Los animales también se drogan.

   Este fragmento del programa catalán APM se mofaba de este hombre que lanza las curiosas interrogaciones retóricas sobre si habíamos visto alguna vez algún animal drogándose. Pues bien, a parte de lo humorístico del momento, la respuesta es sí: los animales se drogan.

Y es que la ingesta de sustancias alucinógenas no es exclusiva del ser humano. Otros animales también ingieren hongos y plantas que contienen sustancias psicotrópicas.

 

¿Fuimos los primeros?

La cuestión es si han sido los seres humanos los primeros en utilizar estas sustancias alucinógenas, sustancias que siguen usándose por chamanes en nuestros días. El etnobotánico y etnomicólogo italiano, Giorgio Samorini, ha estudiado este tema durante varias décadas, llegando a la conclusión de que muchas otras especies animales también buscan las sustancias enteógenas para drogarse.

Llama la atención, por ejemplo, que los renos de Siberia busquen el hongo alucinógeno llamado hongo matamoscas o falsa oronja (Amanita muscaria) para ingerirlo, práctica que también se ha dado en Europa y América. Este hongo crece sobre todo bajo coníferas, hayas y abedules y es buscado asimismo por ardillas y moscas. Los caribúes de Canadá lo ingieren asimismo. Es muy probable que los chamanes siberianos copiasen a los renos y de esta manera descubriesen la posibilidad de acceder a lo que hemos llamado antes ‘segunda realidad’.

La sustancia activa de este hongo es la muscarina, que en dosis alta puede producir la muerte y que estimula los receptores de acetilcolina, un neurotransmisor muy extendido en el sistema nervioso. Sus efectos pueden ser dolores abdominales, náuseas, vómitos, diarreas y dificultad para respirar.

Se supone que los componentes de este hongo figuraban en el llamado ‘soma’, un elixir que se menciona en Los Vedas y del que se habla ya en el año 1.500 a.C. en la India.

Otro hongo muy apreciado por algunos animales, entre ellos el hombre, es el hongo Psilocybe, muy conocido en la cultura azteca que le llamaba ‘hongo de dios’, aunque también se le ha denominado ‘carne de los dioses’. Pues bien, este hongo es ingerido asimismo por animales como el perro y la cabra, aunque también se ha encontrado en el estómago de primates no humanos. Estos hongos suelen crecer sobre excrementos de mamíferos.

Se ha planteado la cuestión de si el maná del que se habla en la Biblia (Éxodo, 16:14) no serían también drogas enteógenas. Por la descripción que del maná se hace en la Biblia algunos autores han sugerido similitudes con el hongo psilocybe.

Samorini también nos dice que la cabra ingiere las bayas de la planta del café para conseguir un estado de excitación. Y en Etiopía y Yemen las cabras se vuelven locas con la ingesta de khat, una planta con propiedades eufóricas que también es consumida por seres humanos. Se supone en este caso que las propiedades de este arbusto que se denomina ‘flor del paraíso’ fueron descubiertas por el hombre observando el comportamiento de los rebaños de cabras.

La ‘judía roja’ o ‘judía del mezclal’ es la semilla de una planta leguminosa conocida desde la Antigüedad por los indios de las llanuras de América del Norte y que utilizan en ceremonias religiosas. Parece ser que su uso se remonta a los 9.000 años a.C., y los indios descubrieron sus efectos observando las extrañas conductas de los animales que las consumían.

El jaguar directamente se droga con las hojas de una enredadera. Y los indígenas le imitan consumiendo la misma sustancia, en la ilusión de obtener parte de las prodigiosas dotes de cazador de este poderoso felino americano.

Muchos elefantes buscan la fruta fermentada del marula, un árbol propio del Sahel africano del que se extrae un famoso licor parecido al Baylis.

Samorini habla de muchos otros animales que se drogan como abejas, moscas, gatos, vacas, elefantes, koalas, mandriles, caballos, etc. En total se calcula que existen más de 300 especies diferentes que buscan algún modo de “colocarse” mediante sustancias existentes en la naturaleza.

Este vídeo habla de la nebeda, droga predilecta de los pequeños félidos.

Y en este se puede observar a un lemur drogándose a partir de la sustancia que segrega un ciempiés para defenderse.

 

Posible espiritualidad animal

Hay pruebas irrevocables de que estos encuentros entre animales y drogas no son casuales ni accidentales. Es decir, los animales saben muy bien qué están buscando, y saben muy bien donde encontrarlo, y se esfuerzan por ello.

Habría que preguntarse, pues: ¿entran también los animales en esa segunda realidad en la que se encuentran con antepasados fallecidos y todo tipo de seres sobrenaturales? La pregunta no es baladí, porque el cerebro emocional o sistema límbico lo compartimos los humanos, aunque con diferencias, con muchos otros mamíferos. Esta pregunta, lo que quiere indicar es la posibilidad de una espiritualidad animal que haya precedido a la nuestra.

Hoy sabemos que estas experiencias pueden ser provocadas experimentalmente y no sólo por la ingesta de sustancias enteógenas, sino por la estimulación de determinadas estructuras del cerebro emocional. La experiencia espiritual, trascendente o religiosa, que tantos místicos han referido, es un producto cerebral. Por tanto, no puede extrañarnos que planteemos la existencia de precursores de la espiritualidad en los animales que nos han precedido en la evolución, sobre todo los que tienen un cerebro más parecido al nuestro.

 

Fuente: Onirogenia. 20Minutos. Estotevaagustar.

Publicado el 27 julio, 2011 en Curiosidades, Enteógenos, Estados Expandidos de Conciencia, Etología, Naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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