¿Por qué la gente más inteligente vive más?

Parece claro: Las personas inteligentes viven más. La correlación entre inteligencia y longevidad es tan fuerte como la de fumar y muerte prematura. Pero no se sabe bien por qué. Es posible que este tipo de personas, además de tomar decisiones más prudentes a lo largo de su vida, cuenten también con la biología a su favor. Investigaciones en abejas demuestran que la capacidad de aprendizaje se halla, en términos generales, vinculada a una aptitud general para soportar uno de los rigores del envejecimiento, a saber, el estrés oxidativo.

Ian Deary, psicólogo de la Universidad de Edimburgo, ha propuesto la expresión “integridad sistémica” para describir la posible vinculación biológica entre inteligencia y longevidad: en su planteamiento, un sistema bien conectado no solo obtiene mejores resultados en las pruebas psicológicas, sino que resulta menos susceptible a las agresiones del medio. Gro Andam, de la Universidad estatal de Arizona y la Universidad noruega de Ciencias de la Vida, se sintió intrigado por la idea. En 2009 concibió una forma de verificarla en abejas.

De hecho, las abejas melíferas sirven a menudo como modelo neurobiológico del aprendizaje (se las puede entrenar, mediante refuerzos positivos o negativos, para que retengan información). En el experimento de Andam, se sujetaron abejas individuales a una pajita, donde aprendieron a asociar un aroma con una recompensa alimenticia, un experimento clásico de condicionamiento pauloviano. Después de tan solo uno o dos ensayos, numerosos individuos habían aprendido a extender su probóscide lingual en previsión de una gotita dulce. Algunos tardaron un poco más en aprender: como ocurre en las personas, unos son más despiertos que otros.

Para simular el envejecimiento, se instaló a las mismas abejas en tubos de plástico, y se las expuso a un ambiente enriquecido en oxígeno, una de las pruebas de estrés metabólico. Todos los animales necesitan oxígeno para respirar, mas si la concentración es excesiva, las células se ven forzadas a producir radicales libres lesivos, que degradan sus membranas y provocan el suicidio celular, desencadenando un envejecimiento prematuro. Las abejas que aprendieron con mayor rapidez tendían a sobrevivir más tiempo: un promedio de 58,8 horas, frente a las 54,6 de las más torpes.  Ello sugiere que poseen un sistema antioxidante más robusto, capaz de barrer los agresivos radicales libres.

Andam sospecha que la resiliencia al estrés puede explicar por qué las abejas que aprendieron rápido vivieron más. En los ensayos de aprendizaje, aquellas capaces de resistir el estrés al hallarse sujetas a la paja, aprendieron antes que el aroma significaba una golosina; esa misma resiliencia les permitió soportar mejor el estrés por encontrarse en un medio enriquecido con oxígeno.

Andam conjetura que la capacidad de afrontar el estrés podría constituir también en los humanos un elemento de integridad sistémica: la mayor resiliencia a cualquier tipo de situación estresante podría subyacer a valores elevados del coeficiente de inteligencia, así como a vidas más longevas. Si se revelaran las causas de tales discrepancias biológicas, tal vez pudieran aliviarse ciertas disparidades innatas.

 

-Artículo de la revista Mente y cerebro, nº52.-

Publicado el 13 enero, 2012 en Biología, Ciencia, Curiosidades, Salud humana. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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