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La caída del imperialismo farmacológico en salud mental.

En los últimos dos años, y especialmente a lo largo de este año 2012, se han sucedido una serie de hechos que han puesto en entredicho la validez de la teoría que reduce la explicación de los trastornos mentales a simples desequilibrios bioquímicos, así como ha aumentado el número de voces que advierte sobre el peligro de que la industria farmacéutica haya acumulado demasiado poder e influencia a la hora de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla. La cuestionable eficacia de los antidepresivos y los antipsicóticos, junto a sus efectos adversos, y la creciente e imparable expansión de categorías diagnósticas en salud mental con cada nueva edición del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, considerado una de las la “Biblias” de la psiquiatría y uno de las principales fuentes de ingresos de la organización) son debate de actualidad en foros científicos y periódicos de gran alcance.

Según el modelo en el que se fundamenta la terapia farmacológica actual de la enfermedad mental, y por ende, la práctica en psiquiatría, los trastornos mentales vienen determinados biológicamente (obedecen a desequilibrios de determinados neurotransmisores cerebrales) por lo que su tratamiento debe establecerse sobre la base de la administración de ciertos psicofármacos que corrijan estas desviaciones. El auge de esta explicación de la enfermedad mental, que coincidió en el tiempo con la introducción de los primeros psicofármacos en el mercado, en la década de los 50, y se consolidó con la aparición del Prozac en los años 80, ha venido acompañado de un vertiginoso aumento del número de diagnósticos de trastornos mentales. Las cifras hablan por sí solas: el número de personas que consume antidepresivos se ha triplicado en tan sólo 10 años y la nueva generación de antipsicóticos -Risperdal, Zyprexa (olanzapina) o Seroquel (quetiapina)- se ha convertido en líder de venta mundial, por encima de cualquier otro fármaco para tratar dolencias o enfermedades físicas.

Inmersa en esta imparable carrera de la psicofarmacología, la sociedad ha aceptado confiadamente depositar su salud mental en manos de la industria farmacéutica. Sin embargo, unos cuantos visionarios están haciendo tambalear las premisas sobre las que se sustenta esta conceptualización de la enfermedad mental, dedicando sus años de investigación a responder a cuestiones fundamentales, como si los psicofármacos realmente funcionan, qué consecuencias puede tener este elevado consumo de medicamentos en nuestro organismo, o si, por contra, su proliferación obedece a otros intereses.

Dentro de este conjunto de voces críticas se encuentran prestigiosos investigadores procedentes de muy diversas ramas, como la psicología, la psiquiatría, la antropología, la biología, la química o el periodismo, quienes, a través de diferentes pruebas y argumentaciones, comparten una misma conclusión: la necesidad de dar un giro en la atención que se presta en salud mental, dado que el modelo teórico que explica los trastornos mentales únicamente como un desequilibrio químico cerebral que hay que subsanar no se sostiene y puesto que recientes investigaciones evidencian que los psicofármacos no funcionan tan bien como se ha hecho creer, e incluso, es más, pueden resultar muy perjudiciales.

Uno de los principales críticos al modelo farmacológico en salud mental es precisamente un psiquiatra estadounidense: Daniel Carlat. En su obra titulada Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis (Los trastornados: El problema con la psiquiatría- las revelaciones de un médico relacionadas con una profesión en crisis), explica los intereses (no precisamente científicos) que impulsaron el cambio en la conceptualización de los trastornos mentales hacia un modelo exclusivamente bioquímico y habla sin tapujos sobre la poderosa alianza entre la psiquiatría y las compañías farmaceúticas, aportando esclarecedores datos al respecto (Daniel Carlat y la alianza entre la psiquiatría y la industria farmacéutica).

Esta creciente intromisión de la industria farmacéutica en el quehacer de la psiquiatría ha levantado el recelo de un amplio grupo de profesionales del ámbito de la salud mental. Un artículo publicado el pasado mes de marzo en la conocida revista PLoS Medicine destapaba la existencia de graves conflictos de intereses entre muchos de los expertos que trabajan en la elaboración de la nueva versión del DSM (DSM-V) con industrias farmacéuticas o empresas afines (El DSM-V continúa sembrando polémica debido a los conflictos de intereses de sus comités). Al mismo tiempo, un grupo de psicólogos y psiquiatras de Reino Unido publicaba un polémico artículo en la revista The Guardian criticando la imparable ampliación de categorías diagnósticas prevista para el DSM-V y advirtiendo de las graves consecuencias que podría tener para los miles de personas que iban a ser etiquetadas como “enfermas mentales” a causa de comportamientos que en realidad no tienen nada de patológicos. Fruto de estas críticas y de una importante campaña de recogida de firmas se ha conseguido que algunas de las nuevas propuestas diagnósticas más controvertidas no sigan adelante (Los encargados del DMS-V dan marcha atrás en algunas de sus decisiones).

En medio de esta polémica, diversos estudios científicos han puesto en duda la eficacia asociada a los antidepresivos y antipsicóticos de segunda generación. En primer lugar, Irving Kirsch y su equipo de investigación, al que Infocop tuvo la ocasión de entrevistar hace un par de años (Los antidepresivos en tela de juicio), han sido los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que ha revolucionado la interpretación de los resultados de la literatura científica en depresión. Sus estudios ponen de manifiesto que,en comparación con el placebo, la eficacia de los fármacos antidepresivos es prácticamente inexistente en los casos de depresión ligera, moderada e incluso grave – evidencia que ha sido avalada también por otros equipos de investigación, como el de Khan (2002) o el de Fournier (2010)-. Es más, tal y como demuestra el trabajo de Irving Kirsch, la eficacia de los antidepresivos no se debe a un efecto de su mecanismo de acción sobre el nivel de serotonina, sino al efecto que causa la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando asume que está bajo un tratamiento supuestamente eficaz, ya que, según demuestra su investigación, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebo con efectos secundarios muy notables (Irving Krisch y la caída del mito de los antidepresivos).

Asimismo, un reciente artículo realizado por el equipo de Erick H. Turner y publicado también en la revista PLoS Medicine, advierte que la aparente efectividad clínica de los fármacos antipsicóticos de segunda generación puede estar influida por el denominado sesgo de publicación, que consiste en la tendencia a la publicación selectiva de ensayos clínicos favorables en revistas científicas, en detrimento de los ensayos que no han obtenido dichos resultados. Los autores del trabajo señalan con preocupación que no se está aportando toda la información a la comunidad científica, ni con la precisión que se requiere, a pesar de la transcendencia que tiene a la hora de determinar las decisiones clínicas en el tratamiento de las personas afectadas, sembrando de nuevo la duda sobre los intereses que hay detrás de los ensayos clínicos, subvencionados, en su inmensa mayoría, por las propias industrias farmacéuticas (Se cuestiona la eficacia de los fármacos antipsicóticos).

De hecho, este mismo año, dos importantes laboratorios de EE.UU. han sido sancionados con multas millonarias por “publicidad engañosa”. Por un lado, la empresa Abbott se enfrenta a una multa de 1.600 millones de dólares por promover un medicamento estabilizante del estado de ánimo (Depakote) para usos no aprobados, incluido el tratamiento de la esquizofrenia, la demencia y el autismo, a pesar de la ausencia de pruebas científicas sobre su seguridad y eficacia. Por otro lado, el pasado mes de abril, la compañía farmacéutica Johnson & Johnson (J&J) ha sido sancionada con una multa de más de 1.100 millones de dólares por ocultar los riesgos del antipsicótico Risperdal, según ha sentenciado un juzgado de Arkansas.

Otros investigadores llegan incluso más lejos en sus conclusiones acerca de la utilización de psicofármacos, advirtiendo que tanto los antidepresivos como la mayoría de los fármacos psicoactivos no son sólo ineficaces, sino perjudiciales. Esto es lo que ha demostrado un equipo de investigación liderado por el biólogo evolutivo Paul Andrews, tras analizar las consecuencias del consumo de antidepresivos (cuyo mecanismo de acción radica en aumentar el nivel de serotonina en el cerebro), sobre otros procesos biológicos del cuerpo humano en los que también está involucrado este neurotransmisor, como la digestión, la coagulación de la sangre, la reproducción o el crecimiento. Los resultados de este estudio, publicado el pasado mes de abril en la revista Frontiers in Psychology, establecen que los riesgos asociados al consumo de estos fármacos (y entre los que se encuentra el riesgo de accidente cerebrovascular y muerte prematura en personas mayores) no compensan los supuestos beneficios que puedan tener sobre el estado de ánimo (¿Por qué los antidepresivos causan más daños que beneficios?).

Esta misma línea de argumentación es defendida también por Robert Whitaker, quien en su obra titulada Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America (Anatomía de una epidemia: panaceas, psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en EE.UU.), pone de manifiesto que después de décadas de investigación, los resultados científicos evidencian que la teoría del desequilibrio químico para explicar las enfermedades mentales no se sostiene. Es más, según establece Whitaker, basándose en los resultados de técnicas de neuroimagen en pacientes con trastorno mental en tratamiento farmacológico: “Antes del inicio del tratamiento farmacológico, los pacientes diagnosticados de esquizofrenia, depresión o cualquier otro trastorno pisquiátrico no presentan estos famosos desequilibrios químicos. Sin embargo, una vez que una persona inicia el tratamiento farmacológico, que de una manera u otra abre una llave en la mecánica habitual de la transmisión neuronal, su cerebro empieza a funcionar de manera anormal”. Es decir, que es el consumo a largo plazo de fármacos psicoactivos el que da lugar a un daño irreparable en el cerebro, provocando una atrofia cerebral y no al revés (Robert Whitaker y los efectos nocivos de los psicofármacos).

A partir de las conclusiones establecidas por todos estos investigadores, la validez del modelo farmacológico que impera en nuestros días para tratar los trastornos mentales es, cuanto menos, muy cuestionable. En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso. No obstante, seguimos inmersos en un modelo de atención en salud mental excesivamente medicalizado y esta visión biologicista y simplista de la enfermedad mental, impide que se tengan en cuenta otros tratamientos alternativos, que sí funcionan y que, a medio y largo plazo, no suponen un incremento de la carga presupuestaria.

Dado el creciente protagonismo que están alcanzando estas voces críticas, Infocop tratará en profundidad, en los próximos días, el análisis de estas y otras cuestiones, gracias a la participación de dos expertos de nuestro país. En primer lugar, Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático de psicología del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, ofrecerá una aguda reflexión sobre las implicaciones del modelo biologicista aplicado a la salud mental. En segundo lugar, Héctor González Pardo, profesor titular de la Universidad de Oviedo y miembro del Instituto Universitario de Neurociencias del Principado de Asturias (INEUROPA), proporcionará una interesante selección de investigaciones que dan cuenta de la verdadera acción de los psicofármacos (específicamente de los antipsicóticos) sobre el sistema nervioso.


Referencias:

I. Kirsch (2010). The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth. Basic Books.

R. Whitaker (2011). Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America. Crown.

D. Carlat (2010). Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis. Free Press.

E. H. Turner, D. Knoepflmacher y L. Shapley (2012). Publication bias in antipsychotic trials: an analysis of efficacy comparing the published literature to the us food and drug administration database. PLoS Med 9 (3): e1001189. doi:10.1371/journal.pmed.1001189.

Paul W. Andrews, J. Anderson Thomson, Ananda Amstadter, Michael C. Neale. Primum Non Nocere: An Evolutionary Analysis of Whether Antidepressants Do More Harm than Good. Frontiers in Psychology, 2012; 3. Doi: 10.3389/fpsyg.2012.00117.

Khan, A., Leventhal, R.M., Khan, S.R., Brown, W.A. (2002). Severity of depression and response to antidepressants and placebo: an analysis of the Food and Drug Administration database. Journal of Clinical Psychopharmacology, 22, 1, 40-45.

Fournier, J.C., DeRubeis, R.J., Hollon, S.D., Dimidjian, S., Amsterdam, J.D., Shetlton, R.C. y Fawcett, J. (2010). Antidepressant drug effects and depression severity. A patient-level meta-analysis. Journal of the American Medical Association, 303, 1, 47-53.

La ketamina, la anestesia de la felicidad.

Los medicamentos tradicionales antidepresivos pueden tardar semanas en producir una mejoría en los pacientes con depresión”, explica a SINC Lisa Monteggia, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de Texas (EEUU). Sin embargo, la ketamina, utilizada originalmente por sus propiedades analgésicas y anestésicas, “ejerce una respuesta de acción rápida en pacientes con depresión resistente al tratamiento y con trastorno bipolar”.

Esta rapidez supone una oportunidad única para el tratamiento de personas de alto riesgo, como pacientes con riesgo de suicidio. “Estudios clínicos han mostrado ya que una dosis baja de ketamina intravenosa puede aliviar los síntomas de depresión severa en cuestión de horas, y los efectos pueden durar hasta dos semanas”, subraya Monteggia. Lo que no estaba claro hasta ahora era el mecanismo de esta sustancia en el cerebro.

El trabajo, publicado esta semana en la revista Nature, revela que las dosis bajas de ketamina, un bloqueador de los receptores NMDA en el cerebro, aumenta la expresión de un factor de crecimiento específico, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), asociado a efectos antidepresivos.

Los autores fueron capaces de demostrar que el vínculo entre el efecto de la ketamina en los receptores NMDA y el aumento de los niveles de BDNF implica cambios en una forma específica de la comunicación (neurotransmisión espontánea) entre las células nerviosas que antes no se habían asociado a ningún tipo de acción de los fármacos.

“El descubrimiento de una nueva vía antidepresiva de acción rápida facilita una manera de desarrollar más velozmente los antidepresivos”, afirma la investigadora. “La identificación de una forma específica de comunicación entre las células nerviosas que participan en el tratamiento antidepresivo supone nuevas pistas sobre lo que ocurre en el cerebro para desencadenar trastornos psiquiátricos como la depresión”, concluye.

Artículo completo: http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-ketamina-la-anestesia-de-la-felicidad

Hongos mágicos brindan indicios sobre nuevos fármacos para la depresión.

    Los cerebros de personas que consumieron hongos alucinógenos brindaron el mejor panorama obtenido hasta el momento sobre cómo funcionan los fármacos psicodélicos, y científicos británicos señalan que ese tipo de fármacos podrían ser usados para tratar la depresión.

Dos estudios sobre los efectos de la psilocibina, el ingrediente activo de los hongos mágicos o alucinógenos, mostraron que contrariamente a lo que los expertos esperaban, no aumenta sino que suprime la actividad en zonas del cerebro que también atacan otros tratamientos antidepresivos. “Los psicodélicos son considerados fármacos ‘que expanden la mente’, por lo que comúnmente se ha supuesto que funcionan aumentando la actividad cerebral”, dijo David Nutt, del Imperial College de Londres, que brindó una conferencia sobre los estudios el lunes.

“Pero sorpresivamente hallamos que la psilocibina realmente causaba un descenso de la actividad en las zonas que tienen las conexiones más densas con otras áreas”, agregó. Estas llamadas regiones “núcleo” del cerebro, son conocidas por jugar un papel importante en la restricción de nuestras experiencias del mundo y mantenerlas ordenadas, dijo el experto. “Ahora sabemos que desactivar estas regiones lleva a un estado en el cual el mundo es experimentado como extraño”, añadió.

En el primer estudio, publicado en la revista Proccedings of the National Academy of Sciences (PNAS), a 30 voluntarios se les inyectó psilocibina en la sangre mientras estaban en resonadores magnéticos, que medían los cambios en su actividad cerebral.

La investigación reveló una disminución de la actividad en las regiones “núcleo” y muchos voluntarios describieron una sensación de dientes que se aflojaban y de alteración del sentido de sí mismos.

El segundo estudio, publicado el martes en el British Journal of Psychiatry, incluyó a 10 voluntarios y halló que la psilocibina fortalecía la memoria de recuerdos personales. Robin Carhart Harris, del Departamento de Medicina del Imperial College, que trabajó en ambos estudios, dijo que los resultados sugieren que la psilocibina podría ser útil como tratamiento adicional a la psicoterapia.

No obstante, Nutt advirtió que la nueva investigación es muy preliminar e incluyó apenas una cantidad pequeña de personas. “No estamos diciendo: vaya y coma hongos mágicos”, dijo Harris. “Pero (…) este fármaco tiene un impacto fundamental sobre el cerebro que tiene que ser significativo, nos tiene que estar diciendo algo sobre cómo funciona el cerebro. Por ello, deberíamos estudiarlo y optimizarlo si hay un beneficio terapéutico”, agregó.

Las áreas clave del cerebro identificadas, una llamada corteza prefrontal medial (CPFm) y la otra corteza cingulada posterior (CCP), son objeto de debate entre los neurocientíficos, pero muchos creen que la CCP tiene un rol en la conciencia y la identidad. La CPFm es conocida por estar hiperactiva en la depresión y los investigadores señalaron que otros tratamientos clave para la depresión como Prozac, al igual que la terapia cognitiva conductual y la estimulación cerebral profunda, también suprimirían la actividad de esa región cerebral.

La acción de la psilocibina en está zona la volvería un antidepresivo útil y posiblemente de acción prolongada, señaló Harris. Los estudios, que también mostraron que el fármaco reduce el flujo de sangre en el hipotálamo, se encuentran entre un reducido grupo de investigaciones sobre las sustancias psicodélicas desde las décadas de 1960 y 1970.

Además, estas investigaciones reavivan un campo prometedor de estudio sobre los fármacos que alteran la mente, que algunos expertos dicen que puede ofrecer mejoras sostenidas y poderosas en el humor y alivio de la ansiedad.

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El MDMA y el autismo.

Para ser sincero, la MDMA nunca me había atraído mucho, ni para consumirla ni como herramienta terapéutica, pero últimamente se está ganando su sueldo, y todo buen psicólogo, terapeuta o trabajador del ámbito de la salud que se precie, tiene que estar al tanto de los estudios sobre ello, ya que podría ser el futuro de muchos tratamientos hoy infructuosos. Hace tiempo publicaba las sustancias anticancerígenas que contiene, y su uso en el TEPT, ahora vamos con el autismo.

No lo celebrará mucha gente pero hace cien años fue sintetizada la 3,4–metilendioximetanfetamina (MDMA), conocida desde mediados de la década de los 90 del siglo pasado como éxtasis. Este principio psicoactivo ha tenido y tiene denominaciones varias, desde las científicas (adam o empatía) a las utilizadas por los jóvenes fiesteros (pasti, pirula, rula…). Lo más interesante de esta sustancia ilegal –la DEA la colocó en la lista de drogas prohibidas y peligrosas a mediados de los 80– es que en el siglo XXI está ganando presencia y prestigio como herramienta terapeútica en psiquiatría para determinados desórdenes mentales.

La última propuesta de estudio se ha realizado a mediados del pasado mes de diciembre de 2011 desde la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), organización radicada en EEUU que desarrolla o financia gran parte de los ensayos con el principio activo del éxtasis. Sus expertos están convencidos de que la MDMA podría ayudar en las terapias con pacientes que sufren autismo, un trastorno que afecta profundamente al desarrollo de la comunicación, la planificación, las emociones o la socialización. Los últimos datos hablan de 60 casos de este desorden por cada 10.000 niños, aunque las cifras van en aumento.

El autismo es cada vez más común, su tratamiento muy limitado y, para mayor desesperanza, de momento no tiene cura. Por ello, los investigadores de MAPS defienden que el éxtasis podría ser un fármaco eficaz en las terapias psicológicas ya que aumentaría la sensación de empatía en el paciente, esa capacidad de conexión con los otros de la que carecen los autistas. El protocolo que están preparando en la asociación norteamericana habla de ensayos con adultos para probar si vale o no. Si hay un efecto en el que coinciden la mayoría de consumidores recreativos de esta droga es precisamente en la empatía, ese buen rollo del que hablan los pastilleros. Un buen rollo que en condiciones de ensayo terapeútico y bajo control de expertos podría romper la barrera de la incomunicación de muchos autistas.

No es la primera vez que se ensaya la aplicación terapeútica de la MDMA. A partir de 1977 hubo psicólgos y psiquiatras que realizaron psicoterapia de una forma discreta. 1999 fue un año clave. Un español, el psicólogo José Carlos Bouso fue el primer investigador en el mundo en lograr todos los permisos para usar MDMA para tratar a mujeres víctimas de violación. Los políticos paralizaron el ensayo. En 2011, un grupo de 16 soldados norteamericanos veteranos de Iraq y Afganistán, que regresaron del frente con un trastorno de estrés postraumático (la antigua neurosis de guerra y hoy llamada PTSD), empezaron a someterse a psicoterapia con dosis de éxtasis. Borrar las pesadillas, disminuir las expresiones de ira incontroladas, la sensación de soledad o los flashback serán sus prioridades. Se calcula que un 20% de los militares que han vuelto del frente de batalla desarrollan este tipo de estrés.

Desde que en 1987 aterrizó en la isla de Ibiza en forma de pastilla troquelada –durante el ya famoso verano del amor– y de allí se expandió por todo el mundo unida a la incipiente música housela MDMA únicamente ha tenido buena fama entre los consumidores de uso recreativo. En el campo científico hay una decena de investigaciones en media docena de países para comprobar su potencial farmacológico.

Aunque esta sustancia de síntesis ha sido equiparada en peligrosidad a otras drogas como la heroína o la cocaína, lo curioso es que todos los estudios oficiales (de la ONU, del Observatorio Europeo de Drogodependencias o del Plan Nacional sobre Drogas español) concluyen que el riesgo de muerte directa provocada por el consumo de pastillas es mínimo. En Reino Unido –uno de los países europeos con mayores índices de consumo–, el Departamento de Salud colocó a la MDMA muy por debajo de otras drogas como causante de muertes. Los accidentes domésticos, la metadona, los antidepresivos, la heroína, los accidentes de tráfico, el alcohol o el tabaco provocan muchísima más mortalidad. Estaba por encima de la aspirina en el ranking. En el año 2000 –época álgida en el consumo de éxtasis– hubo 36 muertes en el Reino Unido relacionadas con esta droga y en el 2001, 56. En nuestro país, en los últimos tres lustros, no llegan a diez las muertes que pueden atribuirse de forma segura y exclusiva a la MDMA.

Además, un extenso estudio realizado por el National Institute of Drug Abuse, concluye que tampoco causa daños en el cerebro.

Que no sea frecuente no significa que su ingesta no conlleve riesgos. Como cualquier fármaco la MDMA también puede provocar efectos adversos: sudoración, ansiedad, contractura mandibular, alteración de memoria, golpes de calor o elevación de la tensión arterial, ansiedad, bajones depresivos…”

 

Artículo completo: http://blogs.interviu.es/responsablelaempresaanunciadora/2012/01/02/el-extasis-y-la-empatia-de-los-autistas/

El desarrollo de fármacos contra los trastornos mentales entra en crisis.

Las personas que padecen enfermedades mentales corren el riesgo de llegar a carecer de medicamentos. Las compañías farmacéuticas han suspendido las investigaciones en este ámbito. Así lo advierte un informe, preparado por encargo del Colegio Europeo de la Neuropsicofarmacología (ECNP por sus siglas en inglés).

Recientemente la industria farmacéutica ha experimentado una reestructuración masiva. Mientras que algunos grandes  del mercado se retiraron de la producción de los preparados para los trastornos psiquiátricos, otras compañías, incluidas AstraZeneca y GlaxoSmithKline, redujeron la financiación de las investigaciones y suspendieron el desarrollo de estos fármacos.

Mientras, el coste económico causado por los trastornos cerebrales va aumentando, y a medida que la población europea envejece, se estima que este seguirá creciendo. Los expertos indican que cada año cerca de 80 millones de europeos, o un 27%  de la población de la Unión Europea (UE), están  afectados por enfermedades mentales.

Los autores del informe, David Nutt del Colegio Imperial de Londres y Guy Goodwin de la Universidad de Oxford, indican que en este ámbito la elaboración de los preparados requiere más tiempo, que los fármacos contra enfermedades mejor estudiadas, como por ejemplo el cáncer, y que los ensayos de estas medicinas, a menudo se realizan sin éxito. Estos fracasos a veces se manifiestan solo en etapas finales del desarrollo, lo que convierte la neurología en un ámbito caro y arriesgado para la industria.

David Nutt, profesor de Neuropsicofarmacología en el Imperial College de Londres y ex presidente de ECNP, en una reunión en Londres comentó citado por ‘Nature News’: “Son días oscuros para la medicina cerebral”.

También se subraya que en la sociedad todavía persiste una actitud negativa acerca de los trastornos psíquicos. En particular, la oncología y cardiología reciben gigantescas donaciones de las organizaciones de caridad, mientras que para las investigaciones en el ámbito de la salud mental la financiación pública apenas llega.

Este punto de vista tiene mucho en común con la idea expresada en el artículo que fue publicado la semana pasada en la revista británica de la Farmacología Clínica (BJCP por sus siglas en inglés). Sus autores, Joop van Gerven y Adam Cohen de la Universidad de Leiden, Países Bajos, indican que en el año pasado el BJCP publicó solo cinco trabajos sobre las enfermedades mentales, y ninguno está dedicado a nuevos preparados.

La situación es alarmante no solo en la farmacología europea. En la última conferencia de la Sociedad Americana de la farmacología clínica terapéutica solo 13 trabajos, de 300, se referían a la psicofarmacología. Y en 2010 en el Colegio Internacional de Neuropsicofarmacología (CINP) solo 8 de 870 proyectos fueron dedicados a la psicofarmacología humana, y solo cuatro informaban sobre nuevos mecanismos del tratamiento.

Los expertos neerlandeses opinan que, para hacer este grupo de fármacos más atractivo para la financiación, se necesitaría elaborar nuevos métodos de estimación de la función del cerebro y de las enfermedades, lo que reduciría los riesgos en el desarrollo de nuevos preparados. A su vez, los especialistas británicos proponen prolongar las patentes a los fármacos que requieren más tiempo para su elaboración. Los investigadores podrían estimular los programas europeos de financiación con la prioridad del ámbito neurológico. Y por fin, las compañías podrían colaborar con los académicos para seguir con la elaboración de los medicamentos.

El potencial de la LSD para curar las psicosis.

Si hace unas semanas publicaba un artículo en el que Fontana mostraba resultados positivos en el tratamiento del autismo o la psicopatía con LSD, ahora vamos con las psicosis, ya que frecuentemente se discute este asunto en foros y sitios relacionados con estos temas. Comparto un fragmento de “Psicoterapia con LSD”, de S. Grof. , y a continuación un caso citado por él mismo de una psicosis curada.

Los pacientes psiquiátricos con estados borderline y manifiestamente psicóticos no necesitan ser necesariamente excluidos de la terapia psiquedélica. Aunque las experiencias clínicas del tratamiento con LSD de estados psicóticos y esquizofrénicos son bastante limitadas, es posible sacar algunas conclusiones generales. En general, el pronóstico de individuos psicóticos parece ser mucho mejor que el de ciertos neuróticos, en particular pacientes obsesivo-compulsivos. Sin embargo, esta afirmación es condicional y necesita ser aclarada y examinada más en detalle. El trabajo con LSD en individuos gravemente perturbados es un proceso muy exigente e intenso que requiere una preparación y entrenamiento especiales. No debería intentar aplicarlo alguien que no haya tenido suficiente experiencia en sesiones con LSD en individuos “normales” y neuróticos. Los intervalos entre sesiones podrían estar caracterizados por una dramática exteriorización o intensificación de diversos síntomas psicóticos. En ciertas fases críticas del proceso psiquedélico el comportamiento y las experiencias internas del cliente pueden estar casi exclusivamente centradas en el terapeuta, en el sentido de una “psicosis de transferencia”. Se necesita una unidad de tratamiento especial con personal cualificado y una supervisión de 24 h. al día.

Las raíces más profundas de la sintomatología esquizofrénica pueden encontrarse siempre en las diversas matrices perinatales y en las experiencias transpersonales negativas. Un terapeuta que comparta el complicado viaje que desencadena la LSD en el paciente psicótico tiene que permanecer firme y centrado durante todo el proceso, el cual podría resultar ser una salvaje montaña rusa emocional y conceptual. Debido a su importancia, no solo para la terapia con LSD aplicada a la esquizofrenia sino también para la comprensión básica de la dinámica de la psicosis, ilustraré este proceso con la historia de Milada.

“Milada era una psicóloga de 38 años que durante muchos años antes de comenzar el tratamiento con LSD había padecido un complicado trastorno neurótico que tenía que ver con una variedad de síntomas obsesivo-compulsivos, organoneuróticos y de conversión histérica. Comenzó un tratamiento psicoanalítico sistemático, pero 4 meses más tarde tuvo que ser hospitalizada porque desarrolló síntomas psicóticos agudos. Una parte importante de su sintomatología clínica era un engañoso sistema erotomaníaco. Milada estaba convencida de que su jefe estaba profundamente enamorado de ella y ella a su vez sentía un irresistible afecto y atracción sexual hacia él. En todo caso ella sentía que existía entre ellos una extraña comunicación erótica y espiritual que ambos compartían de manera intrapsíquica, más allá de la fachada de su interacción social formal. Varias semanas más tarde empezó a alucinar con la voz de su enamorado imaginario. En estas alucinaciones, ella oía cómo él describía en detalle sus apasionados sentimientos hacia ella, prometiéndole una bella vida en común en el futuro y dándole consejos y sugerencias específicas. Por las noches Milada sentía intensas sensaciones sexuales que ella interpretaba como relaciones sexuales a distancia llevadas a cabo de manera mágica por su “amante”. Aunque en situaciones sexuales reales ella siempre había sido frígida, durante estos episodios experimentaba sensaciones orgásmicas de proporciones cósmicas.

La hospitalización de Milada se hizo inevitable cuando ella empezó a actuar bajo la influencia de sus fantasías y alucinaciones. Una mañana abandonó a su marido, intentó mudarse con sus hijos al apartamento de su jefe y se vio implicada en una pelea física con su esposa. Ella se refería a la “voz”, que supuestamente le había dicho que ambos habían obtenido el divorcio y podían ahora vivir juntos. Tras meses de tratamiento infructuoso con una serie de tranquilizantes y antidepresivos, así como psicoterapia individual y grupal, fue seleccionada para una terapia psicolítica con LSD.

Tras doce sesiones con LSD, los síntomas psicóticos desaparecieron por completo y Milada desarrolló una completa introvisión respecto a su comportamiento irracional en el pasado. En más de treinta sesiones posteriores trabajó sobre una serie de complicados problemas neuróticos y psicosomáticos, reviviendo recuerdos traumáticos de diferentes periodos de su vida y siguiendo el rastro de sus problemas actuales hasta sus fuentes emocionales en su infeliz infancia. Dedicó mucho tiempo a su complicada situación matrimonial. Su marido era cruel, insensible y físicamente abusivo; estaba emocionalmente inmerso en la consecución de una carrera política y no le facilitaba ningún tipo de apoyo. Sus dos hijos mostraban signos de graves perturbaciones emocionales que requerían ayuda profesional.

Las sesiones con LSD pasaron después al terreno perinatal y Milada experienció todo el espectro de experiencias características del proceso de muerte-renacimiento. Las emociones y sensaciones físicas asociadas al revivir su difícil nacimiento, en el transcurso del cual su hermano gemelo había muerto, eran tan abismales que ella se refería a estas sesiones como una “Hiroshima psicológica”. Cuando finalmente completó el proceso de nacimiento y experienció la muerte final del ego, yo esperaba una marcada mejoría, como solía ocurrir en la mayoría de pacientes neuróticos. Sin embargo, para mi sorpresa fui testigo de una repentina y completa reaparición de la sintomatología psicótica original. La única diferencia era que esta vez yo (Grof) me convertí en el principal objetivo de todos estos fenómenos psicóticos; en el proceso de la psicoterapia con LSD ella había desarrollado una psicosis de transferencia.

En este momento, Milada creía que estaba bajo mi influencia hipnótica y se sentía en constante conexión conmigo en las sesiones con LSD así como durante los intervalos libres. Experienciaba un intercambio mutuo de pensamientos e incluso comunicación verbal. Era interesante que en algunas de estas entrevistas alucinadas ambos “continuábamos con la psicoterapia”. Milada “analizaba” diversos aspectos de su vida conmigo y llevaba a cabo actividades sugeridas por mi voz imaginaria, tales como varias horas de baño y entrenamiento físico cada día y ejercicios en las labores del hogar. En estas conversaciones alucinadas yo le decía que había decidido dejar el papel terapéutico y convertirme en su amante y esposo; también le permití usar mi apellido en lugar del apellido de su marido. A ella se le aseguraba en repetidas ocasiones de mi amor, se le decía que su divorcio ya estaba arreglado y se le pedía que se instalara en mi apartamento. Por el contexto de sus sesiones con LSD estaba claro que este pensamiento mágico ilusorio era un fenómeno de transferencia que reflejaba su temprana relación simbiótica con su madre. Entre otras cosas Milada hablaba sobre las “sesiones hipnogámicas” que estaba obteniendo de mi por la noche. Las sensaciones y alucinaciones de relaciones sexuales eran interpretadas por ella como lecciones deliberadas para experienciar el sexo que yo había decidido darle para acelerar la terapia.

En un momento dado, Milada pasaba varias horas al día en extrañas posturas semejantes a la catatonia; sin embargo, siempre era posible sacarla de ellas hablándole. Entonces ella retomaba una postura normal, respondía a preguntas y explicaba su comportamiento de manera lógica. Su condición emocional y psicosomática en aquel momento dependía de la posición de su cuerpo. En algunas posturas experienciaba beatitud extática, sensaciones oceánicas y un sentimiento de unidad cósmica; en otras, profunda depresión, náusea y ansiedad metafísica. Ella misma relacionaba este fenómeno con la situación durante su existencia intrauterina cuando tenía que competir fisiológica y mecánicamente con su hermano gemelo.

En base a experiencias previas con otros pacientes, continué con administraciones semanales regulares de LSD a pesar de sus persistentes síntomas psicóticos. Estas sesiones consistían casi por completo en experiencias negativas de naturaleza transpersonal. Había un acento importante en el revivir recuerdos intrauterinos desagradables, que ella relacionaba con el estrés emocional y las enfermedades de su madre durante el embarazo, varias crisis embrionales y la incomodidad mecánica de ser gemelos en un útero. También tuvo algunas secuencias kármicas y experiencias arquetípicas de naturaleza demoníaca.

En la fase final del tratamiento se dio un fenómeno de lo más inusual: de repente la LSD producía un efecto paradójico. Bajo la influencia de la LSD Milada parecía normal y recuperaba el juicio crítico; cuando el efecto de la droga estaba disminuyendo, los síntomas de la psicosis de transferencia recurrían. Finalmente, en su sesión número 96 ella experienció durante varias horas profundas sensaciones extáticas, con la unidad cósmica como patrón prevaleciente. Para mi sorpresa, salió de esta sesión sin los síntomas psicóticos y neuróticos previos y con una personalidad completamente reestructurada.

Según su propia descripción, era capaz de experienciarse a sí misma y al mundo de una manera completamente nueva. Tenía ganas de vivir, una nueva apreciación de la naturaleza y el arte, una actitud totalmente nueva hacia sus hijos y la capacidad para abandonar sus poco realistas ambiciones y fantasías previas. Consiguió retomar su trabajo y llevarlo a cabo de manera adecuada, obtuvo el divorcio de su marido, viviendo de manera independiente mientras cuidaba de sus dos hijos. Hasta donde yo sé, no ha necesitado ningún cuidado psiquiátrico como paciente durante los más de doce años que siguieron a la finalización de su tratamiento con LSD.”

Hasta aquí el caso de Milada. Solo pido una reflexión final. Milada estuvo a punto de estar internada de forma permanente en un psiquiátrico, pero se le dio otra oportunidad para disfrutar de la vida. ¿Os podéis imaginar cuantos enfermos hay internos en centros sin esta posibilidad? ¿Cuantas vidas destrozadas, por la imposibilidad de acceder a este tratamiento únicamente por motivos políticos? Se me cae la cara de vergüenza. No se curarán todas las psicosis, obviamente, esto no es una panacea milagrosa, pero quizá un buen número sí, y aunque sea poco, cada vida es un mundo entero, un mundo que se muere.  

Grof nombra el extenso trabajo de Kenneth Godfrey también, psiquiatra americano que obtuvo increíbles resultados en el tratamiento de la psicosis con LSD, no obstante no he encontrado nada sobre dicho trabajo, solo lo nombro por si alguien quiere indagar más y recavar información para posibles nuevas investigaciones.

El cerebro de un psicópata es diferente.

¿Qué es la psicopatía?

  • Es un trastorno de la personalidad. Los psicópatas representan un 4% de la población mundial. Se caracterizan por una carencia de empatía y conciencia, los psicópatas no tienen remordimientos ni toman en consideración si sus acciones causan daños a otros. Son egoístas y egocéntricos, solo importan ellos. El fin justifica los medios, si el matar les procura placer lo harán.
  • Los psicópatas tienen dificultades para mantener el control, muestran comportamientos compulsivos, su naturaleza les lleva a obsesionase y cometer determinados delitos muchas veces, violar, matar, torturar…
  • En realidad no todos los psicópatas cometen delitos, algunas personas pueden no cometer delitos  y sin embargo tienen un amplio historial de crueldad, son capaces de engañar, manipular y dañar a quien sea con tal de lograr sus fines.
  • Entre la población de delincuente hay mayor probabilidad de encontrar psicópatas. Los psicópatas representan un 50% de los violadores en serie. Los psicópatas tienen del doble de probabilidad de reincidir como delincuentes.
  • Lo que sí está comprobado es que los psicópatas tienen una mayor impulsividad, tendencia a la agresividad y a la delincuencia, aunque  pueden tener comportamientos que causen daño a otras personas si con esto ellos se benefician.

El cerebro del psicópata

Ted Bundy,Gary Ridgway, Charles Manson, Clifford Olson, Albert Fish, Manuel Delgado Villegas,alias “el arropiero”, Herman Webster Mudgett, Bela Kiss, Javed Iqbal, Richard Chase. Algunos  de estos psicópatas tenían un aspecto poco sospechoso, incluso distinguido, sin embargo asesinaron, violaron y torturaron a todo tipo de víctimas.  Hombres, mujeres y niños, incluso algunos practicaron el canibalismos con los cadáveres de sus víctimas.

Semejantes atrocidades llevan a pensar ¿por qué?, ¿existen diferencias a nivel fisiológico entre los psicópatas y el resto de la población?

  • Una reciente investigación de la Universidad de Wisconsin-Madison ha descubierto que los psicópatas tienen una estructura cerebral bastante diferente al resto.
  • Los investigadores estudiaron las variaciones de las imágenes de los cerebros de los presos  mediante resonancia magnética funcional ( fMRI ) y también DTI, difusión de imagen de tensor.
  • Los resultados podrían ayudar a explicar la impulsividad, la crueldad y el comportamiento antisocial que muestran muchos psicópatas.

La investigación

  • El estudio mostró que los psicópatas han reducido las conexiones entre la corteza prefrontal ventromedial (CPFVM), –la parte del cerebro responsable de los sentimientos como culpa y empatía- y la amígdala, que se relaciona con la ansiedad y el miedo.
  • Los cambios estructurales en el cerebro se confirmaron mediante dos tipos de imágenes cerebrales diferentes.
  • Se usó la Resonancia Magnética funcional (fMRI)  con la que se mostró una menor actividad coordinada en la zona CPFVM del cerebro, así como otra técnica, la DTI o difusión de imágenes de tensor. Con esta técnica se mostró la reducción estructural de las fibras de materia blanca que conectan estas dos áreas mencionadas, la amígdala y la corteza prefrontal ventromedial.
  • Los investigadores compararon los cerebros de 20 presos diagnosticados de psicopatía y otros 20 presos que habían cometido delitos similares pero no fueron diagnosticados de psicopatía.

Según Newman, uno de los científicos: “La combinación de alteraciones estructurales y funcionales  en el cerebro de los psicópatas, nos da una evidencia convincente de que esta disfunción observada  entre la amígdala y el CPVM, es una característica estable en el cerebro de los psicópatas.

Confío en que nuestro trabajo de colaboración arrojará más luz sobre el origen de esta disfunción y las estrategias para tratar el problema.

El cambio climático afectará a la salud mental.

Dos expertas del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres advierten en un artículo del peligro que supone el cambio climático para la salud mental de la población mundial.

Publicado por la revista especializada Psychological Medicine bajo el título “El cambio climático en la salud mental (¿pero se discutirá sobre la salud mental en Copenhague?)”, en él Lisa Page y Louise Howard, afirman que el cambio climático resultará crucial para la aparición de nuevos trastornos mentales a nivel global, y también afectará a las personas que sufran enfermedades mentales serias.

Revisión de estudios

Page y Howard revisaron una serie de estudios recientes realizados por científicos y relacionados con el impacto potencial del cambio climático en la salud mental humana. A partir de esta revisión, las expertas concluyeron que los efectos más nocivos de esta situación recaerán en aquellas personas que de antemano padezcan alguna enfermedad mental seria, pero que también habrá un incremento de los trastornos mentales en individuos previamente sanos, de todo el planeta.

Las científicas alertan de la falta de investigaciones sobre los mecanismos por los que el cambio climático provoca y potencia este tipo de trastornos, y de la necesidad de que se realicen nuevos estudios para que se puedan llevar a cabo políticas fundamentadas en conocimientos, que permitan afrontar los problemas que han de llegar.

Según declaró Page en el comunicado del King’s College, mientras los delegados discuten (en Copenhague) sobre los efectos del cambio climático y sobre las posibles respuestas al problema que han de dar los Gobiernos, las expertas temen que los efectos del cambio climático en la salud mental de la gente sean ignorados a largo plazo, lo que supondría un tremendo riesgo para millones de personas en un futuro no lejano.

Riesgos potenciales

Las investigadoras han identificado diversas formas por las que el cambio climático podría afectar a la salud mental.

En primer lugar, los desastres naturales (como inundaciones, ciclones o sequías), que se están incrementando como consecuencia del cambio climático, provocan trastornos psiquiátricos adversos en las personas que los sufren. Estos trastornos han sido bien documentados en los estudios sobre las repercusiones de los desastres naturales, y entre ellos se encuentran el trastorno por estrés post-traumático, la depresión severa o los trastornos somatoformes.

Por otra parte, las necesidades de las personas con enfermedades mentales crónicas a menudo son pasadas por alto tras un desastre de esta envergadura, momento en que las intervenciones psicológicas suelen centrarse en aquellos individuos que acaban de sufrir un trauma. En estas situaciones, el riesgo de mortalidad o de empeoramiento de los enfermos mentales, por tanto, aumenta.

En tercer lugar, a medida que las temperaturas se incrementan, las personas con enfermedades mentales son particularmente vulnerables al peligro de muerte relacionada con el calor. A esta situación contribuyen los medicamentos psicotrópcios, la preexistencia de enfermedades respiratorias o cardiovasculares o el abuso de sustancias. Además, la cantidad de suicidios también podría incrementarse a partir de un umbral de temperatura.

Asimismo, los expertos prevén que como consecuencia del cambio climático aparecerán nuevas enferemdades infecciosas graves. Este hecho también tendrá un impacto piscológico en la población, en forma de estrés psicológico, ansiedad y estrés traumático, advierten Page y Howard.

Otro aspecto del cambio climático que afectará a la salud mental de la población mundial será el derivado de los cambios costeros y del incremento de las inundaciones, que se espera obliguen a migraciones y desplazamientos masivos.

Por otra parte, la urbanización, un fenómeno que podría ser en parte beneficioso (porque aumenta las oportunidades de trabajo y también la posibilidad de acceder a servicios de salud) se está asociando con un incremento de la incidencia de esquizofrenia en países desarrollados.

Buscar soluciones

Según publica a este respecto la agencia de noticias de la UE, CORDIS, el volumen de investigaciones sobre los efectos sanitarios generales del cambio climático va en aumento. Algunos autores calculan que este fenómeno provoca en la actualidad más de 150.000 muertes cada año, una cifra que probablemente empeorará en las próximas décadas.

En lo que se refiere a la salud mental, hasta cierto punto se ha tomado conciencia de los efectos del cambio climático en ella, pero mayoritariamente se habla de estas repercusiones en términos imprecisos, y en los debates que se plantean rara vez participan quienes realizan investigaciones sobre salud mental u ostentan competencias políticas.

La peor parte de los efectos del cambio climático, en lo que a salud mental de la población se refiere, la sufrirán los países pobres o en vías de desarrollo porque, en ellos, la asistencia de salud mental ya es deplorable y, en caso de que su situación económica empeore como consecuencia del cambio climático, será improbable que reciban prioridad para afrontarla.

Howard y Page concluyen que es urgente que los profesionales de la salud mental emprendan estudios científicos sobre este tema. En ellos deberían colaborar diversas disciplinas como la climatología, la geografía, la epidemiología ambiental, el urbanismo, la economía, la modelización o las infraestructuras. La finalidad: planificar y poner en práctica los resultados que se obtengan de las investigaciones.

¿Puede la LSD curar la psicopatía o el autismo?

   Cuando hablamos de psicoterapia con LSD y sus aplicaciones, nos referimos a un tratamiento basado en la catálisis de la psique y en el manejo de estados modificados de conciencia. Si bien es cierto que nadie que trabaje con LSD puede asegurar la cura del paciente, ya que los resultados dependerán de circunstancias totalmente ajenas a la droga (personalidad del sujeto, ambiente, contenido emergente, etc.) también es verdad que a priori parece ser un método bastante acertado para lidiar con diversas patologías, pues se consigue una intensa focalización en el interior, consiguiendo tratar la causa del problema que intentamos resolver, la raíz, y así, no nos quedamos solo en los tratamientos sintomáticos, como ya es costumbre, aún y sabiendo que esos síntomas los está provocando algo.

El título de la entrada puede parecer exagerado, ¿cómo es posible que con psicoterapia asistida con LSD curemos patologías “incurables” hoy en día? Pues no es tan disparatado. Alberto E. Fontana recogió en un artículo publicado en 1961 en el Acta Neuropsiquiátrica Argentina varios casos de este tipo de enfermedades curadas con psicoterapia con LSD. Adjunto la gráfica ahora, que es lo interesante, y después el mismo artículo entero. Prefiero no resumirlo para que el original esté disponible en internet, ya que me fue imposible encontrarlo sin tener que recorrer a la revista donde se publicó para que me lo cedieran.

 

Como se observa, en el caso de las psicopatías, entre las dos psicoterapias (breve y profunda) se obtuvieron 5 curados y 10 muy mejorados. En el caso de las perversiones sexuales, 5 curados y 9 muy mejorados. En esquizoidía y autismo 10 curados y 14 muy mejorados. En depresiones, 3 curadas y 6 muy mejoradas. No se curó ninguna histeria, pero aparecen 10 casos muy mejorados. En hipocondría y somatización se obtuvieron 5 curados y 4 muy mejorados. En neurosis obsesivas se registraron 3 casos curados y 6 muy mejorados, y finalmente en psicosis tampoco se obtuvo ninguna curación completa, y solo 3 casos muy mejorados.

Mirado en porcentajes, en el caso de la psicopatía se curaron o mejoraron mucho cerca del 71% de pacientes, el 56,25% de depresiones o el 63,6% de perversiones sexuales. No son porcentajes especialmente elevados, pero lo que más sorprende, y con lo que me quedo yo, es que pudieron curar enfermedades actualmente intratables, o hasta consideradas como crónicas, como es el caso del autismo. Paso pues a compartir el artículo de Fontana:

“Desde hace años, psiquiatras y psicoterapeutas han tratado comprensivamente de acercarse al enfermo mental utilizando sustancias coadyuvantes que permitiesen acelerar el proceso de comunicación, y por tanto el de curación. Las drogas alucinógenas empezaron a usarse hace años por Kraepelin y otros psiquiatras con fines de investigación y terapia. Desde Moureau de Tours, en 1845, se emplearon éter, cocaína, alcohol, marihuana, etc. Ya en 1926, Routier trabajó con mescalina, considerándola un posible método de investigación psicoanalítica. Freud mismo se interesó en este sentido. El uso de drogas alucinógenas en investigaciones clínicas ha tenido un extraordinario desarrollo a partir de 1938, época en que se contaba con mescalina, LSD, LAE y CY35 (homólogo de la psilocina).

Después de 1938, entre los trabajos referidos al uso de drogas alucinógenas como coadyuvantes en psicoterapia, se pueden citar los realizados por Buck y Johnson en 1952; Savage, Friederking y Sandison en 1954; Abramson en 1955; y en Argentina, los realizados por Álvarez de Toledo, Pérez Morales, y los míos propios. Creemos, conforme a investigadores de diferentes escuelas psiquiátricas y psicoterapéuticas, en la evidente ventaja del uso de drogas alucinógenas, sobre todo por su escasa toxicidad, ya que con ellas se logra una disminución de la desconexión, un aumento del insight y una notable reducción del tratamiento (en mi experiencia, un tercio aproximadamente). También hay común acuerdo en el requisito fundamental de que todo psicoterapeuta que emplee LSD, realice, por lo menos una vez, una experiencia con alta dosis bajo control. Así podrá interpretar adecuadamente los fenómenos que observará en sus enfermos.

En los primeros trabajos con drogas alucinógenas en psicoterapia clínica se observaba una tendencia hacia la investigación de los orígenes de la psicosis. Los trabajos de los autores antes mencionados hicieron evidente que estas drogas eran intensos coadyuvantes  de la psicoterapia, ya que la posibilitaban y aceleraban, al tiempo que la hacían accesible a todo tipo de pacientes. Las objeciones al uso de drogas alucinógenas en psicoanálisis y psicoterapia breve o de grupo, parecen estar muy relacionadas con el error de considerar estas sustancias como una terapia per se y no como coadyuvantes. De allí que la aplicación sin la adecuada psicoterapia pueda agravar componentes psicóticos previos o permitir la aparición de actitudes peligrosas para el sujeto o para los demás. También puede producirse una disminución de las defensas orgánicas. Muchos psicoanalistas terapeutas han comentado la probabilidad de que el paciente no haga una verdadera elaboración de su situación psicológica, y que entonces las drogas no puedan utilizarse en un análisis profundo de la personalidad. Estas objeciones no son válidas, ya que nosotros -psicoanalistas- y casi sin excepción todos los que hemos trabajado con LSD, hemos podido comprobar que el paciente percibe sus defensas y fantasías incluso de forma exaltada. Esto significa que no hay posibilidad de utilizar drogas alucinógenas fuera del ámbito psicoterapéutico y que primordialmente no se perturba la situación transferencial. A la inversa, ocurre que permite la visualización de manera más intensa y su interpretación, dando el médico una verdadera prueba de realidad del proceso psicoanalítico, básicamente transferencial. Los que hemos trabajado en psicoterapia hallamos en estas drogas un medio para reasegurarnos en nuestros conocimientos teóricos previos (formación psicoanalítica en mi caso) dejando de lado ciertos artefactos formales que perturban la relación médico-paciente y, complementariamente, para ampliar el horizonte de nuestras investigaciones, rompiendo esquemas doctrinarios que pueden convertirse en verdaderas murallas para el progreso de la psicología profunda. El Dr. Pérez Morales desarrollará en particular este tema.

A pesar de nuestros planes previos, muy diferentes a los de Sandison o Abramson, prácticamente hemos llegado a las mismas conclusiones respecto a los hallazgos de distintos niveles de regresión observables mediante la utilización de dichas drogas. Mi convencimiento personal, compartido con otros psicoterapeutas, es que sería imposible no concebir la utilización de esta forma de profundizar y acelerar la investigación y el tratamiento del enfermo psíquico.

Refiriéndonos específicamente al uso de esta técnica combinada de psicoterapia consideramos: 1) El análisis individual con una técnica que, como variante de la ortodoxa, incluye el uso de LSD en sesiones más extensas; 2) Como forma de efectuar una psicoterapia breve a personas que por razones de tiempo, de distancia o económicas no pueden hacer una psicoterapia de larga duración o muy frecuente; 3) Como verdadero movilizador en psicoterapia de grupo; 4) En la psicoterapia de niños y adolescentes, en grupos o en sesiones individuales.

Pasaremos a ocuparnos en especial de la técnica y resultados obtenidos en la psicoterapia profunda efectuada con LSD. Resumo aquí la experiencia de autores extranjeros y argentinos.

La LSD, CY39 y la mescalina son, en este orden, coadyuvantes externos en psicoterapia profunda. Las sesiones combinadas deben realizarse en un ambiente adecuado, clínica o sanatorio, ya que durante el tratamiento suelen reactivarse y exagerarse las defensas y actuaciones caracterológicas, y el terapeuta debe estar prevenido frente a esa posibilidad. Estas circunstancias deben plantearse previamente al paciente, señalándole además la necesidad de abstenerse de tomar decisiones que puedan ser fundamentales para su vida hasta que el acmé del tratamiento haya pasado. Es evidente que la experiencia varía cada vez y en cada sujeto, pero lo más significativo e invariable es la regresión, que puede llegar a niveles arcaicos y en ciertas ocasiones conectarse con imágenes heredadas sin relación con lo que podríamos llamar inconsciencia personal.

En un primer momento, el instintivo movimiento de la regresión -que es centrípeto- es vivenciado como una desintegración y muerte. Seguramente como tentativa de evitar esa desintegración, surgen las defensas del enfermo: actuación, proyección, disociación mente-cuerpo, hipocondría, fantasías de regresión. Los síntomas provocados por las drogas parecen ser, desde el punto de vista psicológico, una expresión de defensa ante la vivencia de pérdida de límites o desintegración del yo. Todas las situaciones experimentales actúan sobre el sujeto, hallándose los síntomas en relación directa con la situación actual en el campo de trabajo. Luego se los verá conectados con la historia personal del paciente. La experiencia es vivida como una verdadera situación traumática, frente a la cual el enfermo se defiende con los actuales mecanismos de defensa; es decir, los síntomas aparecidos después de la ingestión de la droga son expresados en una verdadera psicosis modelo o exógena. Somáticamente se observa: trastornos neurovegetativos, sialorrea, náuseas, sensación de mareo, etc. Síntomas que tienen un contenido psicológico y que son modificables por la interpretación y sugieren hallarse relacionados con una reacción de alarma por miedo.

Según la droga empleada, y en especial con mescalina, se observa mayor cantidad de alucinaciones; con LSD despersonalización; y con CY39 somatizaciones. Sucede como si estas drogas actuaran en diferentes áreas. En la primera, produciendo una mayor proyección; en la segunda pérdida de límites del yo, y en la tercera, proyección e introyección en el cuerpo: somatización. Los fenómenos cenestésicos pueden ser muy acentuados y reavivados por estímulos externos (la música, que siempre hemos utilizado). En este momento debe señalarse que lo fundamental no es la descripción semiológica y fenomenológica, sino el poder comprender cada síntoma psíquico-somático como forma de expresión de ese movimiento instintivo al que nos hemos referido anteriormente. Al mismo tiempo, esto sirve para situaciones de la historia personal del individuo, nunca desligadas de la relación bipersonal médico-paciente. Pueden expresarse situaciones traumáticas o episodios de especial valor afectivo. Estos suelen expresarse dramáticamente sin que dicha dramatización vaya acompañada de representaciones mentales, correspondiéndose con un actuar en vez de un recordar: se reafirma así la teoría de que existe una verdadera memoria corporal. Paulatinamente, a través de la interpretación de las situaciones traumáticas y la disminución de la ansiedad, se dan fantasías e imágenes probablemente conectadas con lo somático y heredado, lo arcaico, el inconsciente colectivo según la expresión de Jung.

Podemos decir que, durante la experiencia, todo el proceso de psicoterapia constituye un replanteo de la conexión con la realidad, después de una regresión muy profunda, y un movimiento continuo de proyección e introyección entre el analizado y el analista. Es un verdadero proceso de renacer y revivir, en el que se trata de reestructurar las primitivas relaciones con los objetos, perturbadas en el enfermo. En forma cíclica, el paciente se conecta y desconecta del psicoterapeuta, volviendo para relatar sus regresiones más profundas. Esto es típico del LSD; no resultando tan claro en la mescalina y CY39, que pueden desconectar verbalmente al paciente en un grado mucho mayor. Cíclicamente, el paciente realiza una externalización progresiva de diferentes objetos -persecutorios e idealizados- que recuerda. Su reconocimiento como parte del yo lo hace pasar de las ansiedades paranoides a las depresivas. Durante el curso de la experiencia, el paciente expresa y realiza todas sus fantasías por medio de sensaciones visuales, motoras y finalmente verbales.

Técnica. Esta difiere fundamentalmente según el tipo de psicoterapia utilizada. Sin embargo, todos los autores coinciden en la necesidad de un periodo previo de psicoterapia sin utilización de la droga. Otra necesidad considerada es la de permanecer con el paciente prácticamente toda la sesión, interpretando el material que va apareciendo. Este material es comentado en sesiones posteriores. Por nuestra parte, combinamos el uso de medios como la música y la comida, técnicas de máximo valor para investigar fenómenos no expresados verbalmente  pero pesquisables en el cuerpo. Las sesiones duran de tres a seis horas como máximo, interrumpiéndose mediante la ingestión de 50 mg de Ampliactil y de 30 a 40 mg de Amytal. Como ya se ha expuesto, el paciente debe permanecer internado durante 24 horas si se encuentra en buenas condiciones. En estos tratamientos somos secundados por un equipo de enfermeras, preferentemente con conocimientos de la técnica utilizada por el terapeuta.

Por lo general, nos resultó útil una dosis media de 100 microgramos. Casi nunca utilizamos una dosis más alta, pues la mayor o menor sintomatología parece relacionarse directamente con el grado de conexión que el paciente posea con el terapeuta y consigo mismo. Una dosis que no cumpliera esta relación resultaría una tentativa de reforzar la resistencia habitual con posibilidad de complicaciones con el plano somático (reagravación de procesos hipocondríacos) y en el plano psicológico (actuaciones psicopáticas posteriores). Este criterio es compartido por todos los autores. La frecuencia de las sesiones combinadas con LSD se vincula con las necesidades de cada paciente y la capacidad de emergencia del material.

En 1957, Sandison publicó los resultados obtenidos luego de dos años de trabajo con 93 pacientes: 21 fueron curados, 20 muy mejorados y 30 no modificados. La técnica de Sandison difiere bastante de la antes expuesta: el paciente realiza la sesión con LSD acompañado de una enfermera; posteriormente, el terapeuta realiza con él la interpretación del material obtenido, sobre todo el vinculado con el inconsciente colectivo y las fantasías más arcaicas. La estadística de este autor indica el mayor índice de éxitos: 60% de mejorías o altas en neurosis de ansiedad graves y neurosis obsesivas. Los resultados no son tan brillantes con las histerias: sobre 12 casos, obtuvo una curación y dos apreciables mejorías; en depresiones, 50% de curaciones y mejorías; entre personalidades psicopáticas, mejorías de tres pacientes sobre seis. Sandison señala los inconvenientes del uso de LSD en las neurosis de ansiedad, y aconseja la necesidad de utilizar clorpromazina o barbitúricos antes o después de la experiencia; en caso contrario, los pacientes pueden no querer repetir la LSD, existiendo incluso la posibilidad de una tentativa de suicidio si no hay control suficiente. Coincidimos con Sandison en que, intensificando la psicoterapia y no dejando solo al paciente, se hace innecesario el uso de tranquilizantes. Estos inconvenientes también se pueden salvar según nuestras experiencias recientes con CY39, incluso sin dichas precauciones. Sandison describe, además, tratamientos de psicóticos mejorados en su comunicación con el mundo externo, e insiste -como nosotros hemos comprobado- en que la LSD puede empeorar o hacer visible un proceso psicótico latente. Este sería el caso en que las drogas psicotrópicas podrían utilizarse como “test” de diagnóstico y pronóstico: permitirían la manifestación de un proceso psicótico subyacente a una sintomatología neurótica. Por su parte, Friederking presenta 200 casos tratados con mescalina y LSD, insistiendo en la necesidad de la experiencia personal del terapeuta. No hay mayores detalles en cuanto a la frecuencia y duración de los tratamientos. También Abramson, Johnson, Savage, aunque sin estadística, señalan la importancia del LSD. Martín relata que sobre 50 pacientes psiquiátricos fueron modificadas 19 neurosis obsesivas y 6 psicopatías.

La bibliografía argentina está constituida por aportaciones de Tallaferro (63 pacientes) y mías (344 pacientes), junto con Álvarez de Toledo (1357) y Pérez Morales (80). Nuestros resultados fueron obtenidos a través de experiencias con mescalina (aplicada pocas veces) LSD (el más habitual) en dosis de 50, 75, 100 ó 150 microgramos según el paciente, y con CY39 (en dosis de 9 mg por término medio), inyectable o por vía bucal, de características diferentes al LSD, parece producir menos ansiedad y angustia y favorecer la somatización. Los mayores éxitos corresponden a neurosis obsesivas, caracteropatías, personalidades esquizoides y neurosis de angustia, mientras que los resultados más desalentadores se refieren a las histerias crónicas, a algunas neurosis de angustia y a las depresiones endógenas, si bien en dos casos pudimos reducir los periodos depresivos y lograr una franca mejora. Insistimos en que esto sucedió con pacientes sometidos a terapéutica regular en un periodo no menor a 6 meses. La psicoterapia breve padece extraordinarias dificultades: no solo por la gran cantidad de pacientes -la mayoría con problemas económicos-, sino también por los que habitan en zonas distantes de un psicoterapeuta adiestrado. Técnicamente, además, se exige de éste una formación muy amplia; de lo contrario es posible caer en una psicoterapia de apoyo que a la larga no resultaría útil. Con los controles necesarios sobre el tipo  de pacientes, con diagnóstico y pronóstico previos y adecuada preparación de un buen equipo colaborador (según la experiencia de Sandison) en un ambiente clínico con internación, se pueden obtener buenos resultados.

Friederking trata algunos casos en consultorios externos. Mi experiencia con un equipo de médicos en consultorios externos o de media internación es una prueba en favor de esta posibilidad abierta a la psicoterapia breve de neuróticos y psiconeuróticos; estos pueden beneficiarse con una psicoterapia intensiva, no en frecuencia, pero sí en profundidad. En mi caso, trabajo con un equipo de colaboradores médicos adiestrados por un previo análisis individual combinado, de dos a tres años, y cuyo trabajo se estudia semanalmente mediante un grupo de control. El ayudante permanece con el paciente durante la sesión con droga, y luego el material obtenido es llevado y analizado en el grupo. Cada vez que el paciente concurre a hacer el tratamiento (semanal, quincenal o mensualmente) es visto por mi; permanece internado durante las doce horas posteriores. Las experiencias actuales abarcan más de 100 pacientes del interior y confirmarían en un todo los comentados trabajos de Sandison.

Por otra parte, aplicado el LSD en psicoterapia de grupo permite manifestar más intensamente los mecanismos de defensa frente a la conexión, haciendo más comprensibles sus motivaciones. Mientras que en la sesión individual combinada las defensas se expresan temporalmente, en el grupo se dramatizan especialmente; en aquellas, el paciente asume las defensas correspondientes a su nivel de regresión, en éste se dan simultáneamente diversas defensas adoptadas por cada uno de sus miembros (roles). La interpretación produce el intercambio de los roles; su sucesión en cada paciente, los va llevando hacia la integración. El paciente abandona el rol cuando puede administrarse a sí mismo, a los demás miembros del grupo y al terapeuta sin temor a una fragmentación de su yo. En el grupo surgen con gran intensidad fenómenos del inconsciente colectivo; debidamente interpretados, facilitan el pasaje de la magia a la conexión y el enfermo acepta su tiempo y sus limitaciones, apareciendo inmediatamente vivencias relacionadas con el transcurso del tiempo y el miedo a la muerte, así como preocupaciones por crear y reparar. Los grupos están formados por 7 o 10 miembros; se reúnen semanalmente de una hora a una hora y media. Una vez por mes, o cuando las necesidades del grupo lo requieren, se realizan sesiones combinadas con LSD, a las que concurre un observador terapeuta que también interpreta, posibilitando el control de las acciones psicopáticas generalizadas. Se emplea una técnica igual a las ya descritas. Las indicaciones son las mismas de la psicoterapia profunda; primordialmente, la psicoterapia de grupo está indicada en psicopatías, hipocondrías y adolescencia. Constituirían una excepción las personalidades extremadamente narcisistas, que a un corto plazo resultan destructoras.

Otra ventaja de esta terapia consiste en ser una forma y medida del grado de conexión alcanzado por un sujeto en su análisis individual. El último aspecto se refiere a la psicoterapia de niños (individual o de grupo), en la cual tengo experiencia directa y de control de 10 casos de caracteropatías. En todos ellos observamos un evidente progreso en el aspecto psíquico y somático. En su comunicación, el doctor Rojas se referirá específicamente a esta técnica. Considerando que nuestra experiencia con psicóticos no es suficiente hasta el momento, no la incluyo en el presente trabajo.”

Psicosis y consumo de tóxicos.

   Comparto este artículo publicado en la revista Mente y cerebro, en el que se habla de la relación entre el consumo de drogas y las psicosis. Parece evidente que dicho consumo actúa como disparador de trastornos mentales latentes, pero es importante enfatizar que de ningún modo genera psicosis donde no las hay.

El impacto de la esquizofrenia es peor si va acompañado del consumo de tóxicos. Sin embargo, diversos estudios demuestran que existe una alta prevalencia del uso de sustancias tóxicas en personas que padecen dicho trastorno, incluso tres veces mayor que en la población general. Los hombres se manifiestan más consumidores que las mujeres.

Entre otros efectos, el uso de drogas adictivas influye en una peor evolución de la psicopatología: las sucesivas crisis impiden con frecuencia la integración social y laboral de los afectados; estos pierden su red social, hecho que les lleva al aislamiento. Esta situación se da también en las demás enfermedades psicóticas.

Existen distintas teorías sobre el efecto de los tóxicos en personas con psicosis. En cualquier caso, parece que todas señalan hacia una peor evolución cuanto mayor es el consumo de drogas de abuso. Los tóxicos más consumidos por las personas que presentan un trastorno psicótico son: tabaco, bebidas con cafeína, alcohol, cannabis y cocaína. Con el fin de entender su influencia en el curso de la psicopatología y mejorar el tratamiento, parece necesario evaluar el consumo de tóxicos en los primeros episodios psicóticos.

Cigarrillos, cafeína y alcohol. 

En el caso concreto del tabaco, los individuos con trastorno psicótico son entre dos y cuatro veces más fumadores que la población general, proporción todavía mayor entre las personas con esquizofrenia. Estas últimas fuman más cigarrillos al día, de sabores más fuertes, aspiran mayores dosis de nicotina y presentan más síntomas psicóticos.

El consumo de bebidas con cafeína también es mayor en los pacientes con esquizofrenia. Manuel Gurpegui, del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Granada, y sus colaboradores, aconsejan controlar el efecto de una mayor ingesta de cafeína en asociación con el consumo de tabaco, ya que este último se relaciona con la inducción del metabolismo (incremento de la actividad) de la cafeína. A su vez, apuntan los autores, la cafeína se relaciona con el consumo de alcohol en los hombres. Según describe Clara M. Bradizza, de la Universidad de Búfalo, la ingesta de alcohol y de otras sustancias psicoactivas supone una evolución deficiente de las personas que padecen un trastorno psiquiátrico. Además, estos individuos presentan una escasa integración en los tratamientos específicos, con lo cual aumenta el grado de deterioro.

Evaluación a tiempo. 

La evaluación del consumo de tóxicos en los primeros episodios psicóticos presenta dos beneficios claros: por un lado, conocer su influencia en el inicio del trastorno y relacionarlo con su presentación clínica; por otro, analizar la evolución de la enfermedad en función de si existe consumo de tóxicos o no y según las características del consumo.

En un estudio desarrollado por nuestro equipo (Grupo Genipe) del Parque Sanitario San Juan de Dios, y el Hospital Materno-infantil del mismo centro, evaluamos la influencia del consumo de tóxicos en 84 personas de entre siete y 65 años con un primer episodio psicótico. Los resultados mostraron que los tóxicos más consumidos fueron cafeína (56%), tabaco (53%), alcohol (50,5%) y cannabis (52,6%). Este último resulta especialmente interesante, puesto que diferentes estudios asocian dicha droga con el inicio de la enfermedad. También destaca el consumo de cocaína por parte de un cuarto de participantes (24,2%) de la muestra.

En relación al patrón de consumo, más de la mitad de los probandos mostraron un uso alto en tóxicos como el cannabis, el tabaco y la cafeína. En cuanto al inicio del consumo y de la enfermedad, en la mayoría de los casos, primero se daba el consumo, y luego el trastorno.

Existen, sin embargo, dos tipos de tóxicos que se empiezan a consumir una vez se ha iniciado la enfermedad: los sedantes y los opiáceos. En relación al género, observamos que las mujeres consumían con más diferencia menos cocaína, alucinógenos y cannabis que los varones.

Dichos resultados conducen a plantearnos la necesidad de llevar a cabo una correcta evaluación del consumo de tóxicos en personas con un primer episodio psicótico con el objetivo de trazar intervenciones adecuadas para los consumidores de sustancias tóxicas, así como para prevenir dicho consumo.

Susana Ochoa.

Unidad de investigación y desarrollo

Parque Sanitario S Juan de Dios.