El chamán huichol y la ceremonia de la lluvia.

En los primeros años de nuestra permanencia en Big sur habíamos tomado contacto con Prem Das, un joven de San José que se había parado en Esalen para vender productos de artesanía de los indios huicholes, habitantes de la parte norte del centro de México. Los objetos se inspiraban en las visiones psiquedélicas de los huicholes durante las ceremonias del peyote y consistían en refinados bordados que representaban temas mitológicos, animales tallados en madera, flechas para la oración y calabazas decoradas con intricados dibujos hechos de pequeñas perlas, los ojos de Dios. También había camisas ricamente bordadas, pantalones, vestidos, cinturones y pulseras. Prem Das vivía en México en una aldea huichol, cerca de Tepic, la capital del estado de Nayarit, y estaba haciendo el aprendizaje con Don José Matsuwa, un extraordinario chamán centenario.

Como llegamos a saber después, Prem Das tenía una historia espiritual muy interesante. A los once años había participado en un estudio del Laboratorio de investigación hipnótica de la Stanford University dirigida por Ernest R. Hilgard. Aunque Hilgard solo estuviese estudiando la susceptibilidad a la hipnosis de los niños, durante una sesión Prem Das tuvo una poderosa experiencia mística que despertó en él un profundo interés hacia la búsqueda espiritual. Antes de los 20 años fue a India y estudió Agni Yoga con Haridas Baba, guru conocido, entre otras cosas, por haber hecho el voto de silencio. Fue Haridas Baba quien le dio el nombre de Prem Das.

De vuelta a EEUU, Das, en el transcurso de su visita a Tepic, vio una tela pintada huichol que representaba el viaje del chamán (el mara’akame) al reino solar. El recorrido del chamán sobre la pintura estaba indicado por siete flores que a Prem Das le recordaron el sistema de los chakra en el yoga. Fascinado por lo que había visto, decidió localizar el lugar de procedencia de la pintura, convencido de que quien lo hubiese hecho debía de tener un sistema de creencias parecido al del Kundalini Yoga. Su búsqueda lo llevó a la aldea huichol, donde descubrió a Don José, que lo aceptó como aprendiz. El principal vehículo espiritual de los huicholes y el instrumento primordial de enseñanza de Don José era la ingesta de Peyote, un cactus psiquedélico cuyo nombre botánico es Lophophora Williamsii o Anhalonium Lewinii.

Prem Das nos describió la trágica situación de los indios huicholes. Esta población, descendente de los aztecas, vivía en pequeñas comunidades desperdigadas a lo largo de los cañones y los valles de la Sierra Madre en los estados de Jalisco y Nayarit, alimentándose de los productos de la tierra, cultivando cereales, legumbres y pimientos chili sobre las empinadas pendientes de las montañas. Los huicholes eran testigos y guardianes del antiguo pasado prehispánico. Se hacían llamar Wixalika, o Sanadores, y creían que un cierto tipo de ceremonia era esencial para curar la tierra y preservar el equilibrio en la naturaleza. Los huichol habían resistido con éxito la invasión de los conquistadores españoles y ahora intentaban mantener viva su cultura a pesar de la creciente invasión de los vecinos mexicanos.

En 1970, el gobierno mexicano, decidido a integrar las poblaciones indígenas a su sociedad, abrió escuelas, clínicas y centros de agricultura para introducir a los huicholes en los nuevos modos de vida. También se construyeron nuevas pistas de aterrizaje para permitir a los turistas y funcionarios gubernamentales llegar con pequeños aviones a los lugares más remotos de la Sierra. Los ganaderos se morían de ganas de apropiarse de los prados de las alturas donde vivían los huicholes e intentaban anexionarse sus tierras de pasto. Los misioneros cristianos habían llevado a cabo numerosas tentativas de convertir a los “paganos” y la nueva generación estaba expuesta a las tentaciones de la sociedad de consumo con televisores, aparatos de radio, motocicletas y bebidas alcohólicas.

La modernización de la sociedad mexicana también intefería seriamente con otro elemento de la vida ritual de los huicholes. De acuerdo con la tradición, los huicholes tomaban su sacramento principal, el Peyote, una vez al año, durante el peregrinaje a Wirikuta, o sea, la tierra de las flores, su casa espiritual, que se encuentra en el lado occidental de la cadena montañosa de Catorce. Se trataba de 500 quilómetros de viaje, que solían recorrer a pie: la primera vez debían enfrentarse a ello con los ojos vendados. Según una historia milenaria, Wirikuta era el lugar donde los huicholes habían sido creados y donde los antepasados habían presenciado, desde el Cerro Quemado, el nacimiento del Sol. Aquí se había llevado a cabo también la primera caza del ciervo.

Los huichol creían que el peyote crecía en las huellas de Kauyumare, el espíritu del ciervo, y que podían obtener el sagrado cactus imitando la caza al ciervo. Durante el peregrinaje a Wirikuta, ingerían ritualmente el Peyote y recolectaban una cantidad suficiente para todo el año. La propiedad privada y un sistema de cercados ponía ahora en peligro la magia del acontecimiento, obligándoles a utilizar para el viaje los camiones y las autopistas.

Cuando nos enteramos de esta situación, decidimos sostener la supervivencia de los huicholes, tratando de conservar su cultura y su vida espiritual. Con la ayuda de Prem Das, establecimos una conexión con los chamanes huicholes y con sus artistas: un vínculo que se mostró beneficioso para ambos. Regularmente, Prem Das traía desde México, como huéspedes de la facultad, a su maestro Don José y a otros chamanes, para que participaran en seminarios, y cada vez éstos traían consigo la artesanía huichol, muy apreciada por la comunidad de Esalen, por los participantes en los seminarios y por los visitantes. Este intercambio representó un extraordinario enriquecimiento para nuestro programa, generando una renta lo suficientemente elevada para que la aldea huichol pudiera hacer acopio de judías.

Para nosotros, la mayor ventaja de esta empresa fue la oportunidad de ver y conocer a Don José, uno de los maestros espirituales y de los seres humanos más extraordinarios que conocimos. Don José tenía más de cien años y un solo brazo: el otro lo había perdido de joven en un accidente de pesca. Una herida de machete le había costado, además, la pérdida de dos dedos de la mano que le quedaba. Sin embargo, cada año recolectaba personalmente cincuenta quintales de maíz, convencido de que la mejor garantía para una buena salud y para vivir muchos años era la de producir anualmente una suficiente cantidad de sudor. Su vitalidad era asombrosa: caminaba arriba y abajo por las montañas a una velocidad a la que Prem Das, joven y atlético que todavía no tenía 30 años, le costaba andar. A pesar de la edad, mostraba un vivo interés con respecto al sexo y más de una vez había hecho proposiciones galantes a las mujeres de nuestros grupos.

Sus ceremonias duraban toda la noche y eran realmente inolvidables. Don José participaba en ellas con un gran sombrero y el traje huichol, ambos bordados y decorados con intricados dibujos geométricos y los sagrados símbolos de su tribu: Kauyumari, el Espíritu de los Ciervos, el Abuelo Fuego Tatewari, el cactus del Peyote hikuri, el águila de doble cabeza, que representa al chamán capaz de mirar en todas las direcciones, y muchos otros. Antes de la ceremonia, Don José ingería un gran botón de Peyote, que lo ayudaba a trascender los límites de las sensaciones sensoriales ordinarias y de “ver con el ojo de la mente y con el corazón del Gran Espíritu los nexos entre todas las cosas, visibles e invisibles”.

A pesar de la cantidad impresionante de Peyote que ingería, Don José llevaba a cabo las actividades rituales y las intervenciones sanadoras con impecable precisión, sosteniendo la flecha de la oración y las plumas de pavo con sus tres dedos, y cantando durante horas. Prem Das acompañaba sus cantos dulces y obsesivos con el ritmo irresistible de los golpes del tambor, o tocando un instrumento de cuerdas hecho de madera trabajada a mano. El grupo participaba añadiendo los enérgicos sonidos de sonajeros elaborados con calabazas y judías secas. Don José tenía una capacidad inimitable para poner en equilibrio lo sagrado y lo profano. Cuando se oían los cantos y los tambores, permanecía muy serio y creaba en la habitación una atmósfera solemne y misteriosa, pero durante los intervalos su faceta vivaz y bribona tomaba la delantera. Se reía ruidosamente e intercambiaba con Prem Das chistes divertidos y a menudo deslenguados.

La ceremonia más extraordinaria con Don José tuvo lugar en Esalen a finales de los años setenta, durante una catastrófica sequía que duró varios años en California. Durante todo ese período la falta de agua fue dramática. La agricultura californiana estaba seriamente amenazada e incluso en las casas de lujo no se podía tirar de la cadena del cuarto de baño. Cuando la ceremonia estaba a punto de empezar, uno de los participantes propuso en broma: “Don José, hay una terrible sequía, tal vez podrías hacer la ceremonia de la lluvia”. Todo el mundo tomó la cosa a broma excepto Don José que, tras una breve pausa, aceptó.

Al no entender su canto en el idioma de los huicholes, la ceremonia nos pareció similar a otras que había realizado en el pasado. Tambores, cantos y música durante toda la noche, a excepción de algunas pausas. En el transcurso de la ceremonia, Prem Das guió al grupo en la danza huichol del ciervo, durante la cual había que moverse de forma “estilizada”, combinando pasos hacia delante con rotaciones del cuerpo. Al amanecer, Don José cogió de su bolsa de remedios una gruesa concha “oreja de mar” y una cola de conejo y nos invitó a ir con él al océano para recibir la limpieza, o purificación, y hacer ofrendas de agradecimiento al océano por la ceremonia.

Fuimos hacia las rocas cubiertas de cipreses de la estupenda costa de Big Sur, todavía bajo el “resplandor” de la ceremonia: la vista del océano Pacífico besado por la luz del alba cortaba la respiración. Mientras el grupo al completo permanecía inmóvil observando el magnífico panorama, alguien advirtió que había empezado a lloviznar. “Increíble… imposible… fantástico…” fueron los comentarios sobre lo que, en medio de una terrible sequía, parecía un milagro. Pero Don José permaneció tranquilo. “Es kipuri, la bendición de los dioses”, dijo. “Ocurre siempre, significa que hemos hecho una buena ceremonia”.

Mientras bajábamos por los escalones de piedra hasta el océano, la llovizna se transformó en chaparrón. Don José llegó a la orilla, se paró sobre una roca plana, cuatro metros sobre el nivel del mar, depositó la ofrenda y empezó a cantar. Ese día el océano estaba en calma, pero, tras algunos minutos de oración, bajo nuestra mirada incrédula, se formó en la superficie una ola gigantesca que se dirigía rápidamente hacia la roca de Don José. La masa de agua alcanzó la roca con una fuerza tremenda, pero en su extremidad formó una cresta en forma de espiral que se llevó delicadamente las ofrendas, sin ni siquiera rociar los pies de Don José. En la mente de todos nosotros no hubo ninguna duda de que el extraordinario mara’akame se había dirigido al océano como a un ser viviente y que éste le había respondido recibiendo sus ofrendas.

Don José llenó su “oreja de mar” con agua del océano y, tras haber mojado en ella la cola de conejo, nos bendijo y purificó a cada uno de nosotros, uno tras otro, mientras permanecíamos en fila. En ese momento estaba literalmente diluviando y todos nosotros, calados hasta los huesos, recibíamos una limpieza de otra clase. Cuando trepamos otra vez sobre la colina, bailamos bajo la lluvia sobre el prado alrededor de un hermoso árbol de eucalipto, y algunos se quitaron la ropa. Podrá parecer un comportamiento extraño para un americano medio, pero en Esalen, conocida por su culto al cuerpo y al baño integral, el hecho era absolutamente natural. Todos estábamos sorprendidos por lo que acabábamos de vivir: nuestro humor era extático.

Cuando más tarde explicamos nuestra experiencia a Joseph Campbell, él nos relató una historia parecida ocurrida en su vida. Muchos años antes había sido invitado a una ceremonia de la lluvia en la reserva navajo de Nuevo México, que tuvo lugar, como la nuestra, durante una gran sequía. Llegaron al lugar del ritual y dio comienzo la ceremonia: el cielo era azul y no había ninguna nube a la vista. Joseph confesó haberse divertido mucho contemplando los vanos esfuerzos del chamán navajo que llevaba adelante con determinación la que parecía ser una actividad necia y loca. Ignorando, aparentemente, todas las circunstancias adversas y bajo la mirada de todos los presentes, el chamán siguió cantando y golpeando su tambor. De repente, nubes oscuras empezaron a concentrarse en el horizonte moviéndose rápidamente en su dirección. Antes de que la ceremonia terminara, todo el mundo estaba calado hasta los huesos.

Cuando más tarde pensé en la fe de los indígenas en los ritos mágicos, tuve que admitir que el resultado positivo de las ceremonias de la lluvia no hubiese tenido que sorprendernos. Los que pertenecen a las culturas indígenas pueden no estar tecnológicamente adelantados, pero no son estúpidos: resulta difícil pensar que seguirían venerando a los chamanes si éstos hicieran una ceremonia tras otra sin poder mostrar ningún resultado. Para que los rituales para la lluvia puedan seguir realizándose, deben obtener resultado en un número significativamente de casos. Esto no significa que se trate de una relación causal, en el sentido que es el chamán el que hace la lluvia. En este libro hemos visto otras historias en las que el principio de la sincronicidad juega un papel significativo en el esquema de los acontecimientos del Universo.

Cuando ocurre lo imposible.

Stanislav Grof.

Anuncios

Publicado el 17 febrero, 2012 en Antropología, Curiosidades, Enteógenos, Naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: