Una fina lluvia de rayos cósmicos nos empapa.

Comparto una entrevista publicada en la contra de la Vanguardia hace unos meses. El entrevistado es Ramón García, astrofísico responsable del Instituto de Astrofísica de Canarias.


¿Se ha duchado hoy?

!…!

 Yo le aseguro que sí.

¿Y cómo lo sabe?

 Porque lo está haciendo en estos momentos, aunque no sea consciente de ello.

No me asuste.

Se está empapando de una fina lluvia de partículas muy pequeñitas, fundamentalmente núcleos de átomo que caen sobre usted de día y de noche, esté o no a la intemperie.

¿Cómo llamamos a eso?

Rayos cósmicos que penetran en la atmósfera de la Tierra con una frecuencia de unas mil partículas por segundo en cada metro cuadrado y que proporcionan a nuestro alrededor una energía por unidad de volumen muy grande.

¿Cómo de grande?

 Tan grande como toda la luz de todas las estrellas que vemos.

¿Y no podríamos utilizar ese energía en lugar de la peligrosa energía nuclear?

Me temo que de momento no sabemos.

¿De dónde vienen los rayos cósmicos?

Es material del sol que se escapa por los agujeros coronales. Pero hay otros mucho más energéticos que no sabemos de dónde vienen.

¿Qué cree usted?

Creemos que vienen de las explosiones de supernovas. Cuando una estrella muy masiva consume todo su combustible, termina explotando y expandiéndose con una onda de choque brutal. Y eso es lo que queremos estudiar con el chisme que vamos a poner en órbita.

¿Qué chisme?

El espectrómetro magnético Alpha (AMS), que viajará en un trasbordador hasta la Estación Espacial Internacional (ISS), una colaboración que involucra a 56 países, entre ellos España, y que lidera el premio Nobel Samuel C. Ting.

¿Cómo nos afecta esa lluvia?

No nos pasa nada, pero nos da información acerca de muchos fenómenos que ocurren en el universo.

Eso está muy lejos.

Estamos hechos de los mismos elementos químicos. Todos los átomos que nos conforman se han generado en las estrellas, salvo el litio, el berilio y el boro.

¿Y dónde se han generado estos? 

Esa es una historia muy bonita: elementos como carbono, nitrógeno y oxígeno chocan con los rayos cósmicos y dan como resultado esos otros elementos. A mí me encanta pensar que nuestra galaxia chocó en su día con otra galaxia, cientos de miles de millones de estrellas colisionando.

Colisiones brutales.

Sí, pero lo que hizo cambiar hace 15 años el paradigma de la astrofísica fue encontrar planetas orbitando alrededor de otras estrellas. Sabemos de la existencia de unos 500 planetas aproximadamente y en el plazo de diez años encontraremos planetas como la Tierra orbitando alrededor de estrellas parecidas al sol, y eso representará un nuevo cambio de paradigma.

En el que usted colabora.

Sí, estamos construyendo parte de un instrumento, Expreso, que se instalará en los telescopios de Chile y medirá con mucha precisión los movimientos de los planetas alrededor de las estrellas, con lo que se podrá deducir su masa y su órbita.

Hablar de los primeros minutos del universo, ¿es pura hipótesis?

No. Estudiando la radiación cósmica y las abundancias de los elementos primordiales, los que se generaron en los primeros instantes del universo, intentamos entender cómo fueron las cosas y por qué el universo se expande aceleradamente.

¿Qué le gustaría encontrar?

 Un marcador de vida en otro planeta.

Ya nadie niega la vida extraterrestre.

… Y son muchos los que andan buscando vida evolucionada y extremófilos, bichos capaces de vivir en condiciones extremas. Nosotros vivimos en un planeta pequeñito.

Alrededor de una estrella vulgarcita.

Sí, en una galaxia normalita. Estrellas como el sol hay cientos de miles de millones en esta galaxia; y galaxias como la nuestra hay muchísimas por ahí. Pensar que somos los únicos es creérselo mucho. La vida debe ser algo bastante más habitual por ahí fuera de lo que pensamos. Y eso me hace sentir bien.

¿?

Hay más bichos como nosotros, qué bien. El universo es un gran creador de vida.

¿Y usted se ha preguntado por el sentido de todo esto?

No, no lo necesito. Yo ya tengo bastante con el cómo. Y eso lo extiendo a mi vida, me importa el cómo vivo la vida. Y en ese sentido, hay algo que estamos haciendo y que me parece importante.

¿De qué se trata?

Estamos intentando recuperar el cielo para la gente, porque en nuestras ciudades lo hemos perdido. Una iluminación más amable nos permitiría recuperar el placer de mirar hacia arriba, algo que me parece esencial.

Sí, mirar nuestro origen.

Así ahorraremos energía y dinero, porque toda la luz que tiramos hacia arriba es luz inútil. La iniciativa, Starlight, está auspiciada por la Unesco. La primera ley de este estilo se implantó en Canarias en los ochenta: algunas islas se iluminaron con luz anaranjada y siempre hacia abajo. En ellas se puede observar el cielo y de paso salvar un montón de aves a las que desorienta la luz.

Publicado el 23 diciembre, 2011 en Ciencia, Curiosidades, Naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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