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El Ayahuasca como camino evolutivo. Por Alonso del Río

Dentro de todas las maravillosas posibilidades que nos ofrecen las plantas maestras, encontramos que un tema poco tratado es el de la evolución personal de quien las usa.
Muchas personas tienen la creencia de que el graduarse en una profesión u oficio (médico, curandero o cualquier otro) implica el aceptar y practicar principios éticos de alto nivel. La realidad nos muestra que esto no es así389710_105686792902548_44258078_n necesariamente. Una cosa es conocer adecuadamente una técnica curativa y otra es practicarla en beneficio de los demás.
Hace muy pocas décadas que la sociedad occidental empezó a tomar interés por las antiguas tradiciones y sus brebajes sagrados, pero aún está muy lejos de entender todo su potencial y, sobre todo, las complejas relaciones que componen su tejido. Durante el tiempo que viví en la Amazonía fue frecuente escuchar entre las personas que venían de Lima u otras ciudades la siguiente pregunta: ¿No conoces un buen brujo para tomar ayahuasca?
Al principio los miraba con desconcierto, preguntándome: ¿Sabe lo que está hablando? Pero luego comprendía que era su total desinformación la que los hacía hablar de esa manera.
Al poco tiempo de vivir en zonas en donde la gente toma ayahuasca y visita regularmente a un curandero, le queda muy claro a uno que hay dos personajes en la escena: el brujo y el curandero. Esto vale como primera información, pero este mundo es mucho más complejo de lo que aparenta.
Ningún brujo se presenta como tal y a veces –dependiendo de su habilidad para ocultarse– una persona normal tarda mucho tiempo en reconocerlo como tal.
Por otro lado, muchos brujos también curan, lo que introduce en el escenario una tercera categoría: el brujo-curandero.
¿Cuáles son los parámetros éticos que definen a cada quién? Llamo brujo a la persona que solo usa los conocimientos y poderes adquiridos para matar o causar daño. Llamo brujo-curandero a quien usa estos mismos poderes y conocimientos tanto para dañar como para curar a las personas, según la demanda del cliente. Si le pagan para curar, él cura. Si le pagan para dañar, el daña. Llamo curandero a aquella persona que solo se dedica a curar a sus semejantes y que bajo ninguna circunstancia es capaz de generar o devolver ningún daño.

Para regresar al tema principal que nos ocupa haremos la siguiente pregunta: ¿A cuál de estos tres personajes consideraríamos más evolucionado?
La lógica de nuestra ética social prácticamente nos obliga a elegir al tercero, pero nuestra ética individual (aquella que nadie conoce y que nadie ve) a veces no está de acuerdo. Este pequeño impase trae a la realidad la eterna pugna entre “lo que debe ser” y “lo que es”.
Solo muy pocos serán capaces de contradecir públicamente que una persona que no genera o devuelve un daño está éticamente por encima de alguien que sí lo hace. Sin embargo, sin un adecuado marco social que proponga una ética clara y específica para el caso, como mecanismo de control social, muchas personas que reconocen qué es lo correcto pueden sentirse tentados a devolver los golpes a sus legítimos dueños.
La siguiente pregunta: ¿Queremos institucionalizar la venganza como un derecho inalienable? ¿O queremos trascenderla y liberarnos de patrones mentales tan destructivos? Un viejo adagio dice: “El rencor es el veneno que uno toma pensando que así se puede dañar a otro”. La realidad es que a cualquier persona normal le hace un daño muy grande, tanto física como emocionalmente, el alimentar su propio odio y rencor, aunque crea tener la mejor de las justificaciones. Yo lo calificaría simplemente como un mal negocio, una situación donde todos pierden. Si creemos que odiando y devolviéndole el mal vamos a curar la enfermedad y resolver los problemas, estamos totalmente equivocados.
El odio y la venganza es un veneno que hace mal primeramente a quien lo genera. En segundo lugar, la energía destructiva que es lanzada sobre una persona solo puede operar si la persona “abre la puerta”; es decir, si tiene energías (pensamientos) que resuenen con la energía del atacante. Mientras menos emociones negativas seamos capaces de crear y guardar, tanto más difícil les será a otros el molestarnos.
Planteada esta situación básica de las dinámicas energéticas nos queda abordar el tema del camino evolutivo.
Podemos entender la evolución como la transformación gradual de un estado a otro mejor o más perfecto. Por lo tanto, un camino evolutivo es la práctica de los conocimientos que nos pueden llevar a un mejor estado de ser.
Ese mejor estado de existencia lo relacionamos todos con las grandes virtudes del género humano, pero creo que la palabra Amor expresa por consenso la síntesis perfecta de hacia dónde queremos ir como individuos y como sociedad. Sin embargo, para lograr ese mejor estado, lo primero es reconocer que no lo tenemos o que se encuentra en estado incipiente. Si no reconocemos nuestra real situación, nunca seremos capaces de mejorarla.
Una buena herramienta para medir nuestro amor es observar nuestras respuestas ante cada situación de la vida. Podemos responder de tres maneras: tumblr_llwuwqshRF1qbqwc2o1_500De forma injusta, en forma justa y en forma amorosa. La injusticia es darle a los demás menos de lo que les corresponde. La justicia es darle a cada quien lo que le corresponde. El amor es dar a cada uno más de lo que le corresponde.
Dentro de esta lógica, solo nos queda reconocer nuestra encubierta incoherencia, pues por un lado queremos evolucionar, pero por otro, cedemos muy fácilmente a las tentaciones de nuestras tendencias menos altruistas. No creo que se deba ni se pueda obligar a nadie a mejorar, pero sí creo que debemos sincerarnos para llegar a sanos acuerdos.
Aunque no tengamos en todo momento la suficiente energía para reaccionar de la mejor manera, esto no debe afectar ni desacreditar el propósito general ni el rumbo de nuestro camino. Si en alguna situación nuestros condicionamientos nos llevan a obrar de forma injusta, es necesario reconocerlo, pero sin perder de vista cuál es nuestra meta. El punto es no decir una cosa y hacer lo contrario.
¿Queremos contentarnos con ser personas justas o queremos evolucionar hacia el amor? ¿Cuál debe ser la nueva norma social o el nuevo código ético de un curandero de este tiempo?
En la actualidad muchas personas de todo el mundo están cada vez más interesadas en experimentar las plantas maestras, más como una herramienta de autoexploración y crecimiento interior, a la par de resolver problemas físicos.
Mucha gente encuentra respuestas que ninguna religión ni años de terapias psicológicas tradicionales han sido capaces de darles. Gracias a que amplía nuestra capacidad de autoexploración, las plantas maestras y el ayahuasca, concretamente, pueden convertirse en un verdadero camino evolutivo. Un camino en donde el elemento indispensable es la propia sinceridad luchando contra el autoengaño, nuestra verdad contra nuestra mentira.
Si observamos las plantas en las selvas, encontraremos que el éxito de su evolución está en la capacidad de abrirse paso hacia la luz, pues la luz es su alimento. Las plantas compiten arduamente, unas con otras, por tomar la mayor cantidad de luz posible y las que más luz consigan serán las que más alto lleguen.
A pesar que la luz en todas sus manifestaciones es uno de nuestros principales alimentos, el ser humano se pasa la vida compitiendo por las cosas más absurdas e inverosímiles, pero hasta ahora no se ha inscrito un record guiness por la cantidad de luz que alguien puede captar.
Parece que no nos importa realmente competir por eso. La luz es la verdad en nuestras vidas, lo que nos permite ser transparentes. Exponernos a esa luz hace que no podamos tener algo que ocultar.
Las plantas sagradas pueden dar luz, pero también pueden dar oscuridad y confusión. Nos pueden ayudar a evolucionar o nos pueden ayudar a perdernos entre el abuso de poder y la ignorancia. Es realmente una línea muy delgada la que separa una opción de otra, pero lo que nunca debemos olvidar es que la elección es siempre nuestra.
Aún así, la posibilidad de extraviarnos está dada en todas las disciplinas y en todos los caminos; no es exclusiva de las plantas maestras. Es más, creo que las plantas maestras sí tienen una gran ventaja frente a otros caminos evolutivos, pero, justamente, en esa ventaja puede que se esconda su peligro.
La ventaja de la cual hablamos es que pueden mostrarnos en forma contundente e inapelable “realidades” que serían muy difíciles de percibir, generalmente porque no nos conviene verlas o porque están más allá de la conciencia de nuestra mente.
Tenemos la posibilidad de ver las cosas tal cual son, tanto dentro como fuera, lo bueno y lo malo, y el peligro se encuentra en que seamos capaces de ver la parte negativa que debemos cambiar y, sin embargo, no hacer nada. Este es un gran peligro, pues, al igual que un antibiótico mal tomado, crearemos resistencia al desarrollo de la conciencia y entonces la medicina deja de hacer su efecto como tal, deja de tener sentido el tomarla.
Todo se vuelve una farsa.
En síntesis, las plantas nos muestran aquello que debemos cambiar para evolucionar, pero ellas no nos van a cambiar; nosotros tenemos que hacerlo.
Ellas nos muestran el camino, nosotros debemos recorrerlo.
Las plantas maestras son también plantas de poder y el poder no es ni bueno ni malo, es poder, depende de quién lo usa y para qué lo usa. Un bisturí en manos de un médico puede salvar muchas vidas, pero en manos de un delincuente puede hacer mucho daño. Por eso insistimos en que quienes tienen el llamado de compartir estas plantas maestras en ceremonias deben ser personas cuyas vidas estén por encima de todas las bajezas que podemos tener los seres humanos. Debemos construir juntos un nuevo marco social que proponga e impulse una nueva ética para curanderos de un nuevo tiempo.

Alonso del Río. Hombre medicina, cantante y escritor.

 Pueblo Continente. Vol. 23, Nº 1. Trujillo, Perú

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Crónicas de un detenido por Ayahuasca.

Recogemos las explicaciones de otro detenido por recepción de Ayahuasca en España. Lamentamos que el sistema judicial siga realizando dichas detenciones, aun y sabiendo que son ilegales, según la misma JIFE.

“Llaman al portero automático, pero aún estoy en la cama y no abro. Llaman insistentemente pero sigo con mi plácido sueño. Al cabo de un rato llaman al timbre de casa varias veces, hasta que, preocupado por si estaba sucediendo alguna emergencia, me levanto y abro la puerta, medio desnudo y con el rostro aún hinchado de sueño. Resulta que es un “trabajador” de correos de dos metros de alto y bastante corpulento. Tiene un paquete para mí, así que le doy mi DNI y firmo su petición. En cuanto le devuelvo el bolígrafo, aparecen dos hombres que estaban escondidos en las escaleras, como dos armarios también, y me cogen de los brazos. Vale. Ya estamos.

 Mi experiencia con la Ayahuasca se remonta a un par de años atrás, cuando viajé a Perú y la probé de la mano de un chamán, en el Amazonas, a unos quilómetros de Iquitos. Esa experiencia me cambió la vida. Abandoné el consumo de drogas, que anteriormente había sido algo compulsivo, ya que en la Ayahuasca encontré lo que inconscientemente estuve buscando en las demás drogas, así que ya no me hacían ninguna falta. Pero no solo se trataba de eso. Fue una experiencia terapéutica a muchos más niveles. Me permitió valorarme a mí y a la vida como nunca lo había hecho, me aportó una nueva comprensión de la realidad y de nuestra naturaleza; en definitiva, “de qué va todo esto”. Esto era Medicina. Medicina que cura el cuerpo y la mente, y nuestro (algo más), siempre con amor y paciencia.

Desde antes de probarla ya había decidido estudiar la carrera de Psicología, pues siempre ha sido mi vocación. Y en ese momento supe que aquella Planta, en el campo de la Psicología y bien aplicada, podía ayudar a millones de personas en profusos problemas de todo tipo. Se me abría un campo lleno de posibilidades, de oportunidades de compartir con otros, esta maravillosa y extraordinaria medicina.

 Ya en España tomé en diversas ocasiones, y por cosas de la vida, nos reunimos un pequeño grupo de estudiantes de Psicología, interesados en conocer la Planta. A mí me rondaba por la cabeza tomar Ayahuasca solo, sin guía, ya que me sentía preparado para ello. Y me decidí del todo cuando un muy amigo mío y hombre-medicina me apoyó en la idea, y no solo eso, sino que también me animaba a ofrecer la Planta a mis amigos interesados.

En esos días había mucho revuelo con el tema de detenciones por Ayahuasca, y no me decidía a pedirla. Al fin me arriesgué, ya que entre los amigos que la querían experimentar también había gente que quería realmente un cambio, y necesitaban “arreglar” asuntos personales, así que no podía negarles la oportunidad cuando ya lo habíamos hablado. Sin considerarme un chamán ni nada por el estilo, decidí ofrecerla, en un acto de plena confianza hacia la planta, esperando que ésta me guiase en todo momento de las ceremonias cuando lo necesitase.

 Adquirí todos los utensilios chamánicos necesarios, e incluso varios regalos para los que me acompañarían, y que me hacía ilusión entregar antes de empezar las ceremonias. Nunca les pedí ni un euro por ello. Me resultaba inmoral pedir dinero por esa experiencia, pues sabía bien lo que representaba, y también sabía que a la Planta no le hubiera gustado que me lucrase con un acto que provenía desde lo más hondo de mi corazón.

 Así que cualquiera se puede imaginar lo ridículo del asunto. Me acusan contra un delito de contrabando, y contra la salud pública. No entiendo qué contrabando, si ni por un instante he pensado en vender esta medicina, ni la he obtenido con ánimo de lucro, todo lo contrario, más bien he limpiado mi bolsillo.

Lo más preocupante es el delito contra la salud pública. ¿Quién lo ha pensado esto? En todos los estudios realizados tanto en Barcelona como en otras partes del mundo, no se demuestra que la Ayahuasca pueda causar algún daño, ya sea de tipo neurotóxico o hepatotóxico. Es más, hay un famoso estudio en el que las muestras consumidoras de Ayahuasca puntúan más alto en cognición y memoria, y más bajo en psicopatología, que las muestras de población normal.

Esto no es droga. No es tóxica, no es adictiva, no genera tolerancia. Cuando yo decido ofrecer la planta en un marco serio, terapéutico y ritualístico, estoy haciendo un acto de promoción de la salud en las personas que asisten a la ceremonia. Esas personas pueden obtener beneficios increíbles en sus esferas cognitivas, emocionales, sociales y espirituales. Pueden liberarse de ansiedades, de miedos, e incluso solucionar con su propio trabajo problemas que les persiguen desde hace tiempo. Pero en el peor de los casos, en el peor, habrá sido una experiencia más, sin trascendencia alguna. ¿Qué juez de qué tribunal puede ver en esto un delito contra la salud pública?

Desde que tengo uso de razón he percibido esta sociedad como un lugar intrincado, hipócrita, y sobretodo infiel a la naturaleza de sus habitantes. Cuando a los 14 ó 15 años Freud me lo explicó en “El malestar en la cultura” aún me convencí más de esa idea. Y desde entonces, en infinitas situaciones, la cotidianeidad me lo ha ido corroborando, pero esta vez, sin embargo, es la demostración, en mi opinión, más patente y exacerbada de la enfermedad que corroe la sociedad occidental. La sociedad donde los actos de amor y altruistas se pueden llegar a castigar con multas y hasta con prisión. La sociedad que no comprende qué significa realmente la palabra “medicina”. La sociedad que culpa primero a un hombre con buenas intenciones, antes que a grandes especuladores que están lanzando a la calle cada día a miles de familias que no disponen ya del sagrado dinero.”

 

Entrevista a Alejandro Corchs, hombre medicina de Camino Rojo.

“Tengo 36 años. Soy uruguayo. Soy hombre medicina. Estoy casado y tengo dos hijos (4 años y 9 meses). ¿Política? Libre. ¿Dios? Gran Espíritu, le llamo yo. Mi padre y mi madre fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sufrí y albergué rencor, pero hoy me siento en paz.”

Qué pasó con sus padres?
Entraron los militares en casa, los secuestraron, los torturaron durante semanas en una celda, los asesinaron y sus cuerpos no han aparecido.

¿Qué militares?
Los de la operación Cóndor, un acuerdo de las dictaduras del Cono Sur para eliminar a personas que consideraban subversivas.

¿Lo eran sus padres?
Huidos de la dictadura uruguaya, trabajaban en Argentina sin activismo político. Nací yo, y sólo querían criarme tranquilamente. Pero aquel día todo terminó para ellos…

¿Qué recuerda de aquel día?
Nada. Yo tenía un año y nueve meses. Crecí y culpé a mis padres por no estar conmigo.

¡Pero no fue culpa de ellos!
Mis abuelos me contaron que habían volado a España y que no podían volver…

¿Por qué le contaron eso?
Para apartarme de lo sucedido. Un día nos visitó una amiga de mi madre, de Zaragoza, y le pregunté: “¿Por qué mi madre no me quiere? ¡Tú vienes a verme y ella no!”.

Buena pregunta.
Rompió a llorar, se arrodilló y me contó toda la verdad. Yo tenía ocho años y me entristecí y alivié a la vez. Y necesité saber más.

¿Y averiguó algo?
Que mi madre chilló para que los militares no se me llevaran también. Los militares no querían escándalo y permitieron que mi madre me dejase con un vecino. Ese vecino sabía que los militares volverían a buscarme…

¿Sí? ¿Para qué querrían un bebé?
¡Para regalarme a alguna familia del régimen! Volvieron y no me encontraron: el vecino contó a los militares que unos familiares habían venido a recogerme…, y le creyeron. Pero me había entregado a otro vecino.

¿Qué pasó con usted?
Mis abuelos me localizaron, me ocultaron, me sacaron clandestinamente de Argentina. Me crié en Uruguay. Siempre lloraba…

¿Se politizó al conocer la verdad?
A los trece años se hizo pública mi historia y varios partidos me quisieron, pero yo dije: “La política ya salió muy cara en mi familia”.

Y se apartó de la política.
Fui dj en la radio musical, gané dinero, alcancé popularidad, coche, muchas novias…

Qué bien.
Era incapaz de comprometerme con una mujer. ¡Hoy sé por qué! Dentro de mí, temía ser abandonado por una mujer… como siendo bebé. ¡Por eso tenía varias mujeres!

¿Y le preocupaba eso?
Sentía que algo no estaba bien dentro de mí, aunque afuera pareciese que sí. Entonces me quedé sin trabajo, y me deprimí, enfermé… Seguí un tratamiento, hasta que mi psicoterapeuta dictaminó: “Yo ya no puedo hacer más: a ti te curarán los indios”.

¿Qué indios?
Poco después, un chamán indígena me indicaba el árbol bajo el que debía pasar varios días en soledad y ayuno casi total…

¿Para qué?
Quise probar. Y resistí. A la quinta noche, estando acostado, oí una voz en mi cabeza: “Ahora sabrás lo que le pasó a tu madre”.

¿Se asustó?
No. Me desplacé por túneles subterráneos hasta desembocar en una celda, tumbado boca arriba, y sentí lo que mi madre sintió…

¿Y qué sintió?
Dolores terribles mientras la violaban durante días, con un único pensamiento: “¡Dios mío, que mi niño esté bien, que no le pase nada a mi hijito, cuánto le amo!”.

Qué espanto.
Y una voz iba contando meses de mi edad: al llegar a “dos años y dos meses y medio”, sentí un gran dolor, la luz del techo bajó… y fin. Y volvió la voz: “Ahora, tu padre”.

¿La muerte de su padre?
Aparecí en otra celda, sentí lo que sentía él: dolor físico y este solo sentimiento: “¡Que a mi esposa y a mi hijo no les pase nada!”. Luego la cuenta: “Dos años y tres meses”. Dolor de huesos quebrados, agua que me sube hasta la cabeza… y una luz y luego la paz.

¿Le cambió esa experiencia?
Entendí que no había sabido conectarme con el amor de mis padres, que había vivido con rabia y rencor. Me abracé a su amor y me perdoné. Hoy vivo en el amor.

¿Se ha reconciliado con la vida?
Sí. Hace pocos años, el vicepresidente me dio un documento que reconoce la tortura de mis padres y que resistieron hasta el 2 de mayo de 1978. Yo le solté: “¡Según mi fuente, mi padre murió quince días después!”.

Es lo que su visión le reveló, ¿no?
Extrañado, rebuscó en los archivos y tuvo que rectificar: “Su fuente tiene razón, ¡ha habido un error! Aquí veo que su padre fue arrojado al Río de la Plata el 16 de mayo”. ¡Los huesos rotos, el agua que le subía…!

¿Qué haría si hoy se topase con los asesinos de sus padres?
Uno me confesó haber hecho todo eso a otras personas, y me imploró que le perdonase: “Nada tengo que perdonarte: ¡sólo tú puedes perdonarte a ti mismo!”, le dije.

¿Cómo es hoy su vida?
Cuento mi historia y ayudo a otros a vivir de acuerdo con la ley del amor.

¿Y cuál es la ley del amor?
Da todo el amor que puedas, pide todo el amor que necesites. Y todo lo que hagas a otros te lo haces a ti… Y, con un proverbio cheroqui, enseño que juzgar no es amar.

Enséñeme el proverbio cheroqui.
“Siempre que señales a alguien… fíjate en que tres dedos están señalándote a ti”.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120719/54326507666/la-contra-alejandro-corchs.html

Entrada en lo Absoluto con 5-MeO-DMT. Experiencia de Stanislav Grof.

El sapo Bufo alvarius se encuentra en los desagües de ríos y arroyos permanentes del Desierto de Sonora. Esta especie desarrolló unas glándulas especializadas, localizadas particularmente en el cuello y en las extremidades, que producen una secreción viscosa de color blanco leche que los protege del calor del desierto.  Estas secreciones contienen una alta concentración de 5-metosidimetiltriptamina (5-MeO-DMT), un compuesto con extraordinarias propiedades psiquedélicas.

Esta sustancia fue, en primer lugar, sintetizada en un laboratorio químico en 1936, más de 20 años antes de que los modernos americanos descubriesen sus efectos psiquedélicos. Sin embargo, los nativos llevaban conociendo esos efectos desde siglos atrás, y utilizaban esa sustancia para sus prácticas chamánicas. Resultó que el mismo principio activo es también responsable de los efectos de los rapés psiquedélicos de origen vegetal, tales como la virola o el epená, utilizados por los tucanos, los waika y los indios araraibo de Brasil y Venezuela.

La sustancia seca obtenida extrayendo y vaporizando las secreciones de la piel del Bufo alvarius mediante calor contiene aproximadamente el 15% del principio activo. Fumar las secreciones secas produce en pocos segundos un estado psiquedélico que puede ser psicológicamente muy estimulante debido a la rapidez de su llegada y a su abrumadora intensidad. El descubrimiento de los efectos de estas secreciones por la generación psiquedélica fue un éxito. Ello inspiró la fundación de la Iglesia del Sapo de Luz, cuyos miembros fuman esta sustancia como sacramento en sus ceremonias.

Yo había tenido alguna experiencia previa con derivados relacionados con la triptamina: dimetiltriptamina (DMT) y dietiltriptamina (DET) de nuestros primeros experimentos en Praga, y dipropiltriptamina (DPT) de nuestros estudios en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland. Pero la oportunidad para llegar a comprender el secreto del Sapo de Luz llegó cuando mi amigo Paul apareció delante de nuestra puerta con una imponente provisión de 5-MeO-DMT. Esta sustancia no estaba incluida en la Lista I y podía ser conseguida fácilmente por los químicos como punto de partida para la síntesis de otros compuestos.


Despegue. Disolviendo la realidad ordinaria.  

Bajo la supervisión de Paul, puse una pequeña cantidad del polvo blanco sobre la superficie de un vaso y trabajé con él un rato con una hoja de afeitar para hacerlo tan fino como fuera posible. Luego formé con el polvo dos montones iguales y puse el resto en una pipa llena de perejil seco. Mientras Paul encendía la pipa, enrollé un billete de dólar hasta conseguir un estrecho tubo y esnifé los dos montones, cada uno por un orificio nasal diferente. Cuando terminé, tomé dos o tres profundas chupadas de la pipa. Después, calculé la dosis conjunta de 5-MeO-DMT que había tomado y me di cuenta de que era muy alta, probablemente alrededor de 15 miligramos.

El principio de la experiencia fue muy repentino y espectacular. Me sentí golpeado por un rayo cósmico de inmenso poder que instantáneamente hizo pedazos y disolvió mi realidad cotidiana. Perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba, que desapareció completamente como por arte de magia. En el pasado, cada vez que había tomado una alta dosis de psicodélicos, me gustaba echarme y ponerme cómodo. Esta vez, cualquier preocupación al respecto era irrelevante, ya que perdí la conciencia de mi cuerpo, así como de mi entorno. Tras la sesión, me dijeron que después de tomar un par de chupadas, me quedé sentado allí por varios minutos como una escultura, manteniendo la pipa cerca de mi boca. Christina y Paul tuvieron que coger la pipa de mi mano y recostar mi cuerpo sobre el colchón.

En todas mis sesiones anteriores, siempre había conservado una orientación básica. Sabía quien era, dónde estaba y por qué estaba teniendo experiencias insólitas. Esta vez, todo se disolvió en cuestión de segundos. La conciencia de mi existencia cotidiana, mi nombre, mi paradero y mi vida desaparecieron como por arte de magia. Stan Grof… California… United States… la Tierra… esos conceptos apenas resonaron por algunos momentos como imágenes de sueño en la lejana periferia de mi conciencia y luego se alejaron totalmente. Me esforcé por recordarme a mí mismo la existencia de las realidades que solía conocer, pero de pronto habían dejado de tener sentido.

En todas mis anteriores sesiones psiquedélicas, siempre había habido algún rico contenido específico. Las experiencias estaban relacionadas con mi vida presente (la historia de mi infancia, nacimiento y vida embrionaria) o con varios temas de dominio transpersonal (experiencias de mi vida pasada, imágenes de la historia de la humanidad, visiones arquetípicas de dioses y demonios o visitas a varios ámbitos mitológicos. Esta vez, ninguna de estas dimensiones parecía existir, ni mucho menos manifestarse. Mi única realidad era un amasa radiante de remolinos de energía de inmensas proporciones que parecían contener toda la existencia en una forma condensada y totalmente abstracta. Me convertí en Consciencia frente al Absoluto.

Tenía la brillantez de miríadas de soles, pero no se parecía a ninguna luz que yo conociera de mi vida cotidiana. Parecía ser pura Consciencia, inteligencia y energía creativa que trascendía todas las polaridades. Era infinito y finito, divino y demoníaco, terrorífico y extático, creativo y destructivo: todo eso y
mucho más. No tenía conceptos ni categorías para definir lo que estaba observando. Frente a tal fuerza, no podía conservar un sentimiento de existencia separada. Mi identidad ordinaria se rompió y disolvió; me volví uno con la Fuente. En retrospectiva, creo que debí experimentar el Dharmakaya, la Clara Luz Fundamental, que, según el Libro tibetano de los Muertos, el Bardo Thödol, aparece en el momento de la muerte. Tenía alguna semejanza con lo que encontré en mi primera sesión de LSD, pero era mucho más sobrecogedor y extinguió completamente cualquier sentimiento de identidad separada.


Regreso al universo

Mi encuentro con el Absoluto, duró aproximadamente 20 minutos, tal como fue medido por los observadores externos. En lo que a mí se refiere, durante toda la duración de mi experiencia, el tiempo cesó de existir y perdió cualquier significado. Después de lo que pareció una eternidad, imágenes específicas parecidas a sueños y conceptos comenzaron a formarse en mi campo experiencial. Empecé a intuir fugaces imágenes de un cosmos con galaxias, estrellas y planetas. Después, visualicé paulatinamente un sistema solar y, en él, la Tierra, con grandes continentes.

Al principio, dichas imágenes eran muy lejanas e irreales, pero, a medida que la experiencia iba siguiendo su curso, empecé a sentir que esas realidades podían realmente tener una existencia objetiva. Poco a poco, se fueron cristalizando en imágenes de los Estados Unidos y California. Lo último en emerger fue el sentimiento de mi identidad cotidiana y la consciencia de mi vida presente. Al principio, el contacto con la realidad ordinaria fue extremadamente vago. Reconocía dónde estaba y en qué circunstancias. Pero estaba seguro de haber tomado una dosis excesiva y que realmente me estaba muriendo. Durante algún tiempo, creí que había experimentado el Bardo, el estado intermedio entre mi vida presente y mi nacimiento en la próxima encarnación, tal como lo describen los textos tibetanos.

Mientras iba recuperando un contacto más sólido con la realidad ordinaria, alcancé un punto en que supe que estaba de vuelta de una sesión psiquedélica y que había sobrevivido al experimento. Estaba tumbado allí, todavía sintiendo que me estaba muriendo, pero ahora sin el sentimiento de que mi vida presente estaba amenazada. El estar moribundo parecía relacionado con escenas de mis encarnaciones anteriores. Me encontré en muchas situaciones dramáticas que ocurrían en diferentes partes del mundo a través de los siglos, todas ellas peligrosas y dolorosas. Varios grupos de músculos de mi cuerpo se sacudían y temblaban, como si mi cuerpo estuviera herido y muriéndose en esos diferentes contextos. Sin embargo, mientras mi historia kármica estaba siendo interpretada por mi cuerpo, me encontré en un estado de profunda dicha, completamente despegado de esos dramas, que persistieron incluso después de que cualquier contenido específico hubiera desaparecido de mi experiencia.


Rescoldo y lecciones.

Cuando trabajaba en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland, solíamos guardar un período para el estado que experimentaban muchos de nuestros clientes, a lo largo de varios días y a veces semanas, tras una sesión psiquedélica buena y bien integrada. Lo llamábamos “rescoldo psiquedèlico”. Mi rescoldo después de esa experiencia fue inusitadamente intenso, profundo y de larga duración. Podía trabajar en las galeradas de mi libro con extraordinaria precisión y capacidad de concentración. Pero, cuando decidía tomar un descanso y cerrar los ojos, volvía a estar en segundos en un estado de rapto extático y experimentaba un sentimiento de unidad con todas las cosas. Mis meditaciones eran excepcionalmente profundas y parecían ser el estado más natural que pudiese imaginar.

La sesión me dejó con un hondo respeto y aprecio por el poder de las herramientas utilizadas por los chamanes. A menudo tuve que reír por la arrogancia de los principales psiquiatras, que consideran las técnicas chamánicas como productos de supersticiones primitivas y juzgan sus propios estratagemas, como la libre asociación en el diván o la terapia conductista, como enfoques superiores y científicos de la psique humana.

Desde esa experiencia tengo un mayor aprecio por el principio de varios sistemas esotéricos que rezan que la más noble verdad se encuentra a menudo en lo más humilde. Me acuerdo de ello cada vez que oigo o leo el famoso pasaje de As you like it  de Shakespeare:


Como el sapo feo y venenoso, 

lleva siempre una gema en la cabeza;

así nuestra vida, aislada del trato social,

halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos,

sermones en las piedras y el bien en todas las cosas.

Yo no la cambiaría. 

Experiencia con Peyote, conversando con Dios.

Un sábado por la noche empezó una ceremonia de Peyote a las orillas de la ciudad de México. Había invitado unos amigos, pero no fueron, uno de ellos se negó diciendo que no asistía a ceremonias así, haciéndome entender que creía que era por lucro. Mi opinión era distinta, nadie trabaja gratis, todos tienen que comer, además de lo que tienen que reponer por la medicina sagrada, el traslado y todo, era en realidad algo bastante accesible.

Como pude ver después el espíritu del hukiru (el peyote), el venado azul, me había invitado a su fiesta. La casa de este venado azul es Wirikuta, el desierto que abarca gran parte de San Luis potosí, México, donde crece mucho Peyote, espíritu muy venerado por los indígenas huicholes del occidente de México.

El marakame (chamán) estaba sentado en una silla esperando el momento indicado para iniciar la ceremonia, la fogata estaba prendida en medio del patio, nos dieron unas velas a cada uno. Platiqué con algunas personas en la ceremonia, la mayoría bastante accesibles. Platiqué con el marakame, le dije que tenía un problema en mi vida, que no sabía qué hacer en el futuro, a que dedicarme, qué camino tomar, él me dio algunos consejos donde me habló de pensar bien las cosas, de la fe, de amar a lo que te dedicas lo más posible, de conocerme bien a mí mismo, entre otras cosas.
Nos dijeron que hiciéramos un círculo, que la ceremonia iba a empezar en unos momentos. Luego nos acercamos a la fogata y nos limpiamos con unas ramas, nos dijeron que era algo simbólico y entendí bien lo que decían, así que lo hice.

Empezaron a servirnos la medicina sagrada y la empezamos a tomar, era el Peyote molido con agua. Luego el marakame empezó a rezar, supongo que en idioma huichol, lo que concordé con un amigo que conocí en la ceremonia es que el chamán dirigía el discurso a todos pero cada uno escuchaba lo que necesitaba escuchar, algunas ocasiones mientras tenía los ojos cerrados presentía que el chamán estaba hablándome a mí, yo abría los ojos y él estaba ahí dirigiéndome el cuerpo, aunque tal vez no la mirada. Su rezo era algo místico. Una persona nos presentaba el sahumerio, madera que dejaba un agradable aroma, nos levantábamos mientras nos esparcía el humo en el cuerpo, pensé que era para protegernos de algún modo durante el viaje espiritual.

Recuerdo cómo cerraba los ojos y empezaba a ver sombras, demonios, presencias, diseños geométricos, entre otras cosas; recuerdo que de momentos sentía que esas energías dirigían su mirada hacia mí y yo les decía “no me miren a mí, miren al fuego” sin saber quiénes eran, si eran buenas o malas, y empezaban a mirar al fuego y sentía más mi existencia. Veía sin ver, tenía los ojos cerrados y seguía viendo no lo mismo, pero cosas parecidas; era como si se me hubiera abierto otro mundo que percibía con los ojos cerrados, recuerdo que los colores eran los mismos, el negro de la noche y el rojo del fuego.

Escuchaba atentamente el rezo del marakame que parece que lo hacía mientras contaba las plumas de un collar y dijo “todos prendan su vela” y procedimos a hacerlo, el espíritu del hikuri se sentía en la ceremonia, había un gran ambiente al respeto. Más tarde apagamos la vela, sólo fue un momento. Me acuerdo que todo empezó a cobrar un gran significado simbólico, cada acto, cada cosa que sucedía transmitía un gran significado profundo.

Recuerdo que mientras iba avanzando la ceremonia sentía una especie de comunicación con Dios, parecía un diálogo interno, pero no era un simple diálogo interno, porque había alguien que me respondía y hablaba algo así como telepáticamente. Vi que todo en la vida tenía espíritus, el espíritu de la muerte, el espíritu de la vida, el espíritu de nuestros ancestros, cosas que incluso creemos inanimadas existen y tienen un espíritu, el espíritu del fuego por ejemplo, el peyote tenía un espíritu muy poderoso. También sentía algo de desrealización, la sensación de ver las cosas un tanto irreales, algo así como si fueran de ensueño, digamos que un cambio fuerte en cuanto a percepción visual.

Estaban cantando en la ceremonia “Hirukito y Ayahuasca son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico (pronunciaban: meshico) son hermanos; el marakame y el taita son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos; el cóndor y el águila son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos”…
Otro que cantaban creo que iba así “…maíz para vivir, vivir para morir, morir para la tierra, la tierra para las macetas, macetas para las flores, las flores para las niñas, las niñas para los niños, los niños para ser hombres, los hombres para el trabajo, trabajo para los burros, los burros para la leña, la leña para el fuego, el fuego para {…}”

Me sentía en otra dimensión donde podía entender mejor la vida, veía el mundo espiritual y me sentía mal por haber ignorado ese mundo estando siempre ahí presente. Pregunté qué debía hacer con mi vida y la respuesta fue un estado de éxtasis, me puse a alabar al fuego, mientras sentía una increíble beatitud, acercándome a algo así que me imagino que debe ser el nirvana, veía una increíble luz, sentía una gran felicidad y amor, y me sentía en un universo divino, entonces me di cuenta que la respuesta fue que lo más importante era ser feliz y eso es lo que debía hacer en mi vida.
Empecé a recordar cosas de mi vida, en particular algunas malas que me causaban dolor, y me puse a llorar, pero no lloraba solo de dolor y tristeza, lloraba de alegría, de amor, de nostalgia, no sabía de qué lloraba realmente, yo solo lloraba; ya no controlaba mi cuerpo, parecía como si fuera el espíritu venado azul el que lo controlaba y me decía lo que debía hacer, primero me enseñó a dar gracias, luego me enseñó a llorar y me hizo darme cuenta que llevaba mucho tiempo sin hacerlo y sentí que lo necesitaba, que era una medicina para mi alma. Abracé al amigo que apenas acababa de conocer en la ceremonia, lo abracé y lloré sobre él, al rato él me dijo que dejara de llorar y que celebrara con los demás que estaban cantando, yo le dije “quiero llorar” y unas personas que me escucharon me dijeron “sí, llora, llora”. Pasaron por mí muchas cosas de mi vida y las recordé, sentí que de alguna forma me estaba purificando, que llorar me estaba ayudando a sacar las cosas negativas de mí; luego el espíritu venado azul me enseñó a pedir perdón y pedí perdón por todo, absolutamente todo, sin dejar de llorar y así estuve hasta el amanecer.

Recuerdo que durante toda la madrugada yo pedí mucha medicina, porque sentía que el venado azul me decía que bebiera, que no tuviera vergüenza, que la necesitaba y eso era todo, que no me importara lo que los demás pensaran, y así hice, y cuando amaneció tomé la olla donde estaba el agua de peyote y enfrente de todos tomé lo que restaba, lo cual supongo se debió haberse visto bastante cómico y algo extraño, pero no me importó como sentía que me decía el espíritu que no me importaran los demás, que yo a lo mío, a mi curación y eso era todo.
Después de tomar lo que restaba de la olla seguí llorando, con lo que los demás respondieron con un “oohh!” como de decepción, pues todos me estaban viendo. Luego caminé hacia el marakame, le di las gracias y le dije que realmente lo necesitaba, creo que incluso le besé la mano, le lloré, recuerdo que me dieron de beber agua donde había unos pétalos amarillos, que cerré los ojos y me rociaron con agua, y que cuando abrí los ojos tenía agua en la manos, y me dijeron “ya volvió”, también me dijeron “siempre hay un tiempo para volver”, “la ceremonia apenas empieza” (haciendo analogía con la vida). Me dijeron “deja de tener miedo” y yo les dije “no tengo miedo, en serio”, como que me vieron temblando o algo así, le seguí dando las gracias al marakame y alguien me dijo “dale gracias al fuego, él es el jefe mayor” y fui y le di gracias al fuego, de nuevo alguien me dijo “deja de tener miedo” y yo respondí “en serio no tengo miedo” y me respondió “¿no tienes miedo?, ¡Denle otro peyote!”, respondí sacado de onda “¡No, si tengo miedo y respeto!”. Poquito después me salí del círculo y quise vomitar, estuve a punto pero no vomité, recuerdo que el tiempo se vivía muy intensamente y que reflexionaba muchas cosas cada instante, algo que ya había sentido con la Ayahuasca pero con mayor intensidad, me puse mucho más mareado de lo que ya estaba. Unos perros que andaban por ahí se me acercaron, uno en especial y yo le hablé y le pregunté “¿Que tienes?” y sentí que me respondía telepáticamente que estaba triste y yo lo acaricié, cerré los ojos y vi que era el venado azul, lo abracé hasta que un momento como que el perro me gruñó.

Tuve una extraña alucinación donde alguien me decía “soy el venado blanco” y yo me quedé “¿el venado blanco?, ¿no era azul?” y él me contestó “¿cuántos ves acá?” y veía entre los arbustos y los arboles que estaban al fondo como a venados corriendo y me decía “tienes que buscarme, levántate y corre, tienes que cazarme”, y me quedé un momento como pensativo, hasta que agarré la onda de que había sido una alucinación. En otra ocasión vi al venado azul, de nuevo el perro pasó cerca y de repente en vez de ver al perro vi al venado azul y escuché que me decía “¿Te es suficiente o quieres verme más claramente?” y me bastó.

Le seguí dando gracias a Dios y sentía que me respondía “gracias a ti hijo, eres muy valioso”. Tuve una serie de reflexiones y de diálogo con Dios donde me enseñaba que solo existe una verdad absoluta, que todos podemos tener diferentes perspectivas de la realidad y de cada cosa, pero que una cosa es la perspectiva que es una forma de aproximarse a la verdad y otra cosa es la verdad absoluta que como humanos no somos capaces de alcanzar, sólo Dios la tiene. Otro diálogo donde me enseñó que no sólo se debe razonar para alcanzar la verdad, también hay que saber intuir y me di cuenta que no era bueno intuyendo, que había una gran intuición que no se demostraba con la razón, y eso era Dios y el amor, que en realidad son lo mismo. Vi que tenía que luchar por la verdad, esforzarme por alcanzarla, que nadie me la iba a dar así simplemente. Recuerdo que le pregunté al venado azul qué debía hacer de mi vida y me dijo “sacia tu sed, se aquí, allá, donde quieras, simplemente se, existe”, me dijo que hiciera lo que me gustara y que cuando así fuera iba a dar lo mejor de mí, encontrar mi camino, dar algo de mí a la sociedad.

Vi que no valía más ni menos que los demás, que estaba en un equilibrio con los demás, que ser mejor es algo que nadie debe envidiarme, en cambio ser arrogante, egoísta o abusivo eran cosas que me destruían con los demás. Vi que había una sabiduría a la que estaba accediendo gracias a Dios y me pregunté cual sería el mayor grado de sabiduría que podría aspirar un ser humano y me di cuenta que ello era alcanzar la iluminación, le pregunté a Dios “¿puedes hacerme un iluminado?” y me di cuenta que el sintió tristeza y me dijo que no podía, le pregunté “¿por qué no puedo ser un iluminado?”, me dijo sólo unos cuantos estaban elegidos por él y eran personas muy especiales con una gran misión en la tierra cuando el fin del mundo se acercara. Vi que el fin del mundo se acercaba, me acordé de una parte del apocalipsis que decía que cuando el fin se acercara señales habría en el cielo anunciándolo, y vi las señales, la contaminación ambiental, el calentamiento global, la rapidez con que se estaban agotando los recursos como el agua y los energéticos como el petróleo, el cada vez más sofisticado armamento nuclear, biológico y químico de las potencias mundiales que en caso de una tercera guerra mundial podría provocar una aniquilación mutua. Dios me dijo “ama a tus enemigos” y yo me quedé “¿amar a mis enemigos? ¡Pero es mucho!”, Dios me respondió “¡Mucho, si yo te he dado todo!”, yo le dije “pero no me has hecho un iluminado”, y me respondió “¡Hijo, pero te he dado todo, todo lo que puedo, y tú porque no puedes amar a tus hermanos, aunque sean tus enemigos!” y me di cuenta de que no podía ser un iluminado porque no podía entender del todo porque debía amar a mis enemigos.

Vi el paraíso en la Tierra y que era posible manteniendo algunas actitudes, sabiendo sonreír siempre a la vida pase lo que pase, inclusive sabiendo sonreír ante el sufrimiento y las desgracias, siempre ser felices independientemente si logramos o no nuestras metas e ilusiones, siempre hacer lo que debamos hacer sin enojarnos o entristecernos, simplemente hacer lo que se debe hacer y sonreír, amar a nuestros semejantes, incluso a nuestros enemigos, aunque para mí esto no significa permitir ser abusado, más bien saber hacer de tu lado a tus enemigos, no tú de su lado, aprender absolutamente de todas las personas y crear paz; siempre tener fe en la vida, en uno mismo y en que la felicidad perdure; esforzarnos con todo el amor posible y dar lo mejor de nosotros mismos. Pensé que sabiendo ver la vida así no debíamos temer ni al fin de la humanidad, ni a la muerte.

Poco a poco fui regresando más a la lucidez cotidiana, en la tarde y noche de ese mismo día cuando sólo tenía los efectos residuales me acordé del drama que había hecho en la ceremonia cuando me puse a llorar y me bebí lo que sobraba del peyote enfrente de todos y me dio vergüenza, pero ahora sé que no tiene importancia, que simplemente hice lo que el espíritu del hikuri me dijo que debía hacer, que además me enseñó que no debía importarme lo que los demás pensaran de mí, que simplemente hacer lo que me tocaba hacer y no depender de lo que pensaran los demás, de hecho ahora me da algo de gracia por lo cómico que debió haberse visto.

Para terminar quiero decir que el Peyote merece un gran respeto para que sus secretos se le sean revelados a uno, porque guarda un verdadero espíritu dentro de él, eso es lo que pude sentir y ver, guardarle este respeto también significa no abusar de él porque el Peyote se está agotando cada vez más en su tierra sagrada wirikuta, y que en verdad es un espíritu que guarda grandes misterios que requieren mucho esfuerzo para descifrar, pues te habla en mucho simbolismo, las respuestas que te da a veces no son literales sino que implica esfuerzo para descifrar su significado profundo.

Tratando la depresión con cannabinoides.

En varios estudios prospectivos se ha asociado el consumo de cannabis con un mayor riesgo de desarrollar depresión y ansiedad, especialmente cuando se realiza durante la adolescencia. Parece haber menos evidencia de una correlación durante la edad adulta entre la depresión y el consumo de cannabis. Por otro lado los pacientes, en numerosas encuestas y entrevistas, han informado de un efecto anti-depresivo y ansiolítico del cannabis. Los enfermos que sufren de enfermedades crónicas afirman que el consumo de cannabis no sólo mitiga los síntomas físicos, como el dolor, las náuseas y la falta de apetito, sino también mejora el bienestar general y disminuye la ansiedad y la depresión.
En varios estudios clínicos, en los que fueron monitorizados los parámetros subjetivos, los cannabinoides no sólo mejoraron los síntomas físicos, sino también dieron lugar a mejora del bienestar y a efectos antidepresivos cuantificados. Un estudio realizado por Musty (2002) con voluntarios sanos que fumaban cannabis mostró una correlación positiva de puntuaciones en una escala de depresión (la MMPI), lo que indica un efecto antidepresivo. Estos indicios de un posible papel terapéutico en los síntomas de la depresión alentó al autor a iniciar la administración de dronabinol a determinados pacientes seleccionados con depresión.



Experiencias en la práctica médica


El autor pasa consulta como médico generalista en el centro de Viena, donde vive y trabaja una gran población de jóvenes. A finales de los 90’s comencé a administrar de manera selectiva dronabinol a los pacientes más jóvenes a los que no les iba bien con los antidepresivos disponibles, por los efectos secundarios o por falta de eficacia terapéutica. En Austria, el ingrediente activo de la cannabis está disponible para tratamiento médico desde 1998. La mayoría de estos primeros enfermos, que sufrían de depresión reactiva o síndrome de desgaste (o burnout), conocían bien el potencial terapéutico del cannabis y consideraron razonable probar con el dronabinol. Entre 2003 y 2006 he tratado en mi consulta con dronabinol a unos 250 pacientes que sufrían de una amplia gama de enfermedades. Unos 75, lo que representa el 30%, sufrían depresión, sensación de sentirse abrumado o síndrome de desgaste. Fijamos una dosis inicial, durante varios días, de 2’5 mg de dronabinol por cápsula, hasta una que, en general, osciló entre 5 y 7’5 mg al día. Para casi el 80% de los enfermos el uso de la medicación se correlacionó con una rápida mejora del ánimo deprimido o la sensación de sentirse abrumado.

Sólo el 20% de ellos no experimentó mejora significativa del ánimo. A este grupo le administramos una terapia combinada de dronabinol y un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) como el hidroclorido de fluoxetina a dosis de 20 mg al día, o un inhibidor de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRN) como el milnacipran 50 mg al día. Este
tratamiento dio lugar a una rápida y satisfactoria mejoría de la depresión y la falta de vitalidad. Los efectos secundarios fueron generalmente pequeños. La dosis diaria efectiva de dronabinol en general varió entre 7’5 y 12’5 mg al día. Sólo unos pocos pacientes requirieron una mayor, por lo general los que también sufrían trastorno del sueño.



Casos clínicos
Presentamos dos casos clínicos seleccionados de un gran número de tratamientos exitosos.

Caso 1.
La Sra. H. vino a mi la consulta hace seis años, cuando tenía 48. Presentaba un largo historial psiquiátrico con episodios de depresión, y abuso de alcohol y drogas, en particular de benzodiacepinas. Había estudiado magisterio, y en la actualidad estaba retirada pero continuaba trabajaba como actriz.
Cuando iniciamos el tratamiento se encontraba en una difícil situación. Su padre había fallecido recientemente y estaba muy deprimida, incluso presentaba ideas suicidas. El intenso consumo de drogas, como por ejemplo de oxazepám y alcohol, complicaban aún más su situación. Tras un amplio debate iniciamos un tratamiento con dronabinol oral 5 – 7’5 mg al día.
Después de 6 años de consumo de dronabinol la Sra. H. ahora es una experta con el uso del medicamento. Dependiendo de sus síntomas toma entre 2 y 4 cápsulas de 2’5 mg al día. Dejó la adicción a las benzodiacepinas y actualmente no bebe alcohol. Como terapia complementaria toma 2’5 mg al día de olanzapín (un neuroléptico atípico), 25 mg de venlafaxín (ISRN) y, si fuera necesario, trazodón (un ISRS). Dice que con el tratamiento con dronabinol ha mejorado su calidad de vida de manera significativa. Se siente más estable que antes, y los crónicos y recurrentes episodios de depresión son menos graves. Su velocidad de reacción cuando conduce se ve mermada. Antes de iniciar un viaje en coche, suele suspender el consumo de dronabinol durante una semana, lo que le provoca síntomas psíquicos de abstinencia.

Caso 2.
La Sra. F. visitó por primera vez nuestra consulta a los 22 años y recibió un tratamiento durante un período de 12 meses. En aquel momento padecía estrés acompañado de dolor de cabeza y migraña, asma, neurodermatitis y desorden e inestabilidad emocional y personal.
El más destacado fue un síndrome depresivo agudo que requirió que tuviera que ser tratada en la consulta de psiquiatría del Hospital General de Viena. Tras abandonar varios colegios y cambiar muchas veces de empleo, la paciente quiso, a pesar de no contar con tratos familiares, mejorar sus deprimentes condiciones sociales y físicas. Tampoco estaba muy conforme con tener que tomar hasta los diez medicamentos que le venían prescribiendo. Además de antidepresivos como la fluoxetina y el mianserín, neurolépticos como el protipendil, sedantes y antialérgicos como la hidroxicina, AINE como el diclofenaco, inhibidores de la bomba de protones como el rabeprazol, analgésicos como la propifenazona y el tramadol, tomaba a diario antiasmáticos como el sulfato de terbutalina según lo estipulado por muchos
otros médicos.
Dado que no deseaba continuar con esta terapia multimedicamentosa, vino a nuestra consulta en busca de una más simple y natural, que implicara no más de dos fármacos. El principal objetivo del tratamiento era corregir su depresión aguda, que no había mejorado a pesar del uso de los diversos medicamentos. Tras una profunda consulta previa, la paciente optó por una monoterapia con dronabinol. Después de varios días elevamos la dosis inicial de 2’5 mg a 7’5 mg diario.
Tras unos días de tratamiento observamos una mejora significativa de su estado depresivo y de las distintas enfermedades concurrentes. Durante el primer mes subimos la dosis diaria de dronabinol a 10 mg, y 12 meses después de que empezara el tratamiento su situación física y psicosocial se estabilizó en esa dosis. Más tarde, como consecuencia de reanudar las relaciones con su familia, se mudó a otro estado y dejó de acudir a nuestra consulta.


Conclusiones


En resumen, la experiencia que aquí presentamos sugiere que los médicos generalistas son capaces de tratar un gran número de enfermos con depresión o síndrome de desgaste sin grandes complicaciones. La mayoría de los pacientes no recibieron de sus distintos seguros de salud reembolso por el dronabinol comprado, a diferencia de los que padecen enfermedades físicas, como cáncer o esclerosis múltiple, a los que los seguros de salud de Viena pagan casi el 60% del coste del mismo.
Estos resultados coinciden con los obtenidos tras entrevistar a los pacientes, con los estudios clínicos sobre el efecto del consumo de cannabinoides sobre el ánimo y con los experimentos con animales. En estos últimos, la administración de agonistas de los receptores cannabinoides exógenos, así como la inhibición de la degradación del endocannabinoide anandamida dio lugar a efectos antidepresivos. Hasta ahora no se han realizado ensayos clínicos con cannabinoides donde se analice como papel primario su posible eficacia en la depresión. En mi opinión, estos estudios son atractivos y prometedores.

Artículo original.

Ciencia Psicodélica.

Desde hace ya años la ciencia está experimentando un renovado interés por el campo de las substancias psicodélicas. Un interesante campo la investigación del cual se paralizó en gran parte hacia la década de los 70.

Un gran número de substancias, desde la LSD hasta la psilocibina, ofrecen un amplio abanico de posibilidades terapéuticas que intentan reservar su localidad en la gran llanura de los tratamientos médicos, lo que ocurre es que ninguna plaza se adecua a sus características. No estamos ante los clásicos medicamentos de receta, sino, en su mayoría, a herramientas que deben utilizarse siempre bajo un contexto psicoterapéutico. Además de romper ese esquema con el que cuentan todos los fármacos, también hay que contemplar el hecho de que estas substancias inducen estados no ordinarios de conciencia. Dichos estados, que por ellos mismos no causan ningún problema, (más bien al contrario, todo son beneficios), están culturalmente mal vistos, y cuentan con un estigma y connotación negativa difíciles de anular. No deja de ser una gran paradoja, pues el mismo sueño REM es claramente un estado no ordinario de conciencia en toda regla.

Dejando de lado estos asuntos, pasemos a lo que interesa. Con este post quería compartir un poco de información básica sobre la ciencia Psicodélica. La siguiente tabla muestra la historia resumida de las drogas psicodélicas, desde que estas se fusionaron con la ciencia.

1897. Aislamiento e identificación de la Mescalina, por A. Heffer.

1919. Síntesis de la mescalina, por E. Spath.

1926. Síntesis del PCP.

1938. Síntesis de la LSD, por A. Hofmann.

1943. Descubrimiento de los efectos psicoactivos de la LSD, por A. Hofmann.

1947. Primer estudio con LSD en humanos, por W. Stoll.

1952. Primer estudio con LSD para el tratamiento de la depresión, por Savage.

1953. Primer ensayo clínico con LSD usando terapia psicolítica, por R. Sandison.

1958. Aislamiento y síntesis de la psilocina y psilocibina, por A. Hofmann.

1962. Síntesis de la ketamina.

1963. La LSD aparece en las calles.

1965. Introducción del término “anestesia disociativa” por E. Domino.

1966. Sandoz deja de suministrar LSD.

1970. La LSD, psilocina y mescalina son colocadas en la Lista I en EEUU.

1983. Demostración del efecto antagonista del PCP sobre los receptores de NMDA, por N. Anis.

1988. Demostración del efecto agonista de la LSD sobre la serotonina. / Primer estudio de neuroimagen en mescalina.

1990. Primer estudio de neuroimagen con psilocibina y ketamina.

1999. La ketamina es puesta en la Lista II en EEUU.

A continuación paso a compartir algunos estudios que se han realizado con LSD, MDMA, Iboga, Ayahuasca o Psilocibina. Solo es una pequeña muestra de toda la documentación que puede encontrarse en distintos buscadores (PubMed, GoogleAcademics, etc.)

LSD

Tratamiento de las cefaleas en racimo.

Meta-análisis sobre el tratamiento del alcoholismo.

Casos curados de psicopatía y autismo.

Tratamiento de la ansiedad asociada a las últimas etapas de enfermedades terminales.

MDMA

Seguridad en el tratamiento con MDMA del TEPT.

Acción anticancerígena del éxtasis.

Cómo puede ayudar la MDMA en los trastornos de ansiedad.

Estudio piloto: Seguridad y eficacia de la psicoterapia asistida con MDMA en pacientes con TEPT crónico y resistente al tratamiento convencional

Psicoterapia asistida con bajas dosis de MDMA en una pequeña muestra de mujeres con TEPT crónico

Duración de la mejora en los síntomas del TEPT tratado con psicoterapia asistida con MDMA. Estudio de seguimiento a largo plazo.

Iboga

Explicación molecular del tratamiento del alcoholismo con Ibogaína.

Selección de resúmenes de estudios con Iboga.

Evaluación a largo plazo de drogodependientes tratados con Ibogaína.

Ayahuasca

Beneficios sobre enfermedades neuro-degenerativas.

Meta-análisis estudios hasta 2004

Personalidad, psicopatología, actitudes y área neuropsicológica de consumidores rituales de Ayahuasca. Un estudio longitudinal

Ayahuasca. Una medicina que cambia nuestra vida

Uso en adicciones.

Psilocibina

Tratamiento de la ansiedad en pacientes con cáncer terminal.

Experiencias místicas con psilocibina y su prolongación en el tiempo.

Efectos positivos a largo plazo.

Uso en psicoterapia.

Tratamiento del TOC.

Plantas Maestras que acompañan a la Ayahuasca.

Debido a la complejidad del enteógeno Ayahuasca, comparto a continuación una breve descripción y las plantas que comúnmente (aunque existen miles de recetas de Ayahuasca) acompañan a la Ayahuasca y Chakruna, según los fines medicinales que se persigan.

La Ayahuasca (Banisteriopsis caapi) es una liana de la selva que crece en casi todos los rincones del Amazonas. Es conocida y reverenciada por todas las tribus indígenas como una Planta Maestra, y constituye el fundamento de su Medicina tradicional. La palabra Ayahuasca pertenece al quechua y significa “soga del alma” o “soga de los muertos”. Esta palabra tiene dos usos significativos dentro de la amazonia peruana:

  • Para designar a la planta que es una liana normalmente de color marrón rojizo.
  • Para designar al preparado enteógeno utilizado por los chamanes con fines mágicos, curativos y adivinatorios.

Este preparado está formado por un mínimo de dos plantas: la liana de Ayahuasca (banisteriopsis caapi), de la que se obtiene el IMAO; y las hojas de Chakruna (psyhotria viridis), que contienen el DMT, inactivo por vía oral si no se acompaña de un degradante de la MAO. Se utiliza tanto para sanar enfermedades físicas, como psiquicas. Así mismo es usada con fines adivinatorios y para la resolución de conflictos familiares o de convivencia dentro la comunidad.

La Chacruna, que es la planta encargada de producir las visiones, puede ser sustituida por otras plantas. Además, cada chamán añade ciertas plantas al brebaje según el uso ceremonial que va a tener.

Con estas dos plantas y los ícaros es suficiente para llevar a cabo una ceremonia de Ayahuasca.

Dentro de las plantas utilazadas en la mezcla pueden encontrarse las llamadas Plantas Maestras. Dentro de las plantas maestras podemos encontrar dos categorías.

– Las de carácter psicoactivo, que enseñan directamente a través de sus visiones, como el Toe (Brugmancia sp.) o el Tabaco.

– Las que no poseen componentes psicoactivos pero se manifiestan intensamente durante los sueños, como el Ajo Sacha, la Bobinsana, el Chiric Sanango, etc.

A continuación se describen algunas de Plantas Maestras más utilizadas por gran parte de chamanes de la amazonia peruana.

Ajo Sacha: Antirreumática, uso en Artritis, artrosis y analgésico. Para la cacería (sensibilidad), auto conciencia, seguridad, energía, limpieza y protección.

Bobinsana: Antirreumática, resfriados, tónico, purifica la sangre. Para mantenerse centrado en el nivel espiritual. Para personas confundidas.

Chiric Sanango: Antirreumática, artritis, Quita el frío.

Suerte en el hogar. Conexión con el yo interior. Vuelve sensible y reflexivo. El Chiric Sanango es una planta maestra de la familia de los Sanangos, la cual deriva de la palabra quechua “chiric” que significa “frío”.

Entre los curanderos es conocida como la planta maestra que “quita el frío”, utilizada en el plano físico para curar aquellos cuerpos friolentos, que sufren de manos y pies fríos, poca circulación y cuerpo entumecido. En el plano psicológico es una planta que sirve para curar el “frío del corazón” manifestándose durante la noche en sueños de alto nivel compasivo.

Toe: Úlceras, abscesos, infecciones, tumores (esta es una planta psicoactiva).

Cura de cosas fuertes, males óseos. Para ver el futuro y aprender medicina.

Ucho Sanango: Planta maestra restaurativa para adquirir poder físico y psíquico. Confronta con miedos internos. Abre obstrucciones internas y conflictos.

Ushpawasha Sanango:  Abre la memoria afectiva, familia, infancia. Reconexión con el nivel emocional.

La Ushpawasha Sanango es conocida entre los curanderos por ser la planta maestra de la memoria del corazón. Ésta se manifiesta durante la noche brindando a quien la está dietando, recuerdos de vivencias de alta importancia afectiva los cuales ya se habían olvidado. Estos son experimentados con una gran carga emocional. Muchas veces el sujeto despierta llorando durante la noche.


T. Iboga, introducción a su historia.

La aplicación que hace Naranjo de los psiquedélicos en la terapia mental nos proporciona, en este momento, un apropiado puente farmacológico: desde las sustancias no-nitrogenadas, cuantitativamente pocas aunque significativas, hasta los alucinógenos nitrogenados más numerosos y más dramáticos cultural e históricamente. También, en contraste con los derivados de la nuez moscada (el MDA y el MMDA, que no se dan naturalmente sino que son el resultado de una aminación in vitro).

La ibogaína y la harmalina, los otros dos psiquedélicos que Naranjo encontró sumamente útiles, se hallan muy a la vista en el mismo mundo natural, como ocurre con las triptaminas, ergolinas, isoquinolinas, fenilentilaminas y los tropanos en los principales alucinógenos del Nuevo Mundo, o los isoxazoles del hongo amanita muscaria.

La ibogaína se deriva de un arbusto ecuatorial africano, la tabernanthe iboga, cuyas raíces alucinogénicas se emplean en el culto bwiti de los ancestros, el culto MBieri de las curaciones y en otros movimientos religiosos nativos del África Occidental subsahariano. La harmalina es uno de los principales alcaloides harmala en la banisteriopsis caapi, la enredadera sagrada del chamanismo extático amazónico, en las especies parientes de las malphighiaceae y en el peganum harmala, una planta del Viejo Mundo también conocida como ruda siria.

“TABERNANTHE IBOGA”

 

Doce indol-alcaloides estrechamente relacionados se han podido aislar de la t. iboga, miembro de las apocinaceas, o adelfas, una familia que consiste de yerbas tropicales, arbustos y árboles que se caracterizan por un jugo lechoso, flores vistosas y hojas sencillas, enteras. La t. iboga, que se da, silvestre, en las selvas ecuatoriales pero que también se cultiva profusamente en villorrios adheridos a los cultos, tiene flores amarillentas o blanco-rosadas y una pequeña fruta no-narcótica de sabor dulce que en ocasiones se usa como medicina contra la esterilidad. Aunque esa familia en su totalidad es rica en alcaloides, la t. iboga es el único miembro de ella cuyo uso como alucinógeno es definitivamente conocido,siendo la ibogaína su aparente constituyente psicoactivo principal (Schultes, 1970). La iboga o eboka ha interesado a los europeos desde 1800, cuando reportaron por primera vez su uso ritual los exploradores de Gabón y el Congo. En las tres últimas décadas del siglo XIX la administración colonial alemana del norte de Gabón, entonces el Camerún alemán, alentó su uso como estimulante central en marchas fatigosas y en proyectos de trabajo colonial. Los médicos científicos franceses estudiaron intensamente la ibogaína (que como ahora se sabe, funciona como un inhibidor monoamina-oxidasa en el cerebro) durante el cambio de siglo y la adoptaron en la medicina oficial como el primer antidepresivo de su especie, mucho antes del surgimiento del tofranil, la iproniazida y otras drogas similares. Al parecer, el primer psiquiatra moderno que las adoptó sobre una base sustentada como un auxiliar de la psicoterapia fue Naranjo, quien reportó sus resultados iniciales con la droga en 1966. Desde entonces, la ibogaína ha pasado a un uso psiquiátrico más amplio, especialmente en Sudamérica.Ya que quiero dedicar más espacio en este capítulo a los alcaloides harmala, cuyos efectos subjetivos en la psicoterapia algunas veces se parecen sorprendentemente a los que fueron reportados en su contexto cultural aborigen, los planteamientos sobre la ibogaína se limitarán a un sumario de su papel en los cultos africanos (para un mayor esclarecimiento acerca de su aplicación en la psicoterapia véase la obra de Naranjo The Healing journey, pp.174-228).

LOS CULTOS DE LA IBOGA EN EL AFRICA TROPICAL

El primer examen antropológico significativo de la tabernanthe iboga en la actualidad es el de James W. Fernández, quien estudió su función en los cultos bwiti y MBieri de los fangs de Gabón en el contexto más amplio de los movimientos religiosos nativos y reformistas africanos. Lo que sigue está basado en una conferencia publicada por él mismo en 1972.

En la lengua fang la t. iboga es llamada eboka. El principal alcaloide activo está concentrado en la corteza de la raíz, que es la que los fangs emplean para su enervación extática ya sea como raspadura, molida hasta formar un polvo o empapada con agua y bebida en infusión. La cantidad del consumo de la droga depende del contexto. La manera normal es ingerir pequeñas dosis de eboka  (dos o tres cucharadas para las mujeres, y de tres a cinco para los hombres) en forma de polvo antes y durante las primeras horas de la ceremonia. La segunda manera consiste en tomar dosis verdaderamente masivas una o dos veces durante la evolución del participante en el culto con propósitos iniciáticos y para “abrir de golpe la cabeza”, pues así se puede efectuar el contacto con los ancestros.

Las dosis normales llegan a unos 20 gramos en total, conteniendo de 75 a 125 mg. de ibogaína, suficientes para producir el deseado sueño extático en el cual uno viaja por fuera del cuerpo hacia Otros Mundos, donde moran los ancestros y se aprende a hacer su trabajo (a diferencia de las exigencias pesadas y psicológicamente desorientadores del mundo que se moderniza rápidamente y que se halla más allá de los bosques tropicales, lluviosos). La dosis masiva de la iniciación es muchísimo mayor, de 40 a 60 veces la dosis del umbral, cuando los efectos se hacen sentir. Sin embargo, en cantidades muy grandes la iboga  es tóxica; no sorprende que, como en los cultos de iniciación con el toloache (datura inoxia o meteloides) entre los indios del sur de California, y en los ritos de sophora secundiflora de las Llanuras del Sur, ocasionalmente se han reportado muertes por sobredosis de eboka.

¿Qué antigüedad tiene el uso de la t. iboga en el África Ecuatorial? Es difícil estimarlo,pero los fangs mismos acreditan su origen a los pueblos pigmeos de la selva pluvial del Congo que habitaban allí desde mucho tiempo antes de que los fangs llegaran del norte, y a quienes éstos consideran, de hecho, sus salvadores, pues les enseñaron cómo sobrevivir en el medio selvático, terrorífico y desconocido. Según una historia fang grabada por Fernández (pp. 245-246), Zameye Mebege, el último de los dioses creadores, dio el eboka al pueblo: Vio la miseria en la que vivía el negro. Pensó cómo ayudarlo. Un día miró hacia abajo y vio a un negro, un pigmeo bitumu, en lo alto de un árbol atanga recogiendo el fruto. Lo hizo caer. Éste murió y Zame trajo su espíritu ante él. Zame cortó los dedos meñiques de las manos y de los pies del cadáver del pigmeo y los plantó en varias partes de la selva. Éstos crecieron formando el arbusto eboka.

Eventualmente, la mujer del muerto fue a buscar a su marido. Una voz sin cuerpo le dijo que comiera la raíz de una planta de eboka que crecía a la izquierda de la entrada de una cueva, y de un hongo (!) que crecía en la derecha. Ella lo hizo así y repentinamente los huesos de los muertos que llenaban la caverna volvieron a la vida, revelándose como el marido y como otros parientes ya fallecidos. Ellos le dijeron que había encontrado la planta que a partir de ese momento permitiría a los miembros del culto bwiti ver a los muertos.

El chamán huichol y la ceremonia de la lluvia.

En los primeros años de nuestra permanencia en Big sur habíamos tomado contacto con Prem Das, un joven de San José que se había parado en Esalen para vender productos de artesanía de los indios huicholes, habitantes de la parte norte del centro de México. Los objetos se inspiraban en las visiones psiquedélicas de los huicholes durante las ceremonias del peyote y consistían en refinados bordados que representaban temas mitológicos, animales tallados en madera, flechas para la oración y calabazas decoradas con intricados dibujos hechos de pequeñas perlas, los ojos de Dios. También había camisas ricamente bordadas, pantalones, vestidos, cinturones y pulseras. Prem Das vivía en México en una aldea huichol, cerca de Tepic, la capital del estado de Nayarit, y estaba haciendo el aprendizaje con Don José Matsuwa, un extraordinario chamán centenario.

Como llegamos a saber después, Prem Das tenía una historia espiritual muy interesante. A los once años había participado en un estudio del Laboratorio de investigación hipnótica de la Stanford University dirigida por Ernest R. Hilgard. Aunque Hilgard solo estuviese estudiando la susceptibilidad a la hipnosis de los niños, durante una sesión Prem Das tuvo una poderosa experiencia mística que despertó en él un profundo interés hacia la búsqueda espiritual. Antes de los 20 años fue a India y estudió Agni Yoga con Haridas Baba, guru conocido, entre otras cosas, por haber hecho el voto de silencio. Fue Haridas Baba quien le dio el nombre de Prem Das.

De vuelta a EEUU, Das, en el transcurso de su visita a Tepic, vio una tela pintada huichol que representaba el viaje del chamán (el mara’akame) al reino solar. El recorrido del chamán sobre la pintura estaba indicado por siete flores que a Prem Das le recordaron el sistema de los chakra en el yoga. Fascinado por lo que había visto, decidió localizar el lugar de procedencia de la pintura, convencido de que quien lo hubiese hecho debía de tener un sistema de creencias parecido al del Kundalini Yoga. Su búsqueda lo llevó a la aldea huichol, donde descubrió a Don José, que lo aceptó como aprendiz. El principal vehículo espiritual de los huicholes y el instrumento primordial de enseñanza de Don José era la ingesta de Peyote, un cactus psiquedélico cuyo nombre botánico es Lophophora Williamsii o Anhalonium Lewinii.

Prem Das nos describió la trágica situación de los indios huicholes. Esta población, descendente de los aztecas, vivía en pequeñas comunidades desperdigadas a lo largo de los cañones y los valles de la Sierra Madre en los estados de Jalisco y Nayarit, alimentándose de los productos de la tierra, cultivando cereales, legumbres y pimientos chili sobre las empinadas pendientes de las montañas. Los huicholes eran testigos y guardianes del antiguo pasado prehispánico. Se hacían llamar Wixalika, o Sanadores, y creían que un cierto tipo de ceremonia era esencial para curar la tierra y preservar el equilibrio en la naturaleza. Los huichol habían resistido con éxito la invasión de los conquistadores españoles y ahora intentaban mantener viva su cultura a pesar de la creciente invasión de los vecinos mexicanos.

En 1970, el gobierno mexicano, decidido a integrar las poblaciones indígenas a su sociedad, abrió escuelas, clínicas y centros de agricultura para introducir a los huicholes en los nuevos modos de vida. También se construyeron nuevas pistas de aterrizaje para permitir a los turistas y funcionarios gubernamentales llegar con pequeños aviones a los lugares más remotos de la Sierra. Los ganaderos se morían de ganas de apropiarse de los prados de las alturas donde vivían los huicholes e intentaban anexionarse sus tierras de pasto. Los misioneros cristianos habían llevado a cabo numerosas tentativas de convertir a los “paganos” y la nueva generación estaba expuesta a las tentaciones de la sociedad de consumo con televisores, aparatos de radio, motocicletas y bebidas alcohólicas.

La modernización de la sociedad mexicana también intefería seriamente con otro elemento de la vida ritual de los huicholes. De acuerdo con la tradición, los huicholes tomaban su sacramento principal, el Peyote, una vez al año, durante el peregrinaje a Wirikuta, o sea, la tierra de las flores, su casa espiritual, que se encuentra en el lado occidental de la cadena montañosa de Catorce. Se trataba de 500 quilómetros de viaje, que solían recorrer a pie: la primera vez debían enfrentarse a ello con los ojos vendados. Según una historia milenaria, Wirikuta era el lugar donde los huicholes habían sido creados y donde los antepasados habían presenciado, desde el Cerro Quemado, el nacimiento del Sol. Aquí se había llevado a cabo también la primera caza del ciervo.

Los huichol creían que el peyote crecía en las huellas de Kauyumare, el espíritu del ciervo, y que podían obtener el sagrado cactus imitando la caza al ciervo. Durante el peregrinaje a Wirikuta, ingerían ritualmente el Peyote y recolectaban una cantidad suficiente para todo el año. La propiedad privada y un sistema de cercados ponía ahora en peligro la magia del acontecimiento, obligándoles a utilizar para el viaje los camiones y las autopistas.

Cuando nos enteramos de esta situación, decidimos sostener la supervivencia de los huicholes, tratando de conservar su cultura y su vida espiritual. Con la ayuda de Prem Das, establecimos una conexión con los chamanes huicholes y con sus artistas: un vínculo que se mostró beneficioso para ambos. Regularmente, Prem Das traía desde México, como huéspedes de la facultad, a su maestro Don José y a otros chamanes, para que participaran en seminarios, y cada vez éstos traían consigo la artesanía huichol, muy apreciada por la comunidad de Esalen, por los participantes en los seminarios y por los visitantes. Este intercambio representó un extraordinario enriquecimiento para nuestro programa, generando una renta lo suficientemente elevada para que la aldea huichol pudiera hacer acopio de judías.

Para nosotros, la mayor ventaja de esta empresa fue la oportunidad de ver y conocer a Don José, uno de los maestros espirituales y de los seres humanos más extraordinarios que conocimos. Don José tenía más de cien años y un solo brazo: el otro lo había perdido de joven en un accidente de pesca. Una herida de machete le había costado, además, la pérdida de dos dedos de la mano que le quedaba. Sin embargo, cada año recolectaba personalmente cincuenta quintales de maíz, convencido de que la mejor garantía para una buena salud y para vivir muchos años era la de producir anualmente una suficiente cantidad de sudor. Su vitalidad era asombrosa: caminaba arriba y abajo por las montañas a una velocidad a la que Prem Das, joven y atlético que todavía no tenía 30 años, le costaba andar. A pesar de la edad, mostraba un vivo interés con respecto al sexo y más de una vez había hecho proposiciones galantes a las mujeres de nuestros grupos.

Sus ceremonias duraban toda la noche y eran realmente inolvidables. Don José participaba en ellas con un gran sombrero y el traje huichol, ambos bordados y decorados con intricados dibujos geométricos y los sagrados símbolos de su tribu: Kauyumari, el Espíritu de los Ciervos, el Abuelo Fuego Tatewari, el cactus del Peyote hikuri, el águila de doble cabeza, que representa al chamán capaz de mirar en todas las direcciones, y muchos otros. Antes de la ceremonia, Don José ingería un gran botón de Peyote, que lo ayudaba a trascender los límites de las sensaciones sensoriales ordinarias y de “ver con el ojo de la mente y con el corazón del Gran Espíritu los nexos entre todas las cosas, visibles e invisibles”.

A pesar de la cantidad impresionante de Peyote que ingería, Don José llevaba a cabo las actividades rituales y las intervenciones sanadoras con impecable precisión, sosteniendo la flecha de la oración y las plumas de pavo con sus tres dedos, y cantando durante horas. Prem Das acompañaba sus cantos dulces y obsesivos con el ritmo irresistible de los golpes del tambor, o tocando un instrumento de cuerdas hecho de madera trabajada a mano. El grupo participaba añadiendo los enérgicos sonidos de sonajeros elaborados con calabazas y judías secas. Don José tenía una capacidad inimitable para poner en equilibrio lo sagrado y lo profano. Cuando se oían los cantos y los tambores, permanecía muy serio y creaba en la habitación una atmósfera solemne y misteriosa, pero durante los intervalos su faceta vivaz y bribona tomaba la delantera. Se reía ruidosamente e intercambiaba con Prem Das chistes divertidos y a menudo deslenguados.

La ceremonia más extraordinaria con Don José tuvo lugar en Esalen a finales de los años setenta, durante una catastrófica sequía que duró varios años en California. Durante todo ese período la falta de agua fue dramática. La agricultura californiana estaba seriamente amenazada e incluso en las casas de lujo no se podía tirar de la cadena del cuarto de baño. Cuando la ceremonia estaba a punto de empezar, uno de los participantes propuso en broma: “Don José, hay una terrible sequía, tal vez podrías hacer la ceremonia de la lluvia”. Todo el mundo tomó la cosa a broma excepto Don José que, tras una breve pausa, aceptó.

Al no entender su canto en el idioma de los huicholes, la ceremonia nos pareció similar a otras que había realizado en el pasado. Tambores, cantos y música durante toda la noche, a excepción de algunas pausas. En el transcurso de la ceremonia, Prem Das guió al grupo en la danza huichol del ciervo, durante la cual había que moverse de forma “estilizada”, combinando pasos hacia delante con rotaciones del cuerpo. Al amanecer, Don José cogió de su bolsa de remedios una gruesa concha “oreja de mar” y una cola de conejo y nos invitó a ir con él al océano para recibir la limpieza, o purificación, y hacer ofrendas de agradecimiento al océano por la ceremonia.

Fuimos hacia las rocas cubiertas de cipreses de la estupenda costa de Big Sur, todavía bajo el “resplandor” de la ceremonia: la vista del océano Pacífico besado por la luz del alba cortaba la respiración. Mientras el grupo al completo permanecía inmóvil observando el magnífico panorama, alguien advirtió que había empezado a lloviznar. “Increíble… imposible… fantástico…” fueron los comentarios sobre lo que, en medio de una terrible sequía, parecía un milagro. Pero Don José permaneció tranquilo. “Es kipuri, la bendición de los dioses”, dijo. “Ocurre siempre, significa que hemos hecho una buena ceremonia”.

Mientras bajábamos por los escalones de piedra hasta el océano, la llovizna se transformó en chaparrón. Don José llegó a la orilla, se paró sobre una roca plana, cuatro metros sobre el nivel del mar, depositó la ofrenda y empezó a cantar. Ese día el océano estaba en calma, pero, tras algunos minutos de oración, bajo nuestra mirada incrédula, se formó en la superficie una ola gigantesca que se dirigía rápidamente hacia la roca de Don José. La masa de agua alcanzó la roca con una fuerza tremenda, pero en su extremidad formó una cresta en forma de espiral que se llevó delicadamente las ofrendas, sin ni siquiera rociar los pies de Don José. En la mente de todos nosotros no hubo ninguna duda de que el extraordinario mara’akame se había dirigido al océano como a un ser viviente y que éste le había respondido recibiendo sus ofrendas.

Don José llenó su “oreja de mar” con agua del océano y, tras haber mojado en ella la cola de conejo, nos bendijo y purificó a cada uno de nosotros, uno tras otro, mientras permanecíamos en fila. En ese momento estaba literalmente diluviando y todos nosotros, calados hasta los huesos, recibíamos una limpieza de otra clase. Cuando trepamos otra vez sobre la colina, bailamos bajo la lluvia sobre el prado alrededor de un hermoso árbol de eucalipto, y algunos se quitaron la ropa. Podrá parecer un comportamiento extraño para un americano medio, pero en Esalen, conocida por su culto al cuerpo y al baño integral, el hecho era absolutamente natural. Todos estábamos sorprendidos por lo que acabábamos de vivir: nuestro humor era extático.

Cuando más tarde explicamos nuestra experiencia a Joseph Campbell, él nos relató una historia parecida ocurrida en su vida. Muchos años antes había sido invitado a una ceremonia de la lluvia en la reserva navajo de Nuevo México, que tuvo lugar, como la nuestra, durante una gran sequía. Llegaron al lugar del ritual y dio comienzo la ceremonia: el cielo era azul y no había ninguna nube a la vista. Joseph confesó haberse divertido mucho contemplando los vanos esfuerzos del chamán navajo que llevaba adelante con determinación la que parecía ser una actividad necia y loca. Ignorando, aparentemente, todas las circunstancias adversas y bajo la mirada de todos los presentes, el chamán siguió cantando y golpeando su tambor. De repente, nubes oscuras empezaron a concentrarse en el horizonte moviéndose rápidamente en su dirección. Antes de que la ceremonia terminara, todo el mundo estaba calado hasta los huesos.

Cuando más tarde pensé en la fe de los indígenas en los ritos mágicos, tuve que admitir que el resultado positivo de las ceremonias de la lluvia no hubiese tenido que sorprendernos. Los que pertenecen a las culturas indígenas pueden no estar tecnológicamente adelantados, pero no son estúpidos: resulta difícil pensar que seguirían venerando a los chamanes si éstos hicieran una ceremonia tras otra sin poder mostrar ningún resultado. Para que los rituales para la lluvia puedan seguir realizándose, deben obtener resultado en un número significativamente de casos. Esto no significa que se trate de una relación causal, en el sentido que es el chamán el que hace la lluvia. En este libro hemos visto otras historias en las que el principio de la sincronicidad juega un papel significativo en el esquema de los acontecimientos del Universo.

Cuando ocurre lo imposible.

Stanislav Grof.