>Aprender neurológicamente la espiritualidad.

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   En el origen de las religiones siempre se puede encontrar una “revelación mística”. Quienes las vivieron refieren el acceso a una forma de conocimiento que no puede ser captada por imágenes o palabras, una certeza de unidad de todo lo existente, la pérdida del yo y el mundo, potentes estados de alegría, paz, cercanía con lo sagrado, entre otras sensaciones. 
   Estas experiencias fueron estudiadas a fondo por varios autores y, aunque todavía no se ponen de acuerdo con las causas, ya casi no se discute el potencial transformador y sanador de la experiencia mística: Quien la vive, no vuelve a ser el mismo. Se transforma para siempre y en general para mejor, porque, como sentencia el psiquiatra Stanislav Grof: “Podemos hablar de un profundo cambio a nivel psicofísico. Un individuo que vive una experiencia cumbre tiene la sensación de sobreponerse a la fragmentación y división cuerpo-mente, y alcanza un estado de unidad y plenitud interna total que usualmente resulta muy curativo y benéfico”
   Ahora bien, ¿es posible fomentar, estimular o provocar este tipo de experiencias por medios naturales? Los estudios sobre neuroplasticidad indican que sí. 

   En los lóbulos frontales del cerebro está la llave del propio destino. Allí se cocinan los proyectos y las decisiones que surgen de la interacción de los 100.000 millones de neuronas del cerebro. Todas aquellas conexiones que no se usan, se pierden, y hoy se sabe que el cerebro puede remodelarse. La neuroplasticidad es la capacidad de aumentar o reducir el número de ramificaciones neuronales y de sinapsis, a partir del estímulo sobre el cerebro. De este modo, una persona estimulada por la percepción desarrolla más conexiones que otra menos receptiva. 
   Al respecto, el psiquiatra D. Drubach de la Mayo Clinic, Minnesotta, explica: “Es impresionante la manera en que el cerebro puede reorganizarse para poder adaptarse a nuevos desafíos. El músico que se expone a la música percibe una realidad diferente. Por el hecho de practicarla escucha otra cosa y puede detectar cambios muy sutiles en las notas que pasan desapercibidos para los no músicos. Esto se ha probado muchas veces y no es genético. Es la exposición al enriquecimiento del medio ambiente lo que modifica al cerebro. Percibir algo lo cambia a uno y luego lo puede percibir mejor. Otro estudio se hizo con pintores artísticos. Ellos son capaces de diferenciar entre los colores de una manera muy superior a la media. De una escala reconocen 35 tipos distintos de amarillo, mientras que alguien que no es pintor solo distingue 4. 
   De este modo, si la experiencia mística es algo que sucede en el cerebro, nada impediría modificar la estructura de la red sináptica para favorecer la espiritualidad y, si se da el caso, la producción o recepción de las experiencias místicas. 

   
   Hay algunas pistas: El doctor Drubach explica que: “Al cerebro le interesa lo que cambia, no lo constante. Si hay un ruido repetitivo lo escucha durante unos segundos y al rato lo ignora. Del mismo modo, uno entra en una habitación con un cierto olor y en unos minutos no lo huele más. Así, desde el punto de vista de las descripciones de Maimónides y otros, si la manifestación de Dios está siempre presente pero no cambia, será más difícil percibirla. 
   Habrá entonces que tratar de modificar la percepción. Hace mucho que los cabalistas, judíos y cristianos, afirman que hay una realidad diferente y que hay que prepararse para descubrirla. En definitiva, de lo que están hablando es de plasticidad perceptiva. 

   A propósito de los ya famosos estudios de A. Newberg y E. Daquili, de la división de Medicina Nuclear de la Universidad de Pennsylvania, tienen que ver con esto también. Ellos estudiaron a un grupo de monjes tibetanos y frailes franciscanos, y encontraron cambios notables en la actividad cerebral. Al igual que los músicos o pintores, los que practican la meditación o la plegaria, activan su cerebro de una manera diferente y lo predisponen a ciertas percepciones y experiencias místicas o religiosas. 
   Este también es el tono de las investigaciones que los neurocientíficos A. Lutz y R. Davidson, de la universidad de Wisconsin, llevan a cabo desde 1992 en colaboración con el Dalai Lama y otros monjes budistas muy experimentados en el arte de la meditación. Ellos colocaron en los monjes y en un grupo de control una red con sensores eléctricos mientras meditaban. Los resultados no dejaban dudas. La amplitud de las ondas gamma recogidas en algunos de los monjes son las mayores de la historia registradas en un contexto no patológico. Lo cierto es que los monjes sincronizan un número de neuronas mucho mayor al promedio. De este modo, Lutz y Davidson dedujeron que el cerebro, con un correcto entrenamiento, puede desarrollar funciones nunca imaginadas. 


   Pero, ¿cual sería el beneficio de volcarse a una vida espiritual? Muchos y diversos, y todos están bien testeados. 
   Aún si se deja a un costado la cuestión de la Fe, varios estudios probaron con el método científico que la vida espiritual ofrece beneficios indiscutibles. Estos son algunos ejemplos de investigaciones realizadas en los últimos años: 
  •  La religión aliviaría el estrés del cerebro ante las presiones cotidianas, de acuerdo con la investigación del antropólogo L. Tiger y el neurocientífico y psiquiatra M. McGuire. Ellos publicaron el libro “God’s Brain”, donde sugieren que el estrés propio de la vida cotidiana encuentra alivio en las creencias y los rituales religiosos.
  • Los individuos religiosos son más amables y rectos. Así lo probaría un meta-análisis de docenas de estudios que vinculaban ciertas características de la personalidad humana con la religiosidad, realizado por el científico de la universidad de Lovaina V. Saroglou. 
  • La fe en Dios reduce los síntomas de la depresión clínica, puesto que los depresivos creyentes son un 75% más propicios a responder a los medicamentos, de acuerdo con un estudio publicado por investigadores del Rush University Medical Center, de Chicago.
  • A principios de 2009, otra investigación realizada por científicos de la Universidad de Miami, reveló que las personas religiosas tienen mayor capacidad de auto-control que las no religiosas, y regulan de manera más eficiente sus actitudes y emociones, con la finalidad de conseguir objetivos valiosos para ellos. 
   Por tanto, si la meditación y la vida espiritual favorecen las tendencias a ser generosos, amar al prójimo y desear el bien a los demás sin esperar nada a cambio, y si además propenden el bienestar físico y psíquico, es indudable que este tipo de pensamiento o filosofía puede llevar a una vida más feliz. 
   De este modo, sin meterse en las pantanosas aguas de la interminable polémica entre ciencia y religión, se podría decir que la primera le está dando la razón en algo a la segunda. Aunque todavía no esté dispuesta a reconocerlo. 


Fuente: Tendencias21


Publicado el 4 junio, 2011 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. >Hmm… tiene cosas muy interesantes, otras no tanto… sì, la experiencia mìstica es una experiencia totalmente poderosa, y hasta benèfica… pero no creo que esta realidad pueda ser algo a favor de la "religiòn"… me parece que la gran mayorìa de las religiones actuales no tienen nada que ver con esa experiencia mìstica, sino que la castran(como la ostia en el cristianismo), y lejos de ser una forma de comuniòn como antaño (pensemos en eleusis o ahora en los huicholes), son una parodia aburrida y cruel.En todo caso, los estudios mencionados al final -de ser ciertos- no los podemos tomar como si mostraran una causalidad, porque no es asì, muestran -si acaso- una CORRELACIÓN, y eso del autocontrol o la depresiòn bien se puede deber no al contenido de la religiòn, sino al caracter de convivencia social que otorga la instituciòn.Un saludo y buen blog… yo acabo de subir algo de experiencia mìstica al mio, si te interesa.Eber.

  2. >Gracias por tu comentario. No era mi intención hacer un elogio a las religiones, estoy de acuerdo con que lo realmente importante es la mística libre, la espiritualidad innata sin dogmas.De acuerdo también con el matiz de la "correlación", y no de la "causalidad". Es tremendamente difícil, por muy correcta que sea la metodología del estudio, establecer esa relación de causalidad entre ciertas prácticas o creencias y determinado comportamiento social o salud psíquica y física. Ahora visito tu blog, gracias!

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