El potencial de la LSD para curar las psicosis.

Si hace unas semanas publicaba un artículo en el que Fontana mostraba resultados positivos en el tratamiento del autismo o la psicopatía con LSD, ahora vamos con las psicosis, ya que frecuentemente se discute este asunto en foros y sitios relacionados con estos temas. Comparto un fragmento de “Psicoterapia con LSD”, de S. Grof. , y a continuación un caso citado por él mismo de una psicosis curada.

Los pacientes psiquiátricos con estados borderline y manifiestamente psicóticos no necesitan ser necesariamente excluidos de la terapia psiquedélica. Aunque las experiencias clínicas del tratamiento con LSD de estados psicóticos y esquizofrénicos son bastante limitadas, es posible sacar algunas conclusiones generales. En general, el pronóstico de individuos psicóticos parece ser mucho mejor que el de ciertos neuróticos, en particular pacientes obsesivo-compulsivos. Sin embargo, esta afirmación es condicional y necesita ser aclarada y examinada más en detalle. El trabajo con LSD en individuos gravemente perturbados es un proceso muy exigente e intenso que requiere una preparación y entrenamiento especiales. No debería intentar aplicarlo alguien que no haya tenido suficiente experiencia en sesiones con LSD en individuos “normales” y neuróticos. Los intervalos entre sesiones podrían estar caracterizados por una dramática exteriorización o intensificación de diversos síntomas psicóticos. En ciertas fases críticas del proceso psiquedélico el comportamiento y las experiencias internas del cliente pueden estar casi exclusivamente centradas en el terapeuta, en el sentido de una “psicosis de transferencia”. Se necesita una unidad de tratamiento especial con personal cualificado y una supervisión de 24 h. al día.

Las raíces más profundas de la sintomatología esquizofrénica pueden encontrarse siempre en las diversas matrices perinatales y en las experiencias transpersonales negativas. Un terapeuta que comparta el complicado viaje que desencadena la LSD en el paciente psicótico tiene que permanecer firme y centrado durante todo el proceso, el cual podría resultar ser una salvaje montaña rusa emocional y conceptual. Debido a su importancia, no solo para la terapia con LSD aplicada a la esquizofrenia sino también para la comprensión básica de la dinámica de la psicosis, ilustraré este proceso con la historia de Milada.

“Milada era una psicóloga de 38 años que durante muchos años antes de comenzar el tratamiento con LSD había padecido un complicado trastorno neurótico que tenía que ver con una variedad de síntomas obsesivo-compulsivos, organoneuróticos y de conversión histérica. Comenzó un tratamiento psicoanalítico sistemático, pero 4 meses más tarde tuvo que ser hospitalizada porque desarrolló síntomas psicóticos agudos. Una parte importante de su sintomatología clínica era un engañoso sistema erotomaníaco. Milada estaba convencida de que su jefe estaba profundamente enamorado de ella y ella a su vez sentía un irresistible afecto y atracción sexual hacia él. En todo caso ella sentía que existía entre ellos una extraña comunicación erótica y espiritual que ambos compartían de manera intrapsíquica, más allá de la fachada de su interacción social formal. Varias semanas más tarde empezó a alucinar con la voz de su enamorado imaginario. En estas alucinaciones, ella oía cómo él describía en detalle sus apasionados sentimientos hacia ella, prometiéndole una bella vida en común en el futuro y dándole consejos y sugerencias específicas. Por las noches Milada sentía intensas sensaciones sexuales que ella interpretaba como relaciones sexuales a distancia llevadas a cabo de manera mágica por su “amante”. Aunque en situaciones sexuales reales ella siempre había sido frígida, durante estos episodios experimentaba sensaciones orgásmicas de proporciones cósmicas.

La hospitalización de Milada se hizo inevitable cuando ella empezó a actuar bajo la influencia de sus fantasías y alucinaciones. Una mañana abandonó a su marido, intentó mudarse con sus hijos al apartamento de su jefe y se vio implicada en una pelea física con su esposa. Ella se refería a la “voz”, que supuestamente le había dicho que ambos habían obtenido el divorcio y podían ahora vivir juntos. Tras meses de tratamiento infructuoso con una serie de tranquilizantes y antidepresivos, así como psicoterapia individual y grupal, fue seleccionada para una terapia psicolítica con LSD.

Tras doce sesiones con LSD, los síntomas psicóticos desaparecieron por completo y Milada desarrolló una completa introvisión respecto a su comportamiento irracional en el pasado. En más de treinta sesiones posteriores trabajó sobre una serie de complicados problemas neuróticos y psicosomáticos, reviviendo recuerdos traumáticos de diferentes periodos de su vida y siguiendo el rastro de sus problemas actuales hasta sus fuentes emocionales en su infeliz infancia. Dedicó mucho tiempo a su complicada situación matrimonial. Su marido era cruel, insensible y físicamente abusivo; estaba emocionalmente inmerso en la consecución de una carrera política y no le facilitaba ningún tipo de apoyo. Sus dos hijos mostraban signos de graves perturbaciones emocionales que requerían ayuda profesional.

Las sesiones con LSD pasaron después al terreno perinatal y Milada experienció todo el espectro de experiencias características del proceso de muerte-renacimiento. Las emociones y sensaciones físicas asociadas al revivir su difícil nacimiento, en el transcurso del cual su hermano gemelo había muerto, eran tan abismales que ella se refería a estas sesiones como una “Hiroshima psicológica”. Cuando finalmente completó el proceso de nacimiento y experienció la muerte final del ego, yo esperaba una marcada mejoría, como solía ocurrir en la mayoría de pacientes neuróticos. Sin embargo, para mi sorpresa fui testigo de una repentina y completa reaparición de la sintomatología psicótica original. La única diferencia era que esta vez yo (Grof) me convertí en el principal objetivo de todos estos fenómenos psicóticos; en el proceso de la psicoterapia con LSD ella había desarrollado una psicosis de transferencia.

En este momento, Milada creía que estaba bajo mi influencia hipnótica y se sentía en constante conexión conmigo en las sesiones con LSD así como durante los intervalos libres. Experienciaba un intercambio mutuo de pensamientos e incluso comunicación verbal. Era interesante que en algunas de estas entrevistas alucinadas ambos “continuábamos con la psicoterapia”. Milada “analizaba” diversos aspectos de su vida conmigo y llevaba a cabo actividades sugeridas por mi voz imaginaria, tales como varias horas de baño y entrenamiento físico cada día y ejercicios en las labores del hogar. En estas conversaciones alucinadas yo le decía que había decidido dejar el papel terapéutico y convertirme en su amante y esposo; también le permití usar mi apellido en lugar del apellido de su marido. A ella se le aseguraba en repetidas ocasiones de mi amor, se le decía que su divorcio ya estaba arreglado y se le pedía que se instalara en mi apartamento. Por el contexto de sus sesiones con LSD estaba claro que este pensamiento mágico ilusorio era un fenómeno de transferencia que reflejaba su temprana relación simbiótica con su madre. Entre otras cosas Milada hablaba sobre las “sesiones hipnogámicas” que estaba obteniendo de mi por la noche. Las sensaciones y alucinaciones de relaciones sexuales eran interpretadas por ella como lecciones deliberadas para experienciar el sexo que yo había decidido darle para acelerar la terapia.

En un momento dado, Milada pasaba varias horas al día en extrañas posturas semejantes a la catatonia; sin embargo, siempre era posible sacarla de ellas hablándole. Entonces ella retomaba una postura normal, respondía a preguntas y explicaba su comportamiento de manera lógica. Su condición emocional y psicosomática en aquel momento dependía de la posición de su cuerpo. En algunas posturas experienciaba beatitud extática, sensaciones oceánicas y un sentimiento de unidad cósmica; en otras, profunda depresión, náusea y ansiedad metafísica. Ella misma relacionaba este fenómeno con la situación durante su existencia intrauterina cuando tenía que competir fisiológica y mecánicamente con su hermano gemelo.

En base a experiencias previas con otros pacientes, continué con administraciones semanales regulares de LSD a pesar de sus persistentes síntomas psicóticos. Estas sesiones consistían casi por completo en experiencias negativas de naturaleza transpersonal. Había un acento importante en el revivir recuerdos intrauterinos desagradables, que ella relacionaba con el estrés emocional y las enfermedades de su madre durante el embarazo, varias crisis embrionales y la incomodidad mecánica de ser gemelos en un útero. También tuvo algunas secuencias kármicas y experiencias arquetípicas de naturaleza demoníaca.

En la fase final del tratamiento se dio un fenómeno de lo más inusual: de repente la LSD producía un efecto paradójico. Bajo la influencia de la LSD Milada parecía normal y recuperaba el juicio crítico; cuando el efecto de la droga estaba disminuyendo, los síntomas de la psicosis de transferencia recurrían. Finalmente, en su sesión número 96 ella experienció durante varias horas profundas sensaciones extáticas, con la unidad cósmica como patrón prevaleciente. Para mi sorpresa, salió de esta sesión sin los síntomas psicóticos y neuróticos previos y con una personalidad completamente reestructurada.

Según su propia descripción, era capaz de experienciarse a sí misma y al mundo de una manera completamente nueva. Tenía ganas de vivir, una nueva apreciación de la naturaleza y el arte, una actitud totalmente nueva hacia sus hijos y la capacidad para abandonar sus poco realistas ambiciones y fantasías previas. Consiguió retomar su trabajo y llevarlo a cabo de manera adecuada, obtuvo el divorcio de su marido, viviendo de manera independiente mientras cuidaba de sus dos hijos. Hasta donde yo sé, no ha necesitado ningún cuidado psiquiátrico como paciente durante los más de doce años que siguieron a la finalización de su tratamiento con LSD.”

Hasta aquí el caso de Milada. Solo pido una reflexión final. Milada estuvo a punto de estar internada de forma permanente en un psiquiátrico, pero se le dio otra oportunidad para disfrutar de la vida. ¿Os podéis imaginar cuantos enfermos hay internos en centros sin esta posibilidad? ¿Cuantas vidas destrozadas, por la imposibilidad de acceder a este tratamiento únicamente por motivos políticos? Se me cae la cara de vergüenza. No se curarán todas las psicosis, obviamente, esto no es una panacea milagrosa, pero quizá un buen número sí, y aunque sea poco, cada vida es un mundo entero, un mundo que se muere.  

Grof nombra el extenso trabajo de Kenneth Godfrey también, psiquiatra americano que obtuvo increíbles resultados en el tratamiento de la psicosis con LSD, no obstante no he encontrado nada sobre dicho trabajo, solo lo nombro por si alguien quiere indagar más y recavar información para posibles nuevas investigaciones.

Anuncios

Publicado el 30 diciembre, 2011 en Curiosidades, Enfermedades mentales, Enteógenos, Estados Expandidos de Conciencia, Psicodélicos, Psicología, Salud humana. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: