La ansiedad puede radicar en el intestino y no en la cabeza.

Varias enfermedades comunes gastrointestinales, incluyendo el síndrome de intestino irritable, se asocian frecuentemente con la ansiedad o la depresión. Además se ha especulado que algunos trastornos psiquiátricos, tales como el autismo de aparición tardía, puede estar asociada con un contenido anormal de las bacterias en el intestino. Por primera vez, investigadores de la Universidad McMaster tiene pruebas concluyentes de que las bacterias que residen en el intestino tienen influencia en la química del cerebro y su comportamiento.

Para cada persona, el intestino es el hogar de cerca de 1.000 billones de bacterias con las que vivimos en armonía. Estas bacterias realizan una serie de funciones vitales para la salud: Cosechan la energía de la dieta, protegen contra las infecciones y suministran alimentos a las células en el intestino. Cualquier interrupción en sus funciones puede resultar en condiciones peligrosas para la vida, tales como la colitis inducida por antibióticos, una infección con la “superbacteria” Clostridium difficile.

Trabajando con ratones adultos sanos, los investigadores demostraron que la interrupción del contenido bacteriano normal del intestino con antibióticos produce cambios en el comportamiento. Los ratones se volvieron menos cautelosos o ansiosos. Este cambio fue acompañado por un aumento en el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que se ha vinculado a la depresión y la ansiedad.

“Cuando los antibióticos orales se interrumpieron, las bacterias en el intestino volvieron a la normalidad y esto fue acompañado por la restauración de la conducta normal y la química del cerebro,” dijeron loa autores. ”Los resultados son un estímulo para seguir investigando el componente microbiano como causal de  las enfermedades de comportamiento”.

Para confirmar que las bacterias pueden influir en el comportamiento, los investigadores colonizaron ratones libres de gérmenes con bacterias tomadas de ratones con un patrón de comportamiento específico. Descubrieron que cuando los ratones libres de gérmenes con un fondo genético asociado con la conducta pasiva fueron colonizadas por bacterias de los ratones con una mayor conducta exploratoria, los ratones fueron más activo y atrevido. Del mismo modo, los ratones libres de gérmenes se hicieron más pasivos después de recibir las bacterias de ratones cuyos antecedentes genéticos se asocia con la conducta pasiva.

Mientras las investigaciones anteriores se han centrado en el papel que juegan las bacterias en el desarrollo temprano del cerebro, esta última investigación indica que, si bien muchos factores determinan el comportamiento, la naturaleza y la estabilidad de las bacterias en el intestino parecen influir en el comportamiento. Por lo tanto alguna interrupción de esta microbiota intestinal, ya sea por el uso de los antibióticos o por una infección, puede producir cambios en el comportamiento.

Los autores dijeron que estos resultados sientan las bases para investigar el potencial terapéutico de las bacterias probióticas y sus productos en el tratamiento de los trastornos del comportamiento, en particular los relacionados con enfermedades gastrointestinales como el síndrome del intestino irritable.

Publicado el 5 octubre, 2011 en Biología, Ciencia, Conciencia, Mundo emocional, Psicología, Salud humana. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: