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El Ayahuasca como camino evolutivo. Por Alonso del Río

Dentro de todas las maravillosas posibilidades que nos ofrecen las plantas maestras, encontramos que un tema poco tratado es el de la evolución personal de quien las usa.
Muchas personas tienen la creencia de que el graduarse en una profesión u oficio (médico, curandero o cualquier otro) implica el aceptar y practicar principios éticos de alto nivel. La realidad nos muestra que esto no es así389710_105686792902548_44258078_n necesariamente. Una cosa es conocer adecuadamente una técnica curativa y otra es practicarla en beneficio de los demás.
Hace muy pocas décadas que la sociedad occidental empezó a tomar interés por las antiguas tradiciones y sus brebajes sagrados, pero aún está muy lejos de entender todo su potencial y, sobre todo, las complejas relaciones que componen su tejido. Durante el tiempo que viví en la Amazonía fue frecuente escuchar entre las personas que venían de Lima u otras ciudades la siguiente pregunta: ¿No conoces un buen brujo para tomar ayahuasca?
Al principio los miraba con desconcierto, preguntándome: ¿Sabe lo que está hablando? Pero luego comprendía que era su total desinformación la que los hacía hablar de esa manera.
Al poco tiempo de vivir en zonas en donde la gente toma ayahuasca y visita regularmente a un curandero, le queda muy claro a uno que hay dos personajes en la escena: el brujo y el curandero. Esto vale como primera información, pero este mundo es mucho más complejo de lo que aparenta.
Ningún brujo se presenta como tal y a veces –dependiendo de su habilidad para ocultarse– una persona normal tarda mucho tiempo en reconocerlo como tal.
Por otro lado, muchos brujos también curan, lo que introduce en el escenario una tercera categoría: el brujo-curandero.
¿Cuáles son los parámetros éticos que definen a cada quién? Llamo brujo a la persona que solo usa los conocimientos y poderes adquiridos para matar o causar daño. Llamo brujo-curandero a quien usa estos mismos poderes y conocimientos tanto para dañar como para curar a las personas, según la demanda del cliente. Si le pagan para curar, él cura. Si le pagan para dañar, el daña. Llamo curandero a aquella persona que solo se dedica a curar a sus semejantes y que bajo ninguna circunstancia es capaz de generar o devolver ningún daño.

Para regresar al tema principal que nos ocupa haremos la siguiente pregunta: ¿A cuál de estos tres personajes consideraríamos más evolucionado?
La lógica de nuestra ética social prácticamente nos obliga a elegir al tercero, pero nuestra ética individual (aquella que nadie conoce y que nadie ve) a veces no está de acuerdo. Este pequeño impase trae a la realidad la eterna pugna entre “lo que debe ser” y “lo que es”.
Solo muy pocos serán capaces de contradecir públicamente que una persona que no genera o devuelve un daño está éticamente por encima de alguien que sí lo hace. Sin embargo, sin un adecuado marco social que proponga una ética clara y específica para el caso, como mecanismo de control social, muchas personas que reconocen qué es lo correcto pueden sentirse tentados a devolver los golpes a sus legítimos dueños.
La siguiente pregunta: ¿Queremos institucionalizar la venganza como un derecho inalienable? ¿O queremos trascenderla y liberarnos de patrones mentales tan destructivos? Un viejo adagio dice: “El rencor es el veneno que uno toma pensando que así se puede dañar a otro”. La realidad es que a cualquier persona normal le hace un daño muy grande, tanto física como emocionalmente, el alimentar su propio odio y rencor, aunque crea tener la mejor de las justificaciones. Yo lo calificaría simplemente como un mal negocio, una situación donde todos pierden. Si creemos que odiando y devolviéndole el mal vamos a curar la enfermedad y resolver los problemas, estamos totalmente equivocados.
El odio y la venganza es un veneno que hace mal primeramente a quien lo genera. En segundo lugar, la energía destructiva que es lanzada sobre una persona solo puede operar si la persona “abre la puerta”; es decir, si tiene energías (pensamientos) que resuenen con la energía del atacante. Mientras menos emociones negativas seamos capaces de crear y guardar, tanto más difícil les será a otros el molestarnos.
Planteada esta situación básica de las dinámicas energéticas nos queda abordar el tema del camino evolutivo.
Podemos entender la evolución como la transformación gradual de un estado a otro mejor o más perfecto. Por lo tanto, un camino evolutivo es la práctica de los conocimientos que nos pueden llevar a un mejor estado de ser.
Ese mejor estado de existencia lo relacionamos todos con las grandes virtudes del género humano, pero creo que la palabra Amor expresa por consenso la síntesis perfecta de hacia dónde queremos ir como individuos y como sociedad. Sin embargo, para lograr ese mejor estado, lo primero es reconocer que no lo tenemos o que se encuentra en estado incipiente. Si no reconocemos nuestra real situación, nunca seremos capaces de mejorarla.
Una buena herramienta para medir nuestro amor es observar nuestras respuestas ante cada situación de la vida. Podemos responder de tres maneras: tumblr_llwuwqshRF1qbqwc2o1_500De forma injusta, en forma justa y en forma amorosa. La injusticia es darle a los demás menos de lo que les corresponde. La justicia es darle a cada quien lo que le corresponde. El amor es dar a cada uno más de lo que le corresponde.
Dentro de esta lógica, solo nos queda reconocer nuestra encubierta incoherencia, pues por un lado queremos evolucionar, pero por otro, cedemos muy fácilmente a las tentaciones de nuestras tendencias menos altruistas. No creo que se deba ni se pueda obligar a nadie a mejorar, pero sí creo que debemos sincerarnos para llegar a sanos acuerdos.
Aunque no tengamos en todo momento la suficiente energía para reaccionar de la mejor manera, esto no debe afectar ni desacreditar el propósito general ni el rumbo de nuestro camino. Si en alguna situación nuestros condicionamientos nos llevan a obrar de forma injusta, es necesario reconocerlo, pero sin perder de vista cuál es nuestra meta. El punto es no decir una cosa y hacer lo contrario.
¿Queremos contentarnos con ser personas justas o queremos evolucionar hacia el amor? ¿Cuál debe ser la nueva norma social o el nuevo código ético de un curandero de este tiempo?
En la actualidad muchas personas de todo el mundo están cada vez más interesadas en experimentar las plantas maestras, más como una herramienta de autoexploración y crecimiento interior, a la par de resolver problemas físicos.
Mucha gente encuentra respuestas que ninguna religión ni años de terapias psicológicas tradicionales han sido capaces de darles. Gracias a que amplía nuestra capacidad de autoexploración, las plantas maestras y el ayahuasca, concretamente, pueden convertirse en un verdadero camino evolutivo. Un camino en donde el elemento indispensable es la propia sinceridad luchando contra el autoengaño, nuestra verdad contra nuestra mentira.
Si observamos las plantas en las selvas, encontraremos que el éxito de su evolución está en la capacidad de abrirse paso hacia la luz, pues la luz es su alimento. Las plantas compiten arduamente, unas con otras, por tomar la mayor cantidad de luz posible y las que más luz consigan serán las que más alto lleguen.
A pesar que la luz en todas sus manifestaciones es uno de nuestros principales alimentos, el ser humano se pasa la vida compitiendo por las cosas más absurdas e inverosímiles, pero hasta ahora no se ha inscrito un record guiness por la cantidad de luz que alguien puede captar.
Parece que no nos importa realmente competir por eso. La luz es la verdad en nuestras vidas, lo que nos permite ser transparentes. Exponernos a esa luz hace que no podamos tener algo que ocultar.
Las plantas sagradas pueden dar luz, pero también pueden dar oscuridad y confusión. Nos pueden ayudar a evolucionar o nos pueden ayudar a perdernos entre el abuso de poder y la ignorancia. Es realmente una línea muy delgada la que separa una opción de otra, pero lo que nunca debemos olvidar es que la elección es siempre nuestra.
Aún así, la posibilidad de extraviarnos está dada en todas las disciplinas y en todos los caminos; no es exclusiva de las plantas maestras. Es más, creo que las plantas maestras sí tienen una gran ventaja frente a otros caminos evolutivos, pero, justamente, en esa ventaja puede que se esconda su peligro.
La ventaja de la cual hablamos es que pueden mostrarnos en forma contundente e inapelable “realidades” que serían muy difíciles de percibir, generalmente porque no nos conviene verlas o porque están más allá de la conciencia de nuestra mente.
Tenemos la posibilidad de ver las cosas tal cual son, tanto dentro como fuera, lo bueno y lo malo, y el peligro se encuentra en que seamos capaces de ver la parte negativa que debemos cambiar y, sin embargo, no hacer nada. Este es un gran peligro, pues, al igual que un antibiótico mal tomado, crearemos resistencia al desarrollo de la conciencia y entonces la medicina deja de hacer su efecto como tal, deja de tener sentido el tomarla.
Todo se vuelve una farsa.
En síntesis, las plantas nos muestran aquello que debemos cambiar para evolucionar, pero ellas no nos van a cambiar; nosotros tenemos que hacerlo.
Ellas nos muestran el camino, nosotros debemos recorrerlo.
Las plantas maestras son también plantas de poder y el poder no es ni bueno ni malo, es poder, depende de quién lo usa y para qué lo usa. Un bisturí en manos de un médico puede salvar muchas vidas, pero en manos de un delincuente puede hacer mucho daño. Por eso insistimos en que quienes tienen el llamado de compartir estas plantas maestras en ceremonias deben ser personas cuyas vidas estén por encima de todas las bajezas que podemos tener los seres humanos. Debemos construir juntos un nuevo marco social que proponga e impulse una nueva ética para curanderos de un nuevo tiempo.

Alonso del Río. Hombre medicina, cantante y escritor.

 Pueblo Continente. Vol. 23, Nº 1. Trujillo, Perú

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Crónicas de un detenido por Ayahuasca.

Recogemos las explicaciones de otro detenido por recepción de Ayahuasca en España. Lamentamos que el sistema judicial siga realizando dichas detenciones, aun y sabiendo que son ilegales, según la misma JIFE.

“Llaman al portero automático, pero aún estoy en la cama y no abro. Llaman insistentemente pero sigo con mi plácido sueño. Al cabo de un rato llaman al timbre de casa varias veces, hasta que, preocupado por si estaba sucediendo alguna emergencia, me levanto y abro la puerta, medio desnudo y con el rostro aún hinchado de sueño. Resulta que es un “trabajador” de correos de dos metros de alto y bastante corpulento. Tiene un paquete para mí, así que le doy mi DNI y firmo su petición. En cuanto le devuelvo el bolígrafo, aparecen dos hombres que estaban escondidos en las escaleras, como dos armarios también, y me cogen de los brazos. Vale. Ya estamos.

 Mi experiencia con la Ayahuasca se remonta a un par de años atrás, cuando viajé a Perú y la probé de la mano de un chamán, en el Amazonas, a unos quilómetros de Iquitos. Esa experiencia me cambió la vida. Abandoné el consumo de drogas, que anteriormente había sido algo compulsivo, ya que en la Ayahuasca encontré lo que inconscientemente estuve buscando en las demás drogas, así que ya no me hacían ninguna falta. Pero no solo se trataba de eso. Fue una experiencia terapéutica a muchos más niveles. Me permitió valorarme a mí y a la vida como nunca lo había hecho, me aportó una nueva comprensión de la realidad y de nuestra naturaleza; en definitiva, “de qué va todo esto”. Esto era Medicina. Medicina que cura el cuerpo y la mente, y nuestro (algo más), siempre con amor y paciencia.

Desde antes de probarla ya había decidido estudiar la carrera de Psicología, pues siempre ha sido mi vocación. Y en ese momento supe que aquella Planta, en el campo de la Psicología y bien aplicada, podía ayudar a millones de personas en profusos problemas de todo tipo. Se me abría un campo lleno de posibilidades, de oportunidades de compartir con otros, esta maravillosa y extraordinaria medicina.

 Ya en España tomé en diversas ocasiones, y por cosas de la vida, nos reunimos un pequeño grupo de estudiantes de Psicología, interesados en conocer la Planta. A mí me rondaba por la cabeza tomar Ayahuasca solo, sin guía, ya que me sentía preparado para ello. Y me decidí del todo cuando un muy amigo mío y hombre-medicina me apoyó en la idea, y no solo eso, sino que también me animaba a ofrecer la Planta a mis amigos interesados.

En esos días había mucho revuelo con el tema de detenciones por Ayahuasca, y no me decidía a pedirla. Al fin me arriesgué, ya que entre los amigos que la querían experimentar también había gente que quería realmente un cambio, y necesitaban “arreglar” asuntos personales, así que no podía negarles la oportunidad cuando ya lo habíamos hablado. Sin considerarme un chamán ni nada por el estilo, decidí ofrecerla, en un acto de plena confianza hacia la planta, esperando que ésta me guiase en todo momento de las ceremonias cuando lo necesitase.

 Adquirí todos los utensilios chamánicos necesarios, e incluso varios regalos para los que me acompañarían, y que me hacía ilusión entregar antes de empezar las ceremonias. Nunca les pedí ni un euro por ello. Me resultaba inmoral pedir dinero por esa experiencia, pues sabía bien lo que representaba, y también sabía que a la Planta no le hubiera gustado que me lucrase con un acto que provenía desde lo más hondo de mi corazón.

 Así que cualquiera se puede imaginar lo ridículo del asunto. Me acusan contra un delito de contrabando, y contra la salud pública. No entiendo qué contrabando, si ni por un instante he pensado en vender esta medicina, ni la he obtenido con ánimo de lucro, todo lo contrario, más bien he limpiado mi bolsillo.

Lo más preocupante es el delito contra la salud pública. ¿Quién lo ha pensado esto? En todos los estudios realizados tanto en Barcelona como en otras partes del mundo, no se demuestra que la Ayahuasca pueda causar algún daño, ya sea de tipo neurotóxico o hepatotóxico. Es más, hay un famoso estudio en el que las muestras consumidoras de Ayahuasca puntúan más alto en cognición y memoria, y más bajo en psicopatología, que las muestras de población normal.

Esto no es droga. No es tóxica, no es adictiva, no genera tolerancia. Cuando yo decido ofrecer la planta en un marco serio, terapéutico y ritualístico, estoy haciendo un acto de promoción de la salud en las personas que asisten a la ceremonia. Esas personas pueden obtener beneficios increíbles en sus esferas cognitivas, emocionales, sociales y espirituales. Pueden liberarse de ansiedades, de miedos, e incluso solucionar con su propio trabajo problemas que les persiguen desde hace tiempo. Pero en el peor de los casos, en el peor, habrá sido una experiencia más, sin trascendencia alguna. ¿Qué juez de qué tribunal puede ver en esto un delito contra la salud pública?

Desde que tengo uso de razón he percibido esta sociedad como un lugar intrincado, hipócrita, y sobretodo infiel a la naturaleza de sus habitantes. Cuando a los 14 ó 15 años Freud me lo explicó en “El malestar en la cultura” aún me convencí más de esa idea. Y desde entonces, en infinitas situaciones, la cotidianeidad me lo ha ido corroborando, pero esta vez, sin embargo, es la demostración, en mi opinión, más patente y exacerbada de la enfermedad que corroe la sociedad occidental. La sociedad donde los actos de amor y altruistas se pueden llegar a castigar con multas y hasta con prisión. La sociedad que no comprende qué significa realmente la palabra “medicina”. La sociedad que culpa primero a un hombre con buenas intenciones, antes que a grandes especuladores que están lanzando a la calle cada día a miles de familias que no disponen ya del sagrado dinero.”

 

La caída del imperialismo farmacológico en salud mental.

En los últimos dos años, y especialmente a lo largo de este año 2012, se han sucedido una serie de hechos que han puesto en entredicho la validez de la teoría que reduce la explicación de los trastornos mentales a simples desequilibrios bioquímicos, así como ha aumentado el número de voces que advierte sobre el peligro de que la industria farmacéutica haya acumulado demasiado poder e influencia a la hora de determinar qué es lo que puede considerarse enfermedad mental y cómo tratarla. La cuestionable eficacia de los antidepresivos y los antipsicóticos, junto a sus efectos adversos, y la creciente e imparable expansión de categorías diagnósticas en salud mental con cada nueva edición del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, considerado una de las la “Biblias” de la psiquiatría y uno de las principales fuentes de ingresos de la organización) son debate de actualidad en foros científicos y periódicos de gran alcance.

Según el modelo en el que se fundamenta la terapia farmacológica actual de la enfermedad mental, y por ende, la práctica en psiquiatría, los trastornos mentales vienen determinados biológicamente (obedecen a desequilibrios de determinados neurotransmisores cerebrales) por lo que su tratamiento debe establecerse sobre la base de la administración de ciertos psicofármacos que corrijan estas desviaciones. El auge de esta explicación de la enfermedad mental, que coincidió en el tiempo con la introducción de los primeros psicofármacos en el mercado, en la década de los 50, y se consolidó con la aparición del Prozac en los años 80, ha venido acompañado de un vertiginoso aumento del número de diagnósticos de trastornos mentales. Las cifras hablan por sí solas: el número de personas que consume antidepresivos se ha triplicado en tan sólo 10 años y la nueva generación de antipsicóticos -Risperdal, Zyprexa (olanzapina) o Seroquel (quetiapina)- se ha convertido en líder de venta mundial, por encima de cualquier otro fármaco para tratar dolencias o enfermedades físicas.

Inmersa en esta imparable carrera de la psicofarmacología, la sociedad ha aceptado confiadamente depositar su salud mental en manos de la industria farmacéutica. Sin embargo, unos cuantos visionarios están haciendo tambalear las premisas sobre las que se sustenta esta conceptualización de la enfermedad mental, dedicando sus años de investigación a responder a cuestiones fundamentales, como si los psicofármacos realmente funcionan, qué consecuencias puede tener este elevado consumo de medicamentos en nuestro organismo, o si, por contra, su proliferación obedece a otros intereses.

Dentro de este conjunto de voces críticas se encuentran prestigiosos investigadores procedentes de muy diversas ramas, como la psicología, la psiquiatría, la antropología, la biología, la química o el periodismo, quienes, a través de diferentes pruebas y argumentaciones, comparten una misma conclusión: la necesidad de dar un giro en la atención que se presta en salud mental, dado que el modelo teórico que explica los trastornos mentales únicamente como un desequilibrio químico cerebral que hay que subsanar no se sostiene y puesto que recientes investigaciones evidencian que los psicofármacos no funcionan tan bien como se ha hecho creer, e incluso, es más, pueden resultar muy perjudiciales.

Uno de los principales críticos al modelo farmacológico en salud mental es precisamente un psiquiatra estadounidense: Daniel Carlat. En su obra titulada Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis (Los trastornados: El problema con la psiquiatría- las revelaciones de un médico relacionadas con una profesión en crisis), explica los intereses (no precisamente científicos) que impulsaron el cambio en la conceptualización de los trastornos mentales hacia un modelo exclusivamente bioquímico y habla sin tapujos sobre la poderosa alianza entre la psiquiatría y las compañías farmaceúticas, aportando esclarecedores datos al respecto (Daniel Carlat y la alianza entre la psiquiatría y la industria farmacéutica).

Esta creciente intromisión de la industria farmacéutica en el quehacer de la psiquiatría ha levantado el recelo de un amplio grupo de profesionales del ámbito de la salud mental. Un artículo publicado el pasado mes de marzo en la conocida revista PLoS Medicine destapaba la existencia de graves conflictos de intereses entre muchos de los expertos que trabajan en la elaboración de la nueva versión del DSM (DSM-V) con industrias farmacéuticas o empresas afines (El DSM-V continúa sembrando polémica debido a los conflictos de intereses de sus comités). Al mismo tiempo, un grupo de psicólogos y psiquiatras de Reino Unido publicaba un polémico artículo en la revista The Guardian criticando la imparable ampliación de categorías diagnósticas prevista para el DSM-V y advirtiendo de las graves consecuencias que podría tener para los miles de personas que iban a ser etiquetadas como “enfermas mentales” a causa de comportamientos que en realidad no tienen nada de patológicos. Fruto de estas críticas y de una importante campaña de recogida de firmas se ha conseguido que algunas de las nuevas propuestas diagnósticas más controvertidas no sigan adelante (Los encargados del DMS-V dan marcha atrás en algunas de sus decisiones).

En medio de esta polémica, diversos estudios científicos han puesto en duda la eficacia asociada a los antidepresivos y antipsicóticos de segunda generación. En primer lugar, Irving Kirsch y su equipo de investigación, al que Infocop tuvo la ocasión de entrevistar hace un par de años (Los antidepresivos en tela de juicio), han sido los artífices de una prometedora y provocadora línea de investigación que ha revolucionado la interpretación de los resultados de la literatura científica en depresión. Sus estudios ponen de manifiesto que,en comparación con el placebo, la eficacia de los fármacos antidepresivos es prácticamente inexistente en los casos de depresión ligera, moderada e incluso grave – evidencia que ha sido avalada también por otros equipos de investigación, como el de Khan (2002) o el de Fournier (2010)-. Es más, tal y como demuestra el trabajo de Irving Kirsch, la eficacia de los antidepresivos no se debe a un efecto de su mecanismo de acción sobre el nivel de serotonina, sino al efecto que causa la expectativa que tiene el paciente de mejorar cuando asume que está bajo un tratamiento supuestamente eficaz, ya que, según demuestra su investigación, los antidepresivos no son más que otro tipo de placebo con efectos secundarios muy notables (Irving Krisch y la caída del mito de los antidepresivos).

Asimismo, un reciente artículo realizado por el equipo de Erick H. Turner y publicado también en la revista PLoS Medicine, advierte que la aparente efectividad clínica de los fármacos antipsicóticos de segunda generación puede estar influida por el denominado sesgo de publicación, que consiste en la tendencia a la publicación selectiva de ensayos clínicos favorables en revistas científicas, en detrimento de los ensayos que no han obtenido dichos resultados. Los autores del trabajo señalan con preocupación que no se está aportando toda la información a la comunidad científica, ni con la precisión que se requiere, a pesar de la transcendencia que tiene a la hora de determinar las decisiones clínicas en el tratamiento de las personas afectadas, sembrando de nuevo la duda sobre los intereses que hay detrás de los ensayos clínicos, subvencionados, en su inmensa mayoría, por las propias industrias farmacéuticas (Se cuestiona la eficacia de los fármacos antipsicóticos).

De hecho, este mismo año, dos importantes laboratorios de EE.UU. han sido sancionados con multas millonarias por “publicidad engañosa”. Por un lado, la empresa Abbott se enfrenta a una multa de 1.600 millones de dólares por promover un medicamento estabilizante del estado de ánimo (Depakote) para usos no aprobados, incluido el tratamiento de la esquizofrenia, la demencia y el autismo, a pesar de la ausencia de pruebas científicas sobre su seguridad y eficacia. Por otro lado, el pasado mes de abril, la compañía farmacéutica Johnson & Johnson (J&J) ha sido sancionada con una multa de más de 1.100 millones de dólares por ocultar los riesgos del antipsicótico Risperdal, según ha sentenciado un juzgado de Arkansas.

Otros investigadores llegan incluso más lejos en sus conclusiones acerca de la utilización de psicofármacos, advirtiendo que tanto los antidepresivos como la mayoría de los fármacos psicoactivos no son sólo ineficaces, sino perjudiciales. Esto es lo que ha demostrado un equipo de investigación liderado por el biólogo evolutivo Paul Andrews, tras analizar las consecuencias del consumo de antidepresivos (cuyo mecanismo de acción radica en aumentar el nivel de serotonina en el cerebro), sobre otros procesos biológicos del cuerpo humano en los que también está involucrado este neurotransmisor, como la digestión, la coagulación de la sangre, la reproducción o el crecimiento. Los resultados de este estudio, publicado el pasado mes de abril en la revista Frontiers in Psychology, establecen que los riesgos asociados al consumo de estos fármacos (y entre los que se encuentra el riesgo de accidente cerebrovascular y muerte prematura en personas mayores) no compensan los supuestos beneficios que puedan tener sobre el estado de ánimo (¿Por qué los antidepresivos causan más daños que beneficios?).

Esta misma línea de argumentación es defendida también por Robert Whitaker, quien en su obra titulada Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America (Anatomía de una epidemia: panaceas, psicofármacos y el impactante ascenso de la enfermedad mental en EE.UU.), pone de manifiesto que después de décadas de investigación, los resultados científicos evidencian que la teoría del desequilibrio químico para explicar las enfermedades mentales no se sostiene. Es más, según establece Whitaker, basándose en los resultados de técnicas de neuroimagen en pacientes con trastorno mental en tratamiento farmacológico: “Antes del inicio del tratamiento farmacológico, los pacientes diagnosticados de esquizofrenia, depresión o cualquier otro trastorno pisquiátrico no presentan estos famosos desequilibrios químicos. Sin embargo, una vez que una persona inicia el tratamiento farmacológico, que de una manera u otra abre una llave en la mecánica habitual de la transmisión neuronal, su cerebro empieza a funcionar de manera anormal”. Es decir, que es el consumo a largo plazo de fármacos psicoactivos el que da lugar a un daño irreparable en el cerebro, provocando una atrofia cerebral y no al revés (Robert Whitaker y los efectos nocivos de los psicofármacos).

A partir de las conclusiones establecidas por todos estos investigadores, la validez del modelo farmacológico que impera en nuestros días para tratar los trastornos mentales es, cuanto menos, muy cuestionable. En contrapartida, y si tenemos en consideración la evidencia científica de los últimos años, la terapia psicológica y, específicamente, la terapia cognitivo-conductual, ha demostrado ser una alternativa más eficaz y económica que los fármacos para el tratamiento de la ansiedad y de la depresión y, a diferencia del tratamiento farmacológico, no supone ningún riesgo para la salud y no presenta ningún efecto secundario adverso. No obstante, seguimos inmersos en un modelo de atención en salud mental excesivamente medicalizado y esta visión biologicista y simplista de la enfermedad mental, impide que se tengan en cuenta otros tratamientos alternativos, que sí funcionan y que, a medio y largo plazo, no suponen un incremento de la carga presupuestaria.

Dado el creciente protagonismo que están alcanzando estas voces críticas, Infocop tratará en profundidad, en los próximos días, el análisis de estas y otras cuestiones, gracias a la participación de dos expertos de nuestro país. En primer lugar, Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático de psicología del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, ofrecerá una aguda reflexión sobre las implicaciones del modelo biologicista aplicado a la salud mental. En segundo lugar, Héctor González Pardo, profesor titular de la Universidad de Oviedo y miembro del Instituto Universitario de Neurociencias del Principado de Asturias (INEUROPA), proporcionará una interesante selección de investigaciones que dan cuenta de la verdadera acción de los psicofármacos (específicamente de los antipsicóticos) sobre el sistema nervioso.


Referencias:

I. Kirsch (2010). The Emperor’s New Drugs: Exploding the Antidepressant Myth. Basic Books.

R. Whitaker (2011). Anatomy of an Epidemic: Magic Bullets, Psychiatric Drugs, and the Astonishing Rise of Mental Illness in America. Crown.

D. Carlat (2010). Unhinged: The Trouble with Psychiatry—A Doctor’s Revelations About a Profession in Crisis. Free Press.

E. H. Turner, D. Knoepflmacher y L. Shapley (2012). Publication bias in antipsychotic trials: an analysis of efficacy comparing the published literature to the us food and drug administration database. PLoS Med 9 (3): e1001189. doi:10.1371/journal.pmed.1001189.

Paul W. Andrews, J. Anderson Thomson, Ananda Amstadter, Michael C. Neale. Primum Non Nocere: An Evolutionary Analysis of Whether Antidepressants Do More Harm than Good. Frontiers in Psychology, 2012; 3. Doi: 10.3389/fpsyg.2012.00117.

Khan, A., Leventhal, R.M., Khan, S.R., Brown, W.A. (2002). Severity of depression and response to antidepressants and placebo: an analysis of the Food and Drug Administration database. Journal of Clinical Psychopharmacology, 22, 1, 40-45.

Fournier, J.C., DeRubeis, R.J., Hollon, S.D., Dimidjian, S., Amsterdam, J.D., Shetlton, R.C. y Fawcett, J. (2010). Antidepressant drug effects and depression severity. A patient-level meta-analysis. Journal of the American Medical Association, 303, 1, 47-53.

Entrevista a Alejandro Corchs, hombre medicina de Camino Rojo.

“Tengo 36 años. Soy uruguayo. Soy hombre medicina. Estoy casado y tengo dos hijos (4 años y 9 meses). ¿Política? Libre. ¿Dios? Gran Espíritu, le llamo yo. Mi padre y mi madre fueron secuestrados, torturados y asesinados. Sufrí y albergué rencor, pero hoy me siento en paz.”

Qué pasó con sus padres?
Entraron los militares en casa, los secuestraron, los torturaron durante semanas en una celda, los asesinaron y sus cuerpos no han aparecido.

¿Qué militares?
Los de la operación Cóndor, un acuerdo de las dictaduras del Cono Sur para eliminar a personas que consideraban subversivas.

¿Lo eran sus padres?
Huidos de la dictadura uruguaya, trabajaban en Argentina sin activismo político. Nací yo, y sólo querían criarme tranquilamente. Pero aquel día todo terminó para ellos…

¿Qué recuerda de aquel día?
Nada. Yo tenía un año y nueve meses. Crecí y culpé a mis padres por no estar conmigo.

¡Pero no fue culpa de ellos!
Mis abuelos me contaron que habían volado a España y que no podían volver…

¿Por qué le contaron eso?
Para apartarme de lo sucedido. Un día nos visitó una amiga de mi madre, de Zaragoza, y le pregunté: “¿Por qué mi madre no me quiere? ¡Tú vienes a verme y ella no!”.

Buena pregunta.
Rompió a llorar, se arrodilló y me contó toda la verdad. Yo tenía ocho años y me entristecí y alivié a la vez. Y necesité saber más.

¿Y averiguó algo?
Que mi madre chilló para que los militares no se me llevaran también. Los militares no querían escándalo y permitieron que mi madre me dejase con un vecino. Ese vecino sabía que los militares volverían a buscarme…

¿Sí? ¿Para qué querrían un bebé?
¡Para regalarme a alguna familia del régimen! Volvieron y no me encontraron: el vecino contó a los militares que unos familiares habían venido a recogerme…, y le creyeron. Pero me había entregado a otro vecino.

¿Qué pasó con usted?
Mis abuelos me localizaron, me ocultaron, me sacaron clandestinamente de Argentina. Me crié en Uruguay. Siempre lloraba…

¿Se politizó al conocer la verdad?
A los trece años se hizo pública mi historia y varios partidos me quisieron, pero yo dije: “La política ya salió muy cara en mi familia”.

Y se apartó de la política.
Fui dj en la radio musical, gané dinero, alcancé popularidad, coche, muchas novias…

Qué bien.
Era incapaz de comprometerme con una mujer. ¡Hoy sé por qué! Dentro de mí, temía ser abandonado por una mujer… como siendo bebé. ¡Por eso tenía varias mujeres!

¿Y le preocupaba eso?
Sentía que algo no estaba bien dentro de mí, aunque afuera pareciese que sí. Entonces me quedé sin trabajo, y me deprimí, enfermé… Seguí un tratamiento, hasta que mi psicoterapeuta dictaminó: “Yo ya no puedo hacer más: a ti te curarán los indios”.

¿Qué indios?
Poco después, un chamán indígena me indicaba el árbol bajo el que debía pasar varios días en soledad y ayuno casi total…

¿Para qué?
Quise probar. Y resistí. A la quinta noche, estando acostado, oí una voz en mi cabeza: “Ahora sabrás lo que le pasó a tu madre”.

¿Se asustó?
No. Me desplacé por túneles subterráneos hasta desembocar en una celda, tumbado boca arriba, y sentí lo que mi madre sintió…

¿Y qué sintió?
Dolores terribles mientras la violaban durante días, con un único pensamiento: “¡Dios mío, que mi niño esté bien, que no le pase nada a mi hijito, cuánto le amo!”.

Qué espanto.
Y una voz iba contando meses de mi edad: al llegar a “dos años y dos meses y medio”, sentí un gran dolor, la luz del techo bajó… y fin. Y volvió la voz: “Ahora, tu padre”.

¿La muerte de su padre?
Aparecí en otra celda, sentí lo que sentía él: dolor físico y este solo sentimiento: “¡Que a mi esposa y a mi hijo no les pase nada!”. Luego la cuenta: “Dos años y tres meses”. Dolor de huesos quebrados, agua que me sube hasta la cabeza… y una luz y luego la paz.

¿Le cambió esa experiencia?
Entendí que no había sabido conectarme con el amor de mis padres, que había vivido con rabia y rencor. Me abracé a su amor y me perdoné. Hoy vivo en el amor.

¿Se ha reconciliado con la vida?
Sí. Hace pocos años, el vicepresidente me dio un documento que reconoce la tortura de mis padres y que resistieron hasta el 2 de mayo de 1978. Yo le solté: “¡Según mi fuente, mi padre murió quince días después!”.

Es lo que su visión le reveló, ¿no?
Extrañado, rebuscó en los archivos y tuvo que rectificar: “Su fuente tiene razón, ¡ha habido un error! Aquí veo que su padre fue arrojado al Río de la Plata el 16 de mayo”. ¡Los huesos rotos, el agua que le subía…!

¿Qué haría si hoy se topase con los asesinos de sus padres?
Uno me confesó haber hecho todo eso a otras personas, y me imploró que le perdonase: “Nada tengo que perdonarte: ¡sólo tú puedes perdonarte a ti mismo!”, le dije.

¿Cómo es hoy su vida?
Cuento mi historia y ayudo a otros a vivir de acuerdo con la ley del amor.

¿Y cuál es la ley del amor?
Da todo el amor que puedas, pide todo el amor que necesites. Y todo lo que hagas a otros te lo haces a ti… Y, con un proverbio cheroqui, enseño que juzgar no es amar.

Enséñeme el proverbio cheroqui.
“Siempre que señales a alguien… fíjate en que tres dedos están señalándote a ti”.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120719/54326507666/la-contra-alejandro-corchs.html

Modelos Tibetano y Occidental de “salud mental”

La primera vez que me interesé por la idea de los modelos tibetano y occidental de salud mental fue cuando era estudiante graduado en Harvard. Tuve la suerte de disfrutar de una beca de viaje Harvard pre-doctoral y luego de una beca post-doctoral, lo que me permitió vivir en Asia dos años y estudiar algo que me asombró, francamente, cuando me di cuenta por primera vez de lo que había allí para estudiar.

Yo, como estudiante de Psicología en Harvard, había llegado a dar por supuesto, como se da por supuesto tácitamente en Occidente, que la Psicología es una disciplina científica que surgió en Europa y América en el siglo pasado. Así que cuando llegué a Asia y empecé realmente a examinar los sistemas orientales de pensamiento, me quedé asombrado al descubrir que hay un sistema psicológico encerrado en cada gran tradición religiosa, la parte esotérica de la religión. Y de los sistemas que estudié me pareció que el budismo tibetano tal vez contuviese la más refinada de esas psicologías. Tiene, por ejemplo, un modelo fenomenológico preciso y análisis detallados de estados mentales y de los procesos de cognición y de conciencia. Ofrece una definición operativa de salud mental y un método para transformar la conciencia que es completamente único y muy diferente de nuestro propio enfoque occidental. Y lo que es más significativo: ofrece una visión de posibilidad humana que sostiene que el logro de estados como la ecuanimidad y la compasión (es decir, un amor sin apego) no es solo un objetivo abstracto sino posible.

Yo sostengo que el modelo de salud mental que encontramos en las psicologías orientales excede y amplía, de una forma muy vigorosa, nuestra noción de salud mental. Lo que me intriga es que nunca me dijeran ni una palabra sobre esto durante mi período de formación ni en ningún curso de Psicología, a pesar de que estas psicologías se han estado aplicando durante más de 2.000 años. Creo que es muy chocante: 2.000 años es mucho tiempo. ¡Veremos si dura tanto el conductismo! Y si dura tanto la ciencia cognitiva, en realidad.

Hay una panoplia de ciencias interiores en el budismo tibetano. Me gustaría centrarme en una de las más elementales. Es un modelo de la mente compartido con otras ramas del budismo; el theravada tiene un modelo muy similar. Se llama Abhidharma. La unidad básica de análisis en el modelo Abhidharma es un solo momento de la mente en la sucesión de esos momentos en el flujo de la conciencia. En este modelo se considera caracterizado cada uno de estos momentos digamos que por diferentes “sabores”, llamados factores mentales. Cada factor mental tiene propiedades únicas que determinan nuestra experiencia subjetiva de momento a momento. En este modelo, lo que se considera primario en la conformación de la experiencia no es la realidad externa (no el objeto de conciencia) sino más bien las propiedades de ese momento de la propia mente. Por ejemplo, si el objeto de la conciencia es tu declaración de la renta, podrías estar viéndolo a través de las lentes de un factor mental de miedo, de cólera, de tristeza, o, teóricamente, de alegría… cosa improbable, sin embargo.

La cuestión es que cada estado mental, cada momento de la mente, está compuesto de una gama cambiante de propiedades que se unen al sabor y definen ese estado. Hay un bonito y sucinto adagio zen que lo explica: “Una mujer hermosa es un gozo para su amante; para un asceta, una distracción; para un lobo, una buena comida.”

Hay innumerables propiedades de la mente, y es un tanto arbitrario cómo cortes la tarta. Abhidharma selecciona unos cincuenta factores mentales que considera cruciales, la mitad de los cuales aproximadamente se consideran malsanos, considerándose los otros saludables.

La regla general de la salud mental es muy clara y directa. Los estados que son malsanos, o insanos, son aquellos que no conducen a la calma, a la tranquilidad, al equilibrio, a la meditación, al logro de la iluminación. Esa es una norma básica en este sistema psicológico. Si un factor mental mantiene o aumenta esa ecuanimidad y todo lo demás, entonces se considera sano, o saludable. El resultado es lo que equivale a un manual diagnóstico y estadístico, si se prefiere, muy antiguo: un modelo de la mente que analiza diferentes estados de la mente y los clasifica como sanos o insanos.

Muchos estados de la mente que se consideran perfectamente normales en la Psicología occidental, se consideran una patología en esta Psicología budista. El grupo de los insanos son lo que se llaman emociones aflictivas, o factores mentales aflictivos (emoción no es exactamente el término, ya que algunas de estas propiedades son cognitivas o perceptuales); veamos algunos en detalle.


Ilusión

El factor mental insano primario es la ilusión, o ignorancia, un elemento perceptual definido como una nebulosidad de la mente que lleva a falsa percepción, confusión y desconcierto. La ilusión nos impide ver las cosas claramente. Es la raíz fundamental del sufrimiento, el simple no ser capaz de ver las cosas sin ningún tipo de parcialidad. Desde un punto de vista psicológico occidental diríamos que es percepción protegida, como opuesto a percepción que no necesita ocultarse nada, que no tiene ningún miedo.


Apego

El segundo factor malsano es el apego, un término un poco arcaico. Un término mejor y más actual sería aferrarse, porque su sabor es el de un ansia egoísta de satisfacer el deseo que exagera el atractivo de lo que se desea. Es un deseo que distorsiona. Expresa una cualidad adictiva del ansia. En este modelo el apego es egoísta, el amor no lo es.


Cólera

La cólera o la hostilidad, es una aversión intensa que distorsiona la realidad también, pero en dirección opuesta a aferrarse. Nos hace ver las cosas bajo una luz desagradable. Desconcierta, extravía y perturba la mente.


Engreimiento 

El engreimiento, o la presunción, es una autoimagen hinchada o suficiente que nos hace, citando una fuente, “envidiosos de los superiores, rivales de los iguales, y arrogantes con los inferiores”. Pero el modelo Abhidharma es un catálogo extremadamente exhaustivo de la mente, así que no entraré en las 7 variedades de presunción que se han descrito.


Ideas erróneas

Las ideas “erróneas” o “enfermas” son otro factor clave. Se trata de la percepción o el discernimiento equivocados de las cosas. Tras percibir erróneamente debido a la ignorancia, uno sigue interpretando erróneamente. Me gustaría indicar también que todos estos factores se pueden cartografiar fácilmente en términos de ciencia cognitiva. Estamos hablando de una distorsión perceptual fundamental que luego, en el flujo de información, conduce a categorizaciones erróneas y a reacciones emotivas vinculadas a éstas.


Indecisión

Otro factor aflictivo es la indecisión, o perplejidad, la incapacidad de decidir. La mente está llena de duda extrema; estás tan desconcertado que te paraliza la indecisión.

Hay varias aflicciones derivadas en que se mezclan estos factores. De la ira, por ejemplo, vienen la cólera, la venganza, el despecho y la envidia, y del apego, cosas como la avaricia, la petulencia, la excitación y la agitación. La Psicología Abhidharma considera que la excitación caracteriza muy frecuentemente la mente de la gente normal porque, citando la misma fuente, “hace que la mente se enrede en la fantasía incontrolada o la frivolidad”. Eso equivale a decir que el flujo de la conciencia, como tendemos a preferir nosotros, es un flujo de excitación y agitación en nuestro estado natural normal… que es diferente del “estado natural” en el sentido en que lo diría Su Santidad el Dalai Lama.

La excitación es interesante, porque desde un punto de vista occidental no es anormal ni patológica. Pero pasa a serlo cuando intentamos meditar. Recordad que era una de las reglas determinantes clave para saber si un factor mental es sano o insano. Si estamos demasiado excitados, demasiado distraídos por la fantasía y demás, no podemos sencillamente centrar la mente.

Hay largas listas de factores aflictivos. Tres que resultarán familiares a cualquiera que haya estudiado alguna vez el Catecismo de Baltimore son: envidia, pereza y letargo. Creo que no es ningún accidente el que haya una comunidad, que se puedan ver partes del análisis Abhidharma de la mente en otros sistemas religiosos, como el catolicismo. Creo que la filosofía perenne (como la nombró Huxley) que subyace a todas las religiones muestra que persiguen el mismo objetivo y tienen visiones muy similares de cuál es realmente el problema de la condición humana.

En el budismo la solución se ve en relación con los factores mentales sanos o saludables, que son los antídotos de los malsanos. Veamos algunos.


Claridad

La claridad o certidumbre es ver las cosas muy claramente, una agudeza de la mente que es antitética de la ilusión.


Desapego

El desapego es una cualidad de la mente que consiste en no aferrarse, no codiciar. No aferrarse ni a nada ni a nadie. Es distinto de lo que podríamos llamar frialdad gélida, una especie de actitud esquizoide que la Psicología Abhidharma consideraría una forma sutil de ira. Lo que se entiende por desapego es una actitud que deja ir fácilmente y no se aferra.



Bondad amorosa

Es la antítesis del odio, de la aversión. Estos tres factores saludables se oponen a lo que se considera que son las tres raíces del sufrimiento mental: apego, odio e ilusión.

Hay otros factores sanos y saludables. Para agotar rápidamente la lista, figuran entre ellos: el entusiasmo o energía; fe (o más bien confianza… ya que se trata de una fe inteligente, inquisitiva, no de una fe ciega); dignidad; consideración con los demás; recta conciencia; no violencia, o compasión (desear que todo el mundo se halle libre del sufrimiento es el verdadero sentido del término); o la ecuanimidad.

Lo que tenemos, pues, es una definición operativa de salud mental que dice simplemente que la persona más sana es la persona en cuya mente nunca surgen los factores malsanos. Se trata de un tipo ideal, el prototipo de salud mental. El problema es, claro está, que la mayoría de nosotros estamos la mayor parte del tiempo en estados en los que hay una cierta mezcla de esas cosas. Según esas normas, nos ajustamos al diagnóstico de Buda de que: “Todas las personas mundanas están trastornadas”. Así que la cuestión es: ¿qué hacer?

Pero el Psicólogo Abhidharma comprendió que el simple hecho de saber que un estado es malsano hace poco o nada por ponerle fin. Si lamentas tu indecisión y deseas que desaparezca, lo que estás haciendo es añadir aversión y deseo a la mezcla de estados mentales aflictivos… ¿comprendéis la dificultad? Así que la estrategia es una especie de enfoque aikido, en que ni buscas los estados de salud directamente ni intentas expulsarlos. Lo que haces es meditar.

Estoy simplificando excesivamente, claro. Pero lo que haces, en resumen, es embarcarte en un camino completo de autodisciplina, que incluye normas éticas y un maestro que sepa realmente lo que está pasando y pueda ayudarte en los escollos. Pero la psicotecnología primaria fundamental es la meditación en sus muy diversas variedades. Reformulando esto, meditación, en términos de ciencia cognitiva, es simplemente el esfuerzo sostenido para reconvertir hábitos perceptivos y de atención. El esfuerzo se centra en transformar el proceso de conciencia, no su contenido, y ahí es donde las dos vías, la de Oriente y la de Occidente, empiezan a divergir.

Ahora bien, hay una vasta gama de técnicas en el budismo tibetano, más que en ningún otro sistema sobre el que esté informado yo. El camino de la fijación en un punto tal como se considera encarnada en la reacción de relajamiento es uno de ellos, en él haces volver a la mente a un punto focal central y obtienes los efectos calmantes de ese enfoque. Otro es la atención consciente, que es en realidad meditación como “metacognición”, en el sentido en que se usa en psicología cognitiva, conocer tu propia mente. En la atención consciente, se procura desarrollar una conciencia observante dentro del flujo de la conciencia, que simplemente advierte lo que está presente en ese flujo de instante en instante. Si sigues esos caminos, cualquiera de ellos, con diligencia suficiente, llegas a un punto en que hay cambios abruptos de percepción, cambios provocados en la conciencia por la meditación. Si sigues la fijación en un punto, tu contrato contigo mismo es que siempre que tu mente vague la vuelves al punto central de focalización. Si eres muy bueno, llegas finalmente a un punto en que cesan todas las distracciones; se trata de un estado modificado de conciencia llamado “samadhi”.

algunas formas de meditación utilizan primero un método de fijación en un punto para fortalecer la concentración y luego pasan a servirse de la atención consciente, sistema en que vigilas el flujo de la mente con una conciencia centrada que no se deja arrastrar, que se limita a observar lo que surge. Con diligencia, sucede algo muy sorprendente: la ilusión de la coherencia del yo empieza a desmoronarse. Y eso inicia otro tipo de cambio psicológico profundo: la percepción del vacío.

En Occidente, tanto las personas como su Psicología, tendemos a ser ingenuos respecto a cómo funcionan las cosas… pensamos que si te haces con un mantra y te sientas 20 minutos al día, van a suceder grandes cosas. Sucederán algunas cosas buenas; Herbert Benson ha demostrado eso. Pero esos cambios profundos exigen un esfuerzo continuado. No es insólito que un “científico interior” tibetano haga un retiro de tres años, tres meses y tres días y trabaje realmente en esto, día tras día, hasta dominar un método de meditación, y luego otro, y otro. Hace falta un esfuerzo intenso. Cuando se dan estos cambios profundos, es como consecuencia de un esfuerzo sostenido; no deberíamos pensar que son fáciles de lograr.

Se dice que en algunas zonas del Tíbet una persona de cada cinco era monje o monja. Esto plantea sin duda una cuestión interesante: ¿por qué sostendría una cultura a un tipo de individuos que, desde el punto de vista occidental, no aportaban nada a la economía? Su trabajo era cultivar esos estados interiores. La razón de que planteemos incluso la pregunta se relaciona con una interpretación ingenua en Occidente de lo que es importante; se debe a que tenemos una economía material espléndida con la que mantenemos una relación de catexis extrema. Esperamos demasiado de ella y depositamos demasiado en ella. Al mismo tiempo, nuestra economía interior está empobrecida.

Consideremos la diferencia entre un encuentro tóxico y uno nutricio. Entras en una tienda y compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono cordial y sincero. Entras en otra tienda, compras algo y el dependiente dice: “Muchas gracias” en un tono frío y brusco. El estado interior de la persona con la que tratas es lo que define la cualidad de una cierta moneda que intercambiamos en una economía psicológica. Es una economía con resultados muy pobres; tenemos demasiados encuentros tóxicos. Culturas como las de la India clásica y el Tíbet entendían bien la importancia de los encuentros nutricios y el valor de tener gente cuyo trabajo dentro de la sociedad fuese hacernos lo más nutricios posible y enseñar a otras personas a hacer eso también. Eso es algo que en Occidente aún no hemos comprendido.


Consideremos el prototipo de una persona a la que en la Psicología tibetana se le llamaría bodhisattva. Se trata de un modelo fundamental de bienestar mental. Las cualidades de una persona así son generosidad, paciencia, entusiasmo, estabilidad mental, atención clara, penetración en la naturaleza del sufrimiento, etc. Todo lo cual permite a una persona servir diestramente a otros… es decir, no enfocar la situación pensando “qué puedo sacar yo de esto?” sino “¿qué puedo hacer yo por ti?”. Y tal como concluía Su Santidad el Dalai Lama una lista de características del bodhisattva, éste ha de ser compasivo sin apego… es decir, un amor que no quiere nada a cambio.

Daniel Goleman.

Cuando la ciencia se convierte en fundamentalismo científico. Debate entre Carl Sagan y Stan Grof.

Las observaciones que desafían las ideas establecidas procedentes de la investigación sobre la conciencia que se han ido acumulando en la segunda mitad del siglo XX y los principios básicos de la psicología transpersonal encontraron incredulidad y fuerte resistencia intelectual en los círculos académicos. La psicología transpersonal, cuando nació a finales de la década de los 60, era culturalmente sensible y trataba las tradiciones rituales y espirituales de las antiguas culturas nativas con el respeto que merecían a raíz de los hallazgos de la moderna investigación sobre la conciencia. También abrazaba e integraba un gran ámbito de fenómenos anómalos, observaciones que rompían los paradigmas que la ciencia académica había sido incapaz de explicar. Sin embargo, aunque exhaustivo y bien comprobado, el nuevo campo representaba un cambio tan radical respecto al pensamiento académico de los círculos profesionales que no podía conciliarse ni con la psicología y psiquiatría tradicionales ni con el paradigma Newtoniano-Cartesiano de la ciencia occidental.

A resultas de ello, la psicología transpersonal era extremadamente vulnerable a las acusaciones de ser irracional, no científica, e incluso “excéntrica”, particularmente por parte de los científicos que no eran conscientes de este amplio cuerpo de observaciones y datos sobre el que se basaba el nuevo movimiento. Esos críticos también ignoraban el hecho que muchos de los pioneros de este revolucionario movimiento tenían extraordinarias credenciales académicas. Estos pioneros generaban y abrazaban la visión transpersonal de la psique humana no porque ignoraran los supuestos fundamentales de la ciencia tradicional, sino porque encontraban el viejo marco conceptual seriamente inadecuado para explicar sus experiencias y observaciones. Gran parte de la resistencia procedía de la comunidad académica, que veía la visión del mundo científico en curso como una cuidadosa y definitiva descripción de la realidad y se adhería a ella con terca determinación, impermeable a cualquier evidencia que se opusiera a ella.

La naturaleza y la intensidad de la reacción de algunos científicos tradicionales a cualquier forma de espiritualidad, en general, y a la psicología transpersonal en particular, parece reflejar el fanatismo de los religiosos fundamentalistas. Su actitud carece de sólidos fundamentos científicos, ignora o distorsiona todas las pruebas existentes y se muestra insensible a los datos de la observación y a los argumentos lógicos. Un escrutinio más atento revela que lo que presentan como una imagen de la realidad científicamente probada más allá de cualquier duda en un gigante con los pies de barro, mantenido por supuestos metafísicos a priori.

Uno de los ejemplos más sobresalientes de esa categoría de científicos fue Carl Sagan.

Ilustre representante en el campo de la astronomía, obtuvo el aplauso de todo el mundo por su participación como experimentador en la mayoría de misiones exploratorias sin tripulación, por haber instituido el proyecto SETI, por haber creado Cosmos, una serie televisiva de gran éxito, y por haber diseñado, junto a Frank Drake, la placa de oro con el mensaje de los terrestres para las civilizaciones extraterrestres llevada por el Pioneer 10, la primera nave espacial que ha salido del sistema solar. Poco después de la muerte de Sagan por mielodisplasia, su novela Contact inspiró una película de gran éxito que lleva el mismo nombre.

Sin embargo, en lugar de gozar de su éxito profesional y de su reputación, se embarcó, por motivos desconocidos, en una cruzada contra cualquier cosa que se le antojase irracional, no científica y oculta. Asumió una actitud muy autoritaria como juez de las observaciones de numerosos expertos de muchas otras disciplinas, incluida la parapsicología, la tanatalogía, la investigación psiquedélica, la antropología y las religiones comparadas.

Para cumplir su objetivo de sanear la cultura del ocultismo y la superstición, Carl Sagan se convirtió en uno de los miembros fundadores de una organización llamada CSICOP, se asoció con una revista llamada The Skeptical Inquirer y utilizó los servicios del mago James Randi para probar que todos los testimonios referidos a los fenómenos paranormales eran fraudulentos. La recopilación de sus esfuerzos fue el libro de apasionadas filípicas contra los daños de la irracionalidad The Demon-Haunted World.

Mi primer contacto con Carl fue a través de una carta entusiasta que recibí poco después de la publicación de mi libro Los Reinos del Inconsciente Humano. En el libro relataba que los pacientes que se sometían a la psicoterapia con LSD experimentaban a menudo una profunda regresión, a lo largo de la cual volvían a vivir su nacimiento experimentando intensas emociones y sensaciones físicas. A continuación diferencié cuatro modelos empíricos asociados a ese proceso, que reflejaban los estadios consecutivos del nacimiento del niño, refiriéndome a ellos como matrices perinatales básicas (BPM).

Carl se quedó particularmente fascinado por mi descripción de la cuarta matriz perinatal, que supone visiones de una luz brillante en la que aparecen varias figuras arquetípicas. Tal como se expresó en un artículo publicado en 1979 en Atlantic Magazine, en su opinión esta observación infligía un golpe mortal a todas las aseveraciones de los místicos que a menudo hablaban de visiones de luz divina y seres celestiales. Concluía que lo que los místicos consideraban ser una luz sobrenatural era, en realidad, el recuerdo infantil del momento en el que se emerge a la luz de la sala operatoria y se ven a obstretas y enfermeras cubiertos con sus batas. La percepción errónea de esa situación como sobrenatural es por lo tanto el resultado de la inmadurez de la vista y de la percepción del recién nacido.

La interpretación de Carl de la visión perinatal descrita en mi libro está en marcado conflicto con la descripción ofrecida por mí de este fenómeno. Tras haber asistido, literalmente, a centenares de experiencias de muerte y renacimiento psicoespiritual, me he dado cuenta de que la experiencia de volver a vivir el nacimiento funciona como una entrada al inconsciente colectivo junguiano y que las visiones arquetípicas que la acompañan son ontológicamente reales y no pueden derivar del mundo material. Este es un argumento de gran importancia teórica respecto a la afirmación provocatoria de Carl sobre la naturaleza de la realidad que daba inicio a Cosmos, su opus magna: “El Cosmos es todo aquello que es o que siempre ha sido o siempre será” (Sagan, 1983).

Posteriormente, Carl me citó de nuevo erróneamente en su libro Broca’s Brain, en el que me dedicó un capítulo titulado The amniotic universe. Por supuesto, después de mis observaciones tenía derecho a sacar sus propias conclusiones. Sin embargo, ignorar mi interpretación y conferirme una aureola de demoledor del misticismo es otro cantar. Al hacerlo, no tuvo en cuenta el hecho de que toda la segunda parte de “Los reinos del inconsciente humano” estaba dedicada a una detallada descripción de experiencias espirituales acompañadas por muchos ejemplos clínicos. El material que contenía era, de hecho, una de las fuentes de la psicología transpersonal , una disciplina que intenta elaborar una síntesis entre ciencia y espiritualidad genuina aportando pruebas empíricas a favor de la visión mística del mundo.

Puesto que la psicología transpersonal, con sus esfuerzos para legitimar la espiritualidad, seguía creyendo y ganando cada vez más terreno en el ambiente académico, se convirtió en una fuente de notable irritación para Carl y su grupo CSICOP. Finalmente Carl me pidió, en calidad de superviviente del pequeño grupo de profesionales que habían fundado la psicología transpersonal, que tuviera con él una confrontación abierta para discutir los problemas teóricos relativos a esta disciplina. Acepté su invitación y me encontré con él en un hotel de Boston. Los otros participantes en el encuentro eran mi mujer Christina, Ann Druyan, la mujer de Carl, y el psiquiatra e investigador de Harvard John Mack, nuestro común amigo.

Carl empezó la sesión recordándome que tenía la responsabilidad, como profesional dotado de conocimientos específicos en medicina y psicología, de informar correctamente, puesto que un público no competente considera mucho más seriamente las palabras de una persona culta que posee títulos académicos. Subrayó el hecho de que para los científicos es esencial presentar la verdad científica probada y no adulterada a quien no esté capacitado para emitir un juicio propio independiente. Empezó a citar a continuación una serie de situaciones en las que la gente había sido engañada por varias desinformaciones, embrollos, fraudes y engaños. En ese momento le interrumpí y le dije que lo que estaba describiendo no tenía nada que ver con el tema que íbamos a discutir.

“¿Sobre qué crees tú que debería centrarse nuestra discusión?” preguntó.

“Sobre el problema del estado ontológico de las experiencias transpersonales”, contesté, “como, por ejemplo, el identificarse con tras personas y otras formas de vida, el vivir experiencias reales fuera del cuerpo, el tener visiones de seres y ámbitos arquetípicos o memorias ancestrales, raciales, kármicas y filogenéticas. ¿Se trata de alucinaciones y fantasías sin ninguna base real o episodios de una auténtica conexión con dimensiones de la realidad y fuentes de importantes informaciones que, por lo general, no resultan accesibles a nuestra conciencia?”

“¡Ponme algunos ejemplos!” apremió, dando la impresión de hallarse perplejo y confundido.

Le relaté distintos casos de individuos en estado de conciencia holotrópica que se habían identificado con varios aspectos del mundo material o que habían experimentado los ámbitos históricos y arquetípicos del inconsciente colectivo. En otros casos, habían tenido acceso a informaciones que estaban claramente mucho más allá de lo que habían adquirido mediante los canales convencionales de su vida. Tres de estos ejemplos suponían vivencias de identificación con animales, dos con acontecimientos históricos y uno la oscura visión de la terrible Diosa Madre de los malekulan.

Escuchando mis historias, Carl recobró su compostura y asumió un autoritario papel de maestro.

“¿Ah, de eso estás hablando? Bien, es fácil de explicar, aquí no hay un gran misterio”, dijo. “Los niños miran la televisión una media de seis horas diarias. Ven un montón de programas de distinta clase, incluidos los que contienen informaciones científicas como Nova Discovery. Los olvidan en gran parte, pero sus cerebros, siendo los órganos milagrosos que son, lo registran todo. En los estados no ordinarios de conciencia, esas informaciones son utilizadas para generar aquellas que parecen ser nuevas informaciones relevantes. Pero tú, que has recibido una información científica y médica, tienes que saber que no podemos de ninguna manera alcanzar una información que no haya entrado en nuestro cerebro a través de los sentidos. Si alguien deja aflorar una información de esa clase, tiene que haberla recibido de algún modo, en algún lugar, en algún momento de su vida.”

Yo me sentía decepcionado. Carl estaba ahora utilizando el viejo dicho de los filósofos empíricos ingleses que se había convertido en una creencia popular de la ciencia materialista monista: Nihil est in intellectu quod non antea fuerit in sensu (Nada está en el intelecto si antes no ha estado en los sentidos). Si mis pacientes generaban informaciones aparentemente nuevas, tenían que haberlas adquirido mediante los sentidos. Esto tendría que estar claro para cualquiera que hubiese estudiado ciencias naturales; ¿cómo podría una persona culta verlo de forma diferente? Sólidamente enraizado en el terreno tradicional, Carl no estaba dispuesto a contemplar la posibilidad de que hechos convincentes, derivados de la observación, pudieran poner en entredicho lo que él daba por descontado.

Sintiendo que habíamos llegado a un callejón sin salida, recurrí a la tanatología, la disciplina que estudia la muerte y a los moribundos. En las últimas décadas, los investigadores en ese campo habían acumulado una serie de datos fascinantes que concernían a las experiencias extracorporales en las situaciones cercanas a la muerte. A diferencia de muchos otros fenómenos transpersonales, esas experiencias se pueden verificar objetivamente con relativa facilidad. Puesto que el material había sido ampliamente difundido por bestsellers, debates televisivos e incluso un cierto número de películas de Hollywood, esperaba dar en la diana sin grandes dificultades.

Hice referencia a numerosos estudios tanatológicos que, de forma independiente, habían confirmado que, durante experiencias extracorporales, en el curso de situaciones cercanas a la muerte, la conciencia desencarnada es capaz de percibir el ambiente presente, como también lugares remotos, sin la mediación de los sentidos. En un estudio fascinante, presentado por Kenneth Ring en su libro Mindset, se describe la capacidad de la conciencia incorpórea de percibir el ambiente incluso en personas que por motivos congénitos han sido ciegas desde el nacimiento. No sólo habían sido capaces de ver por primera vez, sino que podía verificarse lo que habían visto.

En este contexto, cité también un ejemplo del libro Recollection of Deaht de Michael Sabom, un cirujano del corazón que había estudiado las experiencias cercanas a la muerte de sus pacientes. Dije a Carl que uno de los pacientes de Michael Sabom había sido capaz de describir detalladamente el proceso de retorno a la vida, que había seguido al paro cardíaco durante una intervención quirúrgica. Relató que, en un primer momento, su conciencia incorpórea había visto el procedimiento desde un lugar cercano al techo y luego, interesada en el procedimiento, había bajado a una posición desde la que podía observar de cerca los indicadores de los aparatos. Durante la entrevista que siguió al retorno a la vida, con gran sorpresa de Michael Sabom, el paciente fue capaz de reconstruir todo el procedimiento, incluyendo los movimientos de las agujas de los aparatos de medición en correlación con las intervenciones del equipo de cirujanos.

Tras haber descrito el caso a Carl, le pregunté cómo podía explicar esos hechos en el contexto de la visión materialista del mundo que él defendía. Se quedó un rato en silencio y luego dijo, seguro de sí mismo: “¡Eso, desde luego, no ha ocurrido!” Sacudí la cabeza con incredulidad, sin poder creer en lo que había oído. “¿Qué quieres decir con que eso no ha ocurrido? El cardiocirujano Michael Sabom lo relata en su libro basado sobre la investigación que ha realizado sobre sus pacientes. ¿Cuál es la explicación de lo que te acabo de contar? ¿Qué piensas de todo eso?” pregunté. Esta vez la pausa fue aún más larga. Era obvio que Carl se esforzaba en pensar, luchando para encontrar una respuesta. “Bueno”, dijo finalmente rompiendo el largo silencio, “hay muchos cardiocirujanos en el mundo. Nadie hubiese prestado atención al tipo. Así que se ha inventado una historia incongruente para atraer la atención sobre sí mismo. ¡Es un truco de relaciones públicas!”

Yo me quedé impactado. Lo que Carl acababa de decir minaba seriamente el respeto que sentía hacia él. Me di cuenta de que tal visión del mundo no era ciencia, sino fanatismo científico. Tenía las características de un dogma indestructible, cerrado a cualquier evidencia. Entendí también con claridad que nuestra discusión había llegado a un punto muerto insuperable. Advertí que Carl no tendría reparos en poner en entredicho la profesionalidad, la integridad moral y la salud mental de sus colegas científicos antes de tomar en consideración la posibilidad de que este sistema de creencias pudiese necesitar de una revisión para adaptarse a las nuevas evidencias.

Tenía tal certeza de conocer el universo, y lo que podía o no ocurrir en él, que no sentía la menos inclinación a examinar los datos que la pusieran en discusión.

La experiencia que tuve acerca de la determinación de Carl de conservar sus creencias científicas a cualquier precio tuvo más tarde una confirmación en el escándalo que implicó CSICOP y el así llamado “efecto Marte”. En su investigación, proyectada originariamente para poner a la astrología en su justo lugar, los cronobiólogos franceses Michel y Louise Gauquelin mostraron que el 22% de los campeones deportivos europeos examinados habían nacido con Marte en el ascendente. Para su sorpresa, en lugar de rebatir las predicciones astrológicas, su estudio las convalidaba: la probabilidad estadística de que el dato del 22% se debiera al azar era uno sobre cinco millones. Años más tarde, los Gauquelin realizaron pruebas de predicciones astrológicas que implicaban cinco planetas y once profesiones y encontraron resultados significativos; sus datos fueron más tarde reproducidos de forma independiente por otros investigadores.

Después de que se publicaran los resultados del estudio de los Gauquelin, tres miembros del CSICOP, Paul Kurtz, George Abell y Marvin Zelen, indignados por el informe, intervinieron en la controversia, con una respuesta crítica al principio y, más tarde, iniciando ellos mismos una investigación. Tras encendidos intercambios, antes que admitir que sus datos no hacían otra cosa que confirmar los resultados de los Gauquelin, los falsificaron conscientemente. El fraude fue desenmascarado por Dennis Rawlins, cofundador del CSICOP y miembro del Consejo Ejecutivo, con un artículo titulado Starbaby, en 1981. Cuando Rawlins se dio cuenta de que la organización se empeñaba en perpetuar su propia postura ideológica y no estaba dispuesta a descubrir la verdad, llegó a la conclusión de que la honestidad era más importante que una indiscriminada caza de brujas con respecto a lo paranormal.

En 1984, cuando fui invitado a Lucerna para dar una conferencia en el Congreso Mundial de Astrología sobre mi investigación acerca de la importancia psicológica del trauma del nacimiento y sobre las MPB, el programa, entre los presentadores, destacaba a Michel Gauquelin. Incluía también a otro “converso” a la astrología, Hans Eysenck, un duro crítico del psicoanálisis freudiano.

Stanislav Grof. “Cuando ocurre lo imposible”.

Ayude a hacer de la Psicoterapia asistida con MDMA un tratamiento legalmente disponible.

En este año 2012 se cumplen 100 años de la creación de la MDMA, sintetizada por primera vez en una fecha específica desconocida dentro del año 1912. El Dr. Anton Köllisch, de la compañía farmacéutica Merck, estaba trabajando en la creación de un nuevo medicamento anti-coagulante, y la MDMA fue solo uno de toda una serie de productos químicos que la empresa patentó, a pesar de no tener conocimiento de sus efectos psicoactivos.

El Centro de Química del ejército de EEUU descubrió dichos efectos en 1953 y lo probaron como una posible arma contra el espionaje. El primer estudio con MDMA en sujetos humanos fue publicado en 1987 por A. Shulgin y D. Nichols, en el cual se describió la sustancia como una potencial herramienta terapéutica.

CELEBRE LA INVENCIÓN de una molécula que ha fascinado a médicos, científicos, legisladores y a la sociedad en general durante generaciones haciendo un regalo de cumpleaños que apoye la investigación sobre el potencial terapéutico de la 3, 4-metilendioximetamfetamina, o MDMA.

PSIQUIATRAS Y TERAPEUTAS llevaron a cabo más de 1.000 sesiones clínicas con MDMA desde 1978 hasta 1985. En 1985, debido al uso recreativo y generalizado de la MDMA, la DEA declaró que sería un crimen la posesión o distribución de MDMA, ignorando tanto el testimonio de expertos como las recomendaciones de la corte. En 1986, la Asociación Multidisciplinaria para los Estudios Psicodélicos (MAPS) se propuso hacer de la psicoterapia asistida con MDMA un tratamiento legalmente disponible.

100 AÑOS DE LA CREACIÓN DE LA MDMA, los investigadores y terapeutas están redescubriendo el potencial de la MDMA con ayuda de la psicoterapia para transformar las vidas de hombres y mujeres que sufren de trastorno de estrés postraumático (TEPT). De producto químico prohibido a herramienta terapéutica prometedora, el 100 aniversario del MDMA es una oportunidad para celebrar y apoyar esta innovación médica.

PUEDEN PASAR MUCHAS COSAS EN 100 AÑOS. La MDMA se sintetizó, se dejó en un estante, la encontró un investigador, fue utilizado por los terapeutas, se dio un mal uso por parte del público, se declaró ilegal, y ahora, por fin, se está utilizando en ensayos clínicos con la aprobación del gobierno. Ayuda a la psicoterapia asistida con MDMA a pasar a la siguiente fase. Por una donación de 5$ recibirá un adhesivo con la inscripción “Transformando la Medicina”, de parte de MAPS, o con una de 100$, entrará en un sorteo de un boleto a la Conferencia de Ciencia Psicodélica de MAPS en abril de 2013.

Usted puede ayudar a que la psicoterapia asistida con MDMA sea un tratamiento legalmente disponible, haciendo una donación de cualquier cantidad, y luego compartiendo este mensaje con sus amigos.


PARA MÁS INFORMACIÓN visite www.maps.org.

MÁS EN: http://www.maps.org/media/view/happy_birthday_mdma/


El consumo del cannabis es un derecho que debe reconocerse

El catedrático de Farmacología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) José Javier Meana ha afirmado que el consumo “lúdico” del cannabis “es un derecho que posiblemente debe reconocerse”, tras lo que ha señalado que, salvo en algunos sectores de la población, sus efectos sobre la salud son “mínimos”.

Meana ha comparecido este martes ante la ponencia del Parlamento vasco para el análisis de una solución regulada de la actividad de los denominados ‘clubes sociales de cannabis’.

En declaraciones a los medios de comunicación tras su comparecencia, ha subrayado la necesidad de “desligar” el consumo “lúdico o recreativo” de esta sustancia de su uso terapéutico. Meana ha discrepado de aquellos que recurren al “argumento” del uso terapéutico para cultivar o consumir cannabis por su cuenta, así como para defender su legalización.

Según ha explicado, ya existen productos farmacéuticos comercializados que contienen esta sustancia, que se consideran medicamentos y cuya prescripción y control corresponde a un profesional sanitario. “No existe el porro terapéutico”, ha manifestado.

En el caso del uso “lúdico” del cannabis, ha considerado que “entra en el terreno de los derechos civiles” y que, “posiblemente, es un derecho que se debe reconocer”. En la misma línea, se ha mostrado partidario de “regular” el estatus de las asociaciones de consumidores de cannabis.

Meana ha recordado que la legislación sobre drogas, entre ellas el cannabis, “se basa sobre todo en el hecho de que vulneran la salud o se considera que se vulneran la salud”, por lo que su distribución se considera un “atentado” contra la misma.

No obstante, este catedrático de Farmacología ha asegurado que los daños de esta sustancia sobre la salud, con carácter general, “son mínimos” y que, incluso, su consumo habitual causa menos perjuicios que una “intoxicación aguda”.

CONTRADICCIÓN.

   “Hay una contradicción indudable en condenar a alguien por vulnerar aspectos relacionados con la salud, cuando luego resulta muy difícil demostrar eso desde un punto de vista científico”, ha afirmado, para añadir a continuación que habrá que “resolver” dicha “contradicción”.

De todas formas, ha alertado de que esto no significa que el cannabis sea “inocuo” y que sus efectos son más perjudiciales en determinados sectores de la población. Entre ellos, ha citado a los adolescentes, debido a que el consumo de esta sustancia afecta a los procesos cognitivos. Por ese motivo, ha reclamado que se potencien las medidas “preventivas” en este campo.

También ha alertado de los riesgos que implica esta sustancia para los enfermos mentales, en este caso ha citado a las personas afectadas por una psicosis esquizofrénica, cuyas patologías se pueden ver agravadas de forma significativa por su consumo.

http://www.europapress.es/salud/salud-bienestar-00667/noticia-catedratico-farmacologia-cree-consumo-cannabis-derecho-debe-reconocerse-20120612113056.html

“Somos los lugares que habitamos”

El contacto con entornos naturales beneficia la capacidad de atención y contribuye a afrontar mejor las situaciones estresantes. El Psicólogo José Antonio Corraliza explica cómo la Psicología Ambiental analiza los efectos de la naturaleza en la psique humana.

Entrevista realizada por Yvonne Buchholz.


¿Qué beneficios aporta para la psique vivir en un entorno verde?

La naturaleza es un referente importante para el bienestar humano. Diversas investigaciones ya han demostrado sus efectos positivos para la psique de las personas. Como las investigaciones de Janet Frey Talbot y Stephen Kaplan, por entonces en la Universidad de Michigan, basadas en estancias de supervivencia en la naturaleza con la participación de ejecutivos. El seguimiento de los participantes mostró que las personas se acoplaban a los ritmos de la naturaleza. La adaptación resulta fácil porque los ritmos naturales ya están en nuestro cerebro.


¿Por qué la naturaleza ejerce ese poder en las personas? 

La explicación es evolucionista. Los humanos hemos vivido las experiencias de supervivencia en la naturaleza. De hecho, vivimos en ciudades desde ayer. En biofilia se habla de dos dimensiones. Por un lado, los escenarios de agua (hidrofilia) y por otro, los de vegetación (fitofilia). Agua y vegetación resultan cruciales para la supervivencia. Así, la desertización puede causar efectos traumáticos en las personas. Me preocupa la actual degradación de los paisajes.


¿Cuales son los beneficios de vivir en el campo? 

Uno de ellos es que nos resulta más fácil recuperarnos de las experiencias estresantes. Aunque el estrés es una reacción normal ante situaciones amenazantes, se convierte en un peligro si perdura en el tiempo. Se ha visto que existe una correlación lineal y directa entre vivir en la naturaleza y la capacidad de afrontar una situación estresante. La naturaleza no anula el estrés, sino que contribuye a que no sea duradero. Un niño que pierde a su abuelo o que vive el divorcio de sus padres presenta una mayor capacidad para afrontar la situación si se encuentra en un entorno natural. Se trata de un efecto moderador, porque la naturaleza actúa como una defensa psicológica.


¿Qué parámetros se utilizan en Psicología para demostrar este beneficio?

Desde la Psicología Ambiental se habla de la hipótesis de la restauración, que se divide en dos tipos. Por un lado tenemos la restauración efectiva, la cual se basa en indicadores del estrés fisiológico. Un ejemplo sería medir en una persona que acaba de practicar deporte el tiempo que necesita para recuperar las constantes fisiológicas (pulso, ritmo cardíaco…). Se ha constatado que los sujetos que tras realizar ejercicio físico observaban un paisaje natural se recuperaban en la mitad de tiempo que aquellos que contemplaban escenas urbanas. Por otra parte, la restauración percibida se basa en la recuperación de la capacidad de atención. Un paseo o contemplar escenas de la naturaleza contribuyen a su aumento.


¿A partir de qué edad se aprecian los beneficios del “verde”?

Los efectos beneficiosos de la naturaleza se perciben en la población en general. En un estudio reciente que hemos desarrollado con niños de 6 a 9 años y otro grupo de entre 9 y 13 hemos comprobado que en todos ellos se producía ese efecto beneficioso. No obstante, en los primeros el efecto positivo aparece algo más marcado.


¿Qué características puede presentar un niño que tenga poco acceso a un entorno natural?

Existe el trastorno por déficit de naturaleza. Ese concepto incluye una serie de trastornos, como la hiperactividad o la obesidad, que podrían estar relacionados con la falta de contacto con el medio natural. En estudios de comparación entre niños con experiencias al aire libre y otros que desarrollaron actividades con imágenes virtuales de naturaleza (a través de la wii, de videojuegos, etc.) se ha visto que los niños con pocas experiencias en un entorno verde o con una vida desconectada de la naturaleza presentan menos posibilidades de recuperación psicológica.


¿Qué son las enfermedades psicoterráticas? 

A finales del siglo XX, el filósofo ambiental Glenn Albrecht describió dos casos de poblaciones aborígenes de Australia que padecieron las consecuencias de la minería de carbón a cielo abierto. Las alteraciones del terreno parecían provocar trastornos psíquicos y emocionales en los habitantes del lugar, que se caracterizaban por una especie de sentimiento de pérdida, no de tanta intensidad emocional como en el caso del duelo por un ser querido, pero semejante. Albrecht acuñó el neologismo de solastagia, dolor por la pérdida del solar.


Así, el cambio de paisaje puede provocar un trastorno mental…

Si el lugar habitual de residencia se convierte en hostil o debe abandonarse, puede surgir un trastorno relacionado con la nostalgia y la melancolía. El estado de melancolía puede convertirse en crónico y ser un antecedente de la depresión. Se trata de una alteración psicológica relacionada con el trastorno postraumático. La degradación de los entornos naturales en que vivimos nos afecta porque esperamos que pervivan a nosotros. Somos los lugares que habitamos.


Tomando el tema desde otro punto de vista, ¿un entorno verde puede servir como método de tratamiento?

La naturaleza no explica los trastornos del malestar humano. Lo que propician las experiencias con la naturaleza es una mayor capacidad para afrontar el estrés; ejercen un efecto moderador. Por ello debe incorporarse el entorno natural en la vida cotidiana.


En España, ¿se hace?

Existen ejemplos de ciudades españolas que sí están sensibilizadas con el tema, como es el caso de Vitoria, Barcelona y Madrid. Hay que introducir la naturaleza en la ciudad, aunque sea mediante “jardines de bolsillo”. Aunque más que el aumento de los espacios naturales en las ciudades, lo que a mí me preocupa es el cuidado de los que ya existen.

Entrada en lo Absoluto con 5-MeO-DMT. Experiencia de Stanislav Grof.

El sapo Bufo alvarius se encuentra en los desagües de ríos y arroyos permanentes del Desierto de Sonora. Esta especie desarrolló unas glándulas especializadas, localizadas particularmente en el cuello y en las extremidades, que producen una secreción viscosa de color blanco leche que los protege del calor del desierto.  Estas secreciones contienen una alta concentración de 5-metosidimetiltriptamina (5-MeO-DMT), un compuesto con extraordinarias propiedades psiquedélicas.

Esta sustancia fue, en primer lugar, sintetizada en un laboratorio químico en 1936, más de 20 años antes de que los modernos americanos descubriesen sus efectos psiquedélicos. Sin embargo, los nativos llevaban conociendo esos efectos desde siglos atrás, y utilizaban esa sustancia para sus prácticas chamánicas. Resultó que el mismo principio activo es también responsable de los efectos de los rapés psiquedélicos de origen vegetal, tales como la virola o el epená, utilizados por los tucanos, los waika y los indios araraibo de Brasil y Venezuela.

La sustancia seca obtenida extrayendo y vaporizando las secreciones de la piel del Bufo alvarius mediante calor contiene aproximadamente el 15% del principio activo. Fumar las secreciones secas produce en pocos segundos un estado psiquedélico que puede ser psicológicamente muy estimulante debido a la rapidez de su llegada y a su abrumadora intensidad. El descubrimiento de los efectos de estas secreciones por la generación psiquedélica fue un éxito. Ello inspiró la fundación de la Iglesia del Sapo de Luz, cuyos miembros fuman esta sustancia como sacramento en sus ceremonias.

Yo había tenido alguna experiencia previa con derivados relacionados con la triptamina: dimetiltriptamina (DMT) y dietiltriptamina (DET) de nuestros primeros experimentos en Praga, y dipropiltriptamina (DPT) de nuestros estudios en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland. Pero la oportunidad para llegar a comprender el secreto del Sapo de Luz llegó cuando mi amigo Paul apareció delante de nuestra puerta con una imponente provisión de 5-MeO-DMT. Esta sustancia no estaba incluida en la Lista I y podía ser conseguida fácilmente por los químicos como punto de partida para la síntesis de otros compuestos.


Despegue. Disolviendo la realidad ordinaria.  

Bajo la supervisión de Paul, puse una pequeña cantidad del polvo blanco sobre la superficie de un vaso y trabajé con él un rato con una hoja de afeitar para hacerlo tan fino como fuera posible. Luego formé con el polvo dos montones iguales y puse el resto en una pipa llena de perejil seco. Mientras Paul encendía la pipa, enrollé un billete de dólar hasta conseguir un estrecho tubo y esnifé los dos montones, cada uno por un orificio nasal diferente. Cuando terminé, tomé dos o tres profundas chupadas de la pipa. Después, calculé la dosis conjunta de 5-MeO-DMT que había tomado y me di cuenta de que era muy alta, probablemente alrededor de 15 miligramos.

El principio de la experiencia fue muy repentino y espectacular. Me sentí golpeado por un rayo cósmico de inmenso poder que instantáneamente hizo pedazos y disolvió mi realidad cotidiana. Perdí todo contacto con el mundo que me rodeaba, que desapareció completamente como por arte de magia. En el pasado, cada vez que había tomado una alta dosis de psicodélicos, me gustaba echarme y ponerme cómodo. Esta vez, cualquier preocupación al respecto era irrelevante, ya que perdí la conciencia de mi cuerpo, así como de mi entorno. Tras la sesión, me dijeron que después de tomar un par de chupadas, me quedé sentado allí por varios minutos como una escultura, manteniendo la pipa cerca de mi boca. Christina y Paul tuvieron que coger la pipa de mi mano y recostar mi cuerpo sobre el colchón.

En todas mis sesiones anteriores, siempre había conservado una orientación básica. Sabía quien era, dónde estaba y por qué estaba teniendo experiencias insólitas. Esta vez, todo se disolvió en cuestión de segundos. La conciencia de mi existencia cotidiana, mi nombre, mi paradero y mi vida desaparecieron como por arte de magia. Stan Grof… California… United States… la Tierra… esos conceptos apenas resonaron por algunos momentos como imágenes de sueño en la lejana periferia de mi conciencia y luego se alejaron totalmente. Me esforcé por recordarme a mí mismo la existencia de las realidades que solía conocer, pero de pronto habían dejado de tener sentido.

En todas mis anteriores sesiones psiquedélicas, siempre había habido algún rico contenido específico. Las experiencias estaban relacionadas con mi vida presente (la historia de mi infancia, nacimiento y vida embrionaria) o con varios temas de dominio transpersonal (experiencias de mi vida pasada, imágenes de la historia de la humanidad, visiones arquetípicas de dioses y demonios o visitas a varios ámbitos mitológicos. Esta vez, ninguna de estas dimensiones parecía existir, ni mucho menos manifestarse. Mi única realidad era un amasa radiante de remolinos de energía de inmensas proporciones que parecían contener toda la existencia en una forma condensada y totalmente abstracta. Me convertí en Consciencia frente al Absoluto.

Tenía la brillantez de miríadas de soles, pero no se parecía a ninguna luz que yo conociera de mi vida cotidiana. Parecía ser pura Consciencia, inteligencia y energía creativa que trascendía todas las polaridades. Era infinito y finito, divino y demoníaco, terrorífico y extático, creativo y destructivo: todo eso y
mucho más. No tenía conceptos ni categorías para definir lo que estaba observando. Frente a tal fuerza, no podía conservar un sentimiento de existencia separada. Mi identidad ordinaria se rompió y disolvió; me volví uno con la Fuente. En retrospectiva, creo que debí experimentar el Dharmakaya, la Clara Luz Fundamental, que, según el Libro tibetano de los Muertos, el Bardo Thödol, aparece en el momento de la muerte. Tenía alguna semejanza con lo que encontré en mi primera sesión de LSD, pero era mucho más sobrecogedor y extinguió completamente cualquier sentimiento de identidad separada.


Regreso al universo

Mi encuentro con el Absoluto, duró aproximadamente 20 minutos, tal como fue medido por los observadores externos. En lo que a mí se refiere, durante toda la duración de mi experiencia, el tiempo cesó de existir y perdió cualquier significado. Después de lo que pareció una eternidad, imágenes específicas parecidas a sueños y conceptos comenzaron a formarse en mi campo experiencial. Empecé a intuir fugaces imágenes de un cosmos con galaxias, estrellas y planetas. Después, visualicé paulatinamente un sistema solar y, en él, la Tierra, con grandes continentes.

Al principio, dichas imágenes eran muy lejanas e irreales, pero, a medida que la experiencia iba siguiendo su curso, empecé a sentir que esas realidades podían realmente tener una existencia objetiva. Poco a poco, se fueron cristalizando en imágenes de los Estados Unidos y California. Lo último en emerger fue el sentimiento de mi identidad cotidiana y la consciencia de mi vida presente. Al principio, el contacto con la realidad ordinaria fue extremadamente vago. Reconocía dónde estaba y en qué circunstancias. Pero estaba seguro de haber tomado una dosis excesiva y que realmente me estaba muriendo. Durante algún tiempo, creí que había experimentado el Bardo, el estado intermedio entre mi vida presente y mi nacimiento en la próxima encarnación, tal como lo describen los textos tibetanos.

Mientras iba recuperando un contacto más sólido con la realidad ordinaria, alcancé un punto en que supe que estaba de vuelta de una sesión psiquedélica y que había sobrevivido al experimento. Estaba tumbado allí, todavía sintiendo que me estaba muriendo, pero ahora sin el sentimiento de que mi vida presente estaba amenazada. El estar moribundo parecía relacionado con escenas de mis encarnaciones anteriores. Me encontré en muchas situaciones dramáticas que ocurrían en diferentes partes del mundo a través de los siglos, todas ellas peligrosas y dolorosas. Varios grupos de músculos de mi cuerpo se sacudían y temblaban, como si mi cuerpo estuviera herido y muriéndose en esos diferentes contextos. Sin embargo, mientras mi historia kármica estaba siendo interpretada por mi cuerpo, me encontré en un estado de profunda dicha, completamente despegado de esos dramas, que persistieron incluso después de que cualquier contenido específico hubiera desaparecido de mi experiencia.


Rescoldo y lecciones.

Cuando trabajaba en el Centro de Investigación Psiquiátrica de Maryland, solíamos guardar un período para el estado que experimentaban muchos de nuestros clientes, a lo largo de varios días y a veces semanas, tras una sesión psiquedélica buena y bien integrada. Lo llamábamos “rescoldo psiquedèlico”. Mi rescoldo después de esa experiencia fue inusitadamente intenso, profundo y de larga duración. Podía trabajar en las galeradas de mi libro con extraordinaria precisión y capacidad de concentración. Pero, cuando decidía tomar un descanso y cerrar los ojos, volvía a estar en segundos en un estado de rapto extático y experimentaba un sentimiento de unidad con todas las cosas. Mis meditaciones eran excepcionalmente profundas y parecían ser el estado más natural que pudiese imaginar.

La sesión me dejó con un hondo respeto y aprecio por el poder de las herramientas utilizadas por los chamanes. A menudo tuve que reír por la arrogancia de los principales psiquiatras, que consideran las técnicas chamánicas como productos de supersticiones primitivas y juzgan sus propios estratagemas, como la libre asociación en el diván o la terapia conductista, como enfoques superiores y científicos de la psique humana.

Desde esa experiencia tengo un mayor aprecio por el principio de varios sistemas esotéricos que rezan que la más noble verdad se encuentra a menudo en lo más humilde. Me acuerdo de ello cada vez que oigo o leo el famoso pasaje de As you like it  de Shakespeare:


Como el sapo feo y venenoso, 

lleva siempre una gema en la cabeza;

así nuestra vida, aislada del trato social,

halla lenguas en los árboles, libros en los arroyos,

sermones en las piedras y el bien en todas las cosas.

Yo no la cambiaría.