Experiencia con Peyote, conversando con Dios.

Un sábado por la noche empezó una ceremonia de Peyote a las orillas de la ciudad de México. Había invitado unos amigos, pero no fueron, uno de ellos se negó diciendo que no asistía a ceremonias así, haciéndome entender que creía que era por lucro. Mi opinión era distinta, nadie trabaja gratis, todos tienen que comer, además de lo que tienen que reponer por la medicina sagrada, el traslado y todo, era en realidad algo bastante accesible.

Como pude ver después el espíritu del hukiru (el peyote), el venado azul, me había invitado a su fiesta. La casa de este venado azul es Wirikuta, el desierto que abarca gran parte de San Luis potosí, México, donde crece mucho Peyote, espíritu muy venerado por los indígenas huicholes del occidente de México.

El marakame (chamán) estaba sentado en una silla esperando el momento indicado para iniciar la ceremonia, la fogata estaba prendida en medio del patio, nos dieron unas velas a cada uno. Platiqué con algunas personas en la ceremonia, la mayoría bastante accesibles. Platiqué con el marakame, le dije que tenía un problema en mi vida, que no sabía qué hacer en el futuro, a que dedicarme, qué camino tomar, él me dio algunos consejos donde me habló de pensar bien las cosas, de la fe, de amar a lo que te dedicas lo más posible, de conocerme bien a mí mismo, entre otras cosas.
Nos dijeron que hiciéramos un círculo, que la ceremonia iba a empezar en unos momentos. Luego nos acercamos a la fogata y nos limpiamos con unas ramas, nos dijeron que era algo simbólico y entendí bien lo que decían, así que lo hice.

Empezaron a servirnos la medicina sagrada y la empezamos a tomar, era el Peyote molido con agua. Luego el marakame empezó a rezar, supongo que en idioma huichol, lo que concordé con un amigo que conocí en la ceremonia es que el chamán dirigía el discurso a todos pero cada uno escuchaba lo que necesitaba escuchar, algunas ocasiones mientras tenía los ojos cerrados presentía que el chamán estaba hablándome a mí, yo abría los ojos y él estaba ahí dirigiéndome el cuerpo, aunque tal vez no la mirada. Su rezo era algo místico. Una persona nos presentaba el sahumerio, madera que dejaba un agradable aroma, nos levantábamos mientras nos esparcía el humo en el cuerpo, pensé que era para protegernos de algún modo durante el viaje espiritual.

Recuerdo cómo cerraba los ojos y empezaba a ver sombras, demonios, presencias, diseños geométricos, entre otras cosas; recuerdo que de momentos sentía que esas energías dirigían su mirada hacia mí y yo les decía “no me miren a mí, miren al fuego” sin saber quiénes eran, si eran buenas o malas, y empezaban a mirar al fuego y sentía más mi existencia. Veía sin ver, tenía los ojos cerrados y seguía viendo no lo mismo, pero cosas parecidas; era como si se me hubiera abierto otro mundo que percibía con los ojos cerrados, recuerdo que los colores eran los mismos, el negro de la noche y el rojo del fuego.

Escuchaba atentamente el rezo del marakame que parece que lo hacía mientras contaba las plumas de un collar y dijo “todos prendan su vela” y procedimos a hacerlo, el espíritu del hikuri se sentía en la ceremonia, había un gran ambiente al respeto. Más tarde apagamos la vela, sólo fue un momento. Me acuerdo que todo empezó a cobrar un gran significado simbólico, cada acto, cada cosa que sucedía transmitía un gran significado profundo.

Recuerdo que mientras iba avanzando la ceremonia sentía una especie de comunicación con Dios, parecía un diálogo interno, pero no era un simple diálogo interno, porque había alguien que me respondía y hablaba algo así como telepáticamente. Vi que todo en la vida tenía espíritus, el espíritu de la muerte, el espíritu de la vida, el espíritu de nuestros ancestros, cosas que incluso creemos inanimadas existen y tienen un espíritu, el espíritu del fuego por ejemplo, el peyote tenía un espíritu muy poderoso. También sentía algo de desrealización, la sensación de ver las cosas un tanto irreales, algo así como si fueran de ensueño, digamos que un cambio fuerte en cuanto a percepción visual.

Estaban cantando en la ceremonia “Hirukito y Ayahuasca son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico (pronunciaban: meshico) son hermanos; el marakame y el taita son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos; el cóndor y el águila son hermanos, uno viene desde el norte, otro viene desde el sur, si se encuentran en Mexico son hermanos”…
Otro que cantaban creo que iba así “…maíz para vivir, vivir para morir, morir para la tierra, la tierra para las macetas, macetas para las flores, las flores para las niñas, las niñas para los niños, los niños para ser hombres, los hombres para el trabajo, trabajo para los burros, los burros para la leña, la leña para el fuego, el fuego para {…}”

Me sentía en otra dimensión donde podía entender mejor la vida, veía el mundo espiritual y me sentía mal por haber ignorado ese mundo estando siempre ahí presente. Pregunté qué debía hacer con mi vida y la respuesta fue un estado de éxtasis, me puse a alabar al fuego, mientras sentía una increíble beatitud, acercándome a algo así que me imagino que debe ser el nirvana, veía una increíble luz, sentía una gran felicidad y amor, y me sentía en un universo divino, entonces me di cuenta que la respuesta fue que lo más importante era ser feliz y eso es lo que debía hacer en mi vida.
Empecé a recordar cosas de mi vida, en particular algunas malas que me causaban dolor, y me puse a llorar, pero no lloraba solo de dolor y tristeza, lloraba de alegría, de amor, de nostalgia, no sabía de qué lloraba realmente, yo solo lloraba; ya no controlaba mi cuerpo, parecía como si fuera el espíritu venado azul el que lo controlaba y me decía lo que debía hacer, primero me enseñó a dar gracias, luego me enseñó a llorar y me hizo darme cuenta que llevaba mucho tiempo sin hacerlo y sentí que lo necesitaba, que era una medicina para mi alma. Abracé al amigo que apenas acababa de conocer en la ceremonia, lo abracé y lloré sobre él, al rato él me dijo que dejara de llorar y que celebrara con los demás que estaban cantando, yo le dije “quiero llorar” y unas personas que me escucharon me dijeron “sí, llora, llora”. Pasaron por mí muchas cosas de mi vida y las recordé, sentí que de alguna forma me estaba purificando, que llorar me estaba ayudando a sacar las cosas negativas de mí; luego el espíritu venado azul me enseñó a pedir perdón y pedí perdón por todo, absolutamente todo, sin dejar de llorar y así estuve hasta el amanecer.

Recuerdo que durante toda la madrugada yo pedí mucha medicina, porque sentía que el venado azul me decía que bebiera, que no tuviera vergüenza, que la necesitaba y eso era todo, que no me importara lo que los demás pensaran, y así hice, y cuando amaneció tomé la olla donde estaba el agua de peyote y enfrente de todos tomé lo que restaba, lo cual supongo se debió haberse visto bastante cómico y algo extraño, pero no me importó como sentía que me decía el espíritu que no me importaran los demás, que yo a lo mío, a mi curación y eso era todo.
Después de tomar lo que restaba de la olla seguí llorando, con lo que los demás respondieron con un “oohh!” como de decepción, pues todos me estaban viendo. Luego caminé hacia el marakame, le di las gracias y le dije que realmente lo necesitaba, creo que incluso le besé la mano, le lloré, recuerdo que me dieron de beber agua donde había unos pétalos amarillos, que cerré los ojos y me rociaron con agua, y que cuando abrí los ojos tenía agua en la manos, y me dijeron “ya volvió”, también me dijeron “siempre hay un tiempo para volver”, “la ceremonia apenas empieza” (haciendo analogía con la vida). Me dijeron “deja de tener miedo” y yo les dije “no tengo miedo, en serio”, como que me vieron temblando o algo así, le seguí dando las gracias al marakame y alguien me dijo “dale gracias al fuego, él es el jefe mayor” y fui y le di gracias al fuego, de nuevo alguien me dijo “deja de tener miedo” y yo respondí “en serio no tengo miedo” y me respondió “¿no tienes miedo?, ¡Denle otro peyote!”, respondí sacado de onda “¡No, si tengo miedo y respeto!”. Poquito después me salí del círculo y quise vomitar, estuve a punto pero no vomité, recuerdo que el tiempo se vivía muy intensamente y que reflexionaba muchas cosas cada instante, algo que ya había sentido con la Ayahuasca pero con mayor intensidad, me puse mucho más mareado de lo que ya estaba. Unos perros que andaban por ahí se me acercaron, uno en especial y yo le hablé y le pregunté “¿Que tienes?” y sentí que me respondía telepáticamente que estaba triste y yo lo acaricié, cerré los ojos y vi que era el venado azul, lo abracé hasta que un momento como que el perro me gruñó.

Tuve una extraña alucinación donde alguien me decía “soy el venado blanco” y yo me quedé “¿el venado blanco?, ¿no era azul?” y él me contestó “¿cuántos ves acá?” y veía entre los arbustos y los arboles que estaban al fondo como a venados corriendo y me decía “tienes que buscarme, levántate y corre, tienes que cazarme”, y me quedé un momento como pensativo, hasta que agarré la onda de que había sido una alucinación. En otra ocasión vi al venado azul, de nuevo el perro pasó cerca y de repente en vez de ver al perro vi al venado azul y escuché que me decía “¿Te es suficiente o quieres verme más claramente?” y me bastó.

Le seguí dando gracias a Dios y sentía que me respondía “gracias a ti hijo, eres muy valioso”. Tuve una serie de reflexiones y de diálogo con Dios donde me enseñaba que solo existe una verdad absoluta, que todos podemos tener diferentes perspectivas de la realidad y de cada cosa, pero que una cosa es la perspectiva que es una forma de aproximarse a la verdad y otra cosa es la verdad absoluta que como humanos no somos capaces de alcanzar, sólo Dios la tiene. Otro diálogo donde me enseñó que no sólo se debe razonar para alcanzar la verdad, también hay que saber intuir y me di cuenta que no era bueno intuyendo, que había una gran intuición que no se demostraba con la razón, y eso era Dios y el amor, que en realidad son lo mismo. Vi que tenía que luchar por la verdad, esforzarme por alcanzarla, que nadie me la iba a dar así simplemente. Recuerdo que le pregunté al venado azul qué debía hacer de mi vida y me dijo “sacia tu sed, se aquí, allá, donde quieras, simplemente se, existe”, me dijo que hiciera lo que me gustara y que cuando así fuera iba a dar lo mejor de mí, encontrar mi camino, dar algo de mí a la sociedad.

Vi que no valía más ni menos que los demás, que estaba en un equilibrio con los demás, que ser mejor es algo que nadie debe envidiarme, en cambio ser arrogante, egoísta o abusivo eran cosas que me destruían con los demás. Vi que había una sabiduría a la que estaba accediendo gracias a Dios y me pregunté cual sería el mayor grado de sabiduría que podría aspirar un ser humano y me di cuenta que ello era alcanzar la iluminación, le pregunté a Dios “¿puedes hacerme un iluminado?” y me di cuenta que el sintió tristeza y me dijo que no podía, le pregunté “¿por qué no puedo ser un iluminado?”, me dijo sólo unos cuantos estaban elegidos por él y eran personas muy especiales con una gran misión en la tierra cuando el fin del mundo se acercara. Vi que el fin del mundo se acercaba, me acordé de una parte del apocalipsis que decía que cuando el fin se acercara señales habría en el cielo anunciándolo, y vi las señales, la contaminación ambiental, el calentamiento global, la rapidez con que se estaban agotando los recursos como el agua y los energéticos como el petróleo, el cada vez más sofisticado armamento nuclear, biológico y químico de las potencias mundiales que en caso de una tercera guerra mundial podría provocar una aniquilación mutua. Dios me dijo “ama a tus enemigos” y yo me quedé “¿amar a mis enemigos? ¡Pero es mucho!”, Dios me respondió “¡Mucho, si yo te he dado todo!”, yo le dije “pero no me has hecho un iluminado”, y me respondió “¡Hijo, pero te he dado todo, todo lo que puedo, y tú porque no puedes amar a tus hermanos, aunque sean tus enemigos!” y me di cuenta de que no podía ser un iluminado porque no podía entender del todo porque debía amar a mis enemigos.

Vi el paraíso en la Tierra y que era posible manteniendo algunas actitudes, sabiendo sonreír siempre a la vida pase lo que pase, inclusive sabiendo sonreír ante el sufrimiento y las desgracias, siempre ser felices independientemente si logramos o no nuestras metas e ilusiones, siempre hacer lo que debamos hacer sin enojarnos o entristecernos, simplemente hacer lo que se debe hacer y sonreír, amar a nuestros semejantes, incluso a nuestros enemigos, aunque para mí esto no significa permitir ser abusado, más bien saber hacer de tu lado a tus enemigos, no tú de su lado, aprender absolutamente de todas las personas y crear paz; siempre tener fe en la vida, en uno mismo y en que la felicidad perdure; esforzarnos con todo el amor posible y dar lo mejor de nosotros mismos. Pensé que sabiendo ver la vida así no debíamos temer ni al fin de la humanidad, ni a la muerte.

Poco a poco fui regresando más a la lucidez cotidiana, en la tarde y noche de ese mismo día cuando sólo tenía los efectos residuales me acordé del drama que había hecho en la ceremonia cuando me puse a llorar y me bebí lo que sobraba del peyote enfrente de todos y me dio vergüenza, pero ahora sé que no tiene importancia, que simplemente hice lo que el espíritu del hikuri me dijo que debía hacer, que además me enseñó que no debía importarme lo que los demás pensaran de mí, que simplemente hacer lo que me tocaba hacer y no depender de lo que pensaran los demás, de hecho ahora me da algo de gracia por lo cómico que debió haberse visto.

Para terminar quiero decir que el Peyote merece un gran respeto para que sus secretos se le sean revelados a uno, porque guarda un verdadero espíritu dentro de él, eso es lo que pude sentir y ver, guardarle este respeto también significa no abusar de él porque el Peyote se está agotando cada vez más en su tierra sagrada wirikuta, y que en verdad es un espíritu que guarda grandes misterios que requieren mucho esfuerzo para descifrar, pues te habla en mucho simbolismo, las respuestas que te da a veces no son literales sino que implica esfuerzo para descifrar su significado profundo.

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Publicado el 5 abril, 2012 en Conciencia, Enteógenos, Estados Expandidos de Conciencia, Experiencias., Psicodélicos. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Q experiencia tan maravillosa, me podrias dar el contacto, yo he tenido experiencias con la Ayahuasca. Saludos

  2. Ahora se como inventaron la Biblia hace muchos años atrás. mas claro que el agua

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