Experiencia con Ayahuasca. Reencuentro con las raíces.

Comparto un escrito de un anónimo relatando su primera experiencia con Ayahuasca.

“Había viajado desde muy lejos para estar allí. Exactemente 18 horas de vuelo en total. Me encontraba en un pequeño campamento en medio de la selva, a 2 horas en barca rápida desde Iquitos.

Estaba en una hamaca, solo, observando los colores del amanecer, contagiándome de esa paz tan mágica, vigilando de vez en cuando la tarántula de palmo y medio que estaba en el techo, sitio que había elegido para mudar la piel. Reflexionaba sobre lo que ocurriría en unas horas, y es que probaría la Ayahuasca por primera vez. Algo en mi ya me decía en voz baja que sería una de las experiencias más importantes de mi vida, pero en realidad no tenía ni idea de lo que me esperaba.

Cuando oscureció del todo, el guía que me había acompañado hasta allí me invitó a partir. Usábamos linternas para llegar hasta la orilla del río, pero la cantidad de insectos que iban a la luz era tal, que era como si no tuviéramos linternas.

Profundizamos más en la selva con una pequeña barca a remos, hasta llegar a un poblado, donde nos esperaba el chamán.

Cada vez estaba más nervioso ante la incertidumbre, y ante esa situación. No sabía cómo actuar… estaba a punto de experimentar una ceremonia milenaria, prácticamente en otro mundo… simplemente estaba descontextualizado.

Entramos en casa del chamán, recibiéndonos primero su esposa. A él no le gustaba mucho interactuar, o hablar más de lo estrictamente necesario, como había observado ya el día anterior, cuando fuimos a pedirle oficialmente que me mostrara la Ayahuasca.

Tuve que esperar un par de minutos mientras acababan de prepararlo todo. Entonces me convencí aún más de lo serio del asunto. Se respiraba una sensación extraña en esa casa, difícil de explicar, pero parecida a ese sentimiento que precede los grandes acontecimientos.

Cuando me invitaron a pasar a una pequeña habitación, vi que dentro había un joven sentado a un rincón, más o menos de mi edad, el cual después me dijeron que era el nieto del chamán. Él también probaría la bebida por primera vez.

La ceremonia empezó. Se apagaron todas las lámparas de aceite de la casa, y nos confinamos, el chamán, su nieto y yo, en esa habitación, mientras la abuela y el guía esperaban fuera.

El chamán empezó por depurar toda la estancia con su mapacho. En mi interior resonaba una frase: “¿Pero quién me manda a mi meterme en estos fregaos?”. El procedimiento seguía su curso, y a continuación el chamán me untó la cabeza con un líquido con olor un poco desagradable, parecida a ajo, y luego con otro con olor mucho más amable.

La Ayahuasca, esa misteriosa bebida, de la que tanto había oído hablar, estaba allí, delante mío, en una botella de plástico de 75 cl. Llenó un vaso con dos dedos de la “poción”, la mantuvo delante suyo unos minutos mientras parecía bendecirla con una oración, luego la purificó con tabaco y se la ofreció a su nieto. Mientras éste la bebía, el chamán me dio las últimas indicaciones para la ceremonia, y me tranquilizó. Sus palabras fueron: Tu relájate, déjate llevar, y conocerás el Mundo.

Preparó de igual modo mi vaso, pero poniendo el triple de cantidad de líquido. Su nieto, al verlo, le dijo que se había pasado, pero el chamán le respondió riendo e ignorándole.

Cuando tuve el vaso delante, le pedí a la Ayahuasca mentalmente lo que quería ver, y antes de beberla pronuncié las palabras “Salud, Ayaruna, te tomo con fuerza”, tal como me indicó.

Tenía un sabor espantoso. Tal como dice Alex Grey, es como tomar un café hecho de 4 días, con un cigarrillo apagado dentro más un poco de limón. El chamán también se sirvió su ración.

Ya no había vuelta atrás.

El chamán empezó sus cánticos, de momento solo silbando. Mientras me iba relajando más y más, se me presentó una visión, a la que no presté mucha atención, pero que aún así seguía desarrollándose. Y es que me imaginaba cómo dos pájaros cogían… “algo” de mi, como mi alma, o mi espíritu, no sé ponerle un nombre, y se lo llevaban a los cielos. Mi indiferencia ante esa visión terminó cuando oí perfectamente un aleteo muy característico a mis espaldas, un aleteo muy rápido; y entonces, sin esperarlo, para finalizar el ícaro, el chamán imitó a la perfección el trino de varios pájaros a la vez. Desde que empezó, más en ese instante, y durante toda la ceremonia, quedé perplejo ante la habilidad para cantar y silbar del chamán.

Cuando terminó pues, el ícaro, en mi visión percibí que los pájaros ya me habían soltado “en ese sitio”, y empecé a notar al mismo tiempo que la Ayahuasca empezaba a hacer efecto.

En el siguiente ícaro, además de los silbidos, también utilizó un matojo de hojas para simular el sonido del aleteo de un ave, pero de otra clase, ahora lo identifico con las del cóndor. Los efectos incrementaron aún más.

Pensaba: “¿Pero esto qué es? Es demasiado fuerte…”, y no había hecho más que empezar. Apareció entonces la ansiedad, debido a mi resistencia a dejarme llevar, pues nunca, ni de lejos, había experimentado estados TAN elevados de conciencia. La ansiedad incrementó cuando me di cuenta de que si mi estado empeoraba, como mínimo tardaríamos 3 horas en llegar al hospital más cercano, e incrementó aún más cuando pensé que, si me pusiera grave o moría, estábamos en plena selva. Podían abandonar mi cuerpo donde fuera y nunca más se sabría de mi.

Por suerte vencí esos pensamientos y deposité toda mi confianza en el chamán, y realicé una técnica que me había dicho al principio, para apaciguar los malos pensamientos, que por cierto funcionó.

Después vino la carga estomacal. Algo pesaba cada vez más y más en mi estómago. Sabía que la Ayahuasca provocaba vómitos a veces, pero resistí hasta que no pude más, y vomité en un cubo que habían puesto en el medio para eso precisamente. Tenía la sensación de que estaba expulsando todo lo malo que había en mi interior. Todo mi sufrimiento, mis problemas…

En esa “pausa” del viaje, el nieto salió de la estancia en busca de su abuela. Pese a que estaban lejos, yo tenía el oído agudizado y pude oír como si los tuviera susurrando en mi oreja su conversación. El chico dijo que estaba mareado, casi entre lágrimas, a lo que su abuela respondió: “Ay, ¿Y por qué te metes en cosas de hombres?” Al cabo de un rato el chico regresó y se acostó al suelo.

Ahí empezó el verdadero viaje. Sentí que la Ayahuasca me había “dormido” la razón, con lo que ya no podía pensar en palabras, y la percepción del tiempo y el espacio se esfumaron. Era pura emoción, intuición. Instinto.

Aunque el chamán seguía con sus cánticos, ahora golpeando el suelo con los pies, cantando en quechua y utilizando el matojo de hojas, a ratos ni los oía, y a ratos me eran molestos porque los percibía muy altos de volumen.

A medida que mi ego se disolvía con el universo, pude ser consciente del “papel” que estaba representando a nivel social, y que mi yo era muy diferente a lo que creía ser, ya que me estaba “creyendo” el papel. Y por supuesto me encantó lo que vi, quería conocerme más, como cuando conoces alguien especial, pero en esa ocasión aquella persona especial era Yo.

Eso no solo se quedó allí, los “efectos” se amplificaron aún más, y me llevaron, efectivamente, a conocer el Mundo.

Justo cuando “entré allí”, el chamán cesó sus cánticos, como si 0bservara junto a mi la Visión. Ya había estado allí, antes de nacer quizá, pues me sentía COMO EN CASA, en el sentido más literal y trascendental de la expresión. Incluso sentía lástima por haber estado tanto tiempo “fuera”, haber tardado tanto en “regresar”.

Experimentaba una fascinación, una paz, una conexión inimaginables, inexpresables ni en mil textos como este. Estaba a la cumbre de la Realidad, exterior e interior, palpando y viviendo el mundo tal cual es, y al que desde luego no tenemos acceso en estados de conciencia ordinarios. Es como si viviéramos siempre en una cueva… Con Ayahuasca no solo sales de la cueva como en el mito de Platón, sino que te enfilas a la cima de la montaña más alta del universo.

El chamán volvió a sus cánticos mientras todo iba de bajada, aún con algunas visiones de Yo, del imaginario inka, de mandalas que giraban al ritmo de los ícaros, tan dulces. La percepción del tiempo y el pensamiento racional volvían poco a poco, y me daba pereza recobrar esos estados más ordinarios, esa manera de funcionar, y sobretodo pensar que tendría que volver a mi sociedad y abandonar aquél lugar. Aunque fuera el lugar donde nací, sus leyes, normas, cultura, estaban muy alejadas de mi naturaleza.

A las 3 horas la ceremonia terminó, y el chamán se encendió otro mapacho, diciendo “tabaco puro de la selva…”, mientras yo aún estaba aterrizando. Me centré en él y en su rostro indio iluminado por el cigarro cada vez que calaba. En la ceremonia pude ver cómo era realmente. Se mostró su auténtico espíritu. Juguetón en realidad, entregado a la planta medicina y orgulloso de enseñarle el Mundo a la gente. Como un pastor del universo, un caminante de las llanuras de la conciencia.

De repente me preguntó: “Amigo, ¿estás bien?”. A mi me costó verbalizar, pero finalmente pude lanzar una afirmación. Él respondió: “¿Muy bien?”, le entendí perfectamente, y le dije alegre “sí, ¡muy bien!” antes de partirme de risa, tronchándose él también. ¡Qué coño, estaba mejor de lo que nunca había estado! Fue un momento precioso.

Cuando el guía vino a buscarme a la habitación no pude levantarme, estaba aún mareado y las fuerzas me abandonaban. El chamán entonó un par de ícaros para hacer tiempo y animarme, y al cabo de un rato me levanté, pero el guía tuvo que ponerme las botas, mientras me preguntaba: “¿Mañana querrás repetir?”. Yo en ese momento le dije que no, fue demasiado intenso, pero sí, al día siguiente repetí.

El regreso en barca fue precioso. Maravillosamente espectacular. Mientras el guía remaba pacientemente, yo observaba una luna llena impresionante, que me iluminaba a mi y a la selva con ternura, transmitía algo muy especial…

Miles de estrellas la acompañaban, y se reflejaba en el agua un tanto distorsionada por las suaves ondas que provocaba la barca. Había un silencio especial, perturbado solo por los sapos y los truenos de lejanas tormentas. Toda la Selva me estaba bendiciendo.

Nunca había estado tan cerca de mi naturaleza, aprendí y saqué muchas conclusiones de esa noche, pero la más importante quizá, es que el Mundo es maravilloso.

Por cierto, al regresar a casa busqué todos los ícaros que pude, porque no me los podía quitar de la cabeza y quería escucharlos de nuevo. Encontré el primero, en que tuve la visión de los pájaros, y se llamaba “Llamando a Dios y a las Aves”.

Un buen amigo que asistió también a ese chamán, me comentó que escuchó el mismo aleteo que yo, y que al preguntar sobre ello, el chamán le dijo que era él mismo, era la forma que adoptaba para las ceremonias y para visitar amigos o parientes lejanos: el Colibrí. Cuando me dijo el colibrí no tuve ninguna duda, pues el aleteo tan característico que no asociaba a ningún animal era el suyo, tan rápido y como de insecto.

Publicado el 11 diciembre, 2011 en Enteógenos, Estados Expandidos de Conciencia, Experiencias., Mundo emocional. Añade a favoritos el enlace permanente. 7 comentarios.

  1. Gracias por describirlo tan bien, yo no lo supe hacer, en este momento, leyendo estas letras me han vuelto las mismas sensaciones.

    Con amor

  2. wau, es increible…, al leerte he sentido una sensacion muy emotiva, esa descripcion del espacio y como canalizaba en ti la ayahuasca..increible, supongo q tras la toma del brebaje estabas mucho mas lucido, de alli la sensacion de esa luna que iluminaba tu camino de regreso al hospedaje, fantastico…ojala algun dia pueda ir alli y tomarla con la mas humilde de las intenciones, quiero..descubrir algo que me va a encaminar correctamente sobre el bien que alquien impuso siguiendo las directrices del TODO, y si esta gran planta puede, quiero que me lo muestre, quiero…estar preparada y que ella me llame para la toma.

    Onna, porfavor…ajaja cuelga mas experiencias de este tipo, me he quedado absorta mientras leia, esto si que es entretenido¡

  3. Divina forma de ir paso a paso, describiendo lo guapo del momento, lo cosmogonico y encantador de tu experiencia por la selva amazonica, venga un abrazo.

  4. Querido amigo.
    La Ayahusasca no deja de sorprenderme. Hace algunos años que tuve el placer de asistir a una sesión de Ayahuasca.
    Para mí fue una experiencia trascendental, inspiradora y especial, como un regreso a un lugar olvidado en lo más profundo de nuestro ser. Al leer tu palabras he recordado con emoción aquel instante, y he abierto los ojos con expectación cuando te he leído ” era como estar EN CASA “. Recuerdo como ese sentimiento me invadió, jamás había sentido nada igual, fue asi fue, como VOLVER A CASA, una casa a la que hace tiempo no volvía, fue como reconocer mi lugar, mi centro. Recuerdo como me preguntaba que un lugar sin mi familia lo sintera tan infinitamente propio como mi hogar..más allá que un hogar que en esta vida haya conocido.
    Tuve mas sensaciones y respuestas a mis preguntas pero esa sensación la recuerdo de una forma especial.
    Al ver que más personas sintieron lo mismo tengo más claro que hay algo detrás, delante, alrededor, que no podemos ver, pero que siempre ha estado ahí y al que pertenecemos.
    Me encantaría volver a tener una experiencia con la Ayahuasca, tal vez algún día tenga otra oportunidad.
    Un abrazo.

    • jeje Te entiendo perfectamente amigo/a. Después de vivir eso tenía el impulso irrefrenable de encontrar alguien con quien hablar, que también lo hubiera vivido.. porque nadie más podría entenderlo jeje Y solo con mirar a los ojos y un abrazo… en gesto de comprensión… es mágico, colma🙂
      ME alegro pues de ir encontrando cada vez más gente… formamos una gran familia! jeje Hemos visto el mundo… tenemos en común lo más especial que se pueda tener en común.
      La oportunidad se va a presentar sola si así tiene que ser jeje
      Mucha suerte! Un abrazo!!🙂

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