T. Iboga, introducción a su historia.

La aplicación que hace Naranjo de los psiquedélicos en la terapia mental nos proporciona, en este momento, un apropiado puente farmacológico: desde las sustancias no-nitrogenadas, cuantitativamente pocas aunque significativas, hasta los alucinógenos nitrogenados más numerosos y más dramáticos cultural e históricamente. También, en contraste con los derivados de la nuez moscada (el MDA y el MMDA, que no se dan naturalmente sino que son el resultado de una aminación in vitro).

La ibogaína y la harmalina, los otros dos psiquedélicos que Naranjo encontró sumamente útiles, se hallan muy a la vista en el mismo mundo natural, como ocurre con las triptaminas, ergolinas, isoquinolinas, fenilentilaminas y los tropanos en los principales alucinógenos del Nuevo Mundo, o los isoxazoles del hongo amanita muscaria.

La ibogaína se deriva de un arbusto ecuatorial africano, la tabernanthe iboga, cuyas raíces alucinogénicas se emplean en el culto bwiti de los ancestros, el culto MBieri de las curaciones y en otros movimientos religiosos nativos del África Occidental subsahariano. La harmalina es uno de los principales alcaloides harmala en la banisteriopsis caapi, la enredadera sagrada del chamanismo extático amazónico, en las especies parientes de las malphighiaceae y en el peganum harmala, una planta del Viejo Mundo también conocida como ruda siria.

“TABERNANTHE IBOGA”

 

Doce indol-alcaloides estrechamente relacionados se han podido aislar de la t. iboga, miembro de las apocinaceas, o adelfas, una familia que consiste de yerbas tropicales, arbustos y árboles que se caracterizan por un jugo lechoso, flores vistosas y hojas sencillas, enteras. La t. iboga, que se da, silvestre, en las selvas ecuatoriales pero que también se cultiva profusamente en villorrios adheridos a los cultos, tiene flores amarillentas o blanco-rosadas y una pequeña fruta no-narcótica de sabor dulce que en ocasiones se usa como medicina contra la esterilidad. Aunque esa familia en su totalidad es rica en alcaloides, la t. iboga es el único miembro de ella cuyo uso como alucinógeno es definitivamente conocido,siendo la ibogaína su aparente constituyente psicoactivo principal (Schultes, 1970). La iboga o eboka ha interesado a los europeos desde 1800, cuando reportaron por primera vez su uso ritual los exploradores de Gabón y el Congo. En las tres últimas décadas del siglo XIX la administración colonial alemana del norte de Gabón, entonces el Camerún alemán, alentó su uso como estimulante central en marchas fatigosas y en proyectos de trabajo colonial. Los médicos científicos franceses estudiaron intensamente la ibogaína (que como ahora se sabe, funciona como un inhibidor monoamina-oxidasa en el cerebro) durante el cambio de siglo y la adoptaron en la medicina oficial como el primer antidepresivo de su especie, mucho antes del surgimiento del tofranil, la iproniazida y otras drogas similares. Al parecer, el primer psiquiatra moderno que las adoptó sobre una base sustentada como un auxiliar de la psicoterapia fue Naranjo, quien reportó sus resultados iniciales con la droga en 1966. Desde entonces, la ibogaína ha pasado a un uso psiquiátrico más amplio, especialmente en Sudamérica.Ya que quiero dedicar más espacio en este capítulo a los alcaloides harmala, cuyos efectos subjetivos en la psicoterapia algunas veces se parecen sorprendentemente a los que fueron reportados en su contexto cultural aborigen, los planteamientos sobre la ibogaína se limitarán a un sumario de su papel en los cultos africanos (para un mayor esclarecimiento acerca de su aplicación en la psicoterapia véase la obra de Naranjo The Healing journey, pp.174-228).

LOS CULTOS DE LA IBOGA EN EL AFRICA TROPICAL

El primer examen antropológico significativo de la tabernanthe iboga en la actualidad es el de James W. Fernández, quien estudió su función en los cultos bwiti y MBieri de los fangs de Gabón en el contexto más amplio de los movimientos religiosos nativos y reformistas africanos. Lo que sigue está basado en una conferencia publicada por él mismo en 1972.

En la lengua fang la t. iboga es llamada eboka. El principal alcaloide activo está concentrado en la corteza de la raíz, que es la que los fangs emplean para su enervación extática ya sea como raspadura, molida hasta formar un polvo o empapada con agua y bebida en infusión. La cantidad del consumo de la droga depende del contexto. La manera normal es ingerir pequeñas dosis de eboka  (dos o tres cucharadas para las mujeres, y de tres a cinco para los hombres) en forma de polvo antes y durante las primeras horas de la ceremonia. La segunda manera consiste en tomar dosis verdaderamente masivas una o dos veces durante la evolución del participante en el culto con propósitos iniciáticos y para “abrir de golpe la cabeza”, pues así se puede efectuar el contacto con los ancestros.

Las dosis normales llegan a unos 20 gramos en total, conteniendo de 75 a 125 mg. de ibogaína, suficientes para producir el deseado sueño extático en el cual uno viaja por fuera del cuerpo hacia Otros Mundos, donde moran los ancestros y se aprende a hacer su trabajo (a diferencia de las exigencias pesadas y psicológicamente desorientadores del mundo que se moderniza rápidamente y que se halla más allá de los bosques tropicales, lluviosos). La dosis masiva de la iniciación es muchísimo mayor, de 40 a 60 veces la dosis del umbral, cuando los efectos se hacen sentir. Sin embargo, en cantidades muy grandes la iboga  es tóxica; no sorprende que, como en los cultos de iniciación con el toloache (datura inoxia o meteloides) entre los indios del sur de California, y en los ritos de sophora secundiflora de las Llanuras del Sur, ocasionalmente se han reportado muertes por sobredosis de eboka.

¿Qué antigüedad tiene el uso de la t. iboga en el África Ecuatorial? Es difícil estimarlo,pero los fangs mismos acreditan su origen a los pueblos pigmeos de la selva pluvial del Congo que habitaban allí desde mucho tiempo antes de que los fangs llegaran del norte, y a quienes éstos consideran, de hecho, sus salvadores, pues les enseñaron cómo sobrevivir en el medio selvático, terrorífico y desconocido. Según una historia fang grabada por Fernández (pp. 245-246), Zameye Mebege, el último de los dioses creadores, dio el eboka al pueblo: Vio la miseria en la que vivía el negro. Pensó cómo ayudarlo. Un día miró hacia abajo y vio a un negro, un pigmeo bitumu, en lo alto de un árbol atanga recogiendo el fruto. Lo hizo caer. Éste murió y Zame trajo su espíritu ante él. Zame cortó los dedos meñiques de las manos y de los pies del cadáver del pigmeo y los plantó en varias partes de la selva. Éstos crecieron formando el arbusto eboka.

Eventualmente, la mujer del muerto fue a buscar a su marido. Una voz sin cuerpo le dijo que comiera la raíz de una planta de eboka que crecía a la izquierda de la entrada de una cueva, y de un hongo (!) que crecía en la derecha. Ella lo hizo así y repentinamente los huesos de los muertos que llenaban la caverna volvieron a la vida, revelándose como el marido y como otros parientes ya fallecidos. Ellos le dijeron que había encontrado la planta que a partir de ese momento permitiría a los miembros del culto bwiti ver a los muertos.

Anuncios

Publicado el 5 marzo, 2012 en Antropología, Biología, Conciencia, Enteógenos, Naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: