Archivo de la categoría: Mundo emocional

Modelos Tibetano y Occidental de “salud mental”

La primera vez que me interesé por la idea de los modelos tibetano y occidental de salud mental fue cuando era estudiante graduado en Harvard. Tuve la suerte de disfrutar de una beca de viaje Harvard pre-doctoral y luego de una beca post-doctoral, lo que me permitió vivir en Asia dos años y estudiar algo que me asombró, francamente, cuando me di cuenta por primera vez de lo que había allí para estudiar.

Yo, como estudiante de Psicología en Harvard, había llegado a dar por supuesto, como se da por supuesto tácitamente en Occidente, que la Psicología es una disciplina científica que surgió en Europa y América en el siglo pasado. Así que cuando llegué a Asia y empecé realmente a examinar los sistemas orientales de pensamiento, me quedé asombrado al descubrir que hay un sistema psicológico encerrado en cada gran tradición religiosa, la parte esotérica de la religión. Y de los sistemas que estudié me pareció que el budismo tibetano tal vez contuviese la más refinada de esas psicologías. Tiene, por ejemplo, un modelo fenomenológico preciso y análisis detallados de estados mentales y de los procesos de cognición y de conciencia. Ofrece una definición operativa de salud mental y un método para transformar la conciencia que es completamente único y muy diferente de nuestro propio enfoque occidental. Y lo que es más significativo: ofrece una visión de posibilidad humana que sostiene que el logro de estados como la ecuanimidad y la compasión (es decir, un amor sin apego) no es solo un objetivo abstracto sino posible.

Yo sostengo que el modelo de salud mental que encontramos en las psicologías orientales excede y amplía, de una forma muy vigorosa, nuestra noción de salud mental. Lo que me intriga es que nunca me dijeran ni una palabra sobre esto durante mi período de formación ni en ningún curso de Psicología, a pesar de que estas psicologías se han estado aplicando durante más de 2.000 años. Creo que es muy chocante: 2.000 años es mucho tiempo. ¡Veremos si dura tanto el conductismo! Y si dura tanto la ciencia cognitiva, en realidad.

Hay una panoplia de ciencias interiores en el budismo tibetano. Me gustaría centrarme en una de las más elementales. Es un modelo de la mente compartido con otras ramas del budismo; el theravada tiene un modelo muy similar. Se llama Abhidharma. La unidad básica de análisis en el modelo Abhidharma es un solo momento de la mente en la sucesión de esos momentos en el flujo de la conciencia. En este modelo se considera caracterizado cada uno de estos momentos digamos que por diferentes “sabores”, llamados factores mentales. Cada factor mental tiene propiedades únicas que determinan nuestra experiencia subjetiva de momento a momento. En este modelo, lo que se considera primario en la conformación de la experiencia no es la realidad externa (no el objeto de conciencia) sino más bien las propiedades de ese momento de la propia mente. Por ejemplo, si el objeto de la conciencia es tu declaración de la renta, podrías estar viéndolo a través de las lentes de un factor mental de miedo, de cólera, de tristeza, o, teóricamente, de alegría… cosa improbable, sin embargo.

La cuestión es que cada estado mental, cada momento de la mente, está compuesto de una gama cambiante de propiedades que se unen al sabor y definen ese estado. Hay un bonito y sucinto adagio zen que lo explica: “Una mujer hermosa es un gozo para su amante; para un asceta, una distracción; para un lobo, una buena comida.”

Hay innumerables propiedades de la mente, y es un tanto arbitrario cómo cortes la tarta. Abhidharma selecciona unos cincuenta factores mentales que considera cruciales, la mitad de los cuales aproximadamente se consideran malsanos, considerándose los otros saludables.

La regla general de la salud mental es muy clara y directa. Los estados que son malsanos, o insanos, son aquellos que no conducen a la calma, a la tranquilidad, al equilibrio, a la meditación, al logro de la iluminación. Esa es una norma básica en este sistema psicológico. Si un factor mental mantiene o aumenta esa ecuanimidad y todo lo demás, entonces se considera sano, o saludable. El resultado es lo que equivale a un manual diagnóstico y estadístico, si se prefiere, muy antiguo: un modelo de la mente que analiza diferentes estados de la mente y los clasifica como sanos o insanos.

Muchos estados de la mente que se consideran perfectamente normales en la Psicología occidental, se consideran una patología en esta Psicología budista. El grupo de los insanos son lo que se llaman emociones aflictivas, o factores mentales aflictivos (emoción no es exactamente el término, ya que algunas de estas propiedades son cognitivas o perceptuales); veamos algunos en detalle.


Ilusión

El factor mental insano primario es la ilusión, o ignorancia, un elemento perceptual definido como una nebulosidad de la mente que lleva a falsa percepción, confusión y desconcierto. La ilusión nos impide ver las cosas claramente. Es la raíz fundamental del sufrimiento, el simple no ser capaz de ver las cosas sin ningún tipo de parcialidad. Desde un punto de vista psicológico occidental diríamos que es percepción protegida, como opuesto a percepción que no necesita ocultarse nada, que no tiene ningún miedo.


Apego

El segundo factor malsano es el apego, un término un poco arcaico. Un término mejor y más actual sería aferrarse, porque su sabor es el de un ansia egoísta de satisfacer el deseo que exagera el atractivo de lo que se desea. Es un deseo que distorsiona. Expresa una cualidad adictiva del ansia. En este modelo el apego es egoísta, el amor no lo es.


Cólera

La cólera o la hostilidad, es una aversión intensa que distorsiona la realidad también, pero en dirección opuesta a aferrarse. Nos hace ver las cosas bajo una luz desagradable. Desconcierta, extravía y perturba la mente.


Engreimiento 

El engreimiento, o la presunción, es una autoimagen hinchada o suficiente que nos hace, citando una fuente, “envidiosos de los superiores, rivales de los iguales, y arrogantes con los inferiores”. Pero el modelo Abhidharma es un catálogo extremadamente exhaustivo de la mente, así que no entraré en las 7 variedades de presunción que se han descrito.


Ideas erróneas

Las ideas “erróneas” o “enfermas” son otro factor clave. Se trata de la percepción o el discernimiento equivocados de las cosas. Tras percibir erróneamente debido a la ignorancia, uno sigue interpretando erróneamente. Me gustaría indicar también que todos estos factores se pueden cartografiar fácilmente en términos de ciencia cognitiva. Estamos hablando de una distorsión perceptual fundamental que luego, en el flujo de información, conduce a categorizaciones erróneas y a reacciones emotivas vinculadas a éstas.


Indecisión

Otro factor aflictivo es la indecisión, o perplejidad, la incapacidad de decidir. La mente está llena de duda extrema; estás tan desconcertado que te paraliza la indecisión.

Hay varias aflicciones derivadas en que se mezclan estos factores. De la ira, por ejemplo, vienen la cólera, la venganza, el despecho y la envidia, y del apego, cosas como la avaricia, la petulencia, la excitación y la agitación. La Psicología Abhidharma considera que la excitación caracteriza muy frecuentemente la mente de la gente normal porque, citando la misma fuente, “hace que la mente se enrede en la fantasía incontrolada o la frivolidad”. Eso equivale a decir que el flujo de la conciencia, como tendemos a preferir nosotros, es un flujo de excitación y agitación en nuestro estado natural normal… que es diferente del “estado natural” en el sentido en que lo diría Su Santidad el Dalai Lama.

La excitación es interesante, porque desde un punto de vista occidental no es anormal ni patológica. Pero pasa a serlo cuando intentamos meditar. Recordad que era una de las reglas determinantes clave para saber si un factor mental es sano o insano. Si estamos demasiado excitados, demasiado distraídos por la fantasía y demás, no podemos sencillamente centrar la mente.

Hay largas listas de factores aflictivos. Tres que resultarán familiares a cualquiera que haya estudiado alguna vez el Catecismo de Baltimore son: envidia, pereza y letargo. Creo que no es ningún accidente el que haya una comunidad, que se puedan ver partes del análisis Abhidharma de la mente en otros sistemas religiosos, como el catolicismo. Creo que la filosofía perenne (como la nombró Huxley) que subyace a todas las religiones muestra que persiguen el mismo objetivo y tienen visiones muy similares de cuál es realmente el problema de la condición humana.

En el budismo la solución se ve en relación con los factores mentales sanos o saludables, que son los antídotos de los malsanos. Veamos algunos.


Claridad

La claridad o certidumbre es ver las cosas muy claramente, una agudeza de la mente que es antitética de la ilusión.


Desapego

El desapego es una cualidad de la mente que consiste en no aferrarse, no codiciar. No aferrarse ni a nada ni a nadie. Es distinto de lo que podríamos llamar frialdad gélida, una especie de actitud esquizoide que la Psicología Abhidharma consideraría una forma sutil de ira. Lo que se entiende por desapego es una actitud que deja ir fácilmente y no se aferra.



Bondad amorosa

Es la antítesis del odio, de la aversión. Estos tres factores saludables se oponen a lo que se considera que son las tres raíces del sufrimiento mental: apego, odio e ilusión.

Hay otros factores sanos y saludables. Para agotar rápidamente la lista, figuran entre ellos: el entusiasmo o energía; fe (o más bien confianza… ya que se trata de una fe inteligente, inquisitiva, no de una fe ciega); dignidad; consideración con los demás; recta conciencia; no violencia, o compasión (desear que todo el mundo se halle libre del sufrimiento es el verdadero sentido del término); o la ecuanimidad.

Lo que tenemos, pues, es una definición operativa de salud mental que dice simplemente que la persona más sana es la persona en cuya mente nunca surgen los factores malsanos. Se trata de un tipo ideal, el prototipo de salud mental. El problema es, claro está, que la mayoría de nosotros estamos la mayor parte del tiempo en estados en los que hay una cierta mezcla de esas cosas. Según esas normas, nos ajustamos al diagnóstico de Buda de que: “Todas las personas mundanas están trastornadas”. Así que la cuestión es: ¿qué hacer?

Pero el Psicólogo Abhidharma comprendió que el simple hecho de saber que un estado es malsano hace poco o nada por ponerle fin. Si lamentas tu indecisión y deseas que desaparezca, lo que estás haciendo es añadir aversión y deseo a la mezcla de estados mentales aflictivos… ¿comprendéis la dificultad? Así que la estrategia es una especie de enfoque aikido, en que ni buscas los estados de salud directamente ni intentas expulsarlos. Lo que haces es meditar.

Estoy simplificando excesivamente, claro. Pero lo que haces, en resumen, es embarcarte en un camino completo de autodisciplina, que incluye normas éticas y un maestro que sepa realmente lo que está pasando y pueda ayudarte en los escollos. Pero la psicotecnología primaria fundamental es la meditación en sus muy diversas variedades. Reformulando esto, meditación, en términos de ciencia cognitiva, es simplemente el esfuerzo sostenido para reconvertir hábitos perceptivos y de atención. El esfuerzo se centra en transformar el proceso de conciencia, no su contenido, y ahí es donde las dos vías, la de Oriente y la de Occidente, empiezan a divergir.

Ahora bien, hay una vasta gama de técnicas en el budismo tibetano, más que en ningún otro sistema sobre el que esté informado yo. El camino de la fijación en un punto tal como se considera encarnada en la reacción de relajamiento es uno de ellos, en él haces volver a la mente a un punto focal central y obtienes los efectos calmantes de ese enfoque. Otro es la atención consciente, que es en realidad meditación como “metacognición”, en el sentido en que se usa en psicología cognitiva, conocer tu propia mente. En la atención consciente, se procura desarrollar una conciencia observante dentro del flujo de la conciencia, que simplemente advierte lo que está presente en ese flujo de instante en instante. Si sigues esos caminos, cualquiera de ellos, con diligencia suficiente, llegas a un punto en que hay cambios abruptos de percepción, cambios provocados en la conciencia por la meditación. Si sigues la fijación en un punto, tu contrato contigo mismo es que siempre que tu mente vague la vuelves al punto central de focalización. Si eres muy bueno, llegas finalmente a un punto en que cesan todas las distracciones; se trata de un estado modificado de conciencia llamado “samadhi”.

algunas formas de meditación utilizan primero un método de fijación en un punto para fortalecer la concentración y luego pasan a servirse de la atención consciente, sistema en que vigilas el flujo de la mente con una conciencia centrada que no se deja arrastrar, que se limita a observar lo que surge. Con diligencia, sucede algo muy sorprendente: la ilusión de la coherencia del yo empieza a desmoronarse. Y eso inicia otro tipo de cambio psicológico profundo: la percepción del vacío.

En Occidente, tanto las personas como su Psicología, tendemos a ser ingenuos respecto a cómo funcionan las cosas… pensamos que si te haces con un mantra y te sientas 20 minutos al día, van a suceder grandes cosas. Sucederán algunas cosas buenas; Herbert Benson ha demostrado eso. Pero esos cambios profundos exigen un esfuerzo continuado. No es insólito que un “científico interior” tibetano haga un retiro de tres años, tres meses y tres días y trabaje realmente en esto, día tras día, hasta dominar un método de meditación, y luego otro, y otro. Hace falta un esfuerzo intenso. Cuando se dan estos cambios profundos, es como consecuencia de un esfuerzo sostenido; no deberíamos pensar que son fáciles de lograr.

Se dice que en algunas zonas del Tíbet una persona de cada cinco era monje o monja. Esto plantea sin duda una cuestión interesante: ¿por qué sostendría una cultura a un tipo de individuos que, desde el punto de vista occidental, no aportaban nada a la economía? Su trabajo era cultivar esos estados interiores. La razón de que planteemos incluso la pregunta se relaciona con una interpretación ingenua en Occidente de lo que es importante; se debe a que tenemos una economía material espléndida con la que mantenemos una relación de catexis extrema. Esperamos demasiado de ella y depositamos demasiado en ella. Al mismo tiempo, nuestra economía interior está empobrecida.

Consideremos la diferencia entre un encuentro tóxico y uno nutricio. Entras en una tienda y compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono cordial y sincero. Entras en otra tienda, compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono frío y brusco. El estado interior de la persona con la que tratas es lo que define la cualidad de una cierta moneda que intercambiamos en una economía psicológica. Es una economía con resultados muy pobres; tenemos demasiados encuentros tóxicos. Culturas como las de la India clásica y el Tíbet entendían bien la importancia de los encuentros nutricios y el valor de tener gente cuyo trabajo dentro de la sociedad fuese hacernos lo más nutricios posible y enseñar a otras personas a hacer eso también. Eso es algo que en Occidente aún no hemos comprendido.


Consideremos el prototipo de una persona a la que en la Psicología tibetana se le llamaría bodhisattva. Se trata de un modelo fundamental de bienestar mental. Las cualidades de una persona así son generosidad, paciencia, entusiasmo, estabilidad mental, atención clara, penetración en la naturaleza del sufrimiento, etc. Todo lo cual permite a una persona servir diestramente a otros… es decir, no enfocar la situación pensando “qué puedo sacar yo de esto?” sino “¿qué puedo hacer yo por ti?”. Y tal como concluía Su Santidad el Dalai Lama una lista de características del bodhisattva, éste ha de ser compasivo sin apego… es decir, un amor que no quiere nada a cambio.

Daniel Goleman.

Anuncios

El corazón tiene cerebro.

Entrevista a Annie Marquier, matemática e investigadora de la conciencia.

Que el corazón tiene cerebro es una metáfora, ¿no?
No. Se ha descubierto que el corazón contiene un sistema nervioso independiente y bien desarrollado con más de 40.000 neuronas y una compleja y tupida red de neurotransmisores, proteínas y células de apoyo.

¿Es inteligente?
Gracias a esos circuitos tan elaborados, parece que el corazón puede tomar decisiones y pasar a la acción independientemente del cerebro; y que puede aprender, recordar e incluso percibir. Existen cuatro tipos de conexiones que parten del corazón y van hacia el cerebro de la cabeza.

Primera…
La comunicación neurológica mediante la transmisión de impulsos nerviosos. El corazón envía más información al cerebro de la que recibe, es el único órgano del cuerpo con esa propiedad, y puede inhibir o activar determinadas partes del cerebro según las circunstancias.

¿Significa eso que el corazón puede influir en nuestra manera de pensar?
Puede influir en nuestra percepción de la realidad y por tanto en nuestras reacciones.

Segunda conexión…
La información bioquímica mediante hormonas y neurotransmisores. Es el corazón el que produce la hormona ANF, la que asegura el equilibrio general del cuerpo: la homeostasis. Uno de sus efectos es inhibir la producción de la hormona del estrés y producir y liberar oxitocina, la que se conoce como hormona del amor.

Tercera…
La comunicación biofísica mediante ondas de presión. Parece ser que a través del ritmo cardiaco y sus variaciones el corazón envía mensajes al cerebro y al resto del cuerpo.

Cuarta…
La comunicación energética: el campo electromagnético del corazón es el más potente de todos los órganos del cuerpo, 5.000 veces más intenso que el del cerebro. Y se ha observado que cambia en función del estado emocional. Cuando tenemos miedo, frustración o estrés se vuelve caótico.

¿Y se ordena con las emociones positivas?
Sí. Y sabemos que el campo magnético del corazón se extiende alrededor del cuerpo entre dos y cuatro metros, es decir, que todos los que nos rodean reciben la información energética contenida en nuestro corazón.

¿A qué conclusiones nos llevan estos descubrimientos?
El circuito del cerebro del corazón es el primero en tratar la información que después pasa por el cerebro de la cabeza. ¿ No será este nuevo circuito un paso más en la evolución humana?

¿…?
Hay dos clases de variación de la frecuencia cardiaca: una es armoniosa, de ondas amplias y regulares, y toma esa forma cuando la persona tiene emociones y pensamientos positivos, elevados y generosos. La otra es desordenada, con ondas incoherentes.

¿Aparece con las emociones negativas?
Sí, con el miedo, la ira o la desconfianza. Pero hay más: las ondas cerebrales se sincronizan con estas variaciones del ritmo cardiaco; es decir, que el corazón arrastra a la cabeza. La conclusión es que el amor del corazón no es una emoción, es un estado de conciencia inteligente.


Ya ve, el cerebro del corazón activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.

Parece ciencia ficción.
Está demostrado que cuando el ser humano utiliza el cerebro del corazón crea un estado de coherencia biológico, todo se armoniza y funciona correctamente, es una inteligencia superior que se activa a través de las emociones positivas.

Pues parece que nadie lo utilice…
Es un potencial no activado, pero empieza a estar accesible para un gran número de personas.

¿Y cómo puedo activar ese circuito?
Cultivando las cualidades del corazón: la apertura hacia el prójimo, el escuchar, la paciencia, la cooperación, la aceptación de las diferencias, el coraje…

¿Santos las 24 horas?
Es la práctica de pensamientos y emociones positivas. En esencia, liberarse del espíritu de separación y de los tres mecanismos primarios: el miedo, el deseo y el ansia de dominio, mecanismos que están anclados profundamente en el ser humano porque nos han servido para sobrevivir millones de años.

¿Y cómo nos libramos de ellos?
Tomando la posición de testigos, observando nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, y escogiendo las emociones que nos pueden hacer sentir bien. Debemos aprender a confiar en la intuición y reconocer que el verdadero origen de nuestras reacciones emocionales no está en lo que ocurre en el exterior, sino en nuestro interior.

Ya.
Cultive el silencio, contacte con la naturaleza, viva periodos de soledad, medite, contemple, cuide su entorno vibratorio, trabaje en grupo, viva con sencillez. Y pregunte a su corazón cuando no sepa qué hacer.

La Vanguardia.

Psicoterapia enfocada a la espiritualidad ayuda a los pacientes terminales.

La psicoterapia orientada a la espiritualidad mejoraría la calidad de vida y el bienestar de los pacientes con cáncer terminal, señala un nuevo estudio de un importante centro de tratamiento de esta enfermedad.

Aunque las sesiones de psicoterapia sólo brindaron un beneficio pasajero, los autores lo consideraron razonable dado que muchos participantes estaban cerca del final de sus vidas. “Los especialistas en cuidados paliativos no contaban hasta ahora con intervenciones que hubiesen demostrado algo de efectividad en el manejo de cuestiones como la pérdida de significado, la desmoralización y la reducción del bienestar espiritual”, dijo el doctor William Breitbart, del Centro de Oncología Memorial Sloan-Kettering, de esta ciudad.

“Esta es una nueva herramienta. Les da más estructura a lo que las personas están tratando de lograr. Es una intervención más secular, a partir de un lenguaje universal del sentido”. Breitbart estudió con su equipo a 120 pacientes con cáncer en estadio 3 o 4, principalmente cánceres de mama o colon. Al azar, les indicó que concurrieran a siete sesiones de psicoterapia de una hora cada una o a sesiones de masaje de la misma duración. Todos tenían un pronóstico con menos de seis meses de vida.

En las sesiones de psicoterapia, los participantes abordaron cuestiones asociadas con el significado, la identidad, la esperanza y la finitud de la vida. También realizaron ejercicios de reflexión para recuperar el sentido de la paz y del sentido de sus vidas, explica el equipo en Journal of Clinical Oncology.

El bienestar espiritual, la calidad de vida y el malestar físico por los síntomas fueron mejorando levemente en el grupo tratado con la psicoterapia desde la primera hasta la última sesión. Sin embargo, no se observó ninguna mejoría en el mismo período en el grupo control.

La calidad de vida medida en una escala del 0 al 10, por ejemplo, creció de 5,89 a 7,18 con la psicoterapia, y de 6,55 a 6,78 con los masajes.

Pero la mejoría lograda con la psicoterapia desapareció a los dos meses de la última sesión. En ese momento, 67 participantes continuaban en el estudio. Inmediatamente después de la finalización de las sesiones de psicoterapia y a los dos meses, los pacientes no mostraban una mejoría significativa de la ansiedad, la depresión o la desesperanza.

“El bienestar espiritual está muy orientado a la paz, el sentido y el objetivo”, dijo la doctora Christina Puchalski, directora del Instituto George Washington para la Espiritualidad y la Salud, de la ciudad de Washington.

“Problemas como la ansiedad y la depresión son algo más complicadas. Las personas tendrían otras herramientas para sobrellevarlas, como la medicación o la meditación”, agregó Puchalski, profesora de la Facultad de Medicina de la George Washington University que no participó del estudio.

El equipo de Breitbart está estudiando la efectividad de un modelo de psicoterapia en un grupo más grande de pacientes y espera que su uso se generalice en el futuro. “Los pacientes con cáncer deben comprender que aun cuando tengan cáncer avanzado, siempre existe la posibilidad de experimentar el significado y crear significados, aún en los últimos días de vida”, finalizó el autor.

En una línea similar iban los estudios realizados por Grob o Gasser, trabajando con psilocibina o LSD, respectivamente.

FUENTE: Journal of Clinical Oncology, online 27 de febrero del 2012.

¿Puede un corazón trasplantado evocar recuerdos de su antiguo cuerpo?

“El corazón es el órgano más carismático y fascinante del ser humano”, afirma el cirujano cardíaco Josep M. Caralps, autor del primer trasplante de corazón en España en el año 1984. Y a continuación, propone una tesis que ha revolucionado a la comunidad médica: “Es muy probable que el corazón genere sus propios sentimientos y emociones, cuyo transmisor es el cerebro”.

Los electrones que tienen las células a su alrededor podrían producir ondas de muchos tipos, capaces de guardar en su memoria o difundir esta sabiduría del corazón. Esto lleva a pensar que este órgano todavía guarda muchas sorpresas. Una de ellas, las neuronas que se han encontrado en él. ¿Quién sabe si tienen una función más allá de la de simples células nerviosas que rigen la contracción del corazón y su sincronización?” ¿Y si hubiese muchas cosas que el corazón sabe y el hombre aún desconoce?

Recuerdos ajenos
Caralps justifica su conjetura (expuesta también en su reciente libro Supercorazón) en la inexorable memoria que él adjudica a las células; y como prueba, ofrece el testimonio de personas trasplantadas que han advertido cambios en su personalidad, curiosamente similares a los de su donante. “Mi conclusión más certera es que las células tienen una base intuitiva solo al alcance de personas cuya capacidad sensitiva les permite detectar algunos aspectos de la historia personal del donante almacenados en los tejidos trasplantados. El resto son especulaciones. Yo me limito a recoger las declaraciones.”

Una de las primeras personas que atizó esta polémica, que la mayoría de los científicos zanja casi antes de iniciarla, fue Claire Sylvia, una estadounidense trasplantada de pulmón y corazón en 1988, en el hospital de Yale. Su autobiografía, “Un cambio de corazón”, donde relata el giro masculino que dieron sus gustos, gestos y personalidad después de la operación, alentó a numerosos pacientes trasplantados que, bajo la batuta de profesores universitarios y psicólogos, se han empeñado en otorgar a las células su propio mundo mental.

Una de las personas que más indagó en ello fue el neuropsicólogo de la Universidad de Hawái Paul Persall, quien aseguraba que el corazón es cinco mil veces más poderoso que el cerebro. Entre los testimonios que recogió se encuentra el de un americano que recibió el corazón de un suicida y se mató trece años después del mismo modo que su donante. Indagando, se supo que tras la operación había buscado a la familia para agradecerles el órgano y acabó casándose con la viuda del anterior propietario de su corazón.

Incredulidad científica
Al doctor Rafael Matesanz, coordinador de la Organización Nacional de Trasplantes, todas estas historias le merecen una seria reflexión: “Respetando la sensibilidad que transmiten, en ningún caso debe otorgarse un ápice de credibilidad. Las insinuaciones de quienes interpretan estos relatos me parecen insólitas desde el rigor científico. Al narrar su experiencia, el paciente está haciendo un ejercicio de creación casi de fábula, digno de comprensión, puesto que un trasplante supone un momento de máxima emotividad. Si se trata de un corazón, este factor emocional es aún mayor. Es lógico que cuando el corazón de un hijo late en otra persona, sus seres queridos sientan que de algún modo continúa vivo”.

Matesanz sugiere que la legislación en EEUU favorece este fenómeno al permitir conocer la identidad del donante. En España y en otros muchos países esta posibilidad queda descartada, ya que la ley garantiza el anonimato en la donación y el trasplante. De hecho, en Viena, el psiquiatra Benjamín Bunzel, después de analizar el impacto de un trasplante de corazón en la personalidad del receptor en 47 pacientes, comprobó que solo dos declararon cambios en su personalidad en los que señalaban a su nuevo órgano como causante. Así opina también el cardiólogo Lorenzo Silva Melchor, de la Unidad Coronaria del Hospital Puerta de Hierro, de Madrid: “Nunca se nos ha presentado un caso similar. Difícilmente una persona puede modificar su actitud mental o emocional por cirugía cardíaca”.

El veredicto de Matesanz es tajante: “En las células somáticas del órgano trasplantado no existe ninguna memoria que se pueda traspasar al receptor. Creer lo contrario compagina mal con el conocimiento científico. No olvidemos que el trasplante se basa en la idea de que la vida radica en el sistema nervioso central y que el corazón se extrae tras la muerte cerebral, cuando los órganos aún se mantienen en vida”.

También lo es el de biólogos como Jesús Sanz Morales, del Centro de Biología Molecular y Celular de Elche. “Aun siendo el proceso celular del ser humano uno de los asuntos que mayor interés científico despierta”, afirma, “resulta impensable atribuir a una célula fuera del sistema nervioso central una memoria cognitiva que almacene información sobre nuestra trayectoria vital”. Y el de Juan Pedro Bolaños, de la Universidad de Salamanca: “Son consideraciones que escapan del ámbito científico y llevan al error de confundir la memoria inmunológica de las células con la memoria cognitiva. Hasta ahora se sabe que este tipo de memoria queda excluida del entramado del corazón y de cualquier otro órgano que no sea el cerebro”. Son especialistas que prefieren detenerse en el conocimiento sobre el proceso celular en la regeneración de tejidos y tratamientos de enfermedades.

Anécdotas.

  • A una mujer de 35 años se le trasplantó el corazón de una joven prostituta muerta en una reyerta. En su testimonio, confesó que nunca le interesó el sexo de un modo especial. Desde el trasplante, sin embargo, deseaba practicar sexo con su marido todas las noches y necesitaba masturbarse dos veces cada día. Se aficionó a la pornografía y al striptease. Posteriormente descubrió la profesión de su donante.
  • Un joven artista gay murió en un atraco por las heridas recibidas en la parte inferior de la espalda; su corazón llegó a una mujer de 43 años. Esta empezó a tener pensamientos homosexuales desde su operación y a sufrir dolores en la misma zona donde su donante recibió las balas.
  • La madre de un joven trasplantado contó que la primera palabra que oyó a su hijo después de la operación fue “copacético”, aunque antes era totalmente desconocida para él. Cuando lo supo la esposa de su donante, reconoció que era una clave que usaban su marido fallecido y ella.
  • Paul Pearsall, autor del libro “El código del corazón”, y Gary E. Schwartz y Linda G. Russek, autores de “El universo de energía viviente”, han ido recogiendo durante dos décadas testimonios sobre qué sienten personas receptoras de corazones y otros órganos. En este recuadro y en los que le acompañan te relatamos varios de ellos. Como el de Carter, un bebé de 7 meses, recibió el corazón de Jerry, que murió con 16 meses. La madre de Jerry, médica, relató que en su primer encuentro con Carter este se frotó la nariz contra la suya, igual que lo hacía Jerry. “Cuando él me abrazó pude sentir a mi propio hijo”, declaró.
  • Paul falleció a los 18 años en un accidente. Su padre, psiquiatra, descubrió una colección de poemas escritos por su hijo. en uno de ellos vaticinaba una muerte prematura y expresaba que su corazón “lo recibiría otra persona”. Su receptora, Danielle, también de 18 años, aseguró que cuando le mostraron unas imágenes identificó a paul y dijo que al escuchar sus poemas fue capaz de recitarlos sin haberlos leído antes.
  • Un año después del trasplante, Mario entró en una iglesia de Boston. era la primera vez que la visitaba, pero le resultó familiar. Le pareció una sensación tan inquietante que volvió tres veces más y no le cupo ninguna duda de que era la iglesia de su donante. Además, en varias ocasiones le pareció ver un rostro suspendido bajo el techo. Solo cuando dejó de verlo empezó a sentir el nuevo órgano incorporado de lleno.

Artículo completo: http://www.quo.es/ciencia/salud/el_corazon_tiene_memoria/

Experiencia con Ayahuasca. Reencuentro con las raíces.

Comparto un escrito de un anónimo relatando su primera experiencia con Ayahuasca.

“Había viajado desde muy lejos para estar allí. Exactemente 18 horas de vuelo en total. Me encontraba en un pequeño campamento en medio de la selva, a 2 horas en barca rápida desde Iquitos.

Estaba en una hamaca, solo, observando los colores del amanecer, contagiándome de esa paz tan mágica, vigilando de vez en cuando la tarántula de palmo y medio que estaba en el techo, sitio que había elegido para mudar la piel. Reflexionaba sobre lo que ocurriría en unas horas, y es que probaría la Ayahuasca por primera vez. Algo en mi ya me decía en voz baja que sería una de las experiencias más importantes de mi vida, pero en realidad no tenía ni idea de lo que me esperaba.

Cuando oscureció del todo, el guía que me había acompañado hasta allí me invitó a partir. Usábamos linternas para llegar hasta la orilla del río, pero la cantidad de insectos que iban a la luz era tal, que era como si no tuviéramos linternas.

Profundizamos más en la selva con una pequeña barca a remos, hasta llegar a un poblado, donde nos esperaba el chamán.

Cada vez estaba más nervioso ante la incertidumbre, y ante esa situación. No sabía cómo actuar… estaba a punto de experimentar una ceremonia milenaria, prácticamente en otro mundo… simplemente estaba descontextualizado.

Entramos en casa del chamán, recibiéndonos primero su esposa. A él no le gustaba mucho interactuar, o hablar más de lo estrictamente necesario, como había observado ya el día anterior, cuando fuimos a pedirle oficialmente que me mostrara la Ayahuasca.

Tuve que esperar un par de minutos mientras acababan de prepararlo todo. Entonces me convencí aún más de lo serio del asunto. Se respiraba una sensación extraña en esa casa, difícil de explicar, pero parecida a ese sentimiento que precede los grandes acontecimientos.

Cuando me invitaron a pasar a una pequeña habitación, vi que dentro había un joven sentado a un rincón, más o menos de mi edad, el cual después me dijeron que era el nieto del chamán. Él también probaría la bebida por primera vez.

La ceremonia empezó. Se apagaron todas las lámparas de aceite de la casa, y nos confinamos, el chamán, su nieto y yo, en esa habitación, mientras la abuela y el guía esperaban fuera.

El chamán empezó por depurar toda la estancia con su mapacho. En mi interior resonaba una frase: “¿Pero quién me manda a mi meterme en estos fregaos?”. El procedimiento seguía su curso, y a continuación el chamán me untó la cabeza con un líquido con olor un poco desagradable, parecida a ajo, y luego con otro con olor mucho más amable.

La Ayahuasca, esa misteriosa bebida, de la que tanto había oído hablar, estaba allí, delante mío, en una botella de plástico de 75 cl. Llenó un vaso con dos dedos de la “poción”, la mantuvo delante suyo unos minutos mientras parecía bendecirla con una oración, luego la purificó con tabaco y se la ofreció a su nieto. Mientras éste la bebía, el chamán me dio las últimas indicaciones para la ceremonia, y me tranquilizó. Sus palabras fueron: Tu relájate, déjate llevar, y conocerás el Mundo.

Preparó de igual modo mi vaso, pero poniendo el triple de cantidad de líquido. Su nieto, al verlo, le dijo que se había pasado, pero el chamán le respondió riendo e ignorándole.

Cuando tuve el vaso delante, le pedí a la Ayahuasca mentalmente lo que quería ver, y antes de beberla pronuncié las palabras “Salud, Ayaruna, te tomo con fuerza”, tal como me indicó.

Tenía un sabor espantoso. Tal como dice Alex Grey, es como tomar un café hecho de 4 días, con un cigarrillo apagado dentro más un poco de limón. El chamán también se sirvió su ración.

Ya no había vuelta atrás.

El chamán empezó sus cánticos, de momento solo silbando. Mientras me iba relajando más y más, se me presentó una visión, a la que no presté mucha atención, pero que aún así seguía desarrollándose. Y es que me imaginaba cómo dos pájaros cogían… “algo” de mi, como mi alma, o mi espíritu, no sé ponerle un nombre, y se lo llevaban a los cielos. Mi indiferencia ante esa visión terminó cuando oí perfectamente un aleteo muy característico a mis espaldas, un aleteo muy rápido; y entonces, sin esperarlo, para finalizar el ícaro, el chamán imitó a la perfección el trino de varios pájaros a la vez. Desde que empezó, más en ese instante, y durante toda la ceremonia, quedé perplejo ante la habilidad para cantar y silbar del chamán.

Cuando terminó pues, el ícaro, en mi visión percibí que los pájaros ya me habían soltado “en ese sitio”, y empecé a notar al mismo tiempo que la Ayahuasca empezaba a hacer efecto.

En el siguiente ícaro, además de los silbidos, también utilizó un matojo de hojas para simular el sonido del aleteo de un ave, pero de otra clase, ahora lo identifico con las del cóndor. Los efectos incrementaron aún más.

Pensaba: “¿Pero esto qué es? Es demasiado fuerte…”, y no había hecho más que empezar. Apareció entonces la ansiedad, debido a mi resistencia a dejarme llevar, pues nunca, ni de lejos, había experimentado estados TAN elevados de conciencia. La ansiedad incrementó cuando me di cuenta de que si mi estado empeoraba, como mínimo tardaríamos 3 horas en llegar al hospital más cercano, e incrementó aún más cuando pensé que, si me pusiera grave o moría, estábamos en plena selva. Podían abandonar mi cuerpo donde fuera y nunca más se sabría de mi.

Por suerte vencí esos pensamientos y deposité toda mi confianza en el chamán, y realicé una técnica que me había dicho al principio, para apaciguar los malos pensamientos, que por cierto funcionó.

Después vino la carga estomacal. Algo pesaba cada vez más y más en mi estómago. Sabía que la Ayahuasca provocaba vómitos a veces, pero resistí hasta que no pude más, y vomité en un cubo que habían puesto en el medio para eso precisamente. Tenía la sensación de que estaba expulsando todo lo malo que había en mi interior. Todo mi sufrimiento, mis problemas…

En esa “pausa” del viaje, el nieto salió de la estancia en busca de su abuela. Pese a que estaban lejos, yo tenía el oído agudizado y pude oír como si los tuviera susurrando en mi oreja su conversación. El chico dijo que estaba mareado, casi entre lágrimas, a lo que su abuela respondió: “Ay, ¿Y por qué te metes en cosas de hombres?” Al cabo de un rato el chico regresó y se acostó al suelo.

Ahí empezó el verdadero viaje. Sentí que la Ayahuasca me había “dormido” la razón, con lo que ya no podía pensar en palabras, y la percepción del tiempo y el espacio se esfumaron. Era pura emoción, intuición. Instinto.

Aunque el chamán seguía con sus cánticos, ahora golpeando el suelo con los pies, cantando en quechua y utilizando el matojo de hojas, a ratos ni los oía, y a ratos me eran molestos porque los percibía muy altos de volumen.

A medida que mi ego se disolvía con el universo, pude ser consciente del “papel” que estaba representando a nivel social, y que mi yo era muy diferente a lo que creía ser, ya que me estaba “creyendo” el papel. Y por supuesto me encantó lo que vi, quería conocerme más, como cuando conoces alguien especial, pero en esa ocasión aquella persona especial era Yo.

Eso no solo se quedó allí, los “efectos” se amplificaron aún más, y me llevaron, efectivamente, a conocer el Mundo.

Justo cuando “entré allí”, el chamán cesó sus cánticos, como si 0bservara junto a mi la Visión. Ya había estado allí, antes de nacer quizá, pues me sentía COMO EN CASA, en el sentido más literal y trascendental de la expresión. Incluso sentía lástima por haber estado tanto tiempo “fuera”, haber tardado tanto en “regresar”.

Experimentaba una fascinación, una paz, una conexión inimaginables, inexpresables ni en mil textos como este. Estaba a la cumbre de la Realidad, exterior e interior, palpando y viviendo el mundo tal cual es, y al que desde luego no tenemos acceso en estados de conciencia ordinarios. Es como si viviéramos siempre en una cueva… Con Ayahuasca no solo sales de la cueva como en el mito de Platón, sino que te enfilas a la cima de la montaña más alta del universo.

El chamán volvió a sus cánticos mientras todo iba de bajada, aún con algunas visiones de Yo, del imaginario inka, de mandalas que giraban al ritmo de los ícaros, tan dulces. La percepción del tiempo y el pensamiento racional volvían poco a poco, y me daba pereza recobrar esos estados más ordinarios, esa manera de funcionar, y sobretodo pensar que tendría que volver a mi sociedad y abandonar aquél lugar. Aunque fuera el lugar donde nací, sus leyes, normas, cultura, estaban muy alejadas de mi naturaleza.

A las 3 horas la ceremonia terminó, y el chamán se encendió otro mapacho, diciendo “tabaco puro de la selva…”, mientras yo aún estaba aterrizando. Me centré en él y en su rostro indio iluminado por el cigarro cada vez que calaba. En la ceremonia pude ver cómo era realmente. Se mostró su auténtico espíritu. Juguetón en realidad, entregado a la planta medicina y orgulloso de enseñarle el Mundo a la gente. Como un pastor del universo, un caminante de las llanuras de la conciencia.

De repente me preguntó: “Amigo, ¿estás bien?”. A mi me costó verbalizar, pero finalmente pude lanzar una afirmación. Él respondió: “¿Muy bien?”, le entendí perfectamente, y le dije alegre “sí, ¡muy bien!” antes de partirme de risa, tronchándose él también. ¡Qué coño, estaba mejor de lo que nunca había estado! Fue un momento precioso.

Cuando el guía vino a buscarme a la habitación no pude levantarme, estaba aún mareado y las fuerzas me abandonaban. El chamán entonó un par de ícaros para hacer tiempo y animarme, y al cabo de un rato me levanté, pero el guía tuvo que ponerme las botas, mientras me preguntaba: “¿Mañana querrás repetir?”. Yo en ese momento le dije que no, fue demasiado intenso, pero sí, al día siguiente repetí.

El regreso en barca fue precioso. Maravillosamente espectacular. Mientras el guía remaba pacientemente, yo observaba una luna llena impresionante, que me iluminaba a mi y a la selva con ternura, transmitía algo muy especial…

Miles de estrellas la acompañaban, y se reflejaba en el agua un tanto distorsionada por las suaves ondas que provocaba la barca. Había un silencio especial, perturbado solo por los sapos y los truenos de lejanas tormentas. Toda la Selva me estaba bendiciendo.

Nunca había estado tan cerca de mi naturaleza, aprendí y saqué muchas conclusiones de esa noche, pero la más importante quizá, es que el Mundo es maravilloso.

Por cierto, al regresar a casa busqué todos los ícaros que pude, porque no me los podía quitar de la cabeza y quería escucharlos de nuevo. Encontré el primero, en que tuve la visión de los pájaros, y se llamaba “Llamando a Dios y a las Aves”.

Un buen amigo que asistió también a ese chamán, me comentó que escuchó el mismo aleteo que yo, y que al preguntar sobre ello, el chamán le dijo que era él mismo, era la forma que adoptaba para las ceremonias y para visitar amigos o parientes lejanos: el Colibrí. Cuando me dijo el colibrí no tuve ninguna duda, pues el aleteo tan característico que no asociaba a ningún animal era el suyo, tan rápido y como de insecto.

Los bebés entienden los ladridos de los perros.

   Recupero un estudio que hace tiempo ronda por distintas páginas. Aunque tú no entiendas qué es lo que intenta comunicar tu perro mediante sus ladridos, tu bebé podría descifrarlos, revela un nuevo estudio realizado en la Universidad Brigham Young en Utah, Estados Unidos.

Los infantes de alrededor de seis meses de edad son capaces de identificar el estado de ánimo de un canino con tan solo escucharlo ladrar, asegura Ross Flom, quien lideró la investigación.

Durante el estudio los especialistas le mostraron a varios bebés dos fotografías distintas de un mismo perro, una en la que lucía muy agresivo y la otra con una apariencia amigable.

Posteriormente reprodujeron sonidos de los ladridos de un perro que era agresivo y de otro amistoso de manera aleatoria. Para sorpresa de los investigadores, los bebés observaban fijamente la imagen correspondiente al ladrido momentos después de escucharlo.

“Las emociones son una de las primeras cosas que los bebés reconocen en su entorno social. Escogimos a los perros porque son animales altamente comunicativos, tanto en sus expresiones como en sus ladridos”, dijo el especialista.

El experimento respalda la idea de que desde antes de que puedan hablar, los bebés pueden entender y responder al tono de las voces de hombres y sonidos de animales.

Más allá de la comunicación y la comprensión entre animales y bebés mediante la emoción y la intuición, la AACAP (Academia Americana de Psiquiatría Infantil y Adolescente) enfatiza los beneficios del contacto entre ambos:

  • Desarrollar sentimientos positivos hacia el animal contribuye a la autoestima y a la autoconfianza del niño.
  • Una buena relación con un animal también ayuda a desarrollar la comunicación no verbal, la compasión y la empatía.
  • Los animales proveen lecciones acerca de la vida: la reproducción, el nacimiento, las enfermedades, los accidentes, la muerte y el duelo.
  • Las mascotas ayudan a desarrollar un comportamiento responsable en los niños que los cuidan y proveen un enlace con la naturaleza.
  • Enseñan al niño el respeto hacia otros seres vivientes.

Más pruebas de que el MDMA podría aliviar el TEPT.

Doctores británicos quieren repetir los hallazgos de un reciente estudio estadounidense que mostraba que el MDMA puede ser increíblemente útil en el tratamiento del estrés postraumático.  Y es que los investigadores creen que un buen número de drogas ilegales actualmente, como la LSD o los hongos mágicos, pueden ser de utilidad para los sucesos traumáticos.

“Muchos fármacos con potencial terapéutico han sido negados a pacientes e investigadores, debido tan solo a la política anti-droga”, dice David Nutt, el polémico psicofarmacólogo inglés. “Las drogas han sido prohibidas por un vano intento de evitar que los jóvenes lleguen a ellas, pero nadie pensó en las consecuencias negativas de esa prohibición“.

Los investigadores estadounidenses, en Carolina del Sur, analizaron a 20 personas con traumas infantiles, a los que se les administró MDMA en combinación con la psicoterapia. El 83% de dicho grupo se curó en dos meses, al contrario del 24% que se curó en el grupo control. “Yo esperaba que fuese eficaz, pero nunca hubiese imaginado que el resultado estadístico fuera tan contundente, llegando a esas cifras. Esa fue la guinda del pastel”, dijo Michael Mithoefer, el psiquiatra que anunció estos resultados en 2010.

Mithoefer llevó a cabo el estudio junto a su mujer, Ann. Éste tiene un defecto especial, y es que 20 individuos no es una muestra suficientemente representativa. 19 de los 20 participantes fueron víctimas de abusos infantiles, que experimentaron síntomas de estrés postraumático grave a lo largo de unos 20 años; tan solo uno de ellos era un combatiente veterano. Todos los que respondieron al tratamiento, pudieron sentir que la sintomatología desapareció por completo después de ocho semanas.

“Las personas con este trastorno a menudo evitan los factores que les recuerdan los sucesos que provocaron el trauma, sintiéndose emocionalmente desconectados, por lo que son incapaces muchas veces de recibir apoyo de su entorno inmediato. Todo esto contribuye al desarrollo y mantenimiento de la enfermedad. Uno de los objetivos durante la terapia de exposición es la de recordar experiencias angustiosas, y al mismo tiempo, estar conectado al presente”.

De esto se hacía eco en las declaraciones de Mithoefer: “Curiosamente, varias personas dijeron después de la sesión: “No sé por qué llaman a esto éxtasis”, porque no era una experiencia extática. Estaban revisando el trauma. Fue muy difícil y doloroso, pero el MDMA les dio la sensación y la fuerza para que pudieran hacerlo. 

Concretamente, se reduce el miedo de recordar eventos traumáticos en la terapia. “Lo más reconfortante es saber que ahora puedo manejar sentimientos difíciles sin sentirme abrumado”, decía un paciente.

David Nutt y su colega Ben Sessa quieren realizar una prueba similar, pero según ellos, “con un montón de neuroimagen”. Hasta ahora los investigadores han hecho muy pocos escáneres cerebrales en las personas bajo las influencias del MDMA, precisamente porque la droga es ilegal.

Sin embargo, los sorprendentes resultados y la reciente demanda para el tratamiento del TEPT en Gran Bretaña y EEUU podría abrir un nuevo capítulo en el estudio clínico de los alucinógenos, el consumo de los cuales, en los gobiernos occidentales está tipificado como delito, tan solo por el impulso que cobró la guerra contra las drogas en las décadas 60′ y 70′.

Pasar 15 minutos al día con un payaso aumenta la probabilidad de embarazo.

Los titulares y noticias de “pijamasurf” a veces rallan lo surrealista, pero reí mucho al verlo… así que he preferido no modificarlo.

Por si los beneficios a la salud provenientes de la risa no fueran suficientes, ahora se suma el hecho de que la risa es —literal y para algunas hasta providencialmente— fértil. Exponerse 15 minutos a la influencia de un payaso justo después de haber recibido un tratamiento de fertilización in vitro, aumenta la posibilidad de embarazarse, según muestra un estudio realizado en  el centro médico Assaf Harofeh, en Israel, por el Dr. Shevach Friedler y publicado en Fertility and Sterility.

Friedler y sus colegas recabaron información sobre 219 mujeres que recibían tratamiento de fertilización in vitro por un periodo de más de un año e incluyeron en el tratamiento de la mitad del grupo una rutina de 15 minutos de chistes, trucos mágicos y otras payasadas justo después  de que los embriones habían sido implantados.

Los resultados mostraron que el 36% de las mujeres expuestas a un payaso después de la transferencia del embrión se embarazaron; en cambio, solo el 20% de las mujeres que no recibieron el tratamiento de payasadas lograron su objetivo. El Dr. Friedler dijo que la razón probablemente tenga que ver con que la rutina del payaso reduce el estrés de lo que de otra forma son años de tensos tratamientos de fertilización, pero que se necesitan hacer más pruebas para confirmar que es la reducción de estrés lo que fomenta el embarazo.

El Dr. Friedler pensó en el estudio porque anteriormente recibió un entrenamiento como mimo y reconocía los beneficios de la risa como mecanismo anti-estrés. El uso de payasos médicos está difundido en varios países de Europa, Australia, Estados Unidos y América Latina.

Es posible que el toque mágico de los payasos pueda ser utilizado en diferentes padecimientos en los que el estrés es un factor digno de consideración.

La ansiedad puede radicar en el intestino y no en la cabeza.

Varias enfermedades comunes gastrointestinales, incluyendo el síndrome de intestino irritable, se asocian frecuentemente con la ansiedad o la depresión. Además se ha especulado que algunos trastornos psiquiátricos, tales como el autismo de aparición tardía, puede estar asociada con un contenido anormal de las bacterias en el intestino. Por primera vez, investigadores de la Universidad McMaster tiene pruebas concluyentes de que las bacterias que residen en el intestino tienen influencia en la química del cerebro y su comportamiento.

Para cada persona, el intestino es el hogar de cerca de 1.000 billones de bacterias con las que vivimos en armonía. Estas bacterias realizan una serie de funciones vitales para la salud: Cosechan la energía de la dieta, protegen contra las infecciones y suministran alimentos a las células en el intestino. Cualquier interrupción en sus funciones puede resultar en condiciones peligrosas para la vida, tales como la colitis inducida por antibióticos, una infección con la “superbacteria” Clostridium difficile.

Trabajando con ratones adultos sanos, los investigadores demostraron que la interrupción del contenido bacteriano normal del intestino con antibióticos produce cambios en el comportamiento. Los ratones se volvieron menos cautelosos o ansiosos. Este cambio fue acompañado por un aumento en el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que se ha vinculado a la depresión y la ansiedad.

“Cuando los antibióticos orales se interrumpieron, las bacterias en el intestino volvieron a la normalidad y esto fue acompañado por la restauración de la conducta normal y la química del cerebro,” dijeron loa autores. ”Los resultados son un estímulo para seguir investigando el componente microbiano como causal de  las enfermedades de comportamiento”.

Para confirmar que las bacterias pueden influir en el comportamiento, los investigadores colonizaron ratones libres de gérmenes con bacterias tomadas de ratones con un patrón de comportamiento específico. Descubrieron que cuando los ratones libres de gérmenes con un fondo genético asociado con la conducta pasiva fueron colonizadas por bacterias de los ratones con una mayor conducta exploratoria, los ratones fueron más activo y atrevido. Del mismo modo, los ratones libres de gérmenes se hicieron más pasivos después de recibir las bacterias de ratones cuyos antecedentes genéticos se asocia con la conducta pasiva.

Mientras las investigaciones anteriores se han centrado en el papel que juegan las bacterias en el desarrollo temprano del cerebro, esta última investigación indica que, si bien muchos factores determinan el comportamiento, la naturaleza y la estabilidad de las bacterias en el intestino parecen influir en el comportamiento. Por lo tanto alguna interrupción de esta microbiota intestinal, ya sea por el uso de los antibióticos o por una infección, puede producir cambios en el comportamiento.

Los autores dijeron que estos resultados sientan las bases para investigar el potencial terapéutico de las bacterias probióticas y sus productos en el tratamiento de los trastornos del comportamiento, en particular los relacionados con enfermedades gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable.

¿Qué es el amor?

Es difícil describir un sentimiento tan complejo y básico a la vez, ya que es algo también muy subjetivo. Pero para acercarnos más a ello, escuchemos a 7 expertos de campos distintos, explicando qué es para ellos el Amor.

 

Psiquiatría…

¿El amor es, como dijo Freud, “locura pasajera”?
Es una locura que se inicia con la atracción física, que origina un torbellino de emociones. Las responsables son ciertas hormonas, como la adrenalina y la dopamina, causantes de esa euforia. Luego, al decaer ese estado, el vínculo amoroso empieza a reposar en otros valores, como compañerismo, cariño.

¿Por qué algunos nunca superan un fracaso sentimental?
Después de esta eclosión hormonal, la ruptura hace que el individuo sufra un estado similar al cuadro de abstinencia de un drogadicto. Por otra parte, hay un componente psicológico que deriva de la sensación de pérdida que algunas personas no aceptan.

¿Puede afectar al juicio?
Existen alteraciones muy graves. El síndrome de Clerambault, o erotomanía, que es la creencia ilusoria de ser correspondido por otra persona. O las relaciones posesivas.

¿Se cura el mal de amor?
Una de las técnicas más eficaces es la llamada catexis, un proceso en el que la meditación ayuda a superar el proceso de duelo y a aceptar la ruptura sin rencor.

¿Se puede morir de amor?
Sí. El desamor puede provocar depresión y trastornos que conduzcan a la muerte.

 

La neurología…

¿Qué sucede en el cerebro del enamorado?
En plena pasión desbordada, se activan las áreas del cerebro emocional, suben los niveles de dopamina y de péptidos opiáceos, y el sujeto está poseído de una felicidad indescriptible. No atiende a razones y solo se satisface junto a la persona amada, que, para otros, puede ser un personaje corriente e incluso detestable. Además, el hipotálamo exacerba el impulso sexual. Al tiempo que esto sucede, el cerebro del enamorado tiende a desactivar las áreas de conexión, o de la razón. Decía Zaratustra que “hay algo de locura en el amor”. Otro hecho curioso es que en las primeras fases del enamoramiento la serotonina desciende a niveles similares a los que tienen los pacientes con TOC (trastorno obsesivo compulsivo). Y es que el enamorado es sumamente obsesivo en la relación.

¿Ese estado beneficia al cerebro?
En cuanto tenga de felicidad beneficia al cerebro y a todo el cuerpo humano; en cuanto tenga de estrés, no, pues eleva la presión arterial y la frecuencia cardíaca.

¿Qué ocurre cuando sufrimos desamor?
Que las mismas áreas cerebrales que nos dieron alegría exultante nos hunden en el abatimiento. Las sustancias neurotransmisoras, antes con elevados niveles, se baten en retirada y solo se encuentra ayuda en los tranquilizantes. Es otra forma de perturbación, porque las áreas de la razón y el buen juicio siguen aletargadas.

¿Conseguirá la ciencia un estado de enamoramiento perpetuo?
Decididamente, creo que no se podría ni debería lograr algo así.

 

Paleontología…

¿El amor es patrimonio del ser humano?
La pregunta admite doble respuesta. Por una parte, este sentimiento, entendido como vínculo, lo encontramos en otras muchas especies que son aún más monógamas y fieles que el ser humano. Como sentimiento, sí es exclusivo del ser humano.

¿Cuánto de cultural y cuánto de biológico tiene esta emoción?
La biología rara vez reemplaza a la cultura. Ni esta a la biología. Lo que sí ha hecho la cultura en este caso es superponerse y crear una nueva dimensión del amor a partir de una base natural.

¿Cómo ocurre ese salto evolutivo del instinto sexual y de reproducción del humano a la pasión amorosa?
Antes habría que acotar exactamente el concepto “amor”, algo que aún no hemos logrado los científicos. Manejamos el término desde la intuición. Si se entiende como un sentimiento, una vivencia, una pulsión que crea vínculo entre dos individuos, entonces podemos decir que empezó a forjarse hace unos dos millones de años, cuando la infancia y la etapa de desarrollo comenzaron a prolongarse y la necesidad de dependencia se hizo mayor. Es así como la exigencia de colaboración del padre se transformó en un vínculo de pareja que se ve reforzado por un sentimiento o atracción.

 

El sexo…

El sexo sin amor funciona, ¿también el amor sin sexo?
Depende del tipo de sentimiento del que hablemos. Ahí están los matrimonios blancos, formados por parejas que desde el principio suscriben un acuerdo de no tener relaciones sexuales. No obstante, el inicio de una relación y los primeros encuentros están marcados por el sexo. A medida que transcurren los años, decrece su peso en la relación.

¿Elegimos a quien amar según su potencial sexual?
Una buena carga erótica en las relaciones desde el principio contribuye a la continuidad de la pareja. A menudo oímos eso de “me pone mucho”. Si la carga de erotismo y excitación no es buena, se disuelve la pareja.

¿La intensidad de una relación puede medirse por su calidad sexual?
Como médica sexóloga, yo diría que la calidad es un concepto muy personal. Por calidad unos entienden realizar maratones sexuales. Yo los llamo los jornaleros o fajadores del sexo. Para otros es tener orgasmos siempre. Otros desean jugar y probar experiencias… Y existen también personas que priman su bienestar social antes que su bienestar personal e íntimo.

En todas las sociedades ambos sexos cometen adulterio, ¿ocurre igual en hombres que en mujeres?
Las cifras se van igualando. Las mujeres, al acceder al espacio público, tienen más posibilidades. Se dice que hombres y mujeres sufren celos de formas diferentes. En España, por educación, prima la exclusividad en el modelo de pareja, considerando los celos como patrimonio del amor. Incluso los jóvenes en esto parece que son más conservadores que la generación inmediata anterior, y siguen manteniendo este modelo. A la mujer le duele que él se enamore de otra, no tanto una cana al aire. Y a él le duele la cana al aire. Ellas quieren el sentimiento amoroso en exclusiva. Ellos tienen miedo a ser peores en la cama. Esto pasa también entre animales, puede ser una huella evolutiva.

 

La pubertad…

¿Cómo se vive el primer amor?
La adolescencia es una eclosión, un volcán que igual permanece con una gran quietud que entra en erupción. Y así vive el adolescente sus primeros ligues, con desconcertantes y continuos cambios de estado: desde una absoluta abulia a una vitalidad desbordante, del enamoramiento profundo al desenamoramiento. Sus alteraciones se acompañan de cambios físicos y hormonales. Esto conlleva una inseguridad que solo mitiga cuando se reconoce en el grupo y se siente correspondido en sus primeros escarceos. Y en medio de esa barahúnda irrumpen las redes sociales En mi época, los escarceos eran simples roces. Hoy, las redes sociales y el uso de la tecnología permiten un intercambio mucho más profuso por medio de mensajes, diálogos por el chat y exhibición de fotos. Pero los miedos de tipo sexual y las dificultades para manejarse con respeto no han cambiado.

¿Existe un zapeo amoroso?
A causa de estos nuevos recursos, los adolescentes han caído en una contradicción que les resulta dolorosa y difícil de resolver. Por una parte está su amplio sentido de la lealtad; por otra, la falta de habilidad para rechazar la cantidad de experiencias que les ofrecen las nuevas tecnologías. Sienten que fallan, y este sufrimiento les abofetea, les deja perplejos. Y la lealtad no es el único concepto que se diluye en las nuevas redes: también el honor y la intimidad. Ha cambiado especialmente la actitud femenina. Ahora son ellas quienes inician el cortejo y asumen el papel tradicional del macho cazador.

¿Sería bueno que recibieran pautas por parte de los padres o educadores?
¿Para amar? Cuando se enamora, el adolescente se obnubila del mismo modo que lo han hecho las generaciones anteriores. Está escrito en la naturaleza humana y no necesita muchas cucharadas para aprenderlo y vivirlo.

 

El arte…

A lo largo del tiempo, el hombre ha retratado sus pasiones. ¿Cómo es ese diálogo con la obra?
La pintura, como cualquier otro arte, es un ejercicio elocuente en el que confluyen los sentimientos. Es un momento íntimo de extrema franqueza que te aproxima a tus propias pasiones y también a los fracasos, con formas más o menos viscerales o sensuales y colores más o menos enérgicos. Sobre todo, se expresa en el mismo hecho de existir. El amor te aporta euforia, alegría y enriquecimiento.

¿Los diferentes estadios de dicho sentimiento toman cuerpo sobre la tela?
Por supuesto. La pintura transita por el mismo captando todos sus matices. Cualquier emoción que se ha impregnado en el alma acaba expresándose después, casi siempre de manera inconsciente. Cada cuadro sale del interior del artista con toda su crudeza. Y esto es lo que le da autenticidad y le permite libertad.

¿Y si el amor se apaga?
El día en que olvide el romanticismo en la trastienda de mi estudio, mi arte morirá. Todo trabajo es una prueba de amor, y sin esa generosidad el artista no podría vivir. El sentimiento amoroso, en cualquiera de sus formas, es la musa a la que el artista dedica toda su obra. Cada centímetro de una pintura encuentra su justificación en esa emoción. El resto es superfluo.

¿El arte nos puede enseñar a amar?
El arte sensibiliza al espectador y lo eleva más allá del deseo carnal, dándole un carácter sublime y alimentando su espíritu. A fin de cuentas, el amor es la motivación principal de todo hombre.

 

La filosofía…

¿Qué le debe el amor a la filosofía?
Es el anhelo y el empuje más profundo de los humanos. Casi todo lo que hacemos es una expresión de dicho sentimiento, o una búsqueda, muchas veces inconsciente, del mismo. La filosofía se ha preguntado por su naturaleza, sin caer en reduccionismos biológicos, psicológicos… Es un estado fruto de la madurez personal y de la superación de cualquier sentimiento de aislamiento.

¿Por qué, entonces, enajena a algunos seres humanos?
Porque a veces buscamos que el otro expulse nuestro sentimiento de aislamiento y soledad existenciales, en lugar de celebrar con esa persona el milagro del reconocimiento, entre dos personas singulares y distintas. Lo común es que haya alegría en la unión, deseo de penetrar en lo amado. Sin embargo, cuando nuestras únicas experiencias intensas se asocian con los estados de enamoramiento, hay un síntoma de pobreza afectiva.

¿Quiere decir que somos sentimentalmente agarrados?
Es una pobreza afectiva que se ve también afectada por una búsqueda mercantilista del amor. Eso nos impide dejarnos sorprender por el misterio del otro y penetrar en su singularidad, en lo que hace a cada persona única e irrepetible. Se busca una imagen, un simple cliché.

¿No será miedo a amar? ¿El sufrimiento es inherente a esta experiencia? 
Esta emoción nos hace sensibles ante la realidad, y esta con frecuencia es dura. Además, hay dolor en la separación del objeto amado. Pero ese dolor nos torna más sensibles, empáticos y compasivos. Es diferente del sufrimiento que acompaña a las frustraciones del amor pasional. La exclusividad propia del amor romántico y erótico equivale a que solo puedo alcanzar la intensidad de la entrega total con una persona. Entonces, la pérdida del objeto amado es terriblemente amenazadora. Enajena y roba la paz. No debemos confundir el dolor que es fruto del amor con el sufrimiento que es fruto del miedo.