Recomendaciones para el consumo de… LSD

   Antes de entrar en materia, quiero recordar, tal como se está haciendo ya en muchos sitios, que la organización Energy Control ofrece en España un servicio de análisis de substancias totalmente gratuito. Muy útil en estos casos, ya que la LSD pura es realmente escasa, y en su lugar podemos encontrarnos con otras sustancias que sí pueden ser peligrosas.

 

Definición y aspectos generales.

La dietilamida del ácido lisérgico es una triptamina con potentes efectos psicodélicos. Consiste simplemente en un catalizador no específico de la psique, por lo que no produce ningún efecto fisiológico per se. Esto quiere decir que todos los efectos, tanto a nivel físico como psicológico, que surjan durante la experiencia, no serán causados por ninguna alteración directamente ligada al efecto farmacológico de la LSD.

Prueba de ello es que en toda la historia de su experimentación, dentro y fuera del entorno médico, no se ha podido establecer ni un solo efecto que se repita en todos los sujetos sin excepción. Otra prueba de ello es que la LSD desaparece completamente de nuestro cuerpo a las dos horas de haberlo consumido; sin embargo, los efectos nunca permanecen menos de 8 horas.

Cuando se trata de psicodélicos o enteógenos, la experiencia que se obtendrá depende de tres factores fundamentales. El primero es la sustancia que se toma. Vigilar la dosis y pureza de la misma siempre es importante, y en la medida que podamos, deberíamos asegurarnos bien que aquello que tomamos es aquello que queremos. El segundo es el ambiente. Es obvio que dependiendo del entorno en el que nos encontremos, la experiencia se focalizará en determinados aspectos o perspectivas. Esto lo veremos con más detenimiento. Y por último, el factor más importante es uno mismo. Las expectativas, inteligencia, personalidad del sujeto, el estado de ánimo en el que se encuentre, los problemas que pueda tener, y un sinfín de variables, afectan directamente a la experiencia psicodélica.

 

Antes del ácido.

El sujeto que decidiese experimentar con LSD, debería antes informarse sobre sus efectos, consultando fuentes fiables (no fuentes que intenten criminalizar el propio consumo) y conversando, si es posible, con gente que ya lo haya experimentado de forma correcta. Aunque como siempre en estos casos, estos estados no se pueden explicar con palabras, y hasta que no se viven no se comprenden. No obstante con ello conseguiremos tener una ligera idea y mentalizarnos ya del valor y el potencial del ácido lisérgico.

Como curiosidad, vale la pena estar atento a los sueños que se produzcan la noche antes de la ingesta de LSD. Normalmente tienen relación con el contenido que va a emerger durante la toma.

Es importante descartar el uso de LSD si se cuenta con problemas cardiovasculares graves, como por ejemplo trombosis, hipertensión maligna, aneurismas vasculares, antecedentes de infarto de miocardio o miocarditis. En casos de problemas leves, deberían consumirse dosis bajas y proceder con cautela. Hay que recordar que la LSD no tiene efectos nocivos sobre el corazón ni los vasos sanguíneos, solo se trata de minimizar emociones intensas.

El embarazo es una contraindicación absoluta. Aunque sea cuestionable la existencia de un efecto teratogénico directo, existe el peligro de alterar el equilibrio bioquímico entre el feto y el organismo materno. Un riesgo aún mayor son las intensas contracciones uterinas que tienen lugar con dosis altas.

En el caso de los epilépticos, este trastorno respondió bien muchas veces al tratamiento con LSD, no obstante, hablamos aquí de un uso ajeno a la medicina, por lo que no se recomienda consumirlo en pacientes de forma aislada como autoterapia, ya que puede provocar cadenas completas de ataques que se suceden uno tras otro, y en ese caso debería trasladarse inmediatamente al hospital más cercano.

 

Dosis.

Para medir la dosis, como hemos dicho antes, tenemos que ser cautos. Energy Control no nos dirá los microgramos que contiene la muestra, solo las sustancias de la misma. En los cartones se ha encontrado de todo, desde anfetamina o feniclidina hasta estricnina o los famosos RC’s. Sin embargo, si resulta que los cartones que hemos obtenido solo contienen LSD, no hay porqué preocuparse por la dosis, si se siguen unas indicaciones básicas obviamente. Así que podemos probar con uno o dos cartones enteros. Al no ser una sustancia tóxica, aún no se ha descrito una dosis letal.

Si se toma en un ambiente inadecuado convendrá ingerir dosis bajas, ya que las probabilidades de que aparezca un bad trip incrementan notablemente.

 

Set & Setting.

Previamente al consumo de LSD, también tendremos que tener claros nuestros objetivos: ¿Qué esperamos encontrar? Este aspecto está incluido en el amplio término denominado set. Entre los consumidores de LSD y en general de psicodélicos, se encuentran muchos perfiles distintos. Muchos son jóvenes inmaduros que ignoran o no se interesan por la auténtica naturaleza de la LSD, y la toman por simple diversión o por rebeldía. Otros son personas inteligentes y sofisticadas, que buscan herramientas como esta para profundizar en su interior e iniciar o continuar un proceso de autoconocimiento y de búsqueda espiritual. Algunas parejas experimentan con estas sustancias para resolver sus problemas emocionales, etc.

Las motivaciones para dicha experimentación pueden ser muy respetuosas y obedecer a necesidades fundamentales del ser humano, como son las ansias de bienestar emocional, la realización espiritual o encontrar un significado de la vida. Pero sean cuales sean los objetivos que buscamos, debemos realizar la toma como corresponde. Lo que se relatará a continuación no se trata de determinados gustos o manías personales, sino de “preparar el terreno” para minimizar al máximo los posibles riesgos asociados.

Vamos con el Setting. Existen dos escenarios en particular, que acostumbran a ser ideales y presentan pocos problemas. Uno de ellos es en un entorno natural. Tan virgen como sea posible, alejado de la civilización y de cualquier zona urbana. Por ejemplo un bosque, en el campo o en alguna playa escondida. Es importante contar con zonas de sombra donde se esté más fresco, y zonas soleadas para entrar en calor si se precisa. Estos entornos facilitan la admiración estética del entorno, permiten al individuo “redescubrir” la naturaleza, explorar las plantas, árboles y animales que se pueda encontrar, y llenarse de sensaciones muy empáticas y placenteras. Los sujetos en estos ambientes afirman “conectarse” con lo más esencial de ellos mismos, y comprender a la perfección todos los procesos naturales, a la vez que se obtiene este profundo relajamiento y algo que se podría describir como euforia pasiva o éxtasis. Estos setting estimulan los sistemas positivos, por lo que resultan muy didácticos y terapéuticos. Si el lugar cuenta con algún río de agua cristalina cerca, lavarse las manos, la cara, o echarse un chapuzón (siempre bajo supervisión) siempre tiene un efecto increíblemente agradable, que puede utilizarse para disipar momentos difíciles y redirigir el trip. No obstante, la experiencia en este caso se focaliza en gran parte “hacia fuera”; para quienes quieran realizar una introspección profunda y usar la LSD para el autoconocimiento, quizá es más conveniente el segundo escenario.

Se trata de una habitación totalmente a oscuras. Con música evocativa, clásica o relajante a volumen bajo. Tendríamos que prepararla adecuadamente para que no nos tengamos que desplazar al resto de la casa en caso de necesidad. Un cubo por si se presentan náuseas, mantas por el suelo para poder estirarnos, apartar muebles que puedan molestar o incluso dañarnos si tropezamos, etc.

Este setting puede parecer duro, y en muchas ocasiones, cuando aparezca cierta ansiedad o nerviosismo, podemos sentir la necesidad de encender la luz o de salir de la estancia. No obstante, en todos los casos esto solo empeorará el transcurso de la experiencia, ya que el deseo de “salir”, “huir” o “evitar”, es el reflejo de una necesidad racional de frenar la emergencia de contenido inconsciente. Si ese contenido contiene cargas emocionales demasiado pesadas y el sujeto no permite que acaben de “salir” a la conciencia, pueden causar problemas de diversa índole no solo en la toma, sino días o semanas después, generando diferentes síntomas psicosomáticos, como son los tics musculares, espasmos o problemas en la piel. Por tanto la mejor solución siempre es permanecer en la habitación. Después de las seis o siete horas, cuando la experiencia comienza el declive, si el sujeto se encuentra relajado y en buen estado, se puede proceder con encender alguna lámpara o vela para, gradualmente, acabar saliendo de la habitación y airearse, o incluso dar un paseo si se cuenta con alguna zona verde cercana.

 

Cuidador psicodélico.

Tanto para un escenario como para otro, es casi esencial contar con un acompañante que no haya consumido LSD, sobre todo en sujetos “primerizos”. El acompañante, que tendría que conocer perfectamente la LSD y sus efectos, y si es posible contar con algunas nociones de psicología y psicoterapia con enteógenos, ayudará al embriagado en todos los momentos difíciles, como en el caso de querer salir de la habitación, o en el caso de que se presente algún síntoma físico. El cuidador no debe juzgar nunca cualquier acto ni comportamiento del cuidado, debe ser empático, comprensivo, escuchar atentamente cualquier cosa que el sujeto quiera comunicar, y no emitir juicios de valor ni aconsejarle sobre cuestiones vitales como el matrimonio, el trabajo o la familia, ya que pueden estar fácilmente plagados de prejuicios o valoraciones propias.

Del mismo modo, el cuidador tiene que vigilar la comunicación verbal. Un exceso de comunicación a veces se convierte en una importante carga, de la que el sujeto con LSD quiere huir e ignorar, ya que en elevados estados de conciencia la intuición y la comunicación a partir de gestos o señales, resulta más adecuada y cómoda. Además este flujo verbal tiende a convertir la experiencia en algo más superficial, hecho que dificulta la autoexploración. También puede tener aspectos positivos que no hemos de olvidar. Por ejemplo, si el sujeto comunicó previamente al cuidador lo que quería conseguir con la experiencia, si durante la misma se centra en muchos aspectos, éste puede hacer preguntas específicas para redirigir su curso, provocando que la atención del usuario se centre en ese aspecto en particular, y no en la multidimensionalidad que se presenta ante estos estados.

 

A tener en cuenta.

Resulta idóneo no comer nada sólido el mismo día que se va a consumir LSD. Es recomendable beber solo algún zumo de frutas recién exprimido, infusiones o solamente agua. Si la propia voluntad lo permite, realizar unos días de ayuno o de dieta muy ligera los días previos también es muy satisfactorio. No solo por notar con mayor rapidez e intensidad los efectos de la LSD, sino por limpiar el cuerpo de toxinas, vitaminas o minerales sobrantes que frenarán y entorpecerán la experiencia psicodélica.

Durante el transcurso de los efectos, se debe contar con algo de agua y frutos secos (serotonina) por si se tiene hambre. Si nos encontramos en el primer escenario, seguramente contemos con árboles frutales y plantas comestibles, realmente apetecibles en ese estado. El cuidador tendría que asegurarse que se pueden comer y lavar las hojas o frutos que se recojan.

Conviene no encontrarse con más gente mientras permanezcan los efectos. Los sujetos con LSD a menudo incrementan su empatía e intuyen muy fácilmente las personas con las que se encuentran, con lo que, muchas de éstas les provocarán reacciones imprevisibles. Bien pueden encontrarse con una persona encantadora que se interese sinceramente por su vida, o con gente retorcida que esconde oscuras intenciones detrás de una máscara de amabilidad. El sujeto percibirá todo lo que las personas quieran esconder, y esto puede influir en su estado, pudiendo expresar desde la más completa ignorancia hasta miedo o pavor, y en caso de que no se frenen estas reacciones, entrando en espirales de pánico y huida.

Así como hemos relatado ambientes y factores positivos, también existen lugares o situaciones que tenemos que evitar. Por ejemplo, observar zonas urbanas o industriales, depósitos de chatarra, una atmosfera contaminada, o entrar en contacto con voces humanas estridentes o música desagradable, tiende a desencadenar estados de nerviosismo o incomodidad, que son los que acaban catapultando el famoso bad trip.

Es frecuente, cuando se manejan dosis medias o altas, encontrarse con sujetos a los que les cuesta “dejarse llevar”. Esto es fundamental, no hay que luchar contra la experiencia ni intentar controlar nada, simplemente dejar que fluya y relajarse en la medida de lo posible. La forma que toma esta resistencia es indicativa de los propios mecanismos de defensa del sujeto.

Frecuentemente la gente que lucha por controlar la experiencia acude al baño varias veces, o quiere tomar algo de beber que no sea agua, quiere salir a fumarse un cigarrillo, etc. Aquí el cuidador deberá actuar de forma prudente e incitar amablemente al usuario para que es estire y se relaje.

 

Si llega el bad trip.

Volvemos a lo de siempre. Si mandamos a analizar una de las muestras a Energy Control y tenemos la suerte de que nos comuniquen que efectivamente es LSD, no tendríamos que preocuparnos en exceso incluso si aparece un bad trip.

Hay la suficiente evidencia clínica y de laboratorio como para afirmar que los problemas derivados del consumo de LSD, no atañen a la droga en sí, sino a la intensidad de las emociones que desencadena.

Así, con dosis altas, podemos encontrarnos con un amplio abanico de manifestaciones físicas mientras aparece el bad trip, tales como tics, erupciones cutáneas, eccemas, espasmos musculares muy exagerados, vómitos, o incluso situaciones extremas como supuestas “posesiones demoníacas”.

No obstante, en la mayoría de bad trips no aparecen más que los típicos síntomas característicos de situaciones extremas, como taquicardias o sudores. En estos casos el papel del cuidador es primordial. Ha de mantenerse en un estado de calma y comprensión, hablando pausadamente, con la intención de contagiar su ánimo. Si el sujeto está predispuesto, se puede mantener contacto físico, cogiéndole la mano o abrazándole. En la mayoría de casos con un acompañante adecuado y el tiempo necesario, las crisis se resuelven por sí solas, no necesitando más que simples técnicas psicológicas y apoyo incondicional.

Como también se ha comentado, en el caso que nos encontremos en una habitación, la permanencia en ella y la completa oscuridad son absolutamente necesarias. El proceso debe mantenerse interiorizado, ya que si los aspectos psicológicos de la experiencia se proyectan hacia la situación objetiva, los sujetos pueden sentirse atraídos por ventanas y puertas, viéndolas como vías de escape. Puede que incluso luchen físicamente con el cuidador, viéndolo como un elemento opresor, o incluso autolesionarse confundiendo sus acciones con la liberadora muerte del ego. En estos casos los cuidadores han de actuar de forma activa. Pero el uso de una cierta metacomunicación será más efectivo que cualquier cosa que se diga o haga; tendría que comunicársele al sujeto que la mejor manera de superar todo eso es rendirse a ello, hacer referencias al “otro lado” positivo que le espera si se rinde a la experiencia.

En general trasladar el sujeto a un hospital solo empeora las cosas. El ambiente negativo y triste del edificio, unido a la nula humanidad que frecuentemente tienen los médicos, empeoran considerablemente el estado psicodélico.

Si no se sabe con certeza qué contenían los cartones y se está sufriendo un bad trip con algunos síntomas físicos, sí será necesaria la atención hospitalaria. Pero si se trata de LSD puro no necesitaremos ningún tratamiento que nos puedan ofrecer en el hospital. Stanislav Grof realizó más de tres mil sesiones de psicoterapia con LSD, y solo utilizó tranquilizantes en tres ocasiones. El uso de estos es potencialmente muy nocivo. Las experiencias con LSD más negativas poseen una fuerte tendencia hacia su resolución positiva, y si son bien resueltas son extremadamente beneficiosas para el sujeto. En cambio, si los tranquilizantes se administran en medio de un estado psicodélico difícil, tienden a impedir su resolución natural. “Congelan” al sujeto en un marco psicológico negativo y de este modo contribuyen a la incidencia de reacciones prolongadas, efectos secundarios negativos o flashbacks. Esta práctica por tanto es muy dañina y debería abandonarse por completo.

No obstante siempre puede haber excepciones. Podemos encontrarnos accidentalmente con una dosis de más de 300 microgramos de LSD, con un sujeto con antecedentes psiquiátricos, o muy sensible a las emociones fuertes por ejemplo. Puede darse entonces un bad trip de considerable importancia. Si en tal caso se agotaran todas las opciones y los problemas solo fueran a más, convendría administrar Librium (30-60 miligramos) o Valium (10-30 miligramos), ya que alivian las emociones dolorosas sin interferir con el proceso de emergencia.

 

Después de la LSD.

Generalmente puede aparecer algo de insomnio después de una experiencia intensa con LSD. No obstante se debe permanecer en la cama, como mínimo descansando, ya que siempre se acaba conciliando el sueño, es una cuestión de tiempo, ya que al cerebro le cuesta prepararse para la noche.

Al día siguiente, en personas sanas y equilibradas, aparecen sensaciones muy positivas, de bienestar, calma y serenidad. Es distinto con gente que consumió sin ninguna preparación, en ambientes inadecuados, o con algún desequilibrio emocional previo. En estos casos durante los días siguientes pueden aparecer sensaciones de fatiga, resaca, dolores de cabeza y estados inusuales de conciencia, sin llegar a ser flashback propiamente dicho.

Es aconsejable escribir toda la experiencia, sin censuras de ningún tipo. Con ello se recordarán fases o momentos olvidados, y se acabarán de liberar algunas tensiones encerradas.

Lo primero que se dice en la propaganda antidroga es que el peligro que tiene la LSD son los flashbacks. No obstante, el mismo Grof también nos recuerda que él solo presenció dos casos de flashbacks, y se dieron en sujetos que habían tenido episodios psicóticos en el pasado. Por tanto, si no se tienen antecedentes de enfermedad mental y se consume de forma segura, las probabilidades de sufrir estos episodios son realmente bajas.

Resumiendo. La LSD es segura. Solo hay que vigilar las condiciones en que lo tomamos y contar como siempre con la información necesaria.

¡Y dejarse llevar!

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Publicado el 2 octubre, 2011 en Ciencia, Conciencia, Enteógenos, Estados Expandidos de Conciencia, Psicodélicos, Psicología. Añade a favoritos el enlace permanente. 5 comentarios.

  1. Interesantísimo artículo y muy acertado. Gracias por compartirlo.

  2. la verdad q muy bueno este articuloo, felisitaciones para los que se interesan en explicar los efectos asi las personas pueden habrir sus cabezas con todo sentido

  3. Muchas gracias, encontré la información necesaria para dar un paso adelante, ya resueltas mis dudas un saludo!

  4. nose nose que hacer, quiero probarlo pero dura mucho el efecto de 8 a 12 horas si durara menos quizas 4 o 5 horas seria suficiente e igual durarero.

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