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Crónicas de un detenido por Ayahuasca.

Recogemos las explicaciones de otro detenido por recepción de Ayahuasca en España. Lamentamos que el sistema judicial siga realizando dichas detenciones, aun y sabiendo que son ilegales, según la misma JIFE.

“Llaman al portero automático, pero aún estoy en la cama y no abro. Llaman insistentemente pero sigo con mi plácido sueño. Al cabo de un rato llaman al timbre de casa varias veces, hasta que, preocupado por si estaba sucediendo alguna emergencia, me levanto y abro la puerta, medio desnudo y con el rostro aún hinchado de sueño. Resulta que es un “trabajador” de correos de dos metros de alto y bastante corpulento. Tiene un paquete para mí, así que le doy mi DNI y firmo su petición. En cuanto le devuelvo el bolígrafo, aparecen dos hombres que estaban escondidos en las escaleras, como dos armarios también, y me cogen de los brazos. Vale. Ya estamos.

 Mi experiencia con la Ayahuasca se remonta a un par de años atrás, cuando viajé a Perú y la probé de la mano de un chamán, en el Amazonas, a unos quilómetros de Iquitos. Esa experiencia me cambió la vida. Abandoné el consumo de drogas, que anteriormente había sido algo compulsivo, ya que en la Ayahuasca encontré lo que inconscientemente estuve buscando en las demás drogas, así que ya no me hacían ninguna falta. Pero no solo se trataba de eso. Fue una experiencia terapéutica a muchos más niveles. Me permitió valorarme a mí y a la vida como nunca lo había hecho, me aportó una nueva comprensión de la realidad y de nuestra naturaleza; en definitiva, “de qué va todo esto”. Esto era Medicina. Medicina que cura el cuerpo y la mente, y nuestro (algo más), siempre con amor y paciencia.

Desde antes de probarla ya había decidido estudiar la carrera de Psicología, pues siempre ha sido mi vocación. Y en ese momento supe que aquella Planta, en el campo de la Psicología y bien aplicada, podía ayudar a millones de personas en profusos problemas de todo tipo. Se me abría un campo lleno de posibilidades, de oportunidades de compartir con otros, esta maravillosa y extraordinaria medicina.

 Ya en España tomé en diversas ocasiones, y por cosas de la vida, nos reunimos un pequeño grupo de estudiantes de Psicología, interesados en conocer la Planta. A mí me rondaba por la cabeza tomar Ayahuasca solo, sin guía, ya que me sentía preparado para ello. Y me decidí del todo cuando un muy amigo mío y hombre-medicina me apoyó en la idea, y no solo eso, sino que también me animaba a ofrecer la Planta a mis amigos interesados.

En esos días había mucho revuelo con el tema de detenciones por Ayahuasca, y no me decidía a pedirla. Al fin me arriesgué, ya que entre los amigos que la querían experimentar también había gente que quería realmente un cambio, y necesitaban “arreglar” asuntos personales, así que no podía negarles la oportunidad cuando ya lo habíamos hablado. Sin considerarme un chamán ni nada por el estilo, decidí ofrecerla, en un acto de plena confianza hacia la planta, esperando que ésta me guiase en todo momento de las ceremonias cuando lo necesitase.

 Adquirí todos los utensilios chamánicos necesarios, e incluso varios regalos para los que me acompañarían, y que me hacía ilusión entregar antes de empezar las ceremonias. Nunca les pedí ni un euro por ello. Me resultaba inmoral pedir dinero por esa experiencia, pues sabía bien lo que representaba, y también sabía que a la Planta no le hubiera gustado que me lucrase con un acto que provenía desde lo más hondo de mi corazón.

 Así que cualquiera se puede imaginar lo ridículo del asunto. Me acusan contra un delito de contrabando, y contra la salud pública. No entiendo qué contrabando, si ni por un instante he pensado en vender esta medicina, ni la he obtenido con ánimo de lucro, todo lo contrario, más bien he limpiado mi bolsillo.

Lo más preocupante es el delito contra la salud pública. ¿Quién lo ha pensado esto? En todos los estudios realizados tanto en Barcelona como en otras partes del mundo, no se demuestra que la Ayahuasca pueda causar algún daño, ya sea de tipo neurotóxico o hepatotóxico. Es más, hay un famoso estudio en el que las muestras consumidoras de Ayahuasca puntúan más alto en cognición y memoria, y más bajo en psicopatología, que las muestras de población normal.

Esto no es droga. No es tóxica, no es adictiva, no genera tolerancia. Cuando yo decido ofrecer la planta en un marco serio, terapéutico y ritualístico, estoy haciendo un acto de promoción de la salud en las personas que asisten a la ceremonia. Esas personas pueden obtener beneficios increíbles en sus esferas cognitivas, emocionales, sociales y espirituales. Pueden liberarse de ansiedades, de miedos, e incluso solucionar con su propio trabajo problemas que les persiguen desde hace tiempo. Pero en el peor de los casos, en el peor, habrá sido una experiencia más, sin trascendencia alguna. ¿Qué juez de qué tribunal puede ver en esto un delito contra la salud pública?

Desde que tengo uso de razón he percibido esta sociedad como un lugar intrincado, hipócrita, y sobretodo infiel a la naturaleza de sus habitantes. Cuando a los 14 ó 15 años Freud me lo explicó en “El malestar en la cultura” aún me convencí más de esa idea. Y desde entonces, en infinitas situaciones, la cotidianeidad me lo ha ido corroborando, pero esta vez, sin embargo, es la demostración, en mi opinión, más patente y exacerbada de la enfermedad que corroe la sociedad occidental. La sociedad donde los actos de amor y altruistas se pueden llegar a castigar con multas y hasta con prisión. La sociedad que no comprende qué significa realmente la palabra “medicina”. La sociedad que culpa primero a un hombre con buenas intenciones, antes que a grandes especuladores que están lanzando a la calle cada día a miles de familias que no disponen ya del sagrado dinero.”

 

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Entrevista a Alejandro Corchs, hombre medicina de Camino Rojo.

“Tengo 36 años. Soy uruguayo. Soy hombre medicina. Estoy casado y tengo dos hijos (4 años y 9 meses). ¿Política? Libre. ¿Dios? Gran Espíritu, le llamo yo. Mi padre y mi madre fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sufrí y albergué rencor, pero hoy me siento en paz.”

Qué pasó con sus padres?
Entraron los militares en casa, los secuestraron, los torturaron durante semanas en una celda, los asesinaron y sus cuerpos no han aparecido.

¿Qué militares?
Los de la operación Cóndor, un acuerdo de las dictaduras del Cono Sur para eliminar a personas que consideraban subversivas.

¿Lo eran sus padres?
Huidos de la dictadura uruguaya, trabajaban en Argentina sin activismo político. Nací yo, y sólo querían criarme tranquilamente. Pero aquel día todo terminó para ellos…

¿Qué recuerda de aquel día?
Nada. Yo tenía un año y nueve meses. Crecí y culpé a mis padres por no estar conmigo.

¡Pero no fue culpa de ellos!
Mis abuelos me contaron que habían volado a España y que no podían volver…

¿Por qué le contaron eso?
Para apartarme de lo sucedido. Un día nos visitó una amiga de mi madre, de Zaragoza, y le pregunté: “¿Por qué mi madre no me quiere? ¡Tú vienes a verme y ella no!”.

Buena pregunta.
Rompió a llorar, se arrodilló y me contó toda la verdad. Yo tenía ocho años y me entristecí y alivié a la vez. Y necesité saber más.

¿Y averiguó algo?
Que mi madre chilló para que los militares no se me llevaran también. Los militares no querían escándalo y permitieron que mi madre me dejase con un vecino. Ese vecino sabía que los militares volverían a buscarme…

¿Sí? ¿Para qué querrían un bebé?
¡Para regalarme a alguna familia del régimen! Volvieron y no me encontraron: el vecino contó a los militares que unos familiares habían venido a recogerme…, y le creyeron. Pero me había entregado a otro vecino.

¿Qué pasó con usted?
Mis abuelos me localizaron, me ocultaron, me sacaron clandestinamente de Argentina. Me crié en Uruguay. Siempre lloraba…

¿Se politizó al conocer la verdad?
A los trece años se hizo pública mi historia y varios partidos me quisieron, pero yo dije: “La política ya salió muy cara en mi familia”.

Y se apartó de la política.
Fui dj en la radio musical, gané dinero, alcancé popularidad, coche, muchas novias…

Qué bien.
Era incapaz de comprometerme con una mujer. ¡Hoy sé por qué! Dentro de mí, temía ser abandonado por una mujer… como siendo bebé. ¡Por eso tenía varias mujeres!

¿Y le preocupaba eso?
Sentía que algo no estaba bien dentro de mí, aunque afuera pareciese que sí. Entonces me quedé sin trabajo, y me deprimí, enfermé… Seguí un tratamiento, hasta que mi psicoterapeuta dictaminó: “Yo ya no puedo hacer más: a ti te curarán los indios”.

¿Qué indios?
Poco después, un chamán indígena me indicaba el árbol bajo el que debía pasar varios días en soledad y ayuno casi total…

¿Para qué?
Quise probar. Y resistí. A la quinta noche, estando acostado, oí una voz en mi cabeza: “Ahora sabrás lo que le pasó a tu madre”.

¿Se asustó?
No. Me desplacé por túneles subterráneos hasta desembocar en una celda, tumbado boca arriba, y sentí lo que mi madre sintió…

¿Y qué sintió?
Dolores terribles mientras la violaban durante días, con un único pensamiento: “¡Dios mío, que mi niño esté bien, que no le pase nada a mi hijito, cuánto le amo!”.

Qué espanto.
Y una voz iba contando meses de mi edad: al llegar a “dos años y dos meses y medio”, sentí un gran dolor, la luz del techo bajó… y fin. Y volvió la voz: “Ahora, tu padre”.

¿La muerte de su padre?
Aparecí en otra celda, sentí lo que sentía él: dolor físico y este solo sentimiento: “¡Que a mi esposa y a mi hijo no les pase nada!”. Luego la cuenta: “Dos años y tres meses”. Dolor de huesos quebrados, agua que me sube hasta la cabeza… y una luz y luego la paz.

¿Le cambió esa experiencia?
Entendí que no había sabido conectarme con el amor de mis padres, que había vivido con rabia y rencor. Me abracé a su amor y me perdoné. Hoy vivo en el amor.

¿Se ha reconciliado con la vida?
Sí. Hace pocos años, el vicepresidente me dio un documento que reconoce la tortura de mis padres y que resistieron hasta el 2 de mayo de 1978. Yo le solté: “¡Según mi fuente, mi padre murió quince días después!”.

Es lo que su visión le reveló, ¿no?
Extrañado, rebuscó en los archivos y tuvo que rectificar: “Su fuente tiene razón, ¡ha habido un error! Aquí veo que su padre fue arrojado al Río de la Plata el 16 de mayo”. ¡Los huesos rotos, el agua que le subía…!

¿Qué haría si hoy se topase con los asesinos de sus padres?
Uno me confesó haber hecho todo eso a otras personas, y me imploró que le perdonase: “Nada tengo que perdonarte: ¡sólo tú puedes perdonarte a ti mismo!”, le dije.

¿Cómo es hoy su vida?
Cuento mi historia y ayudo a otros a vivir de acuerdo con la ley del amor.

¿Y cuál es la ley del amor?
Da todo el amor que puedas, pide todo el amor que necesites. Y todo lo que hagas a otros te lo haces a ti… Y, con un proverbio cheroqui, enseño que juzgar no es amar.

Enséñeme el proverbio cheroqui.
“Siempre que señales a alguien… fíjate en que tres dedos están señalándote a ti”.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120719/54326507666/la-contra-alejandro-corchs.html

Entrada en lo Absoluto con 5-MeO-DMT. Experiencia de Stanislav Grof.

El sapo Bufo alvarius se encuentra en los desagües de ríos y arroyos permanentes del Desierto de Sonora. Esta especie desarrolló unas glándulas especializadas, localizadas particularmente en el cuello y en las extremidades, que producen una secreción viscosa de color blanco leche que los protege del calor del desierto.  Estas secreciones contienen una alta concentración de 5-metosidimetiltriptamina (5-MeO-DMT), un compuesto con extraordinarias propiedades psiquedélicas.

Esta sustancia fue, en primer lugar, sintetizada en un laboratorio químico en 1936, más de 20 años antes de que los modernos americanos descubriesen sus efectos psiquedélicos. Sin embargo, los nativos llevaban conociendo esos efectos desde siglos atrás, y utilizaban esa sustancia para sus prácticas chamánicas. Resultó que el mismo principio activo es también responsable de los efectos de los rapés psiquedélicos de origen vegetal, tales como la virola o el epená, utilizados por los tucanos, los waika y los indios araraibo de Brasil y Venezuela.

La sustancia seca obtenida extrayendo y vaporizando las secreciones de la piel del Bufo alvarius mediante calor contiene aproximadamente el 15% del principio activo. Fumar las secreciones secas produce en pocos segundos un estado psiquedélico que puede ser psicológicamente muy estimulante debido a la rapidez de su llegada y a su abrumadora intensidad. El descubrimiento de los efectos de estas secreciones por la generación psiquedélica fue un éxito. Ello inspiró la fundación de la Iglesia del Sapo de Luz, cuyos miembros fuman esta sustancia como sacramento en sus ceremonias.

Yo había tenido alguna experiencia previa con derivados relacionados con la triptamina: dimetiltriptamina (DMT) y dietiltriptamina (DET) de nuestros primeros experimentos en Praga, y dipropiltriptamina (DPT) de nuestros estudios en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland. Pero la oportunidad para llegar a comprender el secreto del Sapo de Luz llegó cuando mi amigo Paul apareció delante de nuestra puerta con una imponente provisión de 5-MeO-DMT. Esta sustancia no estaba incluida en la Lista I y podía ser conseguida fácilmente por los químicos como punto de partida para la síntesis de otros compuestos.


Despegue. Disolviendo la realidad ordinaria.  

Bajo la supervisión de Paul, puse una pequeña cantidad del polvo blanco sobre la superficie de un vaso y trabajé con él un rato con una hoja de afeitar para hacerlo tan fino como fuera posible. Luego formé con el polvo dos montones iguales y puse el resto en una pipa llena de perejil seco. Mientras Paul encendía la pipa, enrollé un billete de dólar hasta conseguir un estrecho tubo y esnifé los dos montones, cada uno por un orificio nasal diferente. Cuando terminé, tomé dos o tres profundas chupadas de la pipa. Después, calculé la dosis conjunta de 5-MeO-DMT que había tomado y me di cuenta de que era muy alta, probablemente alrededor de 15 miligramos.

El principio de la experiencia fue muy repentino y espectacular. Me sentí golpeado por un rayo cósmico de inmenso poder que instantáneamente hizo pedazos y disolvió mi realidad cotidiana. Perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba, que desapareció completamente como por arte de magia. En el pasado, cada vez que había tomado una alta dosis de psicodélicos, me gustaba echarme y ponerme cómodo. Esta vez, cualquier preocupación al respecto era irrelevante, ya que perdí la conciencia de mi cuerpo, así como de mi entorno. Tras la sesión, me dijeron que después de tomar un par de chupadas, me quedé sentado allí por varios minutos como una escultura, manteniendo la pipa cerca de mi boca. Christina y Paul tuvieron que coger la pipa de mi mano y recostar mi cuerpo sobre el colchón.

En todas mis sesiones anteriores, siempre había conservado una orientación básica. Sabía quien era, dónde estaba y por qué estaba teniendo experiencias insólitas. Esta vez, todo se disolvió en cuestión de segundos. La conciencia de mi existencia cotidiana, mi nombre, mi paradero y mi vida desaparecieron como por arte de magia. Stan Grof… California… United States… la Tierra… esos conceptos apenas resonaron por algunos momentos como imágenes de sueño en la lejana periferia de mi conciencia y luego se alejaron totalmente. Me esforcé por recordarme a mí mismo la existencia de las realidades que solía conocer, pero de pronto habían dejado de tener sentido.

En todas mis anteriores sesiones psiquedélicas, siempre había habido algún rico contenido específico. Las experiencias estaban relacionadas con mi vida presente (la historia de mi infancia, nacimiento y vida embrionaria) o con varios temas de dominio transpersonal (experiencias de mi vida pasada, imágenes de la historia de la humanidad, visiones arquetípicas de dioses y demonios o visitas a varios ámbitos mitológicos. Esta vez, ninguna de estas dimensiones parecía existir, ni mucho menos manifestarse. Mi única realidad era un amasa radiante de remolinos de energía de inmensas proporciones que parecían contener toda la existencia en una forma condensada y totalmente abstracta. Me convertí en Consciencia frente al Absoluto.

Tenía la brillantez de miríadas de soles, pero no se parecía a ninguna luz que yo conociera de mi vida cotidiana. Parecía ser pura Consciencia, inteligencia y energía creativa que trascendía todas las polaridades. Era infinito y finito, divino y demoníaco, terrorífico y extático, creativo y destructivo: todo eso y
mucho más. No tenía conceptos ni categorías para definir lo que estaba observando. Frente a tal fuerza, no podía conservar un sentimiento de existencia separada. Mi identidad ordinaria se rompió y disolvió; me volví uno con la Fuente. En retrospectiva, creo que debí experimentar el Dharmakaya, la Clara Luz Fundamental, que, según el Libro tibetano de los Muertos, el Bardo Thödol, aparece en el momento de la muerte. Tenía alguna semejanza con lo que encontré en mi primera sesión de LSD, pero era mucho más sobrecogedor y extinguió completamente cualquier sentimiento de identidad separada.


Regreso al universo

Mi encuentro con el Absoluto, duró aproximadamente 20 minutos, tal como fue medido por los observadores externos. En lo que a mí se refiere, durante toda la duración de mi experiencia, el tiempo cesó de existir y perdió cualquier significado. Después de lo que pareció una eternidad, imágenes específicas parecidas a sueños y conceptos comenzaron a formarse en mi campo experiencial. Empecé a intuir fugaces imágenes de un cosmos con galaxias, estrellas y planetas. Después, visualicé paulatinamente un sistema solar y, en él, la Tierra, con grandes continentes.

Al principio, dichas imágenes eran muy lejanas e irreales, pero, a medida que la experiencia iba siguiendo su curso, empecé a sentir que esas realidades podían realmente tener una existencia objetiva. Poco a poco, se fueron cristalizando en imágenes de los Estados Unidos y California. Lo último en emerger fue el sentimiento de mi identidad cotidiana y la consciencia de mi vida presente. Al principio, el contacto con la realidad ordinaria fue extremadamente vago. Reconocía dónde estaba y en qué circunstancias. Pero estaba seguro de haber tomado una dosis excesiva y que realmente me estaba muriendo. Durante algún tiempo, creí que había experimentado el Bardo, el estado intermedio entre mi vida presente y mi nacimiento en la próxima encarnación, tal como lo describen los textos tibetanos.

Mientras iba recuperando un contacto más sólido con la realidad ordinaria, alcancé un punto en que supe que estaba de vuelta de una sesión psiquedélica y que había sobrevivido al experimento. Estaba tumbado allí, todavía sintiendo que me estaba muriendo, pero ahora sin el sentimiento de que mi vida presente estaba amenazada. El estar moribundo parecía relacionado con escenas de mis encarnaciones anteriores. Me encontré en muchas situaciones dramáticas que ocurrían en diferentes partes del mundo a través de los siglos, todas ellas peligrosas y dolorosas. Varios grupos de músculos de mi cuerpo se sacudían y temblaban, como si mi cuerpo estuviera herido y muriéndose en esos diferentes contextos. Sin embargo, mientras mi historia kármica estaba siendo interpretada por mi cuerpo, me encontré en un estado de profunda dicha, completamente despegado de esos dramas, que persistieron incluso después de que cualquier contenido específico hubiera desaparecido de mi experiencia.


Rescoldo y lecciones.

Cuando trabajaba en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland, solíamos guardar un período para el estado que experimentaban muchos de nuestros clientes, a lo largo de varios días y a veces semanas, tras una sesión psiquedélica buena y bien integrada. Lo llamábamos “rescoldo psiquedèlico”. Mi rescoldo después de esa experiencia fue inusitadamente intenso, profundo y de larga duración. Podía trabajar en las galeradas de mi libro con extraordinaria precisión y capacidad de concentración. Pero, cuando decidía tomar un descanso y cerrar los ojos, volvía a estar en segundos en un estado de rapto extático y experimentaba un sentimiento de unidad con todas las cosas. Mis meditaciones eran excepcionalmente profundas y parecían ser el estado más natural que pudiese imaginar.

La sesión me dejó con un hondo respeto y aprecio por el poder de las herramientas utilizadas por los chamanes. A menudo tuve que reír por la arrogancia de los principales psiquiatras, que consideran las técnicas chamánicas como productos de supersticiones primitivas y juzgan sus propios estratagemas, como la libre asociación en el diván o la terapia conductista, como enfoques superiores y científicos de la psique humana.

Desde esa experiencia tengo un mayor aprecio por el principio de varios sistemas esotéricos que rezan que la más noble verdad se encuentra a menudo en lo más humilde. Me acuerdo de ello cada vez que oigo o leo el famoso pasaje de As you like it  de Shakespeare:


Como el sapo feo y venenoso, 

lleva siempre una gema en la cabeza;

así nuestra vida, aislada del trato social,

halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos,

sermones en las piedras y el bien en todas las cosas.

Yo no la cambiaría. 

Experiencia con Peyote, conversando con Dios.

Un sábado por la noche empezó una ceremonia de Peyote a las orillas de la ciudad de México. Había invitado unos amigos, pero no fueron, uno de ellos se negó diciendo que no asistía a ceremonias así, haciéndome entender que creía que era por lucro. Mi opinión era distinta, nadie trabaja gratis, todos tienen que comer, además de lo que tienen que reponer por la medicina sagrada, el traslado y todo, era en realidad algo bastante accesible.

Como pude ver después el espíritu del hukiru (el peyote), el venado azul, me había invitado a su fiesta. La casa de este venado azul es Wirikuta, el desierto que abarca gran parte de San Luis potosí, México, donde crece mucho Peyote, espíritu muy venerado por los indígenas huicholes del occidente de México.

El marakame (chamán) estaba sentado en una silla esperando el momento indicado para iniciar la ceremonia, la fogata estaba prendida en medio del patio, nos dieron unas velas a cada uno. Platiqué con algunas personas en la ceremonia, la mayoría bastante accesibles. Platiqué con el marakame, le dije que tenía un problema en mi vida, que no sabía qué hacer en el futuro, a que dedicarme, qué camino tomar, él me dio algunos consejos donde me habló de pensar bien las cosas, de la fe, de amar a lo que te dedicas lo más posible, de conocerme bien a mí mismo, entre otras cosas.
Nos dijeron que hiciéramos un círculo, que la ceremonia iba a empezar en unos momentos. Luego nos acercamos a la fogata y nos limpiamos con unas ramas, nos dijeron que era algo simbólico y entendí bien lo que decían, así que lo hice.

Empezaron a servirnos la medicina sagrada y la empezamos a tomar, era el Peyote molido con agua. Luego el marakame empezó a rezar, supongo que en idioma huichol, lo que concordé con un amigo que conocí en la ceremonia es que el chamán dirigía el discurso a todos pero cada uno escuchaba lo que necesitaba escuchar, algunas ocasiones mientras tenía los ojos cerrados presentía que el chamán estaba hablándome a mí, yo abría los ojos y él estaba ahí dirigiéndome el cuerpo, aunque tal vez no la mirada. Su rezo era algo místico. Una persona nos presentaba el sahumerio, madera que dejaba un agradable aroma, nos levantábamos mientras nos esparcía el humo en el cuerpo, pensé que era para protegernos de algún modo durante el viaje espiritual.

Recuerdo cómo cerraba los ojos y empezaba a ver sombras, demonios, presencias, diseños geométricos, entre otras cosas; recuerdo que de momentos sentía que esas energías dirigían su mirada hacia mí y yo les decía “no me miren a mí, miren al fuego” sin saber quiénes eran, si eran buenas o malas, y empezaban a mirar al fuego y sentía más mi existencia. Veía sin ver, tenía los ojos cerrados y seguía viendo no lo mismo, pero cosas parecidas; era como si se me hubiera abierto otro mundo que percibía con los ojos cerrados, recuerdo que los colores eran los mismos, el negro de la noche y el rojo del fuego.

Escuchaba atentamente el rezo del marakame que parece que lo hacía mientras contaba las plumas de un collar y dijo “todos prendan su vela” y procedimos a hacerlo, el espíritu del hikuri se sentía en la ceremonia, había un gran ambiente al respeto. Más tarde apagamos la vela, sólo fue un momento. Me acuerdo que todo empezó a cobrar un gran significado simbólico, cada acto, cada cosa que sucedía transmitía un gran significado profundo.

Recuerdo que mientras iba avanzando la ceremonia sentía una especie de comunicación con Dios, parecía un diálogo interno, pero no era un simple diálogo interno, porque había alguien que me respondía y hablaba algo así como telepáticamente. Vi que todo en la vida tenía espíritus, el espíritu de la muerte, el espíritu de la vida, el espíritu de nuestros ancestros, cosas que incluso creemos inanimadas existen y tienen un espíritu, el espíritu del fuego por ejemplo, el peyote tenía un espíritu muy poderoso. También sentía algo de desrealización, la sensación de ver las cosas un tanto irreales, algo así como si fueran de ensueño, digamos que un cambio fuerte en cuanto a percepción visual.

Estaban cantando en la ceremonia “Hirukito y Ayahuasca son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico (pronunciaban: meshico) son hermanos; el marakame y el taita son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos; el cóndor y el águila son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos”…
Otro que cantaban creo que iba así “…maíz para vivir, vivir para morir, morir para la tierra, la tierra para las macetas, macetas para las flores, las flores para las niñas, las niñas para los niños, los niños para ser hombres, los hombres para el trabajo, trabajo para los burros, los burros para la leña, la leña para el fuego, el fuego para {…}”

Me sentía en otra dimensión donde podía entender mejor la vida, veía el mundo espiritual y me sentía mal por haber ignorado ese mundo estando siempre ahí presente. Pregunté qué debía hacer con mi vida y la respuesta fue un estado de éxtasis, me puse a alabar al fuego, mientras sentía una increíble beatitud, acercándome a algo así que me imagino que debe ser el nirvana, veía una increíble luz, sentía una gran felicidad y amor, y me sentía en un universo divino, entonces me di cuenta que la respuesta fue que lo más importante era ser feliz y eso es lo que debía hacer en mi vida.
Empecé a recordar cosas de mi vida, en particular algunas malas que me causaban dolor, y me puse a llorar, pero no lloraba solo de dolor y tristeza, lloraba de alegría, de amor, de nostalgia, no sabía de qué lloraba realmente, yo solo lloraba; ya no controlaba mi cuerpo, parecía como si fuera el espíritu venado azul el que lo controlaba y me decía lo que debía hacer, primero me enseñó a dar gracias, luego me enseñó a llorar y me hizo darme cuenta que llevaba mucho tiempo sin hacerlo y sentí que lo necesitaba, que era una medicina para mi alma. Abracé al amigo que apenas acababa de conocer en la ceremonia, lo abracé y lloré sobre él, al rato él me dijo que dejara de llorar y que celebrara con los demás que estaban cantando, yo le dije “quiero llorar” y unas personas que me escucharon me dijeron “sí, llora, llora”. Pasaron por mí muchas cosas de mi vida y las recordé, sentí que de alguna forma me estaba purificando, que llorar me estaba ayudando a sacar las cosas negativas de mí; luego el espíritu venado azul me enseñó a pedir perdón y pedí perdón por todo, absolutamente todo, sin dejar de llorar y así estuve hasta el amanecer.

Recuerdo que durante toda la madrugada yo pedí mucha medicina, porque sentía que el venado azul me decía que bebiera, que no tuviera vergüenza, que la necesitaba y eso era todo, que no me importara lo que los demás pensaran, y así hice, y cuando amaneció tomé la olla donde estaba el agua de peyote y enfrente de todos tomé lo que restaba, lo cual supongo se debió haberse visto bastante cómico y algo extraño, pero no me importó como sentía que me decía el espíritu que no me importaran los demás, que yo a lo mío, a mi curación y eso era todo.
Después de tomar lo que restaba de la olla seguí llorando, con lo que los demás respondieron con un “oohh!” como de decepción, pues todos me estaban viendo. Luego caminé hacia el marakame, le di las gracias y le dije que realmente lo necesitaba, creo que incluso le besé la mano, le lloré, recuerdo que me dieron de beber agua donde había unos pétalos amarillos, que cerré los ojos y me rociaron con agua, y que cuando abrí los ojos tenía agua en la manos, y me dijeron “ya volvió”, también me dijeron “siempre hay un tiempo para volver”, “la ceremonia apenas empieza” (haciendo analogía con la vida). Me dijeron “deja de tener miedo” y yo les dije “no tengo miedo, en serio”, como que me vieron temblando o algo así, le seguí dando las gracias al marakame y alguien me dijo “dale gracias al fuego, él es el jefe mayor” y fui y le di gracias al fuego, de nuevo alguien me dijo “deja de tener miedo” y yo respondí “en serio no tengo miedo” y me respondió “¿no tienes miedo?, ¡Denle otro peyote!”, respondí sacado de onda “¡No, si tengo miedo y respeto!”. Poquito después me salí del círculo y quise vomitar, estuve a punto pero no vomité, recuerdo que el tiempo se vivía muy intensamente y que reflexionaba muchas cosas cada instante, algo que ya había sentido con la Ayahuasca pero con mayor intensidad, me puse mucho más mareado de lo que ya estaba. Unos perros que andaban por ahí se me acercaron, uno en especial y yo le hablé y le pregunté “¿Que tienes?” y sentí que me respondía telepáticamente que estaba triste y yo lo acaricié, cerré los ojos y vi que era el venado azul, lo abracé hasta que un momento como que el perro me gruñó.

Tuve una extraña alucinación donde alguien me decía “soy el venado blanco” y yo me quedé “¿el venado blanco?, ¿no era azul?” y él me contestó “¿cuántos ves acá?” y veía entre los arbustos y los arboles que estaban al fondo como a venados corriendo y me decía “tienes que buscarme, levántate y corre, tienes que cazarme”, y me quedé un momento como pensativo, hasta que agarré la onda de que había sido una alucinación. En otra ocasión vi al venado azul, de nuevo el perro pasó cerca y de repente en vez de ver al perro vi al venado azul y escuché que me decía “¿Te es suficiente o quieres verme más claramente?” y me bastó.

Le seguí dando gracias a Dios y sentía que me respondía “gracias a ti hijo, eres muy valioso”. Tuve una serie de reflexiones y de diálogo con Dios donde me enseñaba que solo existe una verdad absoluta, que todos podemos tener diferentes perspectivas de la realidad y de cada cosa, pero que una cosa es la perspectiva que es una forma de aproximarse a la verdad y otra cosa es la verdad absoluta que como humanos no somos capaces de alcanzar, sólo Dios la tiene. Otro diálogo donde me enseñó que no sólo se debe razonar para alcanzar la verdad, también hay que saber intuir y me di cuenta que no era bueno intuyendo, que había una gran intuición que no se demostraba con la razón, y eso era Dios y el amor, que en realidad son lo mismo. Vi que tenía que luchar por la verdad, esforzarme por alcanzarla, que nadie me la iba a dar así simplemente. Recuerdo que le pregunté al venado azul qué debía hacer de mi vida y me dijo “sacia tu sed, se aquí, allá, donde quieras, simplemente se, existe”, me dijo que hiciera lo que me gustara y que cuando así fuera iba a dar lo mejor de mí, encontrar mi camino, dar algo de mí a la sociedad.

Vi que no valía más ni menos que los demás, que estaba en un equilibrio con los demás, que ser mejor es algo que nadie debe envidiarme, en cambio ser arrogante, egoísta o abusivo eran cosas que me destruían con los demás. Vi que había una sabiduría a la que estaba accediendo gracias a Dios y me pregunté cual sería el mayor grado de sabiduría que podría aspirar un ser humano y me di cuenta que ello era alcanzar la iluminación, le pregunté a Dios “¿puedes hacerme un iluminado?” y me di cuenta que el sintió tristeza y me dijo que no podía, le pregunté “¿por qué no puedo ser un iluminado?”, me dijo sólo unos cuantos estaban elegidos por él y eran personas muy especiales con una gran misión en la tierra cuando el fin del mundo se acercara. Vi que el fin del mundo se acercaba, me acordé de una parte del apocalipsis que decía que cuando el fin se acercara señales habría en el cielo anunciándolo, y vi las señales, la contaminación ambiental, el calentamiento global, la rapidez con que se estaban agotando los recursos como el agua y los energéticos como el petróleo, el cada vez más sofisticado armamento nuclear, biológico y químico de las potencias mundiales que en caso de una tercera guerra mundial podría provocar una aniquilación mutua. Dios me dijo “ama a tus enemigos” y yo me quedé “¿amar a mis enemigos? ¡Pero es mucho!”, Dios me respondió “¡Mucho, si yo te he dado todo!”, yo le dije “pero no me has hecho un iluminado”, y me respondió “¡Hijo, pero te he dado todo, todo lo que puedo, y tú porque no puedes amar a tus hermanos, aunque sean tus enemigos!” y me di cuenta de que no podía ser un iluminado porque no podía entender del todo porque debía amar a mis enemigos.

Vi el paraíso en la Tierra y que era posible manteniendo algunas actitudes, sabiendo sonreír siempre a la vida pase lo que pase, inclusive sabiendo sonreír ante el sufrimiento y las desgracias, siempre ser felices independientemente si logramos o no nuestras metas e ilusiones, siempre hacer lo que debamos hacer sin enojarnos o entristecernos, simplemente hacer lo que se debe hacer y sonreír, amar a nuestros semejantes, incluso a nuestros enemigos, aunque para mí esto no significa permitir ser abusado, más bien saber hacer de tu lado a tus enemigos, no tú de su lado, aprender absolutamente de todas las personas y crear paz; siempre tener fe en la vida, en uno mismo y en que la felicidad perdure; esforzarnos con todo el amor posible y dar lo mejor de nosotros mismos. Pensé que sabiendo ver la vida así no debíamos temer ni al fin de la humanidad, ni a la muerte.

Poco a poco fui regresando más a la lucidez cotidiana, en la tarde y noche de ese mismo día cuando sólo tenía los efectos residuales me acordé del drama que había hecho en la ceremonia cuando me puse a llorar y me bebí lo que sobraba del peyote enfrente de todos y me dio vergüenza, pero ahora sé que no tiene importancia, que simplemente hice lo que el espíritu del hikuri me dijo que debía hacer, que además me enseñó que no debía importarme lo que los demás pensaran de mí, que simplemente hacer lo que me tocaba hacer y no depender de lo que pensaran los demás, de hecho ahora me da algo de gracia por lo cómico que debió haberse visto.

Para terminar quiero decir que el Peyote merece un gran respeto para que sus secretos se le sean revelados a uno, porque guarda un verdadero espíritu dentro de él, eso es lo que pude sentir y ver, guardarle este respeto también significa no abusar de él porque el Peyote se está agotando cada vez más en su tierra sagrada wirikuta, y que en verdad es un espíritu que guarda grandes misterios que requieren mucho esfuerzo para descifrar, pues te habla en mucho simbolismo, las respuestas que te da a veces no son literales sino que implica esfuerzo para descifrar su significado profundo.

Psicoterapia enfocada a la espiritualidad ayuda a los pacientes terminales.

La psicoterapia orientada a la espiritualidad mejoraría la calidad de vida y el bienestar de los pacientes con cáncer terminal, señala un nuevo estudio de un importante centro de tratamiento de esta enfermedad.

Aunque las sesiones de psicoterapia sólo brindaron un beneficio pasajero, los autores lo consideraron razonable dado que muchos participantes estaban cerca del final de sus vidas. “Los especialistas en cuidados paliativos no contaban hasta ahora con intervenciones que hubiesen demostrado algo de efectividad en el manejo de cuestiones como la pérdida de significado, la desmoralización y la reducción del bienestar espiritual”, dijo el doctor William Breitbart, del Centro de Oncología Memorial Sloan-Kettering, de esta ciudad.

“Esta es una nueva herramienta. Les da más estructura a lo que las personas están tratando de lograr. Es una intervención más secular, a partir de un lenguaje universal del sentido”. Breitbart estudió con su equipo a 120 pacientes con cáncer en estadio 3 o 4, principalmente cánceres de mama o colon. Al azar, les indicó que concurrieran a siete sesiones de psicoterapia de una hora cada una o a sesiones de masaje de la misma duración. Todos tenían un pronóstico con menos de seis meses de vida.

En las sesiones de psicoterapia, los participantes abordaron cuestiones asociadas con el significado, la identidad, la esperanza y la finitud de la vida. También realizaron ejercicios de reflexión para recuperar el sentido de la paz y del sentido de sus vidas, explica el equipo en Journal of Clinical Oncology.

El bienestar espiritual, la calidad de vida y el malestar físico por los síntomas fueron mejorando levemente en el grupo tratado con la psicoterapia desde la primera hasta la última sesión. Sin embargo, no se observó ninguna mejoría en el mismo período en el grupo control.

La calidad de vida medida en una escala del 0 al 10, por ejemplo, creció de 5,89 a 7,18 con la psicoterapia, y de 6,55 a 6,78 con los masajes.

Pero la mejoría lograda con la psicoterapia desapareció a los dos meses de la última sesión. En ese momento, 67 participantes continuaban en el estudio. Inmediatamente después de la finalización de las sesiones de psicoterapia y a los dos meses, los pacientes no mostraban una mejoría significativa de la ansiedad, la depresión o la desesperanza.

“El bienestar espiritual está muy orientado a la paz, el sentido y el objetivo”, dijo la doctora Christina Puchalski, directora del Instituto George Washington para la Espiritualidad y la Salud, de la ciudad de Washington.

“Problemas como la ansiedad y la depresión son algo más complicadas. Las personas tendrían otras herramientas para sobrellevarlas, como la medicación o la meditación”, agregó Puchalski, profesora de la Facultad de Medicina de la George Washington University que no participó del estudio.

El equipo de Breitbart está estudiando la efectividad de un modelo de psicoterapia en un grupo más grande de pacientes y espera que su uso se generalice en el futuro. “Los pacientes con cáncer deben comprender que aun cuando tengan cáncer avanzado, siempre existe la posibilidad de experimentar el significado y crear significados, aún en los últimos días de vida”, finalizó el autor.

En una línea similar iban los estudios realizados por Grob o Gasser, trabajando con psilocibina o LSD, respectivamente.

FUENTE: Journal of Clinical Oncology, online 27 de febrero del 2012.

Experiencia con Ayahuasca. Reencuentro con las raíces.

Comparto un escrito de un anónimo relatando su primera experiencia con Ayahuasca.

“Había viajado desde muy lejos para estar allí. Exactemente 18 horas de vuelo en total. Me encontraba en un pequeño campamento en medio de la selva, a 2 horas en barca rápida desde Iquitos.

Estaba en una hamaca, solo, observando los colores del amanecer, contagiándome de esa paz tan mágica, vigilando de vez en cuando la tarántula de palmo y medio que estaba en el techo, sitio que había elegido para mudar la piel. Reflexionaba sobre lo que ocurriría en unas horas, y es que probaría la Ayahuasca por primera vez. Algo en mi ya me decía en voz baja que sería una de las experiencias más importantes de mi vida, pero en realidad no tenía ni idea de lo que me esperaba.

Cuando oscureció del todo, el guía que me había acompañado hasta allí me invitó a partir. Usábamos linternas para llegar hasta la orilla del río, pero la cantidad de insectos que iban a la luz era tal, que era como si no tuviéramos linternas.

Profundizamos más en la selva con una pequeña barca a remos, hasta llegar a un poblado, donde nos esperaba el chamán.

Cada vez estaba más nervioso ante la incertidumbre, y ante esa situación. No sabía cómo actuar… estaba a punto de experimentar una ceremonia milenaria, prácticamente en otro mundo… simplemente estaba descontextualizado.

Entramos en casa del chamán, recibiéndonos primero su esposa. A él no le gustaba mucho interactuar, o hablar más de lo estrictamente necesario, como había observado ya el día anterior, cuando fuimos a pedirle oficialmente que me mostrara la Ayahuasca.

Tuve que esperar un par de minutos mientras acababan de prepararlo todo. Entonces me convencí aún más de lo serio del asunto. Se respiraba una sensación extraña en esa casa, difícil de explicar, pero parecida a ese sentimiento que precede los grandes acontecimientos.

Cuando me invitaron a pasar a una pequeña habitación, vi que dentro había un joven sentado a un rincón, más o menos de mi edad, el cual después me dijeron que era el nieto del chamán. Él también probaría la bebida por primera vez.

La ceremonia empezó. Se apagaron todas las lámparas de aceite de la casa, y nos confinamos, el chamán, su nieto y yo, en esa habitación, mientras la abuela y el guía esperaban fuera.

El chamán empezó por depurar toda la estancia con su mapacho. En mi interior resonaba una frase: “¿Pero quién me manda a mi meterme en estos fregaos?”. El procedimiento seguía su curso, y a continuación el chamán me untó la cabeza con un líquido con olor un poco desagradable, parecida a ajo, y luego con otro con olor mucho más amable.

La Ayahuasca, esa misteriosa bebida, de la que tanto había oído hablar, estaba allí, delante mío, en una botella de plástico de 75 cl. Llenó un vaso con dos dedos de la “poción”, la mantuvo delante suyo unos minutos mientras parecía bendecirla con una oración, luego la purificó con tabaco y se la ofreció a su nieto. Mientras éste la bebía, el chamán me dio las últimas indicaciones para la ceremonia, y me tranquilizó. Sus palabras fueron: Tu relájate, déjate llevar, y conocerás el Mundo.

Preparó de igual modo mi vaso, pero poniendo el triple de cantidad de líquido. Su nieto, al verlo, le dijo que se había pasado, pero el chamán le respondió riendo e ignorándole.

Cuando tuve el vaso delante, le pedí a la Ayahuasca mentalmente lo que quería ver, y antes de beberla pronuncié las palabras “Salud, Ayaruna, te tomo con fuerza”, tal como me indicó.

Tenía un sabor espantoso. Tal como dice Alex Grey, es como tomar un café hecho de 4 días, con un cigarrillo apagado dentro más un poco de limón. El chamán también se sirvió su ración.

Ya no había vuelta atrás.

El chamán empezó sus cánticos, de momento solo silbando. Mientras me iba relajando más y más, se me presentó una visión, a la que no presté mucha atención, pero que aún así seguía desarrollándose. Y es que me imaginaba cómo dos pájaros cogían… “algo” de mi, como mi alma, o mi espíritu, no sé ponerle un nombre, y se lo llevaban a los cielos. Mi indiferencia ante esa visión terminó cuando oí perfectamente un aleteo muy característico a mis espaldas, un aleteo muy rápido; y entonces, sin esperarlo, para finalizar el ícaro, el chamán imitó a la perfección el trino de varios pájaros a la vez. Desde que empezó, más en ese instante, y durante toda la ceremonia, quedé perplejo ante la habilidad para cantar y silbar del chamán.

Cuando terminó pues, el ícaro, en mi visión percibí que los pájaros ya me habían soltado “en ese sitio”, y empecé a notar al mismo tiempo que la Ayahuasca empezaba a hacer efecto.

En el siguiente ícaro, además de los silbidos, también utilizó un matojo de hojas para simular el sonido del aleteo de un ave, pero de otra clase, ahora lo identifico con las del cóndor. Los efectos incrementaron aún más.

Pensaba: “¿Pero esto qué es? Es demasiado fuerte…”, y no había hecho más que empezar. Apareció entonces la ansiedad, debido a mi resistencia a dejarme llevar, pues nunca, ni de lejos, había experimentado estados TAN elevados de conciencia. La ansiedad incrementó cuando me di cuenta de que si mi estado empeoraba, como mínimo tardaríamos 3 horas en llegar al hospital más cercano, e incrementó aún más cuando pensé que, si me pusiera grave o moría, estábamos en plena selva. Podían abandonar mi cuerpo donde fuera y nunca más se sabría de mi.

Por suerte vencí esos pensamientos y deposité toda mi confianza en el chamán, y realicé una técnica que me había dicho al principio, para apaciguar los malos pensamientos, que por cierto funcionó.

Después vino la carga estomacal. Algo pesaba cada vez más y más en mi estómago. Sabía que la Ayahuasca provocaba vómitos a veces, pero resistí hasta que no pude más, y vomité en un cubo que habían puesto en el medio para eso precisamente. Tenía la sensación de que estaba expulsando todo lo malo que había en mi interior. Todo mi sufrimiento, mis problemas…

En esa “pausa” del viaje, el nieto salió de la estancia en busca de su abuela. Pese a que estaban lejos, yo tenía el oído agudizado y pude oír como si los tuviera susurrando en mi oreja su conversación. El chico dijo que estaba mareado, casi entre lágrimas, a lo que su abuela respondió: “Ay, ¿Y por qué te metes en cosas de hombres?” Al cabo de un rato el chico regresó y se acostó al suelo.

Ahí empezó el verdadero viaje. Sentí que la Ayahuasca me había “dormido” la razón, con lo que ya no podía pensar en palabras, y la percepción del tiempo y el espacio se esfumaron. Era pura emoción, intuición. Instinto.

Aunque el chamán seguía con sus cánticos, ahora golpeando el suelo con los pies, cantando en quechua y utilizando el matojo de hojas, a ratos ni los oía, y a ratos me eran molestos porque los percibía muy altos de volumen.

A medida que mi ego se disolvía con el universo, pude ser consciente del “papel” que estaba representando a nivel social, y que mi yo era muy diferente a lo que creía ser, ya que me estaba “creyendo” el papel. Y por supuesto me encantó lo que vi, quería conocerme más, como cuando conoces alguien especial, pero en esa ocasión aquella persona especial era Yo.

Eso no solo se quedó allí, los “efectos” se amplificaron aún más, y me llevaron, efectivamente, a conocer el Mundo.

Justo cuando “entré allí”, el chamán cesó sus cánticos, como si 0bservara junto a mi la Visión. Ya había estado allí, antes de nacer quizá, pues me sentía COMO EN CASA, en el sentido más literal y trascendental de la expresión. Incluso sentía lástima por haber estado tanto tiempo “fuera”, haber tardado tanto en “regresar”.

Experimentaba una fascinación, una paz, una conexión inimaginables, inexpresables ni en mil textos como este. Estaba a la cumbre de la Realidad, exterior e interior, palpando y viviendo el mundo tal cual es, y al que desde luego no tenemos acceso en estados de conciencia ordinarios. Es como si viviéramos siempre en una cueva… Con Ayahuasca no solo sales de la cueva como en el mito de Platón, sino que te enfilas a la cima de la montaña más alta del universo.

El chamán volvió a sus cánticos mientras todo iba de bajada, aún con algunas visiones de Yo, del imaginario inka, de mandalas que giraban al ritmo de los ícaros, tan dulces. La percepción del tiempo y el pensamiento racional volvían poco a poco, y me daba pereza recobrar esos estados más ordinarios, esa manera de funcionar, y sobretodo pensar que tendría que volver a mi sociedad y abandonar aquél lugar. Aunque fuera el lugar donde nací, sus leyes, normas, cultura, estaban muy alejadas de mi naturaleza.

A las 3 horas la ceremonia terminó, y el chamán se encendió otro mapacho, diciendo “tabaco puro de la selva…”, mientras yo aún estaba aterrizando. Me centré en él y en su rostro indio iluminado por el cigarro cada vez que calaba. En la ceremonia pude ver cómo era realmente. Se mostró su auténtico espíritu. Juguetón en realidad, entregado a la planta medicina y orgulloso de enseñarle el Mundo a la gente. Como un pastor del universo, un caminante de las llanuras de la conciencia.

De repente me preguntó: “Amigo, ¿estás bien?”. A mi me costó verbalizar, pero finalmente pude lanzar una afirmación. Él respondió: “¿Muy bien?”, le entendí perfectamente, y le dije alegre “sí, ¡muy bien!” antes de partirme de risa, tronchándose él también. ¡Qué coño, estaba mejor de lo que nunca había estado! Fue un momento precioso.

Cuando el guía vino a buscarme a la habitación no pude levantarme, estaba aún mareado y las fuerzas me abandonaban. El chamán entonó un par de ícaros para hacer tiempo y animarme, y al cabo de un rato me levanté, pero el guía tuvo que ponerme las botas, mientras me preguntaba: “¿Mañana querrás repetir?”. Yo en ese momento le dije que no, fue demasiado intenso, pero sí, al día siguiente repetí.

El regreso en barca fue precioso. Maravillosamente espectacular. Mientras el guía remaba pacientemente, yo observaba una luna llena impresionante, que me iluminaba a mi y a la selva con ternura, transmitía algo muy especial…

Miles de estrellas la acompañaban, y se reflejaba en el agua un tanto distorsionada por las suaves ondas que provocaba la barca. Había un silencio especial, perturbado solo por los sapos y los truenos de lejanas tormentas. Toda la Selva me estaba bendiciendo.

Nunca había estado tan cerca de mi naturaleza, aprendí y saqué muchas conclusiones de esa noche, pero la más importante quizá, es que el Mundo es maravilloso.

Por cierto, al regresar a casa busqué todos los ícaros que pude, porque no me los podía quitar de la cabeza y quería escucharlos de nuevo. Encontré el primero, en que tuve la visión de los pájaros, y se llamaba “Llamando a Dios y a las Aves”.

Un buen amigo que asistió también a ese chamán, me comentó que escuchó el mismo aleteo que yo, y que al preguntar sobre ello, el chamán le dijo que era él mismo, era la forma que adoptaba para las ceremonias y para visitar amigos o parientes lejanos: el Colibrí. Cuando me dijo el colibrí no tuve ninguna duda, pues el aleteo tan característico que no asociaba a ningún animal era el suyo, tan rápido y como de insecto.