El maltrato infantil, también llamado “Método Estivill”.

Me desvío un poco de los asuntos tratados comúnmente en este espacio, aunque sin distanciarme mucho de todo lo que concierne a salud. Y es que mi asombro es mayúsculo al ver en varios medios de comunicación, aún hoy en día, en el año 2012, defender o promocionar el “método Estivill”, una copia de tantos otros basados en lo mismo, pero que este buen señor se apropió hace ya unos años, quizá por aburrimiento quizá por llenar un bolsillo vacío, eso no lo sabemos.

En esta vida un cierto grado de codicia puede ser positivo, sin embargo, cuando ésta cruza el límite de tu persona y empieza a afectar a otros, es decir, cuando se priorizan tus posesiones o tu prestigio en detrimento de la salud de otros, ahí ya podemos hablar de psicopatía, perversión, o de ignorancia, en el mejor de los casos.

Veamos pues lo que nos vende este hombre con cara de santo. “Su” método, que por otra parte, sobra decir que no ha sido probado científicamente (probablemente porque esta práctica choca con la ética humana y científica), consiste en dejar llorar al bebé en períodos cada vez más espaciados, hasta que éste “aprenda” a dormir solo. En otras palabras, que aprenda que nadie va a hacerle caso, que sus necesidades no son merecedoras de atención (esto puede generar una baja autoestima).

Desde el principio, el niño se queda solo, por primera vez tiene miedo ante la idea de que sus padres no están y ante cómo afrontará esa nueva experiencia. La alarma se activa. A partir de ese momento se ponen en marcha los sistemas más arcaicos de respuesta a la alarma: el sistema HHA (hipotálamo-hipofisario-adrenal). En principio, nuestro cuerpo se debe preparar para lo peor (escapar o pelear), por ello la amígdala (una parte de nuestro cerebro emocional) envía mensajes para que se active todo un sistema hormonal capitaneado por la adrenalina.

Estas oleadas de sustancias químicas en el cerebro son la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala. Esto se relaciona con la depresión y con la pérdida de oportunidades de desarrollar la confianza, la empatía y la autoestima. Además, un bajo nivel de serotonina es el indicador más importante de violencia en animales y humanos, ya que actúa como inhibidora de la conducta.

Solo adjunto la opinión de uno de los profesionales que alertan de la peligrosidad de estas prácticas, que se pueden leer en este enlace, en este caso de la psicóloga P. Trautmann. “En el ámbito de la psicología y la psicopatología evolutiva hay evidencia más que suficiente de que el hecho de dejar llorar a un bebé, sin darle respuesta, es nocivo para su desarrollo, no solo emocional sino también cognitivo. Un libro (que en alemán se titula “Gelernte Hilflosigkeit” algo así como “Desamparo aprendido”) plantea que los niños a los que se deja llorar y llorar aprenden que ellos no pueden generar una respuesta de su medio ambiente, algo así como que a nadie le interesan sus necesidades e insatisfacciones y que están solos frente al mundo; que nadie puede ayudarlos. Como se imaginarán ¡esto no puede ser bueno para el desarrollo psicológico de los niños! En un estudio sobre la interacción madre-hijo en el que participé, pudimos ver que los niños que presentaban un mayor nivel de desarrollo cognitivo y socio-emocional tenían mamás muy reactivas (es decir que reaccionaban a la mas mínima señal de los niños).”

Lo más chocante de todo este asunto es que Estivill, siempre que explica “su” método, pone un énfasis hipócrita en que estamos haciendo esto porque queremos a nuestro hijo. Si quisiéramos a nuestro hijo, señor Estivill, cosa que se presupone, no hace falta que se lo diga a ningún padre o madre, lo primero que haremos será dormir con él en la misma habitación, por ejemplo (hay cunas especiales para acoplarlas a la cama), ya que si llora cuando se queda solo es porque se lo dice su biología, su instinto. Si un niño se quedaba solo en un rincón hace 10.000 años, lo más probable es que muriera, por frío o por profusas adversidades del entorno, por tanto el llanto no es más que un mecanismo de supervivencia para asegurar la constante atención de los progenitores, la cual asegura el bienestar y la satisfacción de sus necesidades fisiológicas. Pero bueno, es probable que esto no lo sepa el señor que se de por aludido, pues apuesto por la tercera de las opciones que apuntaba al principio para la génesis de este método.

No olvidemos que esta sociedad ya es un sitio bastante complicado en el que crecer, a contra-natura muchas veces, así que no pongamos más de nuestra parte con prácticas perjudiciales de este tipo.

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Publicado el 24 febrero, 2012 en Conciencia, Curiosidades, Educación, Psicología, Salud humana. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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