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La caída del imperialismo farmacológico en salud mental.

En los últimos dos años, y especialmente a lo largo de este año 2012, se han sucedido una serie de hechos que han puesto en entredicho la validez de la teoría que reduce la explicación de los trastornos mentales a simples desequilibrios bioquímicos, así como ha aumentado el número de voces que advierte sobre el peligro de que la industria farmacéutica haya acumulado demasiado poder e influencia a la hora de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla. La cuestionable eficacia de los antidepresivos y los antipsicóticos, junto a sus efectos adversos, y la creciente e imparable expansión de categorías diagnósticas en salud mental con cada nueva edición del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, considerado una de las la “Biblias” de la psiquiatría y uno de las principales fuentes de ingresos de la organización) son debate de actualidad en foros científicos y periódicos de gran alcance.

Según el modelo en el que se fundamenta la terapia farmacológica actual de la enfermedad mental, y por ende, la práctica en psiquiatría, los trastornos mentales vienen determinados biológicamente (obedecen a desequilibrios de determinados neurotransmisores cerebrales) por lo que su tratamiento debe establecerse sobre la base de la administración de ciertos psicofármacos que corrijan estas desviaciones. El auge de esta explicación de la enfermedad mental, que coincidió en el tiempo con la introducción de los primeros psicofármacos en el mercado, en la década de los 50, y se consolidó con la aparición del Prozac en los años 80, ha venido acompañado de un vertiginoso aumento del número de diagnósticos de trastornos mentales. Las cifras hablan por sí solas: el número de personas que consume antidepresivos se ha triplicado en tan sólo 10 años y la nueva generación de antipsicóticos -Risperdal, Zyprexa (olanzapina) o Seroquel (quetiapina)- se ha convertido en líder de venta mundial, por encima de cualquier otro fármaco para tratar dolencias o enfermedades físicas.

Inmersa en esta imparable carrera de la psicofarmacología, la sociedad ha aceptado confiadamente depositar su salud mental en manos de la industria farmacéutica. Sin embargo, unos cuantos visionarios están haciendo tambalear las premisas sobre las que se sustenta esta conceptualización de la enfermedad mental, dedicando sus años de investigación a responder a cuestiones fundamentales, como si los psicofármacos realmente funcionan, qué consecuencias puede tener este elevado consumo de medicamentos en nuestro organismo, o si, por contra, su proliferación obedece a otros intereses.

Dentro de este conjunto de voces críticas se encuentran prestigiosos investigadores procedentes de muy diversas ramas, como la psicología, la psiquiatría, la antropología, la biología, la química o el periodismo, quienes, a través de diferentes pruebas y argumentaciones, comparten una misma conclusión: la necesidad de dar un giro en la atención que se presta en salud mental, dado que el modelo teórico que explica los trastornos mentales únicamente como un desequilibrio químico cerebral que hay que subsanar no se sostiene y puesto que recientes investigaciones evidencian que los psicofármacos no funcionan tan bien como se ha hecho creer, e incluso, es más, pueden resultar muy perjudiciales.

Uno de los principales críticos al modelo farmacológico en salud mental es precisamente un psiquiatra estadounidense: Daniel Carlat. En su obra titulada Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis (Los trastornados: El problema con la psiquiatría- las revelaciones de un médico relacionadas con una profesión en crisis), explica los intereses (no precisamente científicos) que impulsaron el cambio en la conceptualización de los trastornos mentales hacia un modelo exclusivamente bioquímico y habla sin tapujos sobre la poderosa alianza entre la psiquiatría y las compañías farmaceúticas, aportando esclarecedores datos al respecto (Daniel Carlat y la alianza entre la psiquiatría y la industria farmacéutica).

Esta creciente intromisión de la industria farmacéutica en el quehacer de la psiquiatría ha levantado el recelo de un amplio grupo de profesionales del ámbito de la salud mental. Un artículo publicado el pasado mes de marzo en la conocida revista PLoS Medicine destapaba la existencia de graves conflictos de intereses entre muchos de los expertos que trabajan en la elaboración de la nueva versión del DSM (DSM-V) con industrias farmacéuticas o empresas afines (El DSM-V continúa sembrando polémica debido a los conflictos de intereses de sus comités). Al mismo tiempo, un grupo de psicólogos y psiquiatras de Reino Unido publicaba un polémico artículo en la revista The Guardian criticando la imparable ampliación de categorías diagnósticas prevista para el DSM-V y advirtiendo de las graves consecuencias que podría tener para los miles de personas que iban a ser etiquetadas como “enfermas mentales” a causa de comportamientos que en realidad no tienen nada de patológicos. Fruto de estas críticas y de una importante campaña de recogida de firmas se ha conseguido que algunas de las nuevas propuestas diagnósticas más controvertidas no sigan adelante (Los encargados del DMS-V dan marcha atrás en algunas de sus decisiones).

En medio de esta polémica, diversos estudios científicos han puesto en duda la eficacia asociada a los antidepresivos y antipsicóticos de segunda generación. En primer lugar, Irving Kirsch y su equipo de investigación, al que Infocop tuvo la ocasión de entrevistar hace un par de años (Los antidepresivos en tela de juicio), han sido los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que ha revolucionado la interpretación de los resultados de la literatura científica en depresión. Sus estudios ponen de manifiesto que,en comparación con el placebo, la eficacia de los fármacos antidepresivos es prácticamente inexistente en los casos de depresión ligera, moderada e incluso grave – evidencia que ha sido avalada también por otros equipos de investigación, como el de Khan (2002) o el de Fournier (2010)-. Es más, tal y como demuestra el trabajo de Irving Kirsch, la eficacia de los antidepresivos no se debe a un efecto de su mecanismo de acción sobre el nivel de serotonina, sino al efecto que causa la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando asume que está bajo un tratamiento supuestamente eficaz, ya que, según demuestra su investigación, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebo con efectos secundarios muy notables (Irving Krisch y la caída del mito de los antidepresivos).

Asimismo, un reciente artículo realizado por el equipo de Erick H. Turner y publicado también en la revista PLoS Medicine, advierte que la aparente efectividad clínica de los fármacos antipsicóticos de segunda generación puede estar influida por el denominado sesgo de publicación, que consiste en la tendencia a la publicación selectiva de ensayos clínicos favorables en revistas científicas, en detrimento de los ensayos que no han obtenido dichos resultados. Los autores del trabajo señalan con preocupación que no se está aportando toda la información a la comunidad científica, ni con la precisión que se requiere, a pesar de la transcendencia que tiene a la hora de determinar las decisiones clínicas en el tratamiento de las personas afectadas, sembrando de nuevo la duda sobre los intereses que hay detrás de los ensayos clínicos, subvencionados, en su inmensa mayoría, por las propias industrias farmacéuticas (Se cuestiona la eficacia de los fármacos antipsicóticos).

De hecho, este mismo año, dos importantes laboratorios de EE.UU. han sido sancionados con multas millonarias por “publicidad engañosa”. Por un lado, la empresa Abbott se enfrenta a una multa de 1.600 millones de dólares por promover un medicamento estabilizante del estado de ánimo (Depakote) para usos no aprobados, incluido el tratamiento de la esquizofrenia, la demencia y el autismo, a pesar de la ausencia de pruebas científicas sobre su seguridad y eficacia. Por otro lado, el pasado mes de abril, la compañía farmacéutica Johnson & Johnson (J&J) ha sido sancionada con una multa de más de 1.100 millones de dólares por ocultar los riesgos del antipsicótico Risperdal, según ha sentenciado un juzgado de Arkansas.

Otros investigadores llegan incluso más lejos en sus conclusiones acerca de la utilización de psicofármacos, advirtiendo que tanto los antidepresivos como la mayoría de los fármacos psicoactivos no son sólo ineficaces, sino perjudiciales. Esto es lo que ha demostrado un equipo de investigación liderado por el biólogo evolutivo Paul Andrews, tras analizar las consecuencias del consumo de antidepresivos (cuyo mecanismo de acción radica en aumentar el nivel de serotonina en el cerebro), sobre otros procesos biológicos del cuerpo humano en los que también está involucrado este neurotransmisor, como la digestión, la coagulación de la sangre, la reproducción o el crecimiento. Los resultados de este estudio, publicado el pasado mes de abril en la revista Frontiers in Psychology, establecen que los riesgos asociados al consumo de estos fármacos (y entre los que se encuentra el riesgo de accidente cerebrovascular y muerte prematura en personas mayores) no compensan los supuestos beneficios que puedan tener sobre el estado de ánimo (¿Por qué los antidepresivos causan más daños que beneficios?).

Esta misma línea de argumentación es defendida también por Robert Whitaker, quien en su obra titulada Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America (Anatomía de una epidemia: panaceas, psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en EE.UU.), pone de manifiesto que después de décadas de investigación, los resultados científicos evidencian que la teoría del desequilibrio químico para explicar las enfermedades mentales no se sostiene. Es más, según establece Whitaker, basándose en los resultados de técnicas de neuroimagen en pacientes con trastorno mental en tratamiento farmacológico: “Antes del inicio del tratamiento farmacológico, los pacientes diagnosticados de esquizofrenia, depresión o cualquier otro trastorno pisquiátrico no presentan estos famosos desequilibrios químicos. Sin embargo, una vez que una persona inicia el tratamiento farmacológico, que de una manera u otra abre una llave en la mecánica habitual de la transmisión neuronal, su cerebro empieza a funcionar de manera anormal”. Es decir, que es el consumo a largo plazo de fármacos psicoactivos el que da lugar a un daño irreparable en el cerebro, provocando una atrofia cerebral y no al revés (Robert Whitaker y los efectos nocivos de los psicofármacos).

A partir de las conclusiones establecidas por todos estos investigadores, la validez del modelo farmacológico que impera en nuestros días para tratar los trastornos mentales es, cuanto menos, muy cuestionable. En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso. No obstante, seguimos inmersos en un modelo de atención en salud mental excesivamente medicalizado y esta visión biologicista y simplista de la enfermedad mental, impide que se tengan en cuenta otros tratamientos alternativos, que sí funcionan y que, a medio y largo plazo, no suponen un incremento de la carga presupuestaria.

Dado el creciente protagonismo que están alcanzando estas voces críticas, Infocop tratará en profundidad, en los próximos días, el análisis de estas y otras cuestiones, gracias a la participación de dos expertos de nuestro país. En primer lugar, Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático de psicología del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, ofrecerá una aguda reflexión sobre las implicaciones del modelo biologicista aplicado a la salud mental. En segundo lugar, Héctor González Pardo, profesor titular de la Universidad de Oviedo y miembro del Instituto Universitario de Neurociencias del Principado de Asturias (INEUROPA), proporcionará una interesante selección de investigaciones que dan cuenta de la verdadera acción de los psicofármacos (específicamente de los antipsicóticos) sobre el sistema nervioso.


Referencias:

I. Kirsch (2010). The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth. Basic Books.

R. Whitaker (2011). Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America. Crown.

D. Carlat (2010). Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis. Free Press.

E. H. Turner, D. Knoepflmacher y L. Shapley (2012). Publication bias in antipsychotic trials: an analysis of efficacy comparing the published literature to the us food and drug administration database. PLoS Med 9 (3): e1001189. doi:10.1371/journal.pmed.1001189.

Paul W. Andrews, J. Anderson Thomson, Ananda Amstadter, Michael C. Neale. Primum Non Nocere: An Evolutionary Analysis of Whether Antidepressants Do More Harm than Good. Frontiers in Psychology, 2012; 3. Doi: 10.3389/fpsyg.2012.00117.

Khan, A., Leventhal, R.M., Khan, S.R., Brown, W.A. (2002). Severity of depression and response to antidepressants and placebo: an analysis of the Food and Drug Administration database. Journal of Clinical Psychopharmacology, 22, 1, 40-45.

Fournier, J.C., DeRubeis, R.J., Hollon, S.D., Dimidjian, S., Amsterdam, J.D., Shetlton, R.C. y Fawcett, J. (2010). Antidepressant drug effects and depression severity. A patient-level meta-analysis. Journal of the American Medical Association, 303, 1, 47-53.

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El consumo del cannabis es un derecho que debe reconocerse

El catedrático de Farmacología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) José Javier Meana ha afirmado que el consumo “lúdico” del cannabis “es un derecho que posiblemente debe reconocerse”, tras lo que ha señalado que, salvo en algunos sectores de la población, sus efectos sobre la salud son “mínimos”.

Meana ha comparecido este martes ante la ponencia del Parlamento vasco para el análisis de una solución regulada de la actividad de los denominados ‘clubes sociales de cannabis’.

En declaraciones a los medios de comunicación tras su comparecencia, ha subrayado la necesidad de “desligar” el consumo “lúdico o recreativo” de esta sustancia de su uso terapéutico. Meana ha discrepado de aquellos que recurren al “argumento” del uso terapéutico para cultivar o consumir cannabis por su cuenta, así como para defender su legalización.

Según ha explicado, ya existen productos farmacéuticos comercializados que contienen esta sustancia, que se consideran medicamentos y cuya prescripción y control corresponde a un profesional sanitario. “No existe el porro terapéutico”, ha manifestado.

En el caso del uso “lúdico” del cannabis, ha considerado que “entra en el terreno de los derechos civiles” y que, “posiblemente, es un derecho que se debe reconocer”. En la misma línea, se ha mostrado partidario de “regular” el estatus de las asociaciones de consumidores de cannabis.

Meana ha recordado que la legislación sobre drogas, entre ellas el cannabis, “se basa sobre todo en el hecho de que vulneran la salud o se considera que se vulneran la salud”, por lo que su distribución se considera un “atentado” contra la misma.

No obstante, este catedrático de Farmacología ha asegurado que los daños de esta sustancia sobre la salud, con carácter general, “son mínimos” y que, incluso, su consumo habitual causa menos perjuicios que una “intoxicación aguda”.

CONTRADICCIÓN.

   “Hay una contradicción indudable en condenar a alguien por vulnerar aspectos relacionados con la salud, cuando luego resulta muy difícil demostrar eso desde un punto de vista científico”, ha afirmado, para añadir a continuación que habrá que “resolver” dicha “contradicción”.

De todas formas, ha alertado de que esto no significa que el cannabis sea “inocuo” y que sus efectos son más perjudiciales en determinados sectores de la población. Entre ellos, ha citado a los adolescentes, debido a que el consumo de esta sustancia afecta a los procesos cognitivos. Por ese motivo, ha reclamado que se potencien las medidas “preventivas” en este campo.

También ha alertado de los riesgos que implica esta sustancia para los enfermos mentales, en este caso ha citado a las personas afectadas por una psicosis esquizofrénica, cuyas patologías se pueden ver agravadas de forma significativa por su consumo.

http://www.europapress.es/salud/salud-bienestar-00667/noticia-catedratico-farmacologia-cree-consumo-cannabis-derecho-debe-reconocerse-20120612113056.html

La cafeína y la glucosa combinadas mejoran la eficiencia del cerebro.

“El principal resultado es haber encontrado que la combinación de las dos sustancias mejora el rendimiento en atención y memoria de trabajo, al aumentar la eficiencia de las áreas cerebrales que sustentan estas dos funciones”, explica Josep M. Serra Grabulosa, autor principal del estudio e investigador de la Universidad de Barcelona (UB). Este hecho reafirma la idea del efecto sinérgico entre las dos sustancias, de modo que una potencia los efectos de la otra.

Concretamente, se ha podido observar que los individuos en que se combinaron las dos sustancias mostraron una disminución de la activación cerebral relacionada con la actividad realizada en la corteza parietal bilateral, así como en la corteza prefrontal izquierda, dos regiones que participan activamente en los procesos de atención y memoria de trabajo.

Esta disminución, junto con el hecho de que no se hayan observado diferencias en el rendimiento de tipo conductual durante el análisis, sugiere que el cerebro se muestra más eficiente bajo los efectos de las dos sustancias, ya que necesita menos recursos para obtener el mismo rendimiento que los sujetos que tomaron placebo o cafeína y glucosa por separado.

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores de la UB han analizado la actividad cerebral asociada a una tarea n-back, mediante la técnica de la imagen por resonancia magnética funcional. En este caso, se evaluaban la atención sostenida y la memoria de trabajo —dos capacidades básicas en la mayoría de tareas cognitivas que hacemos a diario— después de haber suministrado a los participantes, en forma de doble ciego, cafeína o glucosa, por separado o combinadas, o bien placebo. El estudio se realizó en el Centro de Diagnóstico por la Imagen del Hospital Clínico de Barcelona, y participaron 40 voluntarios sanos.

En un estudio anterior de los mismos investigadores sobre el consumo de cafeína y glucosa, se habían puesto de manifiesto mejoras en la atención y en las tareas de memoria declarativa, y ningún cambio significativo en el estado subjetivo de los participantes. Las conclusiones mostraban que la combinación de cafeína y glucosa tiene efectos beneficiosos en la atención (tareas de tiempo de reacción secuencial) y en el aprendizaje y la consolidación de la memoria verbal, lo cual no se observaba cuando se suministraban las sustancias individualmente.

La ketamina, la anestesia de la felicidad.

Los medicamentos tradicionales antidepresivos pueden tardar semanas en producir una mejoría en los pacientes con depresión”, explica a SINC Lisa Monteggia, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad de Texas (EEUU). Sin embargo, la ketamina, utilizada originalmente por sus propiedades analgésicas y anestésicas, “ejerce una respuesta de acción rápida en pacientes con depresión resistente al tratamiento y con trastorno bipolar”.

Esta rapidez supone una oportunidad única para el tratamiento de personas de alto riesgo, como pacientes con riesgo de suicidio. “Estudios clínicos han mostrado ya que una dosis baja de ketamina intravenosa puede aliviar los síntomas de depresión severa en cuestión de horas, y los efectos pueden durar hasta dos semanas”, subraya Monteggia. Lo que no estaba claro hasta ahora era el mecanismo de esta sustancia en el cerebro.

El trabajo, publicado esta semana en la revista Nature, revela que las dosis bajas de ketamina, un bloqueador de los receptores NMDA en el cerebro, aumenta la expresión de un factor de crecimiento específico, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), asociado a efectos antidepresivos.

Los autores fueron capaces de demostrar que el vínculo entre el efecto de la ketamina en los receptores NMDA y el aumento de los niveles de BDNF implica cambios en una forma específica de la comunicación (neurotransmisión espontánea) entre las células nerviosas que antes no se habían asociado a ningún tipo de acción de los fármacos.

“El descubrimiento de una nueva vía antidepresiva de acción rápida facilita una manera de desarrollar más velozmente los antidepresivos”, afirma la investigadora. “La identificación de una forma específica de comunicación entre las células nerviosas que participan en el tratamiento antidepresivo supone nuevas pistas sobre lo que ocurre en el cerebro para desencadenar trastornos psiquiátricos como la depresión”, concluye.

Artículo completo: http://www.agenciasinc.es/Noticias/La-ketamina-la-anestesia-de-la-felicidad

El ejercicio diario dificulta abandonar la adicción a las drogas.

El ejercicio cotidiano suele asociarse con un cuerpo y una mente sanos. No obstante, un reciente estudio reveló que aquellas personas que realizan ejercicio de forma cotidiana encuentran una dificultad mucho mayor para romper con algunas adicciones, como las drogas. La investigación, a cargo de científicos del Instituto Beckman para la Ciencia y Tecnología Avanzada de la Universidad de Illinois (EE. UU.), se centró en los efectos del ejercicio en la recuperación de las adicciones, concretamente en la cocaína.

Para realizar el experimento, los científicos tomaron a varios ratones a los que dividieron en dos grupos: los del primer grupo corrían a diario en las ruedas de sus jaulas, mientras que los segundos pasaban casi todo el día en reposo. Después de 30 días de esta rutina, a cada roedor le dieron una pequeña dosis de cocaína líquida. Resultó que los ratones que habían corrido en la rueda regresaron muchas más veces hasta el punto en el que se les suministró la droga, mientras que los de vida sedentaria muy pronto se negaron a recibir nuevas dosis.

Este experimento se basó en las pautas del modelo “preferencia del lugar condicionado”, que sugiere que los animales que han probado algo que haya resultado satisfactorio vuelven al lugar en el que les fue suministrado el compuesto o alimento. Cuantas más veces regrese a ese punto, mayor es la adicción a la que se ve sometida el cerebro.

“Nuestro descubrimiento supone una buena noticia y una no tan buena”, confesó el principal autor del estudio, Justin S. Rhodes. Por un lado, para una persona que entrena de forma cotidiana podría suponer una dificultad aún mayor frente a otros pacientes para combatir una adicción.

Pero, por otro lado, explicó Rhodes, “los resultados, fundamentalmente, son ‘alentadores’ ya que muestran que el ejercicio ayuda a desarrollar una mayor capacidad de aprendizaje, que cada individuo debe usar con sabiduría”.

Artículo completo en:http://actualidad.rt.com/ciencia_y_tecnica/inventos/issue_38664.html?_fb

Las moscas que no consiguen sexo se entregan al alcohol.

En un artículo en la revista Science, los investigadores sugieren que el alcohol estimula el cerebro de las moscas como un “premio” similar a la conquista sexual. El trabajo apunta a un químico cerebral llamado neuropéptido F, que parece estar regulado por el comportamiento de la mosca.

Los cerebros humanos tienen un compuesto químico similar, que puede reaccionar de modo parecido. La conexión entre el alcohol y este químico, conocido en los humanos como neuropéptido Y, ha sido ya señalada en estudios que involucran a ratones consumidores de alcohol.

Recompensa

El nuevo trabajo explora el vínculo entre esa búsqueda de recompensa y el estudio de las interacciones sociales, dijo el autor principal del informe, Galit Shohat-Ophir, quien actualmente se encuentra en el Instituto Médico Howard Hughes, en Virginia, Estados Unidos.

“Se cree que el sistema de recompensas evolucionó para fortalecer comportamientos que son importantes para la supervivencia tanto del individuo como de la especie, incluyendo el consumo de alimento y la copulación”, dijo a la BBC Shohat-Ophir.

“Las drogas secuestran los mismos senderos neurales usados por las recompensas naturales, así que queríamos usar el alcohol, un ejemplo extremo de un compuesto que puede afectar el sistema de recompensas, para adentrarnos en el mecanismo de lo que hace satisfactoria la interacción social para los animales”.

Trabajando en el laboratorio de Ulrike Heberlein en la Universidad de California, San Francisco, Shohat-Ophir y sus colegas sometieron a varias moscas a una amplia variedad de situaciones.

En un conjunto de experimentos, los machos fueron puestos en una caja con cinco hembras vírgenes, que aceptaron los avances de los machos. En otro experimento, los machos fueron encerrados con hembras que ya habían copulado y que por lo mismo rechazaron de manera rotunda sus intentos de tener sexo.

Después podían escoger entre el alimento normal y una versión cargada con 15% de alcohol. Los machos que habían logrado copular evitaron el alcohol, mientras que los que no habían conseguido sexo se “entregaron a la bebida”.

A continuación los científicos fueron a buscar un químico que pudiera conectar las dos partes de esta historia, y encontraron el neuropéptido F (NPF).

Encontraron que los machos rechazados y bebedores tenían un nivel reducido del químico. Mientras que los machos que sí habían conseguido copular y que habían evitado el trago tenían un nivel elevado del químico en cuestión. “Lo que creemos es que esos niveles de NPF son una especie de firma molecular de la experiencia”, dijo Shohat-Ophir.

Lecciones

Para mostrar que el NPF es en realidad responsable del cambio y no simplemente que está asociado al mismo, los investigadores manipularon activamente la cantidad de NPF en el cerebro de las moscas.

Los que tenían niveles deprimidos actuaban como los machos rechazados y los que tenían niveles elevados actuaron como los machos copuladores.

“Lo que esto nos lleva a pensar es que el cerebro de la mosca, y presumiblemente el de otros animales y el de los humanos, tienen todos un sistema para controlar el nivel de recompensa interna. Una vez el nivel de recompensa interna está deprimido, será seguido por comportamiento que lo restaure al nivel original”, apuntó Shohat-Ophir.

Es tentador, dado que los humanos comparten un químico cerebral similar, imaginar que el NPF conduce el comportamiento humano también.

Sin embargo, en otro artículo de Science, Troy Zars de la Universidad de Missouri escribió que “antropomorfizar los resultados de las moscas es tentador, pero la relevancia al comportamiento obviamente no está aún comprobada”.

Sin embargo, sugirió, “identificar el sistema NPF como crítico en esta conexión ofrece emocionantes perspectivas para determinar los mecanismos moleculares y genéticos de recompensa y potencialmente podrían influir en nuestro conocimiento de los mecanismos de las drogas de abuso”, afirmó.

(A veces) Beber alcohol es bueno.

Que el alcohol es malo habría que discutirlo. El alcohol de 96º es esencial para cuidar las heridas, como todos sabemos… pero ojo que pica… Claro que cuando hablamos de beber, la cosa es distinta.

El vino tiene alcohol, sí, aunque normalmente no suele superar el 14%. Sin embargo, tiene otros elementos valiosos para nuestra salud; por ejemplo, los taninos como el resveratrol  o moléculas con propiedades antioxidantes como la melatonina.

Lo que no sabe la gente es que para que el resveratrol haga su papel anticancerígeno, beneficioso para el corazón y la longevidad (y muchos otros), necesitaríamos entre 3 y 5 gramos, y eso en términos de vino significaría beber muchísima cantidad, pues cada litro tiene como mucho 3 miligramos (es decir, que tenemos que bebernos unos 1.000 litros para tener una dosis eficaz).

Tal vez por eso estén las bodegas tratando de enriquecer los vinos  con esta molécula; si no, siempre quedará la posibilidad de tomarlo en pastillas. Pero no quería hablar ni del resveratrol ni de la melatonina, quiero hablar del alcohol y de que a veces no es tan malo como lo pintan.

En Estados Unidos, tal vez influidos por la televisión y el cine, sabemos que les gusta vivir en casas unifamiliares con jardín, garaje, etc. No son casas muy sólidas aparentemente pero parecen acogedoras. Lo que siempre es llamativo es lo magnífico del garaje.

Los garajes de esas casas tienen de todo: el (o los) coches, motos, bicicletas y un elenco de herramientas para que los más manitas se pongan en faena. Muchas veces, además, tienen otros productos. Uno de estos es especialmente llamativo: el anticongelante del auto. Este líquido suele presentar colores llamativos -anaranjado, rojo o verde fosforito- y son suavemente dulces, motivo por el cual muchos niños pequeños no dudan en absoluto en bebérselo aprovechando que sus padres no están atentos.

El anticongelante posee una sustancia llamada etilenglicol que hasta los años treinta contenía metanol, pero desde finales de esa década se sustituyó por el etilenglicol. Esta sustancia afecta al riñón y al corazón, haciendo que fallen y provoquen la muerte del que lo consume. El etilenglicol es transformado al menos por tres enzimas, la alcohol deshidrogenasa  (que elimina el alcohol), la monoamino oxidasa y la catalasa.

Aunque todas son importantes, la más relevante en la metabolización del etilenglicol es la alcohol deshidrogenasa. Esta enzima produce ácido glicólico y posteriormente ácido oxálico. Estos dos ácidos producen acidosis (el glicólico) y la formación de agujas (el oxalato) que deteriora los tejidos.

Si la cantidad ingerida del anticongelante es grande, estos procesos pueden hacer que el nene muera. ¿Cómo evitarlo?

El etilenglicol es transformado por la alcohol deshidrogenasa transformándolo en molécula, a la postre letal. Si entretenemos a la alcohol deshidrogenasa con su sustrato natural, el etilenglicol no podrá ser transformado y no hará su papel nocivo. ¿Cuál es el sustrato natural de la alcohol deshidrogenasa? Pues el alcohol (etanol).

Resumiendo, que lo que se hace cuando un niño o uno no tan niño se bebe el anticongelante del coche es ir al hospital para que allí lo emborrachen hasta que el etilenglicol sea excretado por la orina. Por consiguiente, ¿está o no está bien darle de beber alcohol a un niño?

http://mqciencia.com/2012/01/27/dale-whisky-al-nino-que-se-nos-va/#more-3035

Consumir MDMA es más seguro que ser cheerleader.

En uno de los boletines de MAPS, Jag Davies hace una comparación entre los riesgos de terminar en Urgencias por tomar MDMA (‘Éxtasis’) y por pertenecer a un equipo de animadoras deportivas (cheerleaders). El resultado es claramente favorable al Éxtasis, como se puede comprobar en el gráfico adjunto:

Dice Davis: «En 2001, cuando el uso de Éxtasis durante el año anterior alcanzó su punto máximo, el número de animadoras durante el año anterior (3.800.000) fue relativamente similar al de usuarios de Éxtasis durante el mismo período (3.250.000), pero la participación en el cheerleadingorganizado supuso cuatro veces y media más problemas médicos con visita a urgencias que en el caso de los usuarios de Éxtasis»

Ni que decir tiene que, si el MDMA fuera legal y los usuarios de esta droga tuvieran cierta seguridad sobre la pureza y el contenido cuantitativo de las pastillas, el número de episodios de urgencia por uso de Éxtasis descendería drásticamente. Una vez más, queda claro que es la moral, y no el interés por la salud, la base de gran parte de la propaganda negativa que recibe el hijo adoptivo de Shulgin.

(http://afrodelia.blogspot.com/2007/06/es-ms-seguro-tomar-mdma-que-ser.html)

El MDMA y el autismo.

Para ser sincero, la MDMA nunca me había atraído mucho, ni para consumirla ni como herramienta terapéutica, pero últimamente se está ganando su sueldo, y todo buen psicólogo, terapeuta o trabajador del ámbito de la salud que se precie, tiene que estar al tanto de los estudios sobre ello, ya que podría ser el futuro de muchos tratamientos hoy infructuosos. Hace tiempo publicaba las sustancias anticancerígenas que contiene, y su uso en el TEPT, ahora vamos con el autismo.

No lo celebrará mucha gente pero hace cien años fue sintetizada la 3,4–metilendioximetanfetamina (MDMA), conocida desde mediados de la década de los 90 del siglo pasado como éxtasis. Este principio psicoactivo ha tenido y tiene denominaciones varias, desde las científicas (adam o empatía) a las utilizadas por los jóvenes fiesteros (pasti, pirula, rula…). Lo más interesante de esta sustancia ilegal –la DEA la colocó en la lista de drogas prohibidas y peligrosas a mediados de los 80– es que en el siglo XXI está ganando presencia y prestigio como herramienta terapeútica en psiquiatría para determinados desórdenes mentales.

La última propuesta de estudio se ha realizado a mediados del pasado mes de diciembre de 2011 desde la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), organización radicada en EEUU que desarrolla o financia gran parte de los ensayos con el principio activo del éxtasis. Sus expertos están convencidos de que la MDMA podría ayudar en las terapias con pacientes que sufren autismo, un trastorno que afecta profundamente al desarrollo de la comunicación, la planificación, las emociones o la socialización. Los últimos datos hablan de 60 casos de este desorden por cada 10.000 niños, aunque las cifras van en aumento.

El autismo es cada vez más común, su tratamiento muy limitado y, para mayor desesperanza, de momento no tiene cura. Por ello, los investigadores de MAPS defienden que el éxtasis podría ser un fármaco eficaz en las terapias psicológicas ya que aumentaría la sensación de empatía en el paciente, esa capacidad de conexión con los otros de la que carecen los autistas. El protocolo que están preparando en la asociación norteamericana habla de ensayos con adultos para probar si vale o no. Si hay un efecto en el que coinciden la mayoría de consumidores recreativos de esta droga es precisamente en la empatía, ese buen rollo del que hablan los pastilleros. Un buen rollo que en condiciones de ensayo terapeútico y bajo control de expertos podría romper la barrera de la incomunicación de muchos autistas.

No es la primera vez que se ensaya la aplicación terapeútica de la MDMA. A partir de 1977 hubo psicólgos y psiquiatras que realizaron psicoterapia de una forma discreta. 1999 fue un año clave. Un español, el psicólogo José Carlos Bouso fue el primer investigador en el mundo en lograr todos los permisos para usar MDMA para tratar a mujeres víctimas de violación. Los políticos paralizaron el ensayo. En 2011, un grupo de 16 soldados norteamericanos veteranos de Iraq y Afganistán, que regresaron del frente con un trastorno de estrés postraumático (la antigua neurosis de guerra y hoy llamada PTSD), empezaron a someterse a psicoterapia con dosis de éxtasis. Borrar las pesadillas, disminuir las expresiones de ira incontroladas, la sensación de soledad o los flashback serán sus prioridades. Se calcula que un 20% de los militares que han vuelto del frente de batalla desarrollan este tipo de estrés.

Desde que en 1987 aterrizó en la isla de Ibiza en forma de pastilla troquelada –durante el ya famoso verano del amor– y de allí se expandió por todo el mundo unida a la incipiente música housela MDMA únicamente ha tenido buena fama entre los consumidores de uso recreativo. En el campo científico hay una decena de investigaciones en media docena de países para comprobar su potencial farmacológico.

Aunque esta sustancia de síntesis ha sido equiparada en peligrosidad a otras drogas como la heroína o la cocaína, lo curioso es que todos los estudios oficiales (de la ONU, del Observatorio Europeo de Drogodependencias o del Plan Nacional sobre Drogas español) concluyen que el riesgo de muerte directa provocada por el consumo de pastillas es mínimo. En Reino Unido –uno de los países europeos con mayores índices de consumo–, el Departamento de Salud colocó a la MDMA muy por debajo de otras drogas como causante de muertes. Los accidentes domésticos, la metadona, los antidepresivos, la heroína, los accidentes de tráfico, el alcohol o el tabaco provocan muchísima más mortalidad. Estaba por encima de la aspirina en el ranking. En el año 2000 –época álgida en el consumo de éxtasis– hubo 36 muertes en el Reino Unido relacionadas con esta droga y en el 2001, 56. En nuestro país, en los últimos tres lustros, no llegan a diez las muertes que pueden atribuirse de forma segura y exclusiva a la MDMA.

Además, un extenso estudio realizado por el National Institute of Drug Abuse, concluye que tampoco causa daños en el cerebro.

Que no sea frecuente no significa que su ingesta no conlleve riesgos. Como cualquier fármaco la MDMA también puede provocar efectos adversos: sudoración, ansiedad, contractura mandibular, alteración de memoria, golpes de calor o elevación de la tensión arterial, ansiedad, bajones depresivos…”

 

Artículo completo: http://blogs.interviu.es/responsablelaempresaanunciadora/2012/01/02/el-extasis-y-la-empatia-de-los-autistas/

El caso Estramonio.

   Ahora que ya prácticamente ha pasado la “tormenta” de noticias sensacionalistas hablando sobre el estramonio, a raíz de unas muertes asociadas a su consumo, podemos aclarar el tema como es debido.

 

Definición.

El estramonio es una planta tóxica de la familia de las solanáceas, abundante en zonas templadas de todo el mundo. Crece en zonas cálidas eutrofizadas, como orillas de ríos, establos, estercoleros, escombrerías y vertederos de basuras. Es indiferente al tipo de suelo, siendo más vigorosa en los húmedos con nitratos abundantes. Entre las sustancias constituyentes se encuentran alcaloides tropánicos, que en pequeñas cantidades son tóxicos o estupefacientes, como atropinahiosciamina y escopolamina, caracterizados por provocar reacciones anticolinérgicas y en cantidades mayores, causan síndrome atropínico.

 

Usos.

Aplicada externamente, se utiliza para anestesiar localmente. En uso interno se utiliza para tratar los espasmos de la musculatura lisa y sedar el SNC (espasmos estomacales, epilepsia, asma a través de la confección de cigarrillos que además de relajar los músculos respiratorios, disminuyen las secreciones mucosas de los pulmones). Constituye, junto con el metel (Datura metel) una fuente para la extracción de hiosciamina, un alcaloide parecido a la atropina, que se utiliza para el tratamiento del dolor.

Debido a las alucinaciones que provoca también se lleva utilizando en rituales chamánicos o mágicos desde hace milenios, teniendo constancia de su uso en la antigua Roma en los rituales de culto a Baco, o en la Edad Media por las comúnmente llamadas brujas.

 

Polémica.

Varios medios de información definieron el estramonio como una nueva droga que se estaba poniendo de moda entre los jóvenes. Rápidamente desde Energy Control se desmintió tal afirmación, pues en todos los años que ellos llevan trabajando en ambientes festivos no han detectado su presencia ni que su consumo se esté popularizando. Añadieron, además, que las posibilidades de que esto sucediera eran inexistentes, pues los efectos deseados que se obtienen tras su consumo son escasos (las alucinaciones suelen ser desagradables y de difícil manejo) y cuentan con demasiados efectos adversos (arritmias, convulsiones, etc.) Desde EC aclaran que: “Las acciones destinadas a la erradicación de la planta o la fiscalización de sus principios activos no contribuyen al objetivo final y que creemos común: evitar que estos casos se repitan, con estramonio o con la próxima sustancia que aparezca cualquier día en cualquier lugar.”

Estos mismos medios también intentaron escandalizar a su audiencia, afirmando una y otra vez que el consumo de dicha droga podría ser mortal. De nuevo se equivocaron, ya que relacionaron demasiado rápido las muertes de los jóvenes con el consumo de dicha substancia, el cuál evidentemente influyó en el trágico final, pero no fue ni de lejos determinante. También tuvo que aparecer el doctor Santiago Nogué, Jefe de Toxicología del Hospital Clínic de Barcelona, desmintiendo tal cosa, y afirmando que: “Es un producto que, efectivamente, sí que acelera el ritmo cardíaco, que tiene efectos anticolinérgicos, como que seca la boca, provoca dificultades en la visión, delirios, etc. Pero no es un producto en sí mismo suficientemente potente para causar la muerte. A diferencia de la cocaína, de la heroína, o de las anfetaminas, que sí pueden causar la muerte, en el caso del estramonio se necesitan de más cosas para que una persona pueda poner en riesgo su vida tomándola. Tiene que ser una mezcla de, por ejemplo, cocaína y estramonio, anfetaminas y estramonio o alcohol y estramonio.”

También opina lo mismo Xavier Samper, subdirector del Área de Salud Mental del Hospital Sta. María. Según él: “En condiciones únicas, el estramonio no es una planta más peligrosa que la marihuana, pero en altas dosis y mezclada con otras drogas, puede traer complicaciones”.

Y efectivamente así es. Los análisis que se realizaron en la autopsia de los jóvenes fallecidos mostraron que habían consumido alcohol, speed, cocaína, y además, estramonio.

Aún así, si las autoridades se empeñan, en otro de esos actos inútiles e incomprensibles, acabar con el estramonio para que ningún otro curioso pueda experimentar sus efectos, lo tendrán difícil, según afirma Jordi Recasens, catedrático en botánica de la UdL, pues “Es una planta silvestre que crece en todas partes, reproduciéndose con facilidad. Sus semillas pueden permanecer en el suelo durante años sin germinar. Es imposible que la acaben erradicando por completo“.