Un yogui en el laboratorio.

Rescato otro estudio sobre el potencial de habilidades humanas, relacionadas frecuentemente con prácticas espirituales como el yoga o el budismo.

Este tipo de estudios fueron primero realizados por científicos hindúes, por lo que , desde el mundo occidental se tomaron a priori con cierta ironía e incredulidad. No obstante, varios científicos occidentales también iniciaron este tipo de observaciones en la década de los setenta, demostrando la existencia de dichos fenómenos.

Éste es el caso de la Menninger Foundation, quien, bajo la dirección de los doctores Alyce y Elmen Green, llevó a cabo experimentos en laboratorio para medir los efectos de las prácticas espirituales. Esta investigación constituye una extraordinaria combinación de conocimientos sobre el plano transpersonal, sofisticados instrumentos electrónicos y una aplicación rigurosa de las más avanzadas técnicas de investigación (de aquellos años, claro está).

Uno de los primeros sujetos estudiados por los Green fue el yogui indio Swami Rama. Las investigaciones fueron una demostración, por parte del yogui, del control voluntario sobre variables fisiológicas, en principio, incontrolables conscientemente. Veamos unos ejemplos.

  • En uno de los experimentos, Rama pudo producir -en breves minutos y bajo estrictas condiciones de laboratorio- una diferencia de temperatura de más de 3º C entre los lados derecho e izquierdo de la palma de su mano. Coloreándose, pues, un lado, con un tono gris pálido, y el otro rojo intenso.
  • En otra serie de pruebas, demostró que podía hacer descender su ritmo cardíaco de 93 a 60 pulsaciones por minuto en cuestión de segundos.
  • Otro experimento particularmente impresionante, Rama logró detener completamente el flujo sanguíneo a través de su corazón durante dieciséis segundos, mediante la producción de un latido de casi 306 pulsaciones por minuto. Inmediatamente después del experimento el latido cardíaco del swami volvió a su normalidad, y éste se mostró despierto y bromeando con los investigadores. 
  •  En un experimento controlado, el yogui movió un instrumento parecido a un compás, que se hallaba a varios metros de distancia, empleando tan solo su poder mental mientras su rostro permanecía cubierto con una máscara para evitar que pudiera utilizar la respiración. El experimento fue repetido en un par de ocasiones y Rama logró mover el objeto diez grados en torno a su eje en cada uno de ellos.
  • En otra espectacular demostración de sus habilidades, Rama también se provocó a voluntad quistes en los músculos largos de su cuerpo en cuestión de segundos, y los hizo desaparecer tan rápido como habían surgido. Los investigadores incluso le extirparon uno de los quistes que acababa de formarse y lo analizaron clínicamente, para confirmar este hecho. El swami afirmaba que los “tejidos blandos” del cuerpo son fáciles de manipular y que el poder de la mente puede hacer aparecer y desaparecer tumores.
  • En una demostración llevada a cabo en Chicago pudo tornar visible ante los ojos del público la energía sutil de sus chakras. Los asistentes, asombrados, tomaron fotografías con Polaroid como esta.

La investigación de los Green prosiguió y se extendió a cientos de sujetos, desde curanderos indios como Rolling Thunder hasta varios maestros espirituales. El yogui occidental Jack Schwarz, por ejemplo, además de demostrar su capacidad para diagnosticar adecuadamente enfermedades físicas mediante la lectura de las “auras” de los pacientes, mostró una sorprendente capacidad para controlar la actividad de sus ondas cerebrales, su flujo sanguíneo y sus procesos curativos.

Diversos yoguis también poseen habilidades más controvertidas, que desafían aún más la ciencia ortodoxa. Nos referimos a la capacidad de materializar y desmaterializar diversos objetos e incluso el propio cuerpo, la capacidad de mover objetos físicos mediante el poder del pensamiento, la facultad de proyectarse a voluntad a lugares remotos, la posibilidad de hallarse en dos lugares al mismo tiempo y la levitación.

Quizás en el futuro la ciencia pueda llegar a demostrar o refutar la existencia de este tipo de fenómenos en la actualidad aparentemente imposibles. En cualquiera de los casos, los avances de la física cuántica evidencian sin lugar a dudas que la posibilidad de una relación entre la conciencia y la materia no es tan ridícula como antaño nos pareciera.

Publicado el 5 diciembre, 2011 en Ciencia, Conciencia, Curiosidades. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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