El MDMA y el autismo.

Para ser sincero, la MDMA nunca me había atraído mucho, ni para consumirla ni como herramienta terapéutica, pero últimamente se está ganando su sueldo, y todo buen psicólogo, terapeuta o trabajador del ámbito de la salud que se precie, tiene que estar al tanto de los estudios sobre ello, ya que podría ser el futuro de muchos tratamientos hoy infructuosos. Hace tiempo publicaba las sustancias anticancerígenas que contiene, y su uso en el TEPT, ahora vamos con el autismo.

No lo celebrará mucha gente pero hace cien años fue sintetizada la 3,4–metilendioximetanfetamina (MDMA), conocida desde mediados de la década de los 90 del siglo pasado como éxtasis. Este principio psicoactivo ha tenido y tiene denominaciones varias, desde las científicas (adam o empatía) a las utilizadas por los jóvenes fiesteros (pasti, pirula, rula…). Lo más interesante de esta sustancia ilegal –la DEA la colocó en la lista de drogas prohibidas y peligrosas a mediados de los 80– es que en el siglo XXI está ganando presencia y prestigio como herramienta terapeútica en psiquiatría para determinados desórdenes mentales.

La última propuesta de estudio se ha realizado a mediados del pasado mes de diciembre de 2011 desde la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (MAPS), organización radicada en EEUU que desarrolla o financia gran parte de los ensayos con el principio activo del éxtasis. Sus expertos están convencidos de que la MDMA podría ayudar en las terapias con pacientes que sufren autismo, un trastorno que afecta profundamente al desarrollo de la comunicación, la planificación, las emociones o la socialización. Los últimos datos hablan de 60 casos de este desorden por cada 10.000 niños, aunque las cifras van en aumento.

El autismo es cada vez más común, su tratamiento muy limitado y, para mayor desesperanza, de momento no tiene cura. Por ello, los investigadores de MAPS defienden que el éxtasis podría ser un fármaco eficaz en las terapias psicológicas ya que aumentaría la sensación de empatía en el paciente, esa capacidad de conexión con los otros de la que carecen los autistas. El protocolo que están preparando en la asociación norteamericana habla de ensayos con adultos para probar si vale o no. Si hay un efecto en el que coinciden la mayoría de consumidores recreativos de esta droga es precisamente en la empatía, ese buen rollo del que hablan los pastilleros. Un buen rollo que en condiciones de ensayo terapeútico y bajo control de expertos podría romper la barrera de la incomunicación de muchos autistas.

No es la primera vez que se ensaya la aplicación terapeútica de la MDMA. A partir de 1977 hubo psicólgos y psiquiatras que realizaron psicoterapia de una forma discreta. 1999 fue un año clave. Un español, el psicólogo José Carlos Bouso fue el primer investigador en el mundo en lograr todos los permisos para usar MDMA para tratar a mujeres víctimas de violación. Los políticos paralizaron el ensayo. En 2011, un grupo de 16 soldados norteamericanos veteranos de Iraq y Afganistán, que regresaron del frente con un trastorno de estrés postraumático (la antigua neurosis de guerra y hoy llamada PTSD), empezaron a someterse a psicoterapia con dosis de éxtasis. Borrar las pesadillas, disminuir las expresiones de ira incontroladas, la sensación de soledad o los flashback serán sus prioridades. Se calcula que un 20% de los militares que han vuelto del frente de batalla desarrollan este tipo de estrés.

Desde que en 1987 aterrizó en la isla de Ibiza en forma de pastilla troquelada –durante el ya famoso verano del amor– y de allí se expandió por todo el mundo unida a la incipiente música housela MDMA únicamente ha tenido buena fama entre los consumidores de uso recreativo. En el campo científico hay una decena de investigaciones en media docena de países para comprobar su potencial farmacológico.

Aunque esta sustancia de síntesis ha sido equiparada en peligrosidad a otras drogas como la heroína o la cocaína, lo curioso es que todos los estudios oficiales (de la ONU, del Observatorio Europeo de Drogodependencias o del Plan Nacional sobre Drogas español) concluyen que el riesgo de muerte directa provocada por el consumo de pastillas es mínimo. En Reino Unido –uno de los países europeos con mayores índices de consumo–, el Departamento de Salud colocó a la MDMA muy por debajo de otras drogas como causante de muertes. Los accidentes domésticos, la metadona, los antidepresivos, la heroína, los accidentes de tráfico, el alcohol o el tabaco provocan muchísima más mortalidad. Estaba por encima de la aspirina en el ranking. En el año 2000 –época álgida en el consumo de éxtasis– hubo 36 muertes en el Reino Unido relacionadas con esta droga y en el 2001, 56. En nuestro país, en los últimos tres lustros, no llegan a diez las muertes que pueden atribuirse de forma segura y exclusiva a la MDMA.

Además, un extenso estudio realizado por el National Institute of Drug Abuse, concluye que tampoco causa daños en el cerebro.

Que no sea frecuente no significa que su ingesta no conlleve riesgos. Como cualquier fármaco la MDMA también puede provocar efectos adversos: sudoración, ansiedad, contractura mandibular, alteración de memoria, golpes de calor o elevación de la tensión arterial, ansiedad, bajones depresivos…”

 

Artículo completo: http://blogs.interviu.es/responsablelaempresaanunciadora/2012/01/02/el-extasis-y-la-empatia-de-los-autistas/

Publicado el 4 enero, 2012 en Biología, Ciencia, Curiosidades, Drogas, Enfermedades mentales, Estados Expandidos de Conciencia, Psicodélicos, Psicología. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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