Análisis de los EC – 2

Antecedentes históricos

   En la tradición filosófica-psicológica de las Upanishads, los Vedas, el taoísmo o el budismo, se encuentra la cuna histórica de su conocimiento, aunque su consideración se pierda en la noche de los tiempos. Han venido ligados al cultivo de la virtud y al deseo y proceso de perfeccionamiento humano. Desde Rama, Krishna, Hermes, Moisés, Orfeo, Lao Zi, Yeshua, Zoroastro, Buda, etc., se asientan sobre la idea de “iniciación”,  definible como: “conquista progresiva de estados de conciencia cada vez más elevados, y no el incremento de la cultura intelectual o erudición” (E. Alfonso, 1984).
   Las divisiones o categorías de la conciencia que tradicionalmente hemos heredado de Oriente han tenido una perspectiva intencional, ascética, mística y creativa profundamente formativa y centrada en la educación de la conciencia. Teniendo como referencia que el Yoga ha sido la primera Psicología Experimental de la historia; es interesante reparar en que los yoguis han enseñado siempre que la mente tiene varios planos de manifestación y acción, y que algunos de ellos operan por encima y otros por debajo del plano de la conciencia ordinaria. La ciencia occidental ya lo reconoce así, y sus correspondientes teorías pueden hallarse en cualquier obra reciente de psicología.
   Oriente ha enseñado a Occidente que la conquista de EC cada vez más avanzados y relacionados con el crecimiento de la persona se realiza por la meditación  (actitud, ejercicio, esfuerzo, vía de acceso y maduración interior provocada por una práctica sistemática estática o dinámica), que desde un punto de vista educativo hemos entendido como recurso didáctico para la (auto)formación (A. de la Herrán, 1998). 

  En Occidente, Sócrates, Platón y Plotino hablaban de estados especiales, muy elevados, que unían al ser con el Todo y la Divinidad. Hasta el siglo pasado, estas variaciones se entendían como “estados espirituales”, “estados del alma” o “estados de amor”, y eran patrimonio casi exclusivo de la religión, o, mejor, de la mística. Por ejemplo, el Rdo. P. Fr. A. Arbiol (1772), realiza la siguiente categorización espontánea, con un criterio de “elevación”: “en las Almas, mientras son viadoras, no debe extrañarse, ni menos dudarse, la diversidad de estados, unos de mucha elevación, otros de poca, y otros de nada”. No obstante, no sólo la mística se ocupó de reflexionar dicha cuestión. También lo hizo la Filosofía: 
   De los filósofos occidentales, Leibniz fue uno de los primeros en adelantar la idea de que había planos de actividad mental distintos del plano de la conciencia ordinaria, y desde entonces los pensadores capitales se han encaminado, lenta pero seguramente, hacia la misma idea.
   W. James, el padre del pragmatismo, afirmaba en “The varieties of religious experience” que: “Nuestra conciencia normal despierta no es más que un tipo especial de conciencia, mientras a su alrededor, separadas de ella por la más transparente de las películas, existen formas potenciales de conciencia completamente diferentes” (en F. Capra, 1984). 

   Hasta hoy, la principal diferencia entre los legados de Oriente y Occidente con relación a los EC es que Oriente los trata esencialmente desde la experiencia y la evolución de la conciencia, y Occidente sobre todo desde el desarrollo de la ciencia. Quizá ahora la Psicología, la Educación, la Didáctica o la Creatividad puedan empezar a considerar la posibilidad de actuar superando esta dualidad, teniendo en cuenta que lo más lógico sea colocar los logros de Occidente (qués, porqués, cuántos, cuáles), en función de los del Oriente (cómos, para qués), y no a la inversa.  



Antecedentes en Psicología.

   Desde la perspectiva de la Psicoterapia, quizá debamos remontarnos al siglo XIX para encontrar trabajos experimentales, basados en la consideración de un plano de conciencia distinto a la vigilia: 
   J.M. Charcot (1825-1893): Uno de los maestros de Freud, destacó por sus investigaciones sobre la neurosis; advirtió la existencia de dos EC en sus enfermos:
Normal, donde aparecen los síntomas (por ejemplo, una parálisis debida a neurosis histérica), e Hipnoide, donde desaparecen los síntomas, distinguiéndose por una claridad, linealidad y precisión característica de los mensajes.
   J. Breuer (1842-1925), colaborador de Freud, descubrió, tratando mediante hipnosis, que los síntomas neuróticos de sus pacientes desaparecían al actualizarlos gracias a la experiencia de la catarsis.
   S. Freud (1856-1939), que añadió los condicionamientos sexuales y agresivos infantiles a las tesis de su maestro J.M. Charcot y de su colaborador J. Breuer, trabajando con el método de asociación libre, construyó su Psicoanálisis sobre dos bocetos estructurales, llamados “tópicas freudianas”, a la sazón, EC: Inconsciente-consciente-preconsciente, y yo-ello-superyó.

   De estos trabajos podemos observar que: nacen en el marco de la curación psicológica, por tanto, no pretenden en primer lugar la mejora o la educación del sujeto sano. Son básicamente negativos (se centran en las emociones, represiones y pulsiones agresivas y sexuales). Están siempre conceptuados desde el punto de vista del consciente. Aportan, para lo que nos ocupa, una noción fundamental: para acceder a estados superiores o más elevados de madurez y de conciencia es un requisito conveniente solucionar o liberarse antes los conflictos inconscientes propios de los estados anteriores. Es preciso señalar que algunas escuelas de orientación psicodinámica y  neopsicoanalítica no estiman necesario, más que en algunos casos, la vivencia de la abreacción, y tienden a orientar al paciente hacia la consecución de una catarsis por medio de autoanálisis. 

   Hubo que esperar a C.G. Jung (1875-1961), para superar las limitaciones pesimistas de S. Freud, minimizando (aunque nunca desdeñando) sus tesis, y reconociendo en el ser humano lo que llamó un  inconsciente espiritual, asiento de su posible  interiorización y evolución autorrealizadora,  y con ello, una nueva clase de expectativa de tramo de desarrollo humano, que el propio C.G. Jung aprendió en gran medida de la  psicología oriental, muy especialmente de R.  Maharsi. Mención aparte merece R. Assaglioli, que introduce la  complejidad  en los EC, y A.H. Maslow, que potencia desde la presidencia de la APA la lectura humanista de la Psicología hasta desembocar en la Psicología Transpersonal  (la “cuarta fuerza” en Psicología) y que ha sintetizado M. Almendro en un texto compacto y asequible.
   La investigación psicológica de Occidente que durante los años 60 tuvo como campo de estudio  los EC desarrolló una óptica analítica, sistematizadora y con aspiraciones científicas. De ordinario ha estado más centrada en el fenómeno observable que en la repercusión transformadora, subjetiva y profunda. Una de las aproximaciones científicas de la Psicología a los EC tuvo lugar en los años 60 y 70 a través del estudio de los EAC. 


   En efecto, uno de los mayores impulsos al estudio psicológico de los EC vino con las investigaciones realizadas desde el descubrimiento de los efectos psicotrópicos que producía la ingesta de drogas, especialmente la dietilamida del ácido lisérgico o
LSD, que conducen la conciencia del individuo a fenómenos subjetivos de despersonalización (D. Solomon, 1964; S. Cohen, 1972; S. Grof, 1976, 1987; J. A. Calle
Guglieri, 1978). Pero más interesante parece esta crítica de E. Fromm (1991):

“Entre los que buscan nuevos caminos, se habla hoy mucho de alteración y ampliación del estado de conciencia, por lo que suele entenderse algo así como ver el mundo bajo una luz nueva, particularmente en sentido físico, con formas extrañas y colores más intensos. Para alcanzar este estado de conciencia alterada, se recomiendan varios medios, sobre todo las drogas psicotrópicas de diversa intensidad y los estados autoinducidos de trance. Nadie negará que puedan producirse tales estados de conciencia alterada, pero pocos de sus entusiastas parecen preguntarse por qué habrá de querer alguien alterar su conciencia, cuando en su ser normal ni siquiera ha alcanzado el estado de una conciencia normalmente desarrollada. En realidad, los que están tan ansiosos  de alcanzar estados de conciencia alterada no tienen, en su mayoría, un estado de conciencia más desarrollado que aquellos de sus semejantes que se conforman con beber café y licores y fumar cigarrillos. Sus aventuras de ampliación de conciencia son escapadas de una conciencia reducida y regresan del “viaje” sin haber cambiado nada, siendo, como antes, lo que sus semejantes han sido todo el tiempo: gente semidespierta.”

   De las drogas alucinógenas a las depresoras exógenas, y de las depresoras exógenas a las “autodrogas” (M. Gascón) o “drogas de la felicidad” (J. Lawson, 1989), como respuesta a la crisis de nuestra cultura. Es la postura de J. Rof Carballo (1986): Pero bastante probable es que las sustancias que, de manera grosera denominamos “tranquilizantes” y “antidepresivos” actúen a través de este sistema que alguna vez he calificado de “sistema de bienestar”. Se ha sugerido que en los bailes rítmicos con incesantes movimientos de todo el cuerpo que acompañando a la música “pop” se parecen tanto a los bailes utilizados en muchas culturas para suscitar el “trance” colectivo, se formarían sustancias de este tipo, esto es opioides cerebrales o neurogénicos en los puntos de unión de nervios y músculos. De esta suerte nuestras juventudes, en su diversión habitual, movilizarían drogas internas, endorfinas, para compensar así los vicios de una cultura excesivamente mecanizada.
   Otros investigadores han reparado en la relativa  positividad del uso de estas drogas causantes de EAC, porque: 
a) Conducen al sujeto a estados útiles para el trabajo consigo mismo que de otro modo no podría alcanzar (postura del investigador chileno C. Naranjo, discípulo de F.S.
Perls) (en L. A. Lázaro, 1991). 
b) Filogenéticamente, algunos hongos alucinógenos pudieron despertar la conciencia del “homo sapiens”, de modo que estos alucinógenos vegetales pudieron actuar como “catalizadores de la conciencia”, por lo que podría tratarse del “factor perdido de la evolución” (postura de R. Gordon Wasson, formulada en 1971) (en T. Mc Kenna, 1991).

   Si admitimos que: “no debemos considerar la conciencia como el hecho fundamental del alma, sino como la forma de su desarrollo” (R. Eucken, 1925), los EC más interesantes para la Psicología son todos: tanto los relacionados con los EAC como los que pueden causar o ser consecuencia de evolución personal. Es sorprendente cómo todavía la Psicología Evolutiva no se ha redefinido con mucha más determinación como una Psicología de la Posible Evolución Humana.




Publicado el 27 marzo, 2011 en Curiosidades, Estados Expandidos de Conciencia, Psicología. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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