación (neurotransmisión espontánea) entre las células nerviosas que antes no se habían asociado a ningún tipo de acción de los fármacos.

“El descubrimiento de una nueva vía antidepresiva de acción rápida facilita una manera de desarrollar más velozmente los antidepresivos”, afirma la investigadora. “La identificación de una forma específica de comunicación entre las células nerviosas que participan en el tratamiento antidepresivo supone nuevas pistas sobre lo que ocurre en el cerebro para desencadenar trastornos psiquiátricos como la depresión”, concluye.

Artículo completo: http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-ketamina-la-anestesia-de-la-felicidad

Confirman vínculo entre comida rápida y depresión.

El consumo de bollería industrial (magdalenas, cruasanes, rosquillas y similares) y comida rápida (hamburguesas, salchichas y pizza) se asocia con el diagnóstico médico de depresión, según una reciente investigación liderada por científicos de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad de Navarra.

Los resultados, publicados en la revista Public Health Nutrition, revelan que los consumidores de comida rápida presentan, respecto a aquellos con un consumo mínimo o nulo, un incremento del riesgo de desarrollar depresión del 51%.

Además, se observa una relación dosis–respuesta, es decir, “cuanta más comida rápida se consume, mayor es el riesgo de depresión”, explica a SINC Almudena Sánchez-Villegas, primera autora del estudio.

El trabajo expone que los participantes con mayor ingesta de comida rápida y bollería industrial son más propensos a estar solteros, ser menos activos y tener un patrón dietético peor, con un consumo menor de fruta, frutos secos, pescado, verduras y aceite de oliva. Fumar y trabajar más de 45 horas semanales son otras de las características prevalentes en este grupo.

Un estudio a largo plazo

Con respecto al consumo de bollería, los datos son igualmente concluyentes. “Incluso pequeños consumos se asocian con un riesgo significativamente mayor de desarrollar depresión”, apunta la investigadora de la universidad canaria.

La muestra del estudio, perteneciente al proyecto Seguimiento Universidad de Navarra (SUN), contaba con 8.964 participantes que nunca habían sido diagnosticados de depresión ni habían referido consumo de antidepresivos. Fueron evaluados durante una media de seis años, periodo en el cual 493 fueron diagnosticados de depresión o comenzaron a tomar antidepresivos.

Estos nuevos datos corroboran los resultados que el proyecto SUN arrojó en 2011, publicados en PLoS One. En aquella ocasión, analizaron a 12.059 personas durante más de seis años y aparecieron 657 casos nuevos de depresión. Se detectó un incremento del riesgo asociado a la comida basura del 42%, menor que en el trabajo actual.

“Aunque son necesarios más estudios, debería controlarse el consumo de este tipo de alimentos debido a su implicación en la salud tanto física (obesidad, enfermedad cardiovascular) como mental”, concluye Sánchez-Villegas.

Los beneficios de la dieta en la salud mental

La depresión afecta a 121 millones de personas en el mundo, lo que la convierte en una de las principales causas globales de discapacidad ajustada por años de vida y la principal causa en países con ingresos altos y medios.

Sin embargo, poco se conoce sobre el papel de la dieta en el desarrollo de los trastornos depresivos. Anteriores estudios sugieren un papel preventivo de ciertos nutrientes, como las vitaminas del grupo B, los ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva. Asimismo, un patrón dietético saludable, como la dieta mediterránea, se ha relacionado con un menor riesgo de depresión.

Quitarle el negocio al narco.

En contra de la legalización [de todas las drogas] se dice que los beneficios de acabar con el crimen organizado no serían mayores que los problemas que causaría el aumento del consumo. Pues bien, creo que esta afirmación es hoy claramente incierta. Admitiendo como posible un aumento inicial del número de consumidores de las drogas ya legales, a la vez serían seguros otros efectos beneficiosos: control de la calidad de las sustancias, lo que evitaría los males asociados al consumo de las porquerías que hoy se venden; presentación de la sustancia en dosis correctas de consumo, lo que evitaría las sobredosis accidentales; disminución de precios, lo que reduciría drásticamente la cifra de delincuencia drogoinducida; sacar a los consumidores de determinados ambientes especialmente insalubres y peligrosos, para dirigirlos a un mercado legal y controlado. (…)

Los efectos en el consumo que se darían tras un cambio de rumbo ya justificarían por sí solos pensar muy seriamente y sin prejuicios en un proceso de legalización y control estatal, con o sin impuesto especialmente fuerte a la producción, acaso medicalizando algunas sustancias, pero no todas (deberían ser de venta libre a adultos las drogas recreacionales), con mayor inversión en las políticas de reducción de la demanda (educación, prevención y rehabilitación) y con un ahorro espectacular en los enormes esfuerzos económicos que hoy se lleva la represión a cambio de unos resultados decepcionantes. He insistido en que la guerra a la droga ha fracasado, pero no es esta la única razón para rechazarla; hay otra: su injusticia, al menos en lo que se refiere a los países que convierten a los consumidores en delincuentes. Traigo a colación la tesis de Douglas Husak que, refiriéndose a Estados Unidos, entiende que la utilización del derecho penal contra los que usan drogas es injusta y lo seguiría siendo aunque fuese una medida eficaz para reducir el consumo.

Su alegato es contra la injusticia de encarcelar a un consumidor y no contra el fracaso de tal medida; nos recuerda que se está viviendo el momento más punitivo de la historia de su país; con un gasto en cárceles en los Estados más grandes que sobrepasa al dedicado a enseñanza superior; con un 28% de población reclusa que lo es por posesión o consumo de drogas, siendo dos de cada tres condenados por marihuana (…).

Los demás problemas de la droga, en la medida en que tengan su origen en el tráfico prohibido, desaparecerían o se minimizarían enormemente con un mercado legal. Empecemos por el crimen organizado cuya actividad favorita y más lucrativa es el tráfico de drogas. La prohibición le ha regalado el negocio al narco y la legalización se lo quitaría en amplísima medida (…)

¿Quiere decir esto que desaparecería el crimen organizado? Naturalmente, no. El delito y su comisión organizada seguirían existiendo, y las mafias, como hacen ahora, continuarían explotando otros sectores de la ilegalidad, pero la legalización de las drogas les privaría de su más rentable mercado. Y ese mercado es muy lucrativo al menos por dos razones.

En primer lugar, estamos ante una demanda garantizada por rígida o no elástica porque aunque aumente el precio de la dosis, el drogadicto la seguirá adquiriendo y para lograrlo hará cualquier cosa: robar a su madre, atracar un supermercado, prostituirse o esclavizarse como machaca de un camello. Y lo que hasta ahora se ha demostrado es que la mínima elasticidad que puede presentar la demanda de drogas no hace que el consumidor, ante el aumento de precio, abandone la droga y la sustituya por otro producto de tráfico legal, sino que le lleva, en su caso, de una droga más cara a otra más barata y, seguramente, más dañina. Por ejemplo, se abandona la cocaína y se pasa al veneno barato que es el crack. En definitiva, la dependencia juega a favor del que comercia con la droga. (…)

En segundo lugar, hay que considerar los bajos costes de producción; la droga es un bien barato si se compara con otros de los que mueve el crimen organizado (coches, armas, obras de arte), pero el precio final está disparado por la ilegalidad.

En palabras de Juan Carlos Hidalgo, experimentado analista en temas de narcotráfico del Cato Institute, “el precio de una sustancia ilegal se determina más por el coste de la distribución que por el coste de la producción… Dependiendo de la droga, el 90% o más del precio minorista del estupefaciente corresponde a la prima generada por la prohibición”. La conclusión es evidente: la droga ilegal ofrece un margen comercial magnífico; es un buen negocio y está en manos del crimen organizado.

El Estado tiene tres posibilidades: primera, quedarse con la producción en régimen de monopolio, controlando la calidad y los precios; segunda, poner la producción en manos de las empresas farmacéuticas, a las que podría imponer calidades y precios; tercera, regalarle el negocio al narco sin control alguno. Las dos primeras posibilidades son admisibles, dentro de la sensatez, con independencia de que se prefiera una u otra; la tercera es, sin duda, la peor —más pruebas no pueden darse de las que hemos tenido durante un siglo—, pero es la que triunfó y la que nos asola.

Donde la legalización obraría milagros es en la ley: ya no se requerirían los instrumentos excepcionales de investigación y persecución que hoy se aplican para combatir las drogas. Pensemos en España, donde tales normas existen vinculadas sobre todo al tráfico de drogas y al terrorismo. La ley se descargaría de buenas dosis de excepcionalidad y desproporción hoy imperantes y se mitigaría el permanente bordeo con los principios constitucionales. (…)

Tres son las ideas que deberían destacarse:

Primera: que el prohibicionismo ha fracasado. No solo no se ha alcanzado la quimera de acabar con las drogas, sino que cada vez hay más drogas y más consumidores; oferta y demanda se han disparado, y la prohibición ha generado muchos otros problemas no inherentes al consumo de droga, problemas que son hijos de la prohibición.

Segunda: hay que cambiar el paradigma porque seguir con el prohibicionismo planetario es una locura sideral.

Tercera: en los últimos años, y muy especialmente en 2010 y 2011, se han precipitado circunstancias y acontecimientos que nos colocan en el principio de la toma en consideración de la legalización como alternativa, como única alternativa.

Artículo completo: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/27/actualidad/1335544702_242910.html

La dieta definitiva de la mano de un yogui: 75 años sin comer ni beber.

Jani es indio (obviamente), y es el hombre que vemos fotografiado aquí a bajo. Su virtud es más bien un don, un misterio o una inquietud para la ciencia, pues según dice ha pasado setenta años sin ingerir alimentos ni beber agua.

La cuestión es físicamente imposible, y un ser humano difícilmente pueda sobrevivir más de cincuenta días sin consumir alimentos (menos si además no bebe agua), y la huelga de hambre más larga registrada alcanza los setenta y cuatro días. Jani la sobrepasó con creces, y actualmente está siendo estudiado por las autoridades de defensa indias para comprender qué es lo que ocurre en su organismo.

Jani abandonó su casa a los siete años, y a partir de ahí llevó una vida nómada hasta hoy, a sus 82 años de edad. Según declara no come ni bebe hace setenta años, y él explica esto como un don divino. Sin embargo, la Defence Research Development Organisation de la India tiene dudas respecto a sus declaraciones, y está observándolo de cerca.

La noticia es que este simpático ciudadano indio consiguió finalizar el lapso de prueba fijado por la Defence Research and Development Organisation (DRDO) de la India, quien lo estudió durante quince días para comprobar si sus funciones fisiológicas no se veían afectadas por este peculiar estilo de vida.

“Todavía no sabemos cómo sobrevive”, afirma el neurólogo Sudhir Shah, miembro del equipo que trabajó en el experimento. Su organismo no se vio afectado tras estos quince días, y aunque los resultados de los tests de enzimas, hormonas, genes y metabolismo energético todavía tardarán en llegar, lo cierto es que Jani volvió a su pueblo en Ambaji, cerca de Gujarat, donde lleva a cabo una rutina de yoga y meditación que parece ser lo único que lo mantiene vivo.

El escepticismo a ultranza es una de las peores actitudes, incluso a nivel científico (¿cómo aceptar nuevas hipótesis sino?). Sin embargo, el caso de Jani resulta muy particular. Fraude es una palabra muy dura para definirlo, pero no encuentro sinónimo similar. Quince días no son setenta años.

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