Yo, el Hongo

   Soy viejo, mucho más viejo que el pensamiento en tu especie, lo cual es en sí mismo 50 veces más viejo que tu historia. He estado en la tierra desde hace eras. Mi hogar no es ningún planeta: me propago por los muchos mundos del brillante disco de la galaxia que dan opción de vida a mis esporas. El hongo que tú ves es la parte de mi cuerpo bañada por el sol, entregada a las emociones del sexo. Pero mi verdadero cuerpo es una fina red de fibras que se extiende por el subsuelo. Estas redes pueden cubrir acres y pueden llegar a tener muchas más conexiones que las del cerebro humano.
Mi red micelial es cuasi inmortal. Solo la repentina y total contaminación de un planeta o la explosión de su estrella padre pueden acabar conmigo. Me es casi imposible explicarlo debido a ciertas equivocaciones en tu modelo de la realidad. Todas las redes miceliales de la galaxia están en comunicación hiperlumínica a través del espacio tiempo.
El cuerpo micelial es frágil como la tela de una araña, pero la mente colectiva y la memoria son un vasto receptáculo histórico de la evolución de la inteligencia en muchos mundos de nuestro enjambre espiral de estrellas. El espacio, como ves, es un vasto océano que ha dado a estas robustas formas de vida la capacidad de reproducirse por medio de esporas, las cuales se recubren de la materia orgánica más dura conocida.
A través de eones de espacio-tiempo, durante millones de años, muchas esporas a la deriva han transportado vida en suspensión animada hasta que el contacto con un ambiente adecuado se lleva a cabo. Pocas especies tienen una mente, solo yo y mis recientemente evolucionados afines han alcanzado el modo de hipercomunicación y capacidad de memoria. El modo en que opera esta hipercomunicación es un secreto, el cual no será dado a la ligera a los humanos.
Pero los medios deberían ser obvios: Es la existencia de la psilocina/psilocibina en los medios biosintéticos de mi cuerpo vivo la que abre para mí y mis simbiontes la visión de muchos mundos. Vosotros, individuos y como especie, estáis al borde de la formación de relaciones simbióticas con mi material genético.

Puesto que no es fácil para vosotros reconocer otras variedades de inteligencia a vuestro alrededor, vuestras más avanzadas teorías políticas y sociales no han podido ir más allá de la noción de colectivismo. Pero, más allá de la cohesión de los miembros de una especie en un solo organismo social, existen posibilidades evolucionarias mucho más ricas y barrocas. La simbiosis es una de ellas. Ésta es una relación de mutua dependencia y beneficios positivos para las especies involucradas.
Relaciones simbióticas entre mi propio ser y formas elevadas de animales han sido establecidas muchas veces y en muchos lugares a través de las largas etapas de mi desarrollo. Estas relaciones han ido en pos del beneficio mutuo.
Una red micelial no tiene ningún órgano para manipular el mundo, no posee manos; pero los animales más evolucionados con capacidades de manipulación harían bien en asociarse con el conocimiento que yace dentro de mí, y, si actúan de buena fe, volverán, junto con su humilde profesor el Hongo, al millón de mundos de los cuales los ciudadanos de nuestro enjambre somos herederos.

 

Fuente: Onirogenia

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Publicado el 15 julio, 2011 en Biología, Naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Muy bueno. Enhorabuena por el artículo, y ánimos.

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