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Modelos Tibetano y Occidental de “salud mental”

La primera vez que me interesé por la idea de los modelos tibetano y occidental de salud mental fue cuando era estudiante graduado en Harvard. Tuve la suerte de disfrutar de una beca de viaje Harvard pre-doctoral y luego de una beca post-doctoral, lo que me permitió vivir en Asia dos años y estudiar algo que me asombró, francamente, cuando me di cuenta por primera vez de lo que había allí para estudiar.

Yo, como estudiante de Psicología en Harvard, había llegado a dar por supuesto, como se da por supuesto tácitamente en Occidente, que la Psicología es una disciplina científica que surgió en Europa y América en el siglo pasado. Así que cuando llegué a Asia y empecé realmente a examinar los sistemas orientales de pensamiento, me quedé asombrado al descubrir que hay un sistema psicológico encerrado en cada gran tradición religiosa, la parte esotérica de la religión. Y de los sistemas que estudié me pareció que el budismo tibetano tal vez contuviese la más refinada de esas psicologías. Tiene, por ejemplo, un modelo fenomenológico preciso y análisis detallados de estados mentales y de los procesos de cognición y de conciencia. Ofrece una definición operativa de salud mental y un método para transformar la conciencia que es completamente único y muy diferente de nuestro propio enfoque occidental. Y lo que es más significativo: ofrece una visión de posibilidad humana que sostiene que el logro de estados como la ecuanimidad y la compasión (es decir, un amor sin apego) no es solo un objetivo abstracto sino posible.

Yo sostengo que el modelo de salud mental que encontramos en las psicologías orientales excede y amplía, de una forma muy vigorosa, nuestra noción de salud mental. Lo que me intriga es que nunca me dijeran ni una palabra sobre esto durante mi período de formación ni en ningún curso de Psicología, a pesar de que estas psicologías se han estado aplicando durante más de 2.000 años. Creo que es muy chocante: 2.000 años es mucho tiempo. ¡Veremos si dura tanto el conductismo! Y si dura tanto la ciencia cognitiva, en realidad.

Hay una panoplia de ciencias interiores en el budismo tibetano. Me gustaría centrarme en una de las más elementales. Es un modelo de la mente compartido con otras ramas del budismo; el theravada tiene un modelo muy similar. Se llama Abhidharma. La unidad básica de análisis en el modelo Abhidharma es un solo momento de la mente en la sucesión de esos momentos en el flujo de la conciencia. En este modelo se considera caracterizado cada uno de estos momentos digamos que por diferentes “sabores”, llamados factores mentales. Cada factor mental tiene propiedades únicas que determinan nuestra experiencia subjetiva de momento a momento. En este modelo, lo que se considera primario en la conformación de la experiencia no es la realidad externa (no el objeto de conciencia) sino más bien las propiedades de ese momento de la propia mente. Por ejemplo, si el objeto de la conciencia es tu declaración de la renta, podrías estar viéndolo a través de las lentes de un factor mental de miedo, de cólera, de tristeza, o, teóricamente, de alegría… cosa improbable, sin embargo.

La cuestión es que cada estado mental, cada momento de la mente, está compuesto de una gama cambiante de propiedades que se unen al sabor y definen ese estado. Hay un bonito y sucinto adagio zen que lo explica: “Una mujer hermosa es un gozo para su amante; para un asceta, una distracción; para un lobo, una buena comida.”

Hay innumerables propiedades de la mente, y es un tanto arbitrario cómo cortes la tarta. Abhidharma selecciona unos cincuenta factores mentales que considera cruciales, la mitad de los cuales aproximadamente se consideran malsanos, considerándose los otros saludables.

La regla general de la salud mental es muy clara y directa. Los estados que son malsanos, o insanos, son aquellos que no conducen a la calma, a la tranquilidad, al equilibrio, a la meditación, al logro de la iluminación. Esa es una norma básica en este sistema psicológico. Si un factor mental mantiene o aumenta esa ecuanimidad y todo lo demás, entonces se considera sano, o saludable. El resultado es lo que equivale a un manual diagnóstico y estadístico, si se prefiere, muy antiguo: un modelo de la mente que analiza diferentes estados de la mente y los clasifica como sanos o insanos.

Muchos estados de la mente que se consideran perfectamente normales en la Psicología occidental, se consideran una patología en esta Psicología budista. El grupo de los insanos son lo que se llaman emociones aflictivas, o factores mentales aflictivos (emoción no es exactamente el término, ya que algunas de estas propiedades son cognitivas o perceptuales); veamos algunos en detalle.


Ilusión

El factor mental insano primario es la ilusión, o ignorancia, un elemento perceptual definido como una nebulosidad de la mente que lleva a falsa percepción, confusión y desconcierto. La ilusión nos impide ver las cosas claramente. Es la raíz fundamental del sufrimiento, el simple no ser capaz de ver las cosas sin ningún tipo de parcialidad. Desde un punto de vista psicológico occidental diríamos que es percepción protegida, como opuesto a percepción que no necesita ocultarse nada, que no tiene ningún miedo.


Apego

El segundo factor malsano es el apego, un término un poco arcaico. Un término mejor y más actual sería aferrarse, porque su sabor es el de un ansia egoísta de satisfacer el deseo que exagera el atractivo de lo que se desea. Es un deseo que distorsiona. Expresa una cualidad adictiva del ansia. En este modelo el apego es egoísta, el amor no lo es.


Cólera

La cólera o la hostilidad, es una aversión intensa que distorsiona la realidad también, pero en dirección opuesta a aferrarse. Nos hace ver las cosas bajo una luz desagradable. Desconcierta, extravía y perturba la mente.


Engreimiento 

El engreimiento, o la presunción, es una autoimagen hinchada o suficiente que nos hace, citando una fuente, “envidiosos de los superiores, rivales de los iguales, y arrogantes con los inferiores”. Pero el modelo Abhidharma es un catálogo extremadamente exhaustivo de la mente, así que no entraré en las 7 variedades de presunción que se han descrito.


Ideas erróneas

Las ideas “erróneas” o “enfermas” son otro factor clave. Se trata de la percepción o el discernimiento equivocados de las cosas. Tras percibir erróneamente debido a la ignorancia, uno sigue interpretando erróneamente. Me gustaría indicar también que todos estos factores se pueden cartografiar fácilmente en términos de ciencia cognitiva. Estamos hablando de una distorsión perceptual fundamental que luego, en el flujo de información, conduce a categorizaciones erróneas y a reacciones emotivas vinculadas a éstas.


Indecisión

Otro factor aflictivo es la indecisión, o perplejidad, la incapacidad de decidir. La mente está llena de duda extrema; estás tan desconcertado que te paraliza la indecisión.

Hay varias aflicciones derivadas en que se mezclan estos factores. De la ira, por ejemplo, vienen la cólera, la venganza, el despecho y la envidia, y del apego, cosas como la avaricia, la petulencia, la excitación y la agitación. La Psicología Abhidharma considera que la excitación caracteriza muy frecuentemente la mente de la gente normal porque, citando la misma fuente, “hace que la mente se enrede en la fantasía incontrolada o la frivolidad”. Eso equivale a decir que el flujo de la conciencia, como tendemos a preferir nosotros, es un flujo de excitación y agitación en nuestro estado natural normal… que es diferente del “estado natural” en el sentido en que lo diría Su Santidad el Dalai Lama.

La excitación es interesante, porque desde un punto de vista occidental no es anormal ni patológica. Pero pasa a serlo cuando intentamos meditar. Recordad que era una de las reglas determinantes clave para saber si un factor mental es sano o insano. Si estamos demasiado excitados, demasiado distraídos por la fantasía y demás, no podemos sencillamente centrar la mente.

Hay largas listas de factores aflictivos. Tres que resultarán familiares a cualquiera que haya estudiado alguna vez el Catecismo de Baltimore son: envidia, pereza y letargo. Creo que no es ningún accidente el que haya una comunidad, que se puedan ver partes del análisis Abhidharma de la mente en otros sistemas religiosos, como el catolicismo. Creo que la filosofía perenne (como la nombró Huxley) que subyace a todas las religiones muestra que persiguen el mismo objetivo y tienen visiones muy similares de cuál es realmente el problema de la condición humana.

En el budismo la solución se ve en relación con los factores mentales sanos o saludables, que son los antídotos de los malsanos. Veamos algunos.


Claridad

La claridad o certidumbre es ver las cosas muy claramente, una agudeza de la mente que es antitética de la ilusión.


Desapego

El desapego es una cualidad de la mente que consiste en no aferrarse, no codiciar. No aferrarse ni a nada ni a nadie. Es distinto de lo que podríamos llamar frialdad gélida, una especie de actitud esquizoide que la Psicología Abhidharma consideraría una forma sutil de ira. Lo que se entiende por desapego es una actitud que deja ir fácilmente y no se aferra.



Bondad amorosa

Es la antítesis del odio, de la aversión. Estos tres factores saludables se oponen a lo que se considera que son las tres raíces del sufrimiento mental: apego, odio e ilusión.

Hay otros factores sanos y saludables. Para agotar rápidamente la lista, figuran entre ellos: el entusiasmo o energía; fe (o más bien confianza… ya que se trata de una fe inteligente, inquisitiva, no de una fe ciega); dignidad; consideración con los demás; recta conciencia; no violencia, o compasión (desear que todo el mundo se halle libre del sufrimiento es el verdadero sentido del término); o la ecuanimidad.

Lo que tenemos, pues, es una definición operativa de salud mental que dice simplemente que la persona más sana es la persona en cuya mente nunca surgen los factores malsanos. Se trata de un tipo ideal, el prototipo de salud mental. El problema es, claro está, que la mayoría de nosotros estamos la mayor parte del tiempo en estados en los que hay una cierta mezcla de esas cosas. Según esas normas, nos ajustamos al diagnóstico de Buda de que: “Todas las personas mundanas están trastornadas”. Así que la cuestión es: ¿qué hacer?

Pero el Psicólogo Abhidharma comprendió que el simple hecho de saber que un estado es malsano hace poco o nada por ponerle fin. Si lamentas tu indecisión y deseas que desaparezca, lo que estás haciendo es añadir aversión y deseo a la mezcla de estados mentales aflictivos… ¿comprendéis la dificultad? Así que la estrategia es una especie de enfoque aikido, en que ni buscas los estados de salud directamente ni intentas expulsarlos. Lo que haces es meditar.

Estoy simplificando excesivamente, claro. Pero lo que haces, en resumen, es embarcarte en un camino completo de autodisciplina, que incluye normas éticas y un maestro que sepa realmente lo que está pasando y pueda ayudarte en los escollos. Pero la psicotecnología primaria fundamental es la meditación en sus muy diversas variedades. Reformulando esto, meditación, en términos de ciencia cognitiva, es simplemente el esfuerzo sostenido para reconvertir hábitos perceptivos y de atención. El esfuerzo se centra en transformar el proceso de conciencia, no su contenido, y ahí es donde las dos vías, la de Oriente y la de Occidente, empiezan a divergir.

Ahora bien, hay una vasta gama de técnicas en el budismo tibetano, más que en ningún otro sistema sobre el que esté informado yo. El camino de la fijación en un punto tal como se considera encarnada en la reacción de relajamiento es uno de ellos, en él haces volver a la mente a un punto focal central y obtienes los efectos calmantes de ese enfoque. Otro es la atención consciente, que es en realidad meditación como “metacognición”, en el sentido en que se usa en psicología cognitiva, conocer tu propia mente. En la atención consciente, se procura desarrollar una conciencia observante dentro del flujo de la conciencia, que simplemente advierte lo que está presente en ese flujo de instante en instante. Si sigues esos caminos, cualquiera de ellos, con diligencia suficiente, llegas a un punto en que hay cambios abruptos de percepción, cambios provocados en la conciencia por la meditación. Si sigues la fijación en un punto, tu contrato contigo mismo es que siempre que tu mente vague la vuelves al punto central de focalización. Si eres muy bueno, llegas finalmente a un punto en que cesan todas las distracciones; se trata de un estado modificado de conciencia llamado “samadhi”.

algunas formas de meditación utilizan primero un método de fijación en un punto para fortalecer la concentración y luego pasan a servirse de la atención consciente, sistema en que vigilas el flujo de la mente con una conciencia centrada que no se deja arrastrar, que se limita a observar lo que surge. Con diligencia, sucede algo muy sorprendente: la ilusión de la coherencia del yo empieza a desmoronarse. Y eso inicia otro tipo de cambio psicológico profundo: la percepción del vacío.

En Occidente, tanto las personas como su Psicología, tendemos a ser ingenuos respecto a cómo funcionan las cosas… pensamos que si te haces con un mantra y te sientas 20 minutos al día, van a suceder grandes cosas. Sucederán algunas cosas buenas; Herbert Benson ha demostrado eso. Pero esos cambios profundos exigen un esfuerzo continuado. No es insólito que un “científico interior” tibetano haga un retiro de tres años, tres meses y tres días y trabaje realmente en esto, día tras día, hasta dominar un método de meditación, y luego otro, y otro. Hace falta un esfuerzo intenso. Cuando se dan estos cambios profundos, es como consecuencia de un esfuerzo sostenido; no deberíamos pensar que son fáciles de lograr.

Se dice que en algunas zonas del Tíbet una persona de cada cinco era monje o monja. Esto plantea sin duda una cuestión interesante: ¿por qué sostendría una cultura a un tipo de individuos que, desde el punto de vista occidental, no aportaban nada a la economía? Su trabajo era cultivar esos estados interiores. La razón de que planteemos incluso la pregunta se relaciona con una interpretación ingenua en Occidente de lo que es importante; se debe a que tenemos una economía material espléndida con la que mantenemos una relación de catexis extrema. Esperamos demasiado de ella y depositamos demasiado en ella. Al mismo tiempo, nuestra economía interior está empobrecida.

Consideremos la diferencia entre un encuentro tóxico y uno nutricio. Entras en una tienda y compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono cordial y sincero. Entras en otra tienda, compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono frío y brusco. El estado interior de la persona con la que tratas es lo que define la cualidad de una cierta moneda que intercambiamos en una economía psicológica. Es una economía con resultados muy pobres; tenemos demasiados encuentros tóxicos. Culturas como las de la India clásica y el Tíbet entendían bien la importancia de los encuentros nutricios y el valor de tener gente cuyo trabajo dentro de la sociedad fuese hacernos lo más nutricios posible y enseñar a otras personas a hacer eso también. Eso es algo que en Occidente aún no hemos comprendido.


Consideremos el prototipo de una persona a la que en la Psicología tibetana se le llamaría bodhisattva. Se trata de un modelo fundamental de bienestar mental. Las cualidades de una persona así son generosidad, paciencia, entusiasmo, estabilidad mental, atención clara, penetración en la naturaleza del sufrimiento, etc. Todo lo cual permite a una persona servir diestramente a otros… es decir, no enfocar la situación pensando “qué puedo sacar yo de esto?” sino “¿qué puedo hacer yo por ti?”. Y tal como concluía Su Santidad el Dalai Lama una lista de características del bodhisattva, éste ha de ser compasivo sin apego… es decir, un amor que no quiere nada a cambio.

Daniel Goleman.

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Cuando la ciencia se convierte en fundamentalismo científico. Debate entre Carl Sagan y Stan Grof.

Las observaciones que desafían las ideas establecidas procedentes de la investigación sobre la conciencia que se han ido acumulando en la segunda mitad del siglo XX y los principios básicos de la psicología transpersonal encontraron incredulidad y fuerte resistencia intelectual en los círculos académicos. La psicología transpersonal, cuando nació a finales de la década de los 60, era culturalmente sensible y trataba las tradiciones rituales y espirituales de las antiguas culturas nativas con el respeto que merecían a raíz de los hallazgos de la moderna investigación sobre la conciencia. También abrazaba e integraba un gran ámbito de fenómenos anómalos, observaciones que rompían los paradigmas que la ciencia académica había sido incapaz de explicar. Sin embargo, aunque exhaustivo y bien comprobado, el nuevo campo representaba un cambio tan radical respecto al pensamiento académico de los círculos profesionales que no podía conciliarse ni con la psicología y psiquiatría tradicionales ni con el paradigma Newtoniano-Cartesiano de la ciencia occidental.

A resultas de ello, la psicología transpersonal era extremadamente vulnerable a las acusaciones de ser irracional, no científica, e incluso “excéntrica”, particularmente por parte de los científicos que no eran conscientes de este amplio cuerpo de observaciones y datos sobre el que se basaba el nuevo movimiento. Esos críticos también ignoraban el hecho que muchos de los pioneros de este revolucionario movimiento tenían extraordinarias credenciales académicas. Estos pioneros generaban y abrazaban la visión transpersonal de la psique humana no porque ignoraran los supuestos fundamentales de la ciencia tradicional, sino porque encontraban el viejo marco conceptual seriamente inadecuado para explicar sus experiencias y observaciones. Gran parte de la resistencia procedía de la comunidad académica, que veía la visión del mundo científico en curso como una cuidadosa y definitiva descripción de la realidad y se adhería a ella con terca determinación, impermeable a cualquier evidencia que se opusiera a ella.

La naturaleza y la intensidad de la reacción de algunos científicos tradicionales a cualquier forma de espiritualidad, en general, y a la psicología transpersonal en particular, parece reflejar el fanatismo de los religiosos fundamentalistas. Su actitud carece de sólidos fundamentos científicos, ignora o distorsiona todas las pruebas existentes y se muestra insensible a los datos de la observación y a los argumentos lógicos. Un escrutinio más atento revela que lo que presentan como una imagen de la realidad científicamente probada más allá de cualquier duda en un gigante con los pies de barro, mantenido por supuestos metafísicos a priori.

Uno de los ejemplos más sobresalientes de esa categoría de científicos fue Carl Sagan.

Ilustre representante en el campo de la astronomía, obtuvo el aplauso de todo el mundo por su participación como experimentador en la mayoría de misiones exploratorias sin tripulación, por haber instituido el proyecto SETI, por haber creado Cosmos, una serie televisiva de gran éxito, y por haber diseñado, junto a Frank Drake, la placa de oro con el mensaje de los terrestres para las civilizaciones extraterrestres llevada por el Pioneer 10, la primera nave espacial que ha salido del sistema solar. Poco después de la muerte de Sagan por mielodisplasia, su novela Contact inspiró una película de gran éxito que lleva el mismo nombre.

Sin embargo, en lugar de gozar de su éxito profesional y de su reputación, se embarcó, por motivos desconocidos, en una cruzada contra cualquier cosa que se le antojase irracional, no científica y oculta. Asumió una actitud muy autoritaria como juez de las observaciones de numerosos expertos de muchas otras disciplinas, incluida la parapsicología, la tanatalogía, la investigación psiquedélica, la antropología y las religiones comparadas.

Para cumplir su objetivo de sanear la cultura del ocultismo y la superstición, Carl Sagan se convirtió en uno de los miembros fundadores de una organización llamada CSICOP, se asoció con una revista llamada The Skeptical Inquirer y utilizó los servicios del mago James Randi para probar que todos los testimonios referidos a los fenómenos paranormales eran fraudulentos. La recopilación de sus esfuerzos fue el libro de apasionadas filípicas contra los daños de la irracionalidad The Demon-Haunted World.

Mi primer contacto con Carl fue a través de una carta entusiasta que recibí poco después de la publicación de mi libro Los Reinos del Inconsciente Humano. En el libro relataba que los pacientes que se sometían a la psicoterapia con LSD experimentaban a menudo una profunda regresión, a lo largo de la cual volvían a vivir su nacimiento experimentando intensas emociones y sensaciones físicas. A continuación diferencié cuatro modelos empíricos asociados a ese proceso, que reflejaban los estadios consecutivos del nacimiento del niño, refiriéndome a ellos como matrices perinatales básicas (BPM).

Carl se quedó particularmente fascinado por mi descripción de la cuarta matriz perinatal, que supone visiones de una luz brillante en la que aparecen varias figuras arquetípicas. Tal como se expresó en un artículo publicado en 1979 en Atlantic Magazine, en su opinión esta observación infligía un golpe mortal a todas las aseveraciones de los místicos que a menudo hablaban de visiones de luz divina y seres celestiales. Concluía que lo que los místicos consideraban ser una luz sobrenatural era, en realidad, el recuerdo infantil del momento en el que se emerge a la luz de la sala operatoria y se ven a obstretas y enfermeras cubiertos con sus batas. La percepción errónea de esa situación como sobrenatural es por lo tanto el resultado de la inmadurez de la vista y de la percepción del recién nacido.

La interpretación de Carl de la visión perinatal descrita en mi libro está en marcado conflicto con la descripción ofrecida por mí de este fenómeno. Tras haber asistido, literalmente, a centenares de experiencias de muerte y renacimiento psicoespiritual, me he dado cuenta de que la experiencia de volver a vivir el nacimiento funciona como una entrada al inconsciente colectivo junguiano y que las visiones arquetípicas que la acompañan son ontológicamente reales y no pueden derivar del mundo material. Este es un argumento de gran importancia teórica respecto a la afirmación provocatoria de Carl sobre la naturaleza de la realidad que daba inicio a Cosmos, su opus magna: “El Cosmos es todo aquello que es o que siempre ha sido o siempre será” (Sagan, 1983).

Posteriormente, Carl me citó de nuevo erróneamente en su libro Broca’s Brain, en el que me dedicó un capítulo titulado The amniotic universe. Por supuesto, después de mis observaciones tenía derecho a sacar sus propias conclusiones. Sin embargo, ignorar mi interpretación y conferirme una aureola de demoledor del misticismo es otro cantar. Al hacerlo, no tuvo en cuenta el hecho de que toda la segunda parte de “Los reinos del inconsciente humano” estaba dedicada a una detallada descripción de experiencias espirituales acompañadas por muchos ejemplos clínicos. El material que contenía era, de hecho, una de las fuentes de la psicología transpersonal , una disciplina que intenta elaborar una síntesis entre ciencia y espiritualidad genuina aportando pruebas empíricas a favor de la visión mística del mundo.

Puesto que la psicología transpersonal, con sus esfuerzos para legitimar la espiritualidad, seguía creyendo y ganando cada vez más terreno en el ambiente académico, se convirtió en una fuente de notable irritación para Carl y su grupo CSICOP. Finalmente Carl me pidió, en calidad de superviviente del pequeño grupo de profesionales que habían fundado la psicología transpersonal, que tuviera con él una confrontación abierta para discutir los problemas teóricos relativos a esta disciplina. Acepté su invitación y me encontré con él en un hotel de Boston. Los otros participantes en el encuentro eran mi mujer Christina, Ann Druyan, la mujer de Carl, y el psiquiatra e investigador de Harvard John Mack, nuestro común amigo.

Carl empezó la sesión recordándome que tenía la responsabilidad, como profesional dotado de conocimientos específicos en medicina y psicología, de informar correctamente, puesto que un público no competente considera mucho más seriamente las palabras de una persona culta que posee títulos académicos. Subrayó el hecho de que para los científicos es esencial presentar la verdad científica probada y no adulterada a quien no esté capacitado para emitir un juicio propio independiente. Empezó a citar a continuación una serie de situaciones en las que la gente había sido engañada por varias desinformaciones, embrollos, fraudes y engaños. En ese momento le interrumpí y le dije que lo que estaba describiendo no tenía nada que ver con el tema que íbamos a discutir.

“¿Sobre qué crees tú que debería centrarse nuestra discusión?” preguntó.

“Sobre el problema del estado ontológico de las experiencias transpersonales”, contesté, “como, por ejemplo, el identificarse con tras personas y otras formas de vida, el vivir experiencias reales fuera del cuerpo, el tener visiones de seres y ámbitos arquetípicos o memorias ancestrales, raciales, kármicas y filogenéticas. ¿Se trata de alucinaciones y fantasías sin ninguna base real o episodios de una auténtica conexión con dimensiones de la realidad y fuentes de importantes informaciones que, por lo general, no resultan accesibles a nuestra conciencia?”

“¡Ponme algunos ejemplos!” apremió, dando la impresión de hallarse perplejo y confundido.

Le relaté distintos casos de individuos en estado de conciencia holotrópica que se habían identificado con varios aspectos del mundo material o que habían experimentado los ámbitos históricos y arquetípicos del inconsciente colectivo. En otros casos, habían tenido acceso a informaciones que estaban claramente mucho más allá de lo que habían adquirido mediante los canales convencionales de su vida. Tres de estos ejemplos suponían vivencias de identificación con animales, dos con acontecimientos históricos y uno la oscura visión de la terrible Diosa Madre de los malekulan.

Escuchando mis historias, Carl recobró su compostura y asumió un autoritario papel de maestro.

“¿Ah, de eso estás hablando? Bien, es fácil de explicar, aquí no hay un gran misterio”, dijo. “Los niños miran la televisión una media de seis horas diarias. Ven un montón de programas de distinta clase, incluidos los que contienen informaciones científicas como Nova Discovery. Los olvidan en gran parte, pero sus cerebros, siendo los órganos milagrosos que son, lo registran todo. En los estados no ordinarios de conciencia, esas informaciones son utilizadas para generar aquellas que parecen ser nuevas informaciones relevantes. Pero tú, que has recibido una información científica y médica, tienes que saber que no podemos de ninguna manera alcanzar una información que no haya entrado en nuestro cerebro a través de los sentidos. Si alguien deja aflorar una información de esa clase, tiene que haberla recibido de algún modo, en algún lugar, en algún momento de su vida.”

Yo me sentía decepcionado. Carl estaba ahora utilizando el viejo dicho de los filósofos empíricos ingleses que se había convertido en una creencia popular de la ciencia materialista monista: Nihil est in intellectu quod non antea fuerit in sensu (Nada está en el intelecto si antes no ha estado en los sentidos). Si mis pacientes generaban informaciones aparentemente nuevas, tenían que haberlas adquirido mediante los sentidos. Esto tendría que estar claro para cualquiera que hubiese estudiado ciencias naturales; ¿cómo podría una persona culta verlo de forma diferente? Sólidamente enraizado en el terreno tradicional, Carl no estaba dispuesto a contemplar la posibilidad de que hechos convincentes, derivados de la observación, pudieran poner en entredicho lo que él daba por descontado.

Sintiendo que habíamos llegado a un callejón sin salida, recurrí a la tanatología, la disciplina que estudia la muerte y a los moribundos. En las últimas décadas, los investigadores en ese campo habían acumulado una serie de datos fascinantes que concernían a las experiencias extracorporales en las situaciones cercanas a la muerte. A diferencia de muchos otros fenómenos transpersonales, esas experiencias se pueden verificar objetivamente con relativa facilidad. Puesto que el material había sido ampliamente difundido por bestsellers, debates televisivos e incluso un cierto número de películas de Hollywood, esperaba dar en la diana sin grandes dificultades.

Hice referencia a numerosos estudios tanatológicos que, de forma independiente, habían confirmado que, durante experiencias extracorporales, en el curso de situaciones cercanas a la muerte, la conciencia desencarnada es capaz de percibir el ambiente presente, como también lugares remotos, sin la mediación de los sentidos. En un estudio fascinante, presentado por Kenneth Ring en su libro Mindset, se describe la capacidad de la conciencia incorpórea de percibir el ambiente incluso en personas que por motivos congénitos han sido ciegas desde el nacimiento. No sólo habían sido capaces de ver por primera vez, sino que podía verificarse lo que habían visto.

En este contexto, cité también un ejemplo del libro Recollection of Deaht de Michael Sabom, un cirujano del corazón que había estudiado las experiencias cercanas a la muerte de sus pacientes. Dije a Carl que uno de los pacientes de Michael Sabom había sido capaz de describir detalladamente el proceso de retorno a la vida, que había seguido al paro cardíaco durante una intervención quirúrgica. Relató que, en un primer momento, su conciencia incorpórea había visto el procedimiento desde un lugar cercano al techo y luego, interesada en el procedimiento, había bajado a una posición desde la que podía observar de cerca los indicadores de los aparatos. Durante la entrevista que siguió al retorno a la vida, con gran sorpresa de Michael Sabom, el paciente fue capaz de reconstruir todo el procedimiento, incluyendo los movimientos de las agujas de los aparatos de medición en correlación con las intervenciones del equipo de cirujanos.

Tras haber descrito el caso a Carl, le pregunté cómo podía explicar esos hechos en el contexto de la visión materialista del mundo que él defendía. Se quedó un rato en silencio y luego dijo, seguro de sí mismo: “¡Eso, desde luego, no ha ocurrido!” Sacudí la cabeza con incredulidad, sin poder creer en lo que había oído. “¿Qué quieres decir con que eso no ha ocurrido? El cardiocirujano Michael Sabom lo relata en su libro basado sobre la investigación que ha realizado sobre sus pacientes. ¿Cuál es la explicación de lo que te acabo de contar? ¿Qué piensas de todo eso?” pregunté. Esta vez la pausa fue aún más larga. Era obvio que Carl se esforzaba en pensar, luchando para encontrar una respuesta. “Bueno”, dijo finalmente rompiendo el largo silencio, “hay muchos cardiocirujanos en el mundo. Nadie hubiese prestado atención al tipo. Así que se ha inventado una historia incongruente para atraer la atención sobre sí mismo. ¡Es un truco de relaciones públicas!”

Yo me quedé impactado. Lo que Carl acababa de decir minaba seriamente el respeto que sentía hacia él. Me di cuenta de que tal visión del mundo no era ciencia, sino fanatismo científico. Tenía las características de un dogma indestructible, cerrado a cualquier evidencia. Entendí también con claridad que nuestra discusión había llegado a un punto muerto insuperable. Advertí que Carl no tendría reparos en poner en entredicho la profesionalidad, la integridad moral y la salud mental de sus colegas científicos antes de tomar en consideración la posibilidad de que este sistema de creencias pudiese necesitar de una revisión para adaptarse a las nuevas evidencias.

Tenía tal certeza de conocer el universo, y lo que podía o no ocurrir en él, que no sentía la menos inclinación a examinar los datos que la pusieran en discusión.

La experiencia que tuve acerca de la determinación de Carl de conservar sus creencias científicas a cualquier precio tuvo más tarde una confirmación en el escándalo que implicó CSICOP y el así llamado “efecto Marte”. En su investigación, proyectada originariamente para poner a la astrología en su justo lugar, los cronobiólogos franceses Michel y Louise Gauquelin mostraron que el 22% de los campeones deportivos europeos examinados habían nacido con Marte en el ascendente. Para su sorpresa, en lugar de rebatir las predicciones astrológicas, su estudio las convalidaba: la probabilidad estadística de que el dato del 22% se debiera al azar era uno sobre cinco millones. Años más tarde, los Gauquelin realizaron pruebas de predicciones astrológicas que implicaban cinco planetas y once profesiones y encontraron resultados significativos; sus datos fueron más tarde reproducidos de forma independiente por otros investigadores.

Después de que se publicaran los resultados del estudio de los Gauquelin, tres miembros del CSICOP, Paul Kurtz, George Abell y Marvin Zelen, indignados por el informe, intervinieron en la controversia, con una respuesta crítica al principio y, más tarde, iniciando ellos mismos una investigación. Tras encendidos intercambios, antes que admitir que sus datos no hacían otra cosa que confirmar los resultados de los Gauquelin, los falsificaron conscientemente. El fraude fue desenmascarado por Dennis Rawlins, cofundador del CSICOP y miembro del Consejo Ejecutivo, con un artículo titulado Starbaby, en 1981. Cuando Rawlins se dio cuenta de que la organización se empeñaba en perpetuar su propia postura ideológica y no estaba dispuesta a descubrir la verdad, llegó a la conclusión de que la honestidad era más importante que una indiscriminada caza de brujas con respecto a lo paranormal.

En 1984, cuando fui invitado a Lucerna para dar una conferencia en el Congreso Mundial de Astrología sobre mi investigación acerca de la importancia psicológica del trauma del nacimiento y sobre las MPB, el programa, entre los presentadores, destacaba a Michel Gauquelin. Incluía también a otro “converso” a la astrología, Hans Eysenck, un duro crítico del psicoanálisis freudiano.

Stanislav Grof. “Cuando ocurre lo imposible”.

Ayude a hacer de la Psicoterapia asistida con MDMA un tratamiento legalmente disponible.

En este año 2012 se cumplen 100 años de la creación de la MDMA, sintetizada por primera vez en una fecha específica desconocida dentro del año 1912. El Dr. Anton Köllisch, de la compañía farmacéutica Merck, estaba trabajando en la creación de un nuevo medicamento anti-coagulante, y la MDMA fue solo uno de toda una serie de productos químicos que la empresa patentó, a pesar de no tener conocimiento de sus efectos psicoactivos.

El Centro de Química del ejército de EEUU descubrió dichos efectos en 1953 y lo probaron como una posible arma contra el espionaje. El primer estudio con MDMA en sujetos humanos fue publicado en 1987 por A. Shulgin y D. Nichols, en el cual se describió la sustancia como una potencial herramienta terapéutica.

CELEBRE LA INVENCIÓN de una molécula que ha fascinado a médicos, científicos, legisladores y a la sociedad en general durante generaciones haciendo un regalo de cumpleaños que apoye la investigación sobre el potencial terapéutico de la 3, 4-metilendioximetamfetamina, o MDMA.

PSIQUIATRAS Y TERAPEUTAS llevaron a cabo más de 1.000 sesiones clínicas con MDMA desde 1978 hasta 1985. En 1985, debido al uso recreativo y generalizado de la MDMA, la DEA declaró que sería un crimen la posesión o distribución de MDMA, ignorando tanto el testimonio de expertos como las recomendaciones de la corte. En 1986, la Asociación Multidisciplinaria para los Estudios Psicodélicos (MAPS) se propuso hacer de la psicoterapia asistida con MDMA un tratamiento legalmente disponible.

100 AÑOS DE LA CREACIÓN DE LA MDMA, los investigadores y terapeutas están redescubriendo el potencial de la MDMA con ayuda de la psicoterapia para transformar las vidas de hombres y mujeres que sufren de trastorno de estrés postraumático (TEPT). De producto químico prohibido a herramienta terapéutica prometedora, el 100 aniversario del MDMA es una oportunidad para celebrar y apoyar esta innovación médica.

PUEDEN PASAR MUCHAS COSAS EN 100 AÑOS. La MDMA se sintetizó, se dejó en un estante, la encontró un investigador, fue utilizado por los terapeutas, se dio un mal uso por parte del público, se declaró ilegal, y ahora, por fin, se está utilizando en ensayos clínicos con la aprobación del gobierno. Ayuda a la psicoterapia asistida con MDMA a pasar a la siguiente fase. Por una donación de 5$ recibirá un adhesivo con la inscripción “Transformando la Medicina”, de parte de MAPS, o con una de 100$, entrará en un sorteo de un boleto a la Conferencia de Ciencia Psicodélica de MAPS en abril de 2013.

Usted puede ayudar a que la psicoterapia asistida con MDMA sea un tratamiento legalmente disponible, haciendo una donación de cualquier cantidad, y luego compartiendo este mensaje con sus amigos.


PARA MÁS INFORMACIÓN visite www.maps.org.

MÁS EN: http://www.maps.org/media/view/happy_birthday_mdma/


“Somos los lugares que habitamos”

El contacto con entornos naturales beneficia la capacidad de atención y contribuye a afrontar mejor las situaciones estresantes. El Psicólogo José Antonio Corraliza explica cómo la Psicología Ambiental analiza los efectos de la naturaleza en la psique humana.

Entrevista realizada por Yvonne Buchholz.


¿Qué beneficios aporta para la psique vivir en un entorno verde?

La naturaleza es un referente importante para el bienestar humano. Diversas investigaciones ya han demostrado sus efectos positivos para la psique de las personas. Como las investigaciones de Janet Frey Talbot y Stephen Kaplan, por entonces en la Universidad de Michigan, basadas en estancias de supervivencia en la naturaleza con la participación de ejecutivos. El seguimiento de los participantes mostró que las personas se acoplaban a los ritmos de la naturaleza. La adaptación resulta fácil porque los ritmos naturales ya están en nuestro cerebro.


¿Por qué la naturaleza ejerce ese poder en las personas? 

La explicación es evolucionista. Los humanos hemos vivido las experiencias de supervivencia en la naturaleza. De hecho, vivimos en ciudades desde ayer. En biofilia se habla de dos dimensiones. Por un lado, los escenarios de agua (hidrofilia) y por otro, los de vegetación (fitofilia). Agua y vegetación resultan cruciales para la supervivencia. Así, la desertización puede causar efectos traumáticos en las personas. Me preocupa la actual degradación de los paisajes.


¿Cuales son los beneficios de vivir en el campo? 

Uno de ellos es que nos resulta más fácil recuperarnos de las experiencias estresantes. Aunque el estrés es una reacción normal ante situaciones amenazantes, se convierte en un peligro si perdura en el tiempo. Se ha visto que existe una correlación lineal y directa entre vivir en la naturaleza y la capacidad de afrontar una situación estresante. La naturaleza no anula el estrés, sino que contribuye a que no sea duradero. Un niño que pierde a su abuelo o que vive el divorcio de sus padres presenta una mayor capacidad para afrontar la situación si se encuentra en un entorno natural. Se trata de un efecto moderador, porque la naturaleza actúa como una defensa psicológica.


¿Qué parámetros se utilizan en Psicología para demostrar este beneficio?

Desde la Psicología Ambiental se habla de la hipótesis de la restauración, que se divide en dos tipos. Por un lado tenemos la restauración efectiva, la cual se basa en indicadores del estrés fisiológico. Un ejemplo sería medir en una persona que acaba de practicar deporte el tiempo que necesita para recuperar las constantes fisiológicas (pulso, ritmo cardíaco…). Se ha constatado que los sujetos que tras realizar ejercicio físico observaban un paisaje natural se recuperaban en la mitad de tiempo que aquellos que contemplaban escenas urbanas. Por otra parte, la restauración percibida se basa en la recuperación de la capacidad de atención. Un paseo o contemplar escenas de la naturaleza contribuyen a su aumento.


¿A partir de qué edad se aprecian los beneficios del “verde”?

Los efectos beneficiosos de la naturaleza se perciben en la población en general. En un estudio reciente que hemos desarrollado con niños de 6 a 9 años y otro grupo de entre 9 y 13 hemos comprobado que en todos ellos se producía ese efecto beneficioso. No obstante, en los primeros el efecto positivo aparece algo más marcado.


¿Qué características puede presentar un niño que tenga poco acceso a un entorno natural?

Existe el trastorno por déficit de naturaleza. Ese concepto incluye una serie de trastornos, como la hiperactividad o la obesidad, que podrían estar relacionados con la falta de contacto con el medio natural. En estudios de comparación entre niños con experiencias al aire libre y otros que desarrollaron actividades con imágenes virtuales de naturaleza (a través de la wii, de videojuegos, etc.) se ha visto que los niños con pocas experiencias en un entorno verde o con una vida desconectada de la naturaleza presentan menos posibilidades de recuperación psicológica.


¿Qué son las enfermedades psicoterráticas? 

A finales del siglo XX, el filósofo ambiental Glenn Albrecht describió dos casos de poblaciones aborígenes de Australia que padecieron las consecuencias de la minería de carbón a cielo abierto. Las alteraciones del terreno parecían provocar trastornos psíquicos y emocionales en los habitantes del lugar, que se caracterizaban por una especie de sentimiento de pérdida, no de tanta intensidad emocional como en el caso del duelo por un ser querido, pero semejante. Albrecht acuñó el neologismo de solastagia, dolor por la pérdida del solar.


Así, el cambio de paisaje puede provocar un trastorno mental…

Si el lugar habitual de residencia se convierte en hostil o debe abandonarse, puede surgir un trastorno relacionado con la nostalgia y la melancolía. El estado de melancolía puede convertirse en crónico y ser un antecedente de la depresión. Se trata de una alteración psicológica relacionada con el trastorno postraumático. La degradación de los entornos naturales en que vivimos nos afecta porque esperamos que pervivan a nosotros. Somos los lugares que habitamos.


Tomando el tema desde otro punto de vista, ¿un entorno verde puede servir como método de tratamiento?

La naturaleza no explica los trastornos del malestar humano. Lo que propician las experiencias con la naturaleza es una mayor capacidad para afrontar el estrés; ejercen un efecto moderador. Por ello debe incorporarse el entorno natural en la vida cotidiana.


En España, ¿se hace?

Existen ejemplos de ciudades españolas que sí están sensibilizadas con el tema, como es el caso de Vitoria, Barcelona y Madrid. Hay que introducir la naturaleza en la ciudad, aunque sea mediante “jardines de bolsillo”. Aunque más que el aumento de los espacios naturales en las ciudades, lo que a mí me preocupa es el cuidado de los que ya existen.

Experiencias extracorpóreas.

Uno de los ejemplos más espectaculares de disociación lo constituye el famoso estado de consciencia extracorpóreo. En este estado, asumo que los sujetos tienen la ilusión de que su mente se ha separado de su cuerpo pero que permanece flotando lo suficientemente cerca como para observarlo. Este estado viene facilitado por el uso de sugestiones y fármacos anestésicos que predisponen al cerebro a experimentar estos estados marginales.

La cuestión que quiero plantear no es si las experiencias extracorpóreas ocurren en realidad. Tengo buenas razones para creer que ocurren pero tengo serias dudas sobre su significado. En particular, las veo no como una evidencia de que mente y cuerpo pueden separarse, sino como una evidencia de que la ilusión de separación puede ser tanto vívida como extrema.

La primera razón para concederle un cierto grado de credibilidad a las experiencias extracorpóreas es que en el estado de vigilia activa solemos experimentar que la consciencia se centra en nuestra cabeza y vemos el resto de nuestro cuerpo allí fuera en el espacio donde asumimos que realmente está, pero nunca percibimos directamente nuestro cerebro, donde asumimos que de alguna forma se encuentra la consciencia. Cuando soñamos, alrededor de un tercio de mis sujetos experimentales informaron perder el sentido de la consciencia centrada en la cabeza y en realidad ven sus cuerpos al completo -y a ellos mismos- actuando como terceras partes en sus sueños. Yo nunca he tenido estas experiencias en mis sueños. Pero cualquiera que sea la causa o interpretación, un tercio es una elevada proporción de la población. Esto sugiere que la mente puede generar fácilmente la ilusión de estar fuera de nuestros cuerpos cuando el cerebro está en sueño REM.

Los sujetos que aseguran haber tenido estas experiencias no dicen “soñé esto o aquello” o “se parecía a esto o a lo otro”. No. Ellos informan de sus experiencias como si hubieran estado completamente despiertos. Pero nosotros sabemos que esta convicción puede ser ilusoria y, lo cierto es que normalmente es ilusoria cuando soñamos. Ya que los sueños son un estado alterado de consciencia caracterizado típicamente por la ilusión de que estamos despiertos y con habituales intrusiones de nuestro yo como un tercer participante, podemos razonar que las experiencias extracorpóreas son alteraciones de consciencia completamente ilusorias y naturales.

Lo irrebatible de esta línea indirecta de argumentación es que ya que los sueños son una clara expresión de un estado alterado del cerebro, las experiencias extracorpóreas son probablemente el mismo tipo de expresión. Su asociación con los traumatismos cerebrales o con los estados de conciencia “cercanos a la muerte”, con la anestesia, y con otros estados marginales hacen que la hipótesis de su etiología orgánica sea irresistible, al menos para mí. A favor de esta hipótesis está el hecho de que es posible inducir experiencias extracorpóreas mediante ketamina y PCP, drogas bloqueadoras de los receptores glutamatérgicos NMDA.

Debido a que hay demasiado en litigio (la inmortalidad del alma, para comenzar), puedo entender por qué los fieles se resistirán a esta línea de razonamiento. Ellos consideran la división de mente y cuerpo como fines absolutos y últimos. Para ellos, estas percepciones evanescentes de separación no constituyen más que meros destellos de las promesas que se harán realidad. Para mí, son falsos presagios de una independencia mente-cuerpo que considero insostenible. Ahora que lo pienso, una hipótesis que podría contrastarse es si aquellas personas que sueñan sobre ellos mismos en tercera persona están fisiológicamente predispuestas a la fe o psicológicamente condicionadas por ella.

Fragmento de “La farmacia de los sueños”, Allan Hobson.

Ciencia Psicodélica.

Desde hace ya años la ciencia está experimentando un renovado interés por el campo de las substancias psicodélicas. Un interesante campo la investigación del cual se paralizó en gran parte hacia la década de los 70.

Un gran número de substancias, desde la LSD hasta la psilocibina, ofrecen un amplio abanico de posibilidades terapéuticas que intentan reservar su localidad en la gran llanura de los tratamientos médicos, lo que ocurre es que ninguna plaza se adecua a sus características. No estamos ante los clásicos medicamentos de receta, sino, en su mayoría, a herramientas que deben utilizarse siempre bajo un contexto psicoterapéutico. Además de romper ese esquema con el que cuentan todos los fármacos, también hay que contemplar el hecho de que estas substancias inducen estados no ordinarios de conciencia. Dichos estados, que por ellos mismos no causan ningún problema, (más bien al contrario, todo son beneficios), están culturalmente mal vistos, y cuentan con un estigma y connotación negativa difíciles de anular. No deja de ser una gran paradoja, pues el mismo sueño REM es claramente un estado no ordinario de conciencia en toda regla.

Dejando de lado estos asuntos, pasemos a lo que interesa. Con este post quería compartir un poco de información básica sobre la ciencia Psicodélica. La siguiente tabla muestra la historia resumida de las drogas psicodélicas, desde que estas se fusionaron con la ciencia.

1897. Aislamiento e identificación de la Mescalina, por A. Heffer.

1919. Síntesis de la mescalina, por E. Spath.

1926. Síntesis del PCP.

1938. Síntesis de la LSD, por A. Hofmann.

1943. Descubrimiento de los efectos psicoactivos de la LSD, por A. Hofmann.

1947. Primer estudio con LSD en humanos, por W. Stoll.

1952. Primer estudio con LSD para el tratamiento de la depresión, por Savage.

1953. Primer ensayo clínico con LSD usando terapia psicolítica, por R. Sandison.

1958. Aislamiento y síntesis de la psilocina y psilocibina, por A. Hofmann.

1962. Síntesis de la ketamina.

1963. La LSD aparece en las calles.

1965. Introducción del término “anestesia disociativa” por E. Domino.

1966. Sandoz deja de suministrar LSD.

1970. La LSD, psilocina y mescalina son colocadas en la Lista I en EEUU.

1983. Demostración del efecto antagonista del PCP sobre los receptores de NMDA, por N. Anis.

1988. Demostración del efecto agonista de la LSD sobre la serotonina. / Primer estudio de neuroimagen en mescalina.

1990. Primer estudio de neuroimagen con psilocibina y ketamina.

1999. La ketamina es puesta en la Lista II en EEUU.

A continuación paso a compartir algunos estudios que se han realizado con LSD, MDMA, Iboga, Ayahuasca o Psilocibina. Solo es una pequeña muestra de toda la documentación que puede encontrarse en distintos buscadores (PubMed, GoogleAcademics, etc.)

LSD

Tratamiento de las cefaleas en racimo.

Meta-análisis sobre el tratamiento del alcoholismo.

Casos curados de psicopatía y autismo.

Tratamiento de la ansiedad asociada a las últimas etapas de enfermedades terminales.

MDMA

Seguridad en el tratamiento con MDMA del TEPT.

Acción anticancerígena del éxtasis.

Cómo puede ayudar la MDMA en los trastornos de ansiedad.

Estudio piloto: Seguridad y eficacia de la psicoterapia asistida con MDMA en pacientes con TEPT crónico y resistente al tratamiento convencional

Psicoterapia asistida con bajas dosis de MDMA en una pequeña muestra de mujeres con TEPT crónico

Duración de la mejora en los síntomas del TEPT tratado con psicoterapia asistida con MDMA. Estudio de seguimiento a largo plazo.

Iboga

Explicación molecular del tratamiento del alcoholismo con Ibogaína.

Selección de resúmenes de estudios con Iboga.

Evaluación a largo plazo de drogodependientes tratados con Ibogaína.

Ayahuasca

Beneficios sobre enfermedades neuro-degenerativas.

Meta-análisis estudios hasta 2004

Personalidad, psicopatología, actitudes y área neuropsicológica de consumidores rituales de Ayahuasca. Un estudio longitudinal

Ayahuasca. Una medicina que cambia nuestra vida

Uso en adicciones.

Psilocibina

Tratamiento de la ansiedad en pacientes con cáncer terminal.

Experiencias místicas con psilocibina y su prolongación en el tiempo.

Efectos positivos a largo plazo.

Uso en psicoterapia.

Tratamiento del TOC.

El maltrato infantil, también llamado “Método Estivill”.

Me desvío un poco de los asuntos tratados comúnmente en este espacio, aunque sin distanciarme mucho de todo lo que concierne a salud. Y es que mi asombro es mayúsculo al ver en varios medios de comunicación, aún hoy en día, en el año 2012, defender o promocionar el “método Estivill”, una copia de tantos otros basados en lo mismo, pero que este buen señor se apropió hace ya unos años, quizá por aburrimiento quizá por llenar un bolsillo vacío, eso no lo sabemos.

En esta vida un cierto grado de codicia puede ser positivo, sin embargo, cuando ésta cruza el límite de tu persona y empieza a afectar a otros, es decir, cuando se priorizan tus posesiones o tu prestigio en detrimento de la salud de otros, ahí ya podemos hablar de psicopatía, perversión, o de ignorancia, en el mejor de los casos.

Veamos pues lo que nos vende este hombre con cara de santo. “Su” método, que por otra parte, sobra decir que no ha sido probado científicamente (probablemente porque esta práctica choca con la ética humana y científica), consiste en dejar llorar al bebé en períodos cada vez más espaciados, hasta que éste “aprenda” a dormir solo. En otras palabras, que aprenda que nadie va a hacerle caso, que sus necesidades no son merecedoras de atención (esto puede generar una baja autoestima).

Desde el principio, el niño se queda solo, por primera vez tiene miedo ante la idea de que sus padres no están y ante cómo afrontará esa nueva experiencia. La alarma se activa. A partir de ese momento se ponen en marcha los sistemas más arcaicos de respuesta a la alarma: el sistema HHA (hipotálamo-hipofisario-adrenal). En principio, nuestro cuerpo se debe preparar para lo peor (escapar o pelear), por ello la amígdala (una parte de nuestro cerebro emocional) envía mensajes para que se active todo un sistema hormonal capitaneado por la adrenalina.

Estas oleadas de sustancias químicas en el cerebro son la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala. Esto se relaciona con la depresión y con la pérdida de oportunidades de desarrollar la confianza, la empatía y la autoestima. Además, un bajo nivel de serotonina es el indicador más importante de violencia en animales y humanos, ya que actúa como inhibidora de la conducta.

Solo adjunto la opinión de uno de los profesionales que alertan de la peligrosidad de estas prácticas, que se pueden leer en este enlace, en este caso de la psicóloga P. Trautmann. “En el ámbito de la psicología y la psicopatología evolutiva hay evidencia más que suficiente de que el hecho de dejar llorar a un bebé, sin darle respuesta, es nocivo para su desarrollo, no solo emocional sino también cognitivo. Un libro (que en alemán se titula “Gelernte Hilflosigkeit” algo así como “Desamparo aprendido”) plantea que los niños a los que se deja llorar y llorar aprenden que ellos no pueden generar una respuesta de su medio ambiente, algo así como que a nadie le interesan sus necesidades e insatisfacciones y que están solos frente al mundo; que nadie puede ayudarlos. Como se imaginarán ¡esto no puede ser bueno para el desarrollo psicológico de los niños! En un estudio sobre la interacción madre-hijo en el que participé, pudimos ver que los niños que presentaban un mayor nivel de desarrollo cognitivo y socio-emocional tenían mamás muy reactivas (es decir que reaccionaban a la mas mínima señal de los niños).”

Lo más chocante de todo este asunto es que Estivill, siempre que explica “su” método, pone un énfasis hipócrita en que estamos haciendo esto porque queremos a nuestro hijo. Si quisiéramos a nuestro hijo, señor Estivill, cosa que se presupone, no hace falta que se lo diga a ningún padre o madre, lo primero que haremos será dormir con él en la misma habitación, por ejemplo (hay cunas especiales para acoplarlas a la cama), ya que si llora cuando se queda solo es porque se lo dice su biología, su instinto. Si un niño se quedaba solo en un rincón hace 10.000 años, lo más probable es que muriera, por frío o por profusas adversidades del entorno, por tanto el llanto no es más que un mecanismo de supervivencia para asegurar la constante atención de los progenitores, la cual asegura el bienestar y la satisfacción de sus necesidades fisiológicas. Pero bueno, es probable que esto no lo sepa el señor que se de por aludido, pues apuesto por la tercera de las opciones que apuntaba al principio para la génesis de este método.

No olvidemos que esta sociedad ya es un sitio bastante complicado en el que crecer, a contra-natura muchas veces, así que no pongamos más de nuestra parte con prácticas perjudiciales de este tipo.

Científicos pueden ver en tu rostro lo que te sucedió en la infancia.

Es parte de las más fundamental intuición humana que lo que le sucede a una persona de alguna manera se queda grabado en su rostro —a menos de que se haga un pacto con fuerzas ocultas como en el caso de Dorian Gray. La forma en la que experimentamos y vemos el mundo acaba siendo la forma en la que nos vemos. Esta  intuición, que por una parte denota un simple orden de causalidad, parece haber sido confirmada por la ciencia.

Científicos de la Universidad de Edimburgo descubrieron una correlación entre la simetría facial —analizando diferentes facciones— y factores como la privación de atención, el estrés y la mala nutrición sufrida en la infancia.

“La simetría en el rostro es pensada como la marca de lo que se conoce como estabilidad en el desarrollo —la habilidad del cuerpo de soportar el estrés ambiental [factores estresantes]— y no ser desviado de su camino de desarrollo”, dijo el profesor Ian Deary al diario Telegraph.

La investigación buscaba saber si la simetría facial registraba los factores de estrés infantil a lo largo de la vida, para lo cual se estudiaron 292 personas de 83 años de edad de los cuales se contaba con información de toda su existencia. El estudio pudo comparar la simetría facial de los participantes con cuestiones como su estatus social de niños, la profesión de sus padres, qué tantas personas había en su hogar, si tenían un baño interno o externo y muchos otros factores.

El estudio sugiere que la relación entre la simetría facial y la clase social fue más marcada entre los hombres y podría estar ligada a los resultados de otras investigaciones que han encontrado que las personas con rostros más simétricos son considerados como parejas más atractivas, acaso proporcionando una señal a la parte inconsciente de la biología humana de que una persona simétrica tendrá mejor salud a lo largo de su vida.

Por otro lado el estudio permite especular  sobre varias cuestiones muy interesantes. Viene a la mente primero la noción ampliamente difundida por Freud de que la infancia es destino y de que existe una especie de determinismo en lo que nos sucede tempranamente que nos acompañará como una infraestructura psíquica difícil de modificar por el resto de la vida. Aunque es cierto que el estudio aquí comentado no señala que estas “asimetrías” grabadas en el rostro por la infancia sean indelebles.

También invita, de una manera un poco más licenciosa, a jugar con la idea de que el ser humano es un holograma, como se puede extrapolar de la la teoría cuántica de David Bohm del Orden Implicado, en la que este genial físico expone que el universo entero es un organismo en que cada parte contiene la totalidad de la información, de tal manera que en una partícula están entrelazadas todas las partículas y todos los procesos que jamás se han llevado a cabo.  Esto puede ser visto en el hecho de que para reconstituir a un ser vivo no hace falta más que un molécula de su ADN —en ella yace la información de todas sus células. Y acaso algo así ocurre en el hombre: con solo ver sus ojos, la simetría de su rostro o alguna otra facción, es posible, para quien sepa “leer”, acceder a toda su información, como si la cara fuera una grabadora holográfica.

http://www.telegraph.co.uk/science/science-news/8699599/How-your-childhood-is-written-in-your-face.html

Saltarse las siestas podría poner a los niños pequeños en riesgo de trastornos del estado de ánimo.

 Los niños pequeños que se saltan las siestas diurnas podrían estar en mayor riesgo de trastornos del estado de ánimo en la vida, indica un estudio reciente.

Los investigadores observaron a niños pequeños de 30 a 36 meses de edad, y hallaron que privarles de una sola siesta diaria resultaba en más ansiedad, niveles más bajos de alegría e interés, y menores capacidades de resolución de problemas.

“Muchos niños pequeños de hoy día no duermen lo suficiente, y para ellos, las siestas diurnas son una forma de asegurar que sus ‘tanques de sueño’ estén llenos cada día”, señaló en un comunicado de prensa de la Universidad de Colorado la líder del estudio Monique LeBourgeois, profesora asistente del departamento de fisiología integradora de la universidad, en Boulder.

“Este estudio muestra que la falta de sueño en la forma de saltarse las siestas afecta la forma en que los bebés expresan distintos sentimientos, y con el tiempo podría conformar sus cerebros emocionales en desarrollo y ponerlos en riesgo de problemas relacionados con el estado de ánimo para toda la vida”, explicó.

Los investigadores grabaron en video las expresiones emocionales de los niños pequeños mientras trabajaban en rompecabezas de imágenes solubles e insolubles en dos días distintos. Un día, la prueba se llevó a cabo una hora después de que los niños pequeños hicieran su siesta diurna normal de 90 minutos. Otro día, a los niños se les privó de sus siestas, y recibieron la prueba una hora después de su hora normal de siesta.

Cuando les privaron de la siesta, los niños experimentaron un descenso del 34% en las respuestas emocionales positivas tras completar los rompecabezas solubles, un aumento del 31% en las respuestas emocionales negativas cuando no pudieron completar los rompecabezas insolubles, y una reducción del 39% en la expresión de confusión cuando intentaban completar los rompecabezas insolubles.

“La confusión no es mala. Es una emoción compleja que muestra que el niño sabe que algo no sale bien”, anotó LeBourgeois. “Cuando los niños que han dormido bien experimentan confusión, son más propensos a buscar ayuda de los demás, que es una respuesta positiva y adaptativa que indica que están cognitivamente involucrados en su mundo”.

Según el comunicado, en general el estudio muestra que saltarse una siesta diurna podría hacer más difícil que los niños pequeños aprovechen del todo las experiencias emocionales e interesantes y que se adapten a nuevas frustraciones.

“Igual que una buena nutrición, el sueño adecuado es una necesidad básica que da a los niños la mejor oportunidad de obtener lo más importante de las personas y las cosas que experimentan cada día”, señaló LeBourgeois.

Admisnitración crónica de ISRS reduce los efectos subjetivos de la LSD.

Estudio original

En el año 1996 se estudió la posible interacción entre los agentes antidepresivos y los alucinógenos. A los sujetos del estudio, reclutados a través de anuncios en internet o en otros sitios, se les pidió que describieran los efectos somáticos, alucinatorios y fisiológicos después de una auto-administración de LSD, antes y durante la administración de antidepresivos. 28 de los 32 sujetos (el 88%) de los que tomaron un antidepresivo del tipo inhibidores de la recaptación de serotonina (fluoxetina, paroxetina, trazodona) durante más de tres semanas, sufrieron un descenso en los efectos subjetivos o de su respuesta al LSD.

Uno de los sujetos sufrió el efecto contrario, pues tan solo una semana después de tomar fluoxetina, notó un incremento en los efectos de la dosis de LSD.

Este descenso en los efectos alucinatorios y otras respuestas fisiológicas al LSD puede ocurrir debido a las adaptaciones en el sistema serotonicérgico, incluyendo alteraciones en los receptores 5-HT1a y 5-HT2a/5-HT2c, que provocan cambios en las concentraciones extracelulares de serotonina, o en los sistemas de catecolamina. Estos resultados están en marcado contraste con las respuestas utilizando el mismo cuestionario pero con individuos usando antidepresivos tricíclicos (Imipramina, Desipramina) o litio (Plenur).